Esta
sociedad se está acostumbrando a un uso del término género francamente
inaceptable. Se nos dice que se hace tal
distingo con el sexo para reflejar lo que de cultural hay en los
comportamientos y las posiciones de hombres y mujeres, niños y niñas en la
sociedad, pero llegado el momento su uso no puede ser más torticero.
Pongamos
algunos ejemplos: si nuestro sistema educativo a quien expulsase de sus aulas
fuese a las chicas, según este curioso enfoque, estaríamos ante una realidad de
género que habría que corregir con urgencia. Como lo que sucede es que a quien
expulsa es a los varones entonces nos
encontramos en el camino correcto.
Si en
algún sector de actividad: política, ciencia, tecnología… se produce mayoría de
varones nos encontramos ante una manifestación de esa discriminación de género,
pero si tal mayoría se produce cuando analizamos la proporción de
universitarios, o la ocupación entre los médicos, la educación o las
profesiones relacionadas con el Derecho entonces nada habría que objetar y más bien sería motivo de felicitaciones que
tal cosa se produjese en esos términos.
Por
supuesto desde esta perspectiva de género lo que suceda en las profesiones de
riesgo y esfuerzo, en los trabajos duros y pesados, en las ocupaciones
relacionadas con la seguridad: fuerzas armadas, bomberos, etc. ahí,
sencillamente el foco no apuntaría y en uno de esos juegos sorprendentes de
visibilidad-invisibilidad el neofeminismo y lo políticamente correcto decidiría
que no conviene hablar.
El
género en nuestra sociedad constituye una poderosísima arma en poder de unas
pocas con una muy eficaz estrategia: actuar como paralizante de cualquier
iniciativa que lo cuestione y como señuelo de una pretendida igualdad que para
nada se ve correspondida en la realidad de las cosas y el trato dispensado a
varones y mujeres.
Hay todavía
una concepción más aviesa del citado término: tal la que subyace en la LIVG, en
la que al igual que sucede en el enfoque marxista ortodoxo con el término
plusvalía referido al capitalismo, lo que en ella se contiene es la constatación
de que los varones estamos abocados a ejercer violencia contra las mujeres con
el mismo carácter irreversible que en el sistema capitalista los empresarios
explotan a los trabajadores, hasta el punto de que no se acabará con esa
situación mientras no se acabe con el sistema.
P.S. La visualización de este reportaje de la televisión noruega sigue siendo un ejercicio muy saludable
P.S. La visualización de este reportaje de la televisión noruega sigue siendo un ejercicio muy saludable