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21 noviembre, 2016

Posverdad



El Diccionario Oxford ha elegido post-truth (posverdad) como palabra del año con el siguiente significado: “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Y en buena medida pretende verbalizar lo sucedido con el Brexit o la victoria de Donald Trump. Cosas ambas que muchos lamentan.

Y a mí se me ocurre que no se puede decir durante décadas que la Ilustración ha muerto y la razón mejor guardada en un cajón, porque lo verdaderamente importante son las emociones y el mundo de los sentimientos. Decir que lo que toca es posmodernidad y que, verdad cada uno tiene la suya y todas deben valer por igual.

Que la ciencia y la educación deben subordinarse a criterios moralistas, los conocimientos no son importantes y las evaluaciones escolares o de los servicios públicos deben proscribirse por “fachas”. Y quien diga otra cosa es un antiguo que desconoce lo (políticamente) correcto. O peor un neoliberal.

No se puede dar carácter de filosofía de Estado a una visión como la de género que fulmina a las personas para convertir a los varones en un grupo de dominación e intereses. Una ideología que establece verdades apodícticas y, en esta cuestión sí, proclama que solo hay y solo puede haber una verdad que es la suya, y que carece de sentido cualquier apelación al debate público, mucho menos a la libertad de pensamiento.

No se puede decir y hacer todo lo anterior y ahora lamentarse de que los partidarios del Brexit o Donald Trump hayan recurrido a las mismas armas para llevarse su gato al agua, y apelando a las entrañas y lo emocional, al nacionalismo y el cerrar filas, hayan triunfado con sus propuestas en sus respectivos países. No se puede combatir al populismo allanándole el camino y brindándole todos los instrumentos que su éxito precisa.


2 comentarios:

  1. Anónimo9:09 p. m.

    Desde que nuestros medios, siempre servilmente miméticos de lo anglosajón, se han dedicado a dar la tabarra con este tópico, pensé prácticamente lo mismo que el autor de esta bitácora: Vaya, ahora resulta que es un invento de Trump lo de que los hechos no cuenten absolutamente para nada a la hora de impartir doctrina. De hecho, la propia campaña de la Sra. de Clinton me pareció en todo momento un ejemplo mayúsculo de esa postverdad: en toda su carrera personal y política no hay nada que en realidad sea mínimamente recomendable, pero la voz unánime de la abrumadora mayoría de los medios, de izquierda a derecha, insistía en cantar sus virtudes junto con el permanente recordatorio (implícito o explícito) de que no unirse al coro equivalía a ser un machista y un retrógrado.

    Athini Glaucopis

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  2. En mi opinión lo que con más fuerza ha sido derrotado en EE.UU ha sido un establishment, básicamente de inspiración demócrata, que venía ejerciendo, al igual que sucede en muchas otras sociedades de este lado del Atlántico, una especie de despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo, una “izquierda” que claramente había dado la espalda a cientos de miles de trabajadores a los que habían decidido abandonar para siempre porque ya no eran el sector más dinámico de la sociedad y consideraban que habían perdido cualquier poder político.

    La “izquierda” ha sustituido en las últimas décadas a “la clase trabajadora” por colectivos sociales y “minorías”, al tiempo que pasaba a encabezar movimientos como el feminista, estableciendo a través de su importante presencia en los medios y lo cultural una agenda política que poco o nada tenía que ver con su trayectoria histórica. Y en EE.UU lo que pasó fue que esa clase trabajadora abandonada, básicamente obreros y trabajadores agrícolas, tienen la suficiente entidad social y política como para conseguir protagonizar un importante vuelco electoral, poniendo de manifiesto al mismo tiempo que quienes se decían representar a la izquierda, en realidad los habían abandonado completamente.

    Hillary Clinton llegó a calificarlos de “saco de desperdicios” y en los medios progresistas tan políticamente correctos en otras ocasiones se utilizaron calificativos que rozaban lo delictivo. También en nuestro país se han escrito cosas como: “con un presidente aupado por analfabetos funcionales, campesinos y demás gentuza…” En fin que al igual que había sucedido en Francia una parte importante de la clase trabajadora y sectores populares que antes votaban al Partido comunista y al socialista se han pasado a Le Pen hartos de una izquierda que diciendo representarlos lo que mejor sabe hacer es ningunearlos.

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