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23 enero, 2009

Machista

Todos sabemos que, a efectos de opinión pública, muchos conflictos dependen no tanto de cómo se desarrollen en la realidad, cuanto de cómo aparezcan frente a la opinión pública. La reciente guerra en Oriente Medio creo que representa en este sentido un ejemplo inestimable. El poder de la imagen y la palabra en nuestro mundo tienen a veces la capacidad de trasmutar las realidades, por eso se hace necesario actuar con rigor en el uso de las palabras (y las imágenes) so pena de que de otro modo se exprese lo que no se quiere decir o simplemente se actúe como mera correa de trasmisión de quien tiene el poder.

Me sorprende que quien tantas críticas ha hecho a la Academia y, en general al uso que
se hace de la lengua, no dude sin embargo, en utilizar el calificativo machista para cosas tan dispares como señalar a alguien que ha matado a una persona (violencia machista), al equipo infantil de fútbol del colegio (…en un ambiente tan machista… se dice a veces, para referirse a lo que tiene que ver con el fútbol y, aunque seguro que a alguno os sorprenderá, yo lo he visto usado más de una vez para referirse a los equipos escolares en los que no participaba ninguna niña), o a quien ha realizado una crítica a Carmen Chacón o Soraya Sáenz de Santamaría por la manera que visten (comentarios machistas).

Creo que es un caso único en el que un mismo calificativo sirve para referir situaciones tan dispares como las citadas; pero hay muchas otras, que seguro vosotros conocéis, por lo que os invito a una reflexión en voz alta en torno a este asunto dado que más tarde o más temprano habrá que hacerlo y el tiempo que ganemos será un tiempo ganado para la claridad y el entendimiento. Lo otro, lo que está sucediendo ahora mismo, es negar el valor de las palabras para señalar lo distinto y el matiz, llevándolas a una nebulosa de contornos imprecisos donde lo mejor del lenguaje se pierde y donde todas las manipulaciones son posibles.

3 comentarios:

  1. En mi blog relato la anécdota de mi hija, que me llama machista por que le mando hacer los deberes. En realidad es un término comodín, que se utiliza cuando ya se acaban los argumentos. Similar a facha o progre en otrs ámbitos de discusión, se usa une etiqueta, y se termina la discusión. En fin, todo sea bienvenido si ni hija, a través de su esfuerzo y estudios, logra no ser cuota de nadie. Por cierto, la vicepresidenta del gobierno utilizaba mucho esa etiqueta para descalificar a Zaplana en las sesiones de control, ahora que tiene a Soraya Saenz de Santamaría, tiene que elaborar un poquito mejor sus respuestas... o tendrá que decir vendida a la falocracia del PP cuando los argumentos no le vengan a la mente.

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  2. Es una palabra mágica. Su efecto es que cualquier mujer que la utilice contra un hombre frente a otras personas, consigue automáticamente ventaja sobre éste, sin más. Esto resulta tan útil que se utiliza ya en cualquier situación, aunque no tenga nada que ver con su significado original.

    Cualquier cosa que contraríe o perjudique a una mujer es susceptible de ser llamado machista, sin necesidad de incluir a los hombres en el análisis ver cómo se ven afectados ellos por lo mismo.

    Vease por ejemplo el concepto de "micromachismo":

    http://www.juntadeandalucia.es/institutodelajuventud/informacionsexual/ficheros/articulos/micromachismos.pdf

    O los casos de mujeres que acudían a la consulta de la psicóloga Amaia Beranoaguirre quejandose porque los hombres no se plegaban a sus deseos:

    http://www.pensamientocritico.org/amiber0106.htm


    Supongo que en este sentido la acusación de machismo es similar a cuando hace siglos se llamaba "bruja" o "hereje" a alguien.

    Igual que en la antigüedad la única defensa contra una acusación de herejía era demostrar que se seguía escrupulosamente los mandatos de la iglesia, aquí la única defensa es demostrar que se es más feminista que nadie.

    Igual que para la iglesia, esto también es extremadamente útil para el feminismo.

    Por otra parte, como también le comenté a Plutarco, es irónico que quienes utilizan la acusación de machismo cada dos por tres sin ningún fundamento son precisamente quienes le están restando la importancia que tiene.

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  3. Hemos hablado en este blog de cómo se utiliza el machismo para justificar propias carencias. Esta forma de victimismo es especialmente relevante entre algunas ministras del gobierno Zapatero. Magadalena Álverez es la principal representante de esta corriente victimista, que tan buenos réditos produce en ocasiones. Extraigo sus últimas declaraciones de un una noticia publicada hoy en El País:

    “Todos los portavoces, salvo el del PSOE, le han pedido responsabilidades políticas y ella les ha contestado atribuyendo a una posición machista, sin llegar a mencionar esta palabra, expresiones como la de su "pelea" con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. "Me piden autocrítica, ¿Qué quieren, que traiga un látigo y me fustigue aquí?", ha respondido Magdalena Álvarez.”

    Declaraciones como esta no favorecen el avance de mujeres verdaderamente competentes. El feminismo de cuota del actual gobierno debería superar ya el ciclo. Una vez demostrado que efectivamente, una mujer puede ser tan incompetente como un hombre, es hora de promover a mujeres Cristina Garmendia o De la Vega, que demuestran la capacidad y eficacia no es cuestión de “género”.

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