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12 enero, 2012

Educación dispersa


De la entrevista a Inmaculada Montalbán una de las cosas que dijo me quedó flotando en la cabeza mucho tiempo después de haberla leído, y  es esa de los "agentes por la igualdad" que tendrían por misión enseñar y actuar en los institutos “cuando los jóvenes inician comportamientos machistas.”

La educación en nuestro país está en los niveles que está y todos conocemos: elevadísimo fracaso y abandono escolar  y  ausencia de excelencia, con dificultades y problemas en todos los tramos educativos, incluida la Universidad, de tal modo que por ejemplo en relación con esta última no somos capaces de colocar ninguna entra las 100 primeras del mundo.

Problemas a los que se ha añadido uno y es el que tiene que ver con la problemática de género, en una doble vertiente. La primera, cada día los institutos y escuelas se llenan más de folletos, trípticos, carteles, anuncios, etc. relacionados con esta problemática al tiempo que se programan montón de actividades extracurriculares en horario escolar, que comprenden charlas y proyecciones sobre diferentes ángulos de ese problema y siempre por cuenta de un pretendido o pretendida experta que finalmente viene a resultar alguien relacionado con alguna agrupación, ong o profesional relacionado con los grupos de activistas feministas.

La segunda vertiente de esta cuestión es la dispersión normativa, de tal modo que para estudiar la regulación de nuestro sistema educativo no basta con ir a las leyes de educación, sino que hace falta ir a la Ley integral contra la violencia de género para estos agentes por la igualdad; a la Ley de interrupción voluntaria del embarazo, para lo relativo a la educación sexual y reproductiva; incluso a la Ley de economía sostenible que es donde quedaron recogidas algunas de las disposiciones aprobadas bajo el mandato del ex ministro Gabilondo. Y no sólo normativa, también de funcionamiento de tal manera que la competencia en lo relativo a la Educación sexual la tiene el Ministerio de sanidad.

El resultado no puede ser más caótico y contrario a cualquier principio de economía y simplicidad y las implicaciones tantas, que resulta difícil entender como este aspecto de nuestra realidad educativa está tan poco atendido en los estudios sobre la misma. Si Inger Envikst reclama para su país: Suecia, una menor dispersión de los esfuerzos de la escuela en actividades de todo tipo para concentrarse en la tarea educativa de forma primordial, qué no se debería estar diciendo en nuestro país, donde lamentablemente todos los problemas de aquélla están aquí ampliamente agrandados.

Pero una segunda derivada de esta cuestión, ¿por qué no se incluyen en el currículo esas actividades para ser impartidas por el profesor de la especialidad como corresponde y se dejan de la mano de personas ajenas al discurrir diario de la tarea educativa? ¿De dónde nace esa desconfianza hacia el cuerpo de profesores que la propia Administración ha determinado que son los idóneos para impartir las materias que tienen que ver con la formación integral del alumno, pero al que se le arrebatan cuestiones como la sexualidad o la igualdad?

¿Por qué el feminismo de género necesita siempre unos “aparte”? Sea con la petición de un tratamiento especial en las leyes que regulan las actividades y materias más variopintas,  sea con la exigencia de organismos específicos de género en cada nivel y, casi cada instancia de la Administración pública… Pero también ¿qué concepción se tiene del acto educativo, tal como lo plantean recuerda a un recorta y pega, cuando se interpreta que unas charlas o  actividades pueden sustituir con ventaja a la educación reglada y continua a lo largo de los años a efectos de promover determinados valores, o modificar actitudes y comportamientos?