La perspectiva de género no dejará nunca de sorprenderme. Interesada únicamente por el destino de niñas y mujeres, es decir, desde el mayor de los sexismos, pretende que lo suyo es la igualdad. Si hasta el presente sabíamos que, todo lo malo sucedido a lo largo de los siglos a las mujeres, se debía al patriarcado, es decir, era cosa que remitía a varones, ahora que estudios recientes desvelan que la madre juega un papel mayor que el padre en la transmisión de roles a sus hijos, ya que si ambos influyen sobre los varones, en relación con las chicas la influencia es casi exclusiva de la madre, eso no sirve para cuestionar el modelo de interpretación feminista sino que, como si nada hubiese pasado, lo que destapa es una nueva opresión escondida.
Viene todo esto a cuento de esta entrada, en la que se pretende demostrar que lo que explicaría unos mejores resultados de las chicas en Matemáticas vendría explicado por “… que las madres cualificadas que participan en el mercado de trabajo de algún modo están rompiendo los moldes tradicionales que identifican al hombre como el único breadwinner y a la mujer como quien debe quedarse a cuidar y mantener la casa”. Aunque como ya hemos visto aquí para una sociedad como la noruega, número 1 en el ranking mundial de igualdad, nada de eso parece evitar la dualización por sexo del mercado de trabajo o que, efectivamente, la escuela sueca haya conseguido que las chicas sean mejores en todo, pero a costa de una importante pérdida de la calidad general del sistema.
En mi opinión se trata de otro
intento de encontrar una explicación ad hoc que permita seguir manteniendo el
ingente número de ficciones sobre los que reposa la teoría de género, al tiempo
que se rehúye investigar lo que pueda estar pasando con los chicos,
pues ni parece que sea necesario explicar sus peores resultados en lengua o su
mayor fracaso y abandono escolar, ni hasta qué punto puede estar influyendo en
su evolución académica una cada día mayor distancia del padre y la figura masculina,
figura con la que, en cada día mayor número de casos, no se tropieza hasta que sale de la infancia,
tampoco la casi total feminización tanto de las guarderías como de las primeras
etapas educativas.
Especular
sobre el origen de pequeña diferencias en los resultados femeninos en matemáticas, olvidando
el resto de los gravísimos problemas educativos de nuestro país, en particular,
todo lo relacionado con los peores resultado de los chicos en campos como la
comprensión lectora y en general lo que atañe a las lenguas y la oralidad, por no citar el fracaso
y abandono escolar, incluso olvidando que el gravísimo problema para nuestro
sistema educativo está relacionado con la puntuación global en los resultados
PISA y la ausencia de excelencia, puede efectivamente justificarse alegando que
ya habrá otros que estudien esas cosas, pero insiste en una visión
unidireccional de los problemas sociales cada vez más extendida y no limitada al
terreno educativo que da a los estudios de género ese perfil
excluyente y segregador que lo viene caracterizando desde hace ya bastante
tiempo.