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06 noviembre, 2016

Cuando la ciencia lo tiene difícil

Como digo en un comentario de esta interesante entrada: https://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es,  después de quince años de la publicación de La Tabla Rasa, de Steven Pinker el feminismo de género no solo no ha perdido impulso, más bien al contrario, se ha convertido en un cierto paradigma para otros movimientos sociales de éxito.

Y sus notas: culturalismo, victimismo y negación de la naturaleza humana, parecen gozar de envidiable salud. Porque como digo en ese mismo comentario las reglas de la sociedad no son las de la naturaleza, ni tan siquiera las de la lógica más común, sino las del poder y en cuanto a poder nadie le discute hoy la primacía al feminismo de género, sea que lo veamos desde el punto de vista social sea que lo hagamos desde el punto de vista político.

Algunos creyeron que dado que lo expuesto por Steven Pinker en ese libro, particularmente el capítulo XVIII, en modo alguno pudo ser rebatido por el feminismo de género, más bien al contrario demostraba el carácter ideológico de muchos de sus postulados, de algún modo eso supondría un cierto derrumbe al menos en el terreno académico, pero nada de eso ha sucedido ni en el terreno cultural y académico, mucho menos en el político.

El feminismo de género no solo es un pensamiento promovido por los poderes públicos y ampliamente sostenido en la Universidad, ha conseguido también importantísimas palancas de poder en los medios de comunicación y constituye filosofía de Estado en países como el nuestro. Constituye una cierta forma de pensamiento único compartido por multitud de ideologías desde la extrema izquierda a la derecha, pasando por todos los estadios intermedios.


Y sobre todo se ha convertido en una ideología que cuando uno se atreve a discutirla se da cuenta de su verdadero poder y la enorme dificultad, por no decir imposibilidad, de debatirla porque a todo lo anterior le han sumado un cierto carácter sagrado e intocable  que hace que quien la pone en cuestión sea situado más en el terreno de la disidencia, que en el del debate ideológico entre posturas encontradas. Ese es a mí entender el porqué de la fortaleza de la perspectiva de género, a pesar de lo que supone de encontronazo con el pensamiento ilustrado y la ciencia.  


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