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18 noviembre, 2011

Vencen pero no convencen

Es verdad que no conseguimos arrancar ni una sola palabra sobre muchos temas: fracaso escolar masculino, custodia compartida, ley contra la violencia de género… al neofeminismo, en cualquiera de sus expresiones: feminismo institucional de género u hombres profeministas, pero eso, lejos de significar una derrota, representa a mí entender un importante paso adelante.

Quien rehúye explicar el contenido de sus propuestas y ya sólo se acoge al poder  que le brinda lo oficial,  está en lo que en su momento Miguel de Unamuno expresó como: vencen pero no convencen, y esa también es la primera forma de empezar a perder. Como pone de manifiesto la Declaración de Barcelona de los hombres profeministas, su argumentario -y hay que pensar que ya sólo enuncian algunos temas callando sobre otros como la custodia compartida, el  fracaso escolar masculino o la ley de violencia de género-  no resiste el más elemental de los análisis, ni la más pequeña de las críticas.

En relación con la cuestión de los libros para entender a las mujeres, estamos en la sempiterna cuestión de la subjetividad femenina que nos habla de un ser especial que  precisa, no de un  manual, sino de muchos libros para ser entendido, subjetividad  que en los últimos tiempos parece invadirlo todo: desde las relaciones interpersonales hasta la política y el  Derecho positivo y cuya llave de interpretación estaría reservada a ellas mismas. Es de ese modo que haya de interpretar, al menos en buena parte de sus manifestaciones, la violencia de género o el acoso sexual, como de forma un tanto esperpéntica se puso de manifiesto en el llamado Elevatorgate que en su momento comentamos en esta bitácora.

Pero más allá de esas y otras leyes, constituye como una marca de género que se traslada a todos los ámbitos de la vida y así una leyenda urbana como, la tantas veces desmentida y nunca probada,  discriminación salarial femenina cuando parecía que por falta de argumentos se había ido,  reaparece con el mismo vigor de siempre en el artículo que acompaña la entrada que aquí comentamos, pero también en un terreno tan aparentemente alejado de estas cosas como las candidaturas a la secretaría general del PSOE o la presidencia del Gobierno donde al parecer la forma de postularse no es en positivo, no es reclamándose en el derecho a hacerlo por los motivos que se estime oportunos, sino en forma de reto que se lanza a los demás para que demuestren lo contrario.



15 noviembre, 2011

Entender a los hombres

Leo en el blog Mujeres el título de la última entrada: Libros para entender a las mujeres. Después de leerlo me he preguntado no ya porqué no hay un blog con título: Hombres, sino si en el supuesto de que lo hubiese tendría cabida  una entrada del tipo: libros para entender a los hombres.


28 julio, 2011

La sacralización de la figura femenina

Hay todavía un aspecto no bien aclarado ni por el feminismo de los últimos años, ni por quienes se mueven en su entorno y lo apoyan, y que se podría formular del siguiente modo: cómo una progresiva diferenciación en el trato dado a mujeres y hombres, mejor dicho a mujeres y cualquier otro ser humano: varón, niño,  anciano o disminuido nos puede conducir a la igualdad y no a todo lo contrario.

Porque lo que parece claro es que esa es la vía tomada en nuestro país en busca de una pretendida igualdad de género, marcar una clara diferencia, también en el plano jurídico, entre como se ha actuar frente a una mujer y frente a cualquier otro ser humano, en casi todos los momentos de la vida, señalándola también como el principal bien jurídico a defender en situaciones compartidas con hombres, niños o personas de todo tipo y condición. Y así está recogido en las leyes de género y nuestro ordenamiento jurídico.

Pero esa diferenciación no se reserva exclusivamente al plano jurídico y así ahora hemos de ver cómo la publicidad sólo es sexista si la figura que degrada es la de la mujer, no así la del varón que en los últimos tiempos se ha convertido en el hazmerreír de todas las situaciones, pero también  múltiples campañas para combatir la violencia contra las mujeres sin que se nos explique  por qué no la que afecta a los niños, los disminuidos, los ancianos o los varones, o por qué un trato diferente en los medios a la violencia ejercida por un varón  y la ejercida por una mujer, todavía más, el diferente trato en un servicio como la sanidad.

Que estamos en unos tiempos en que frente a una mujer lo que cabe es  presunción de veracidad como frente a un hombre presunción de culpabilidad, que cualquier insulto a una mujer particular inmediatamente se convierte por obra y gracia de la propaganda feminista, que fácilmente encuentra eco en los medios, en un ataque a todas las mujeres, mientras que una afirmación como la que hemos comentado estos días recogida en la sección de Opinión de un periódico: “…que a los hombres ya no les basta con cosernos a puñaladas, ahora quieren acabar con nosotras de una manera mucho más sutil: reducir nuestros ciclos menstruales para evitarnos "males sociales" tales como tener que usar compresas o tener dolores en horario laboral.” no merece la atención de nadie mucho menos su rechazo.

En fin, podría alargar esta entrada contando muchas otras situaciones pero creo que con lo anterior puede ser suficiente para ver cómo en este camino a la “igualdad” todo pasa por la sacralización de la figura femenina mientras la cara que más se cultiva del varón es aquella  que lo aproxima a la ignominia y, frente a esto, solo cupieran dos actitudes la “progresista y  de izquierda” que consistiría en celebrar que las cosas sean así, o arriesgarse a sufrir todo tipo de anatemas y un arsenal de descalificaciones del tipo: neomachista casposo enemigo de las mujeres.  Francamente resulta difícil creer que una política tal nos pueda conducir a algún sitio  que tenga algo que ver con la igualdad, más bien recuerda a ese paraíso de tantas creencias que finalmente deriva y acaba convirtiendo en un infierno la vida aquí.