Twittear

13 enero, 2009

Mujeres y niños

La cuestión sobre la que os quiero proponer una pequeña reflexión es sobre el hecho de que para hablar de los muertos de la guerra se haga un aparte con “mujeres y niños”. Hoy Juan Goytisolo en un artículo por lo demás magnífico vuelve sobre la cuestión y en el segundo párrafo dice lo que sigue:

“Las cosas son hoy distintas. Ya se trate de guerras de agresión, ya de supuestamente defensivas e incluso preventivas, las imágenes del daño causadas por ellas nos llegan directamente a domicilio. Asistimos en nuestra casa a las atrocidades de los bombardeos, a la muerte casi en directo de mujeres y de niños, al martilleo continuo de poblaciones aterrorizadas. La vista sobrecogedora de ruinas, cadáveres, desesperación de los próximos a las víctimas, puede ser captada no obstante sin que imaginemos los sentimientos de impotencia, rabia o dolor ajenos, sin que nos pongamos en la piel de quienes los sufren...”

Y quiero preguntaros, os parece justa esta manera de referirse a las víctimas. Entiendo lo de los niños, como entendería lo de los ancianos o los discapacitados, como lo entendería de las mujeres en cinta o con niños pequeños. ¿Quizá un hombre cualquiera, un civil palestino al que lo único que le gustaría en su vida sería poder vivir en paz, es menos víctima? ¿Debemos asumir que la ministra de defensa de nuestro país sea una mujer o que las mujeres formen parte del ejército profesional, que Tzipi Livni la ministra de AA.EE y al parecer la principal beneficiaria electoral de esta tragedia, quien tan destacado papel lleva jugado en este conflicto, se muestre tanto o más agresiva que cualquiera de sus colegas masculinos, pero en caso de un conflicto como el presente donde entre las víctimas civiles hay gente de todo tipo y condición, se recurra a la vieja fórmula de “las mujeres y los niños”? Y no debiéramos olvidar que en Abu Ghraib toda la cadena de mando era femenina.

¿Podemos seguir pensando la guerra como una cosa de los hombres? ¿Podemos seguir pensando que la guerra es responsabilidad de los que están en la primera línea de fuego? ¿Podemos hacer más belicista o más responsable de la guerra de Irak a un ciudadano americano varón que a una ciudadana, aún cuando el primero jamás haya votado a Bush y la segunda sí? ¿Puede el feminismo jugar a la igualdad cuando quiere, y conservar lo que le interesa de la vieja sociedad, como la fórmula: las mujeres y los niños primero? ¿Se puede hacer menos víctima a un civil palestino varón que a una palestina? En el texto de Educación para la ciudadanía al que hago referencia en entradas anteriores dice: “Las mujeres y los niños representan el 80 % de las bajas civiles durante los conflictos armados” Me gustaría saber qué opináis.

10 comentarios:

  1. Desde luego que no me parece justo, y esto no solo ocurre en guerras, sino también en accidentes o en cualquier situación con víctimas. Creo que ya he mencionado alguna vez a Warren Farrell, que afirma que los hombres son el sexo desechable.

    Este artículo sobre cómo tratan los medios a los hombres víctimas de la guerra es esclarecedor.

    http://adamjones.freeservers.com/effacing.htm

    La trágica guerra en Kosovo entre Marzo y Junio de 1999 ofrece una oportunidad ideal para analizar la representacion y retórica sobre género en los medios. La principal estrategia Serbia en el conflicto era el "género-cidio" contra todos los hombres no combatientes. El artículo analiza cómo los distintos medios contaron (o más bien, no contaron) esta realidad.

    En Feminist Critics se pueden leer también varios comentarios sobre la invisibilidad de las víctimas masculinas inocentes en otros conflictos como en el Congo o Zimbabwe. Por ejemplo:

    http://www.feministcritics.org/blog/2008/11/07/ongoing-gendercide-in-democratic-republic-of-congo/

    Una de las dificultades estriba en considerar que las víctimas masculinas de una guerra pueden ser inocentes, ya que automaticamente se les visualiza como combatientes o agresores. Sin embargo, con las mujeres o los niños esta asociación de inocencia es inmediata.

    ResponderEliminar
  2. Ah, y sobre lo de que “Las mujeres y los niños representan el 80 % de las bajas civiles durante los conflictos armados”, puedo equivocarme, pero todo indica que se trata de un estudio tan "riguroso" como los de las diferencias salariales a favor de los hombres. Se cita en muchos sitios, pero no he visto ningún análisis con cifras reales que lo justifique.

    El mismo Daran, de feminist critics, habla de eso aquí:

    http://www.feministcritics.org/blog/2006/09/13/evolution-of-a-myth-more-on-that-80-figure/

    Los datos de la Cruz Roja a los que erróneamente se atribuye la cifra del 80% dicen en realidad que el 74% de las víctimas son hombres entre 16 y 49 años, aunque no especifica si son civiles o no.

    De todas formas también me pregunto si la distinción entre civiles y no civiles no es en realidad engañosa, porque, ¿cuántos de esos soldados han elegido realmente participar en la guerra? ¿cuántos no preferirían seguir en paz, con sus familias, pero se han visto obligados a luchar? ¿no se deberían considerar también víctimas inocentes?

    ResponderEliminar
  3. “Las mujeres y los niños representan el 80 % de las bajas civiles durante los conflictos armados.”

    Debe ser porque el 80% de civiles que quedan en un país en guerra después de movilizar a los reservistas son mujeres y niños.

    Claro que eso no lo tienen en cuenta los manipuladores de estadísticas.

    ResponderEliminar
  4. En cualquier caso lo más sorprendente de este asunto es la actitud universalmente pasiva de los hombres. Recientemente se publicaban las cifras de siniestralidad laboral en la construcción y resulta que aún habiendo perdido 500.000 puestos el sector, la mortandad por accidentes no había descendido y aquí no pasó nada.

    Los muertos en cayuco se elevan a 15.000, la práctica totalidad varones, pero a nadie se le ocurre plantear la más mínima objección al hecho de que cuando se anuncian ayudas para Africa se diga que irán destinadas a mujeres y niñas. Los más destacados defensores de Educación para la ciudadanía son hombres; el contenido de la misma teneis ocasión de comprobar cuál es. Bien es cierto que tengo para mí que muchos hablan exclusivamente por el título y piensan en una educación en valores republicanos,y no en el credo de género que efectivamente es.

    De nuevo J.J.Millás escribe un artículo titulado: El hombre moco, que si teneis ocasión leedlo porque tiene mucho que ver con lo que aquí hablamos.

    Y para no extenderme más os cuento una anécdota de como están las cosas de género en el momento presente. Hace unos días presencié la siguiente escena. Los alumnos de un curso mixto con edades de 12 y 13 años salen del aula a tomarse un tentempié a media mañana. El tentempié está en dos mesas. Aunque nada induzca a que sea así, los niños se van a una mesa y las niñas a otra. Al poco entra una señora y al ver el panorama se acerca a la mesa de los chicos y les espeta: "que machistas, ni una sola niña".

    ResponderEliminar
  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  6. Quizá convendría recordar aquel coro de "Gigantes y cabezudos", que cantaba: "Si las mujeres mandasen/ en vez de mandar los hombres/ serían balsas de aceite/ los pueblos y las naciones."

    Pues bien, desde entonces las mujeres están mandando cada vez más y esa placidez prometida no se ve por ninguna parte.

    Claro que hay un matiz: que ahora las mujeres no mandan "en vez", sino "además" de mandar los hombres. Y eso nos lleva directamente a los postulados del feminismo radical: ellas tienen que hacerse con todo el poder para que la profecía se cumpla.

    Sin duda, el autor de la zarzuela se adelantó a su época.

    ResponderEliminar
  7. Según el feminismo radical, la dirección femenina del mundo acabará con las guerras.

    Sin embargo, todos hemos oído en campaña electoral decir a Hillary Clinton, “progre” americana, que “un ataque de Iran a Israel significará una respuesta masiva y letal de EEUU”. Incluso hoy, cuando habla de diplomacia inteligente, añade que en ocasiones será necesario utilizar la fuerza. Golda Meir, socialdemócrata, en la guerra de los Seis Días, demostró la misma determinación guerrera que cualquier hombre. Margaret Thatcher, conservadora, laminó las Malvinas. Y la ministra Carme Chacón, “progre”, está preparada para enviar más tropas a Afganistán, ya que según sus palabras, “nuestras tropas luchan por la defensa de nuestros principios.”

    Todos son ejemplos de mujeres y de posiciones políticas diferentes en las que late un fondo bélico que trasciende a la ideología de género. Aunque las feministas estarán prestas a añadir que los ejemplos que he puesto reproducen los modelos de dominación patriarcal que han aprendido.

    ResponderEliminar
  8. Emilio, tu anécdota me ha inspirado la siguiente entrada en mi blog:

    El machismo se utiliza ya como parapeto de cualquier cosa que desagrade a una mujer, incluso a un proyecto de mujer.

    Mi hija sin ir más lejos, si le reprendo con firmeza, me llama machista, si lo hace mi pareja, obedece sin rechistar. Y cuando me llama machista, simplemente lo hace como un lorito, como algo malo que presume, por lo que ve en TV, que forma parte del hombre. Las noticias y las comedietas costumbristas españolas, por las que afortunadamente ha perdido interés, proyectan la imagen del hombre "machista" y cretino que modela las consciencias de nuestras hijas (y, lo que es más alarmante, deja inermes a nuestros hijos).

    El hecho de que colabore en las tareas domésticas, que vaya a buscarle al colegio, que sea yo quien hable con sus profesores y que haya asumido roles “femeninos” en mi casa no merma sus quejas hacia el machista de su padre, que le exige en los estudios lo mismo que a su hermano. En fin, lo mismo que me llama machista, podría llamarme fascista, otro término comodín hoy en día. Si es el precio que tengo que pagar para que no sea una mujer cuota el día de mañana, seguiré escuchando sus palabras con el profundo amor de padre que le profeso.

    ResponderEliminar
  9. Jeipi, este es un asunto de ida y vuelta. A las mujeres por el papel tradicional que jugaron, lejos de la guerra y los conflictos de mayor calibre y muy cerca del hogar y los hijos, pasaron a asignarles como consustanciales los valores de la paz y la no violencia, del cariño y el cuidado y eso está pesando fuertemente en el inconsciente colectivo. También por parte de muchas feministas y gente afín se desea cultivar esa imagen porque parece que puede reportar réditos y aún a riesgo de un esencialismo que se niega en otros momentos. Pero, en fin, tampoco nos vamos a poner muy exigentes en lo de la coherencia ya que no parece su fuerte. En contraste con esto sin embargo buen número de ellas ofrecen un rostro de facciones sino más, al menos de igual dureza que el de cualquier hombre. Estoy pensando en Golda Meir, Margareth Theacher, pero también Sara Palin, Hillary Clinton o la misma Tzipi Livni. En el caso de Hillary Clinton se dio la circunstancia de que en la campaña para la nominación la que parecía encarnar los que se dicen valores masculinos: seguridad, contundencia, etc. era ella que no tenía empacho en reprochar a su contrincante un carácter pusilánime y poco resolutivo, incluso su excesiva querencia por las palabras y los argumentos. Es este un tema interesante que merecería ser tratado en profundidad por las ramificaciones que tiene en otros campos que no son la política, pero tiempo habrá

    ResponderEliminar
  10. Emilio, completaría tu lista de mujeres contundentes con Bachelet, agasajada en España en una fiesta sólo para mujeres y que ha mostrado una contundencia cuasi pinotechista en la represión con los profesores chilenos, la mujer de Mao, tan involucionista ella y su banda de los cuatro como lo fue su marido… y tantas otras que desde planteamientos supuestamente igualitarios y liberadores de “izquierda”, utilizan a las masas como carnaza humana, igual que sus colegas varones.
    Interesante tu análisis del proceso electoral estadounidense. Recordarás también, que en un momento en el que Hillary parecía excesivamente “dura”, unas declaraciones suyas lacrimosas hicieron que remontara un poquito. En el famoso debate entre Royal y Sarkozy, este último tuvo que andar con cuidado con la etiqueta de machista que ella tenía preparada para lanzarle, pero no pudo hacerlo. Y Biden, en su debate de con Palin, tuvo que cuidarse muy mucho de parecer “masculinamente arrogante”. Tanto Sarkozy como Biden no cayeron en las trampas sexistas.
    Estos días, en España, también estamos presenciando un interesante debate entre Nebreira (PP) y Álvarez (Ministra de Fomento) la curiosa forma de hablar de esta última, mostrando ambas unos niveles que les ponen a la altura de aquel alcalde de Getafe y su insulto de “tontos de los cojones” a los que no le votan a él.

    ResponderEliminar