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18 enero, 2009

Dardos envenenados

“Los hombres, al parecer, no dan tanto de sí cuando se trata de sacarles los colores por su forma de vestir: suelen ser uniformes hasta el aburrimiento y, como mucho, da juego el color de sus corbatas. Su aportación a la paternidad es, por otro lado, invisible. Por ahí no se los puede desgastar.”

No sé que lectura haréis vosotros del párrafo anterior, en mi caso me parece una generalización tan abusiva e injustificada que me cuesta creer que esté sacada de las páginas de un periódico considerado serio y riguroso, un comentario que además no está motivado porque algún varón haya roto las normas del protocolo en un acto solemne y haya provocado con ello un grave conflicto; ni tampoco de una reflexión, a raíz de algún estudio serio, que demuestre que el ejercicio de la paternidad por parte de los varones es una quimera sin reflejo en la realidad. No, no se trata de ninguna de esas cosas.

Esas generalizaciones abusivas e injustas, que seguramente el citado periódico no admitiría realizar sobre ningún otro colectivo humano, fuera éste: las mujeres, los negros, los asiáticos o cualquier otro, aparecen como de rebote como consecuencia de la denuncia realizada por parte de una revista militar sobre que la vestimenta de Carmen Chacón en la Pascua militar no respetaba el protocolo, y de las indagaciones a propósito la paternidad de la hija de la ministra francesa de justicia Rachida Dati.

Derivar de estos dos hechos las afirmaciones de más arriba, pero también esta otra:

“Todo este baile de comentarios, y las correspondientes descalificaciones machistas y bromas zafias, tiene el objetivo de cuestionar la capacidad de las mujeres que han llegado a puestos de responsabilidad.”

Como mínimo habría que calificarlo de injusto, desproporcionado, exagerado… pues es difícil entender como se deriva de un pronunciamiento de los militares una responsabilidad genérica de los hombres, o aprovechar el caso de Rachida Dati para negar la existencia de padres responsables, máxime si tenemos en cuenta que muchas mujeres opinaron (también en revistas femeninas) de forma negativa sobre el gusto de la ministra, o que la señora Rachida Dati no es la única persona en este mundo, que tiene que sufrir lo inconvenientes de una prensa rosa que lo invade todo y donde el derecho a la intimidad ha quedado reducido a mínimos.

Por eso me inclino a pensar que todo lo anterior sólo es concebible como fruto de una mentalidad de género para la que, por definición, la sociedad se divide en dos mundos separados: hombres y mujeres, y donde, por definición también, los primeros pueden ser acusados impunemente por las segundas de todo aquello que se les ocurra, aún cuando esas acusaciones sean tan generales y graves como las de más arriba y tengan tan poco asidero como una lectura sin prejuicios del citado artículo demuestra. Por cierto el comentario lleva por título: Dardos envenenados.

No es de recibo que quien pretende denunciar un comportamiento que considera reprobable, tal el derivado del aprovechamiento de cualquier circunstancia para denigrar o mermar el poder de las mujeres, acabe ella misma acusando al conjunto de los hombres por las manifestaciones de un grupo de militares, o pretendiendo que es la ministra francesa de justicia Rechida Dati quien tiene que sufrir en exclusiva las consecuencias de una sociedad enferma de cotilleo.

6 comentarios:

  1. Ya había leído ese artículo, sin embargo mi interpretación fue que se refería a los hombres que ocupan cargos de responsabiliad, como la Sra. Chacón. Es cierto que todos son bastante uniformes (sólo llevan traje) y su paternidad es invisible (no es noticia).

    De lo que sí tengo bastantes dudas es de que los dos casos que cita supongan un ejemplo de machismo. Tengo bastante claro que si a algún hombre se le hubiese ocurrido romper el protocolo de vestuario (imaginaos si a Zapatero se le ocurriese llevar en algún acto similar, por ejemplo, un traje de pana en vez del chaqué), le habrían caido palos de todas partes.

    No creo que nadie espere el silencio de los medios si a algún diputado se le ocurriese ir al congreso con una camiseta de Marilyn Monroe. Sin embargo Rosa Díez lo hizo con una camiseta de James Dean

    La paternidad de los políticos varones tampoco suele ser noticia, pero en contra de lo que sugiere la autora, igual que la Sra. Dati, tampoco se libran de las indagaciones. Me viene a la cabeza esta infame entrevista a Alberto Núñez Feijoo en el que el entrevistador no para de insistir sobre su condición de soltero, si es homosexual, si se hace la cama... Si hubiese sido una política soltera la que hubiera recibido estas preguntas, creo que se habría armado un buen lío:

    http://www.elpais.com/articulo/Galicia/algunos/dicen/soy/homosexual/elpepuespgal/20070820elpgal_12/Tes

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  2. Aún cuando del texto resulta difícil deducir que se refiera a un grupo específico de hombres, y admitiendo que tu lectura, desde luego mucho más benigna, sea la correcta, el escrito rezuma puro victimismo sin fundamento por todos los costados. Incluso más, convierte un incumplimiento de la señora ministra en motivo para volver contra los hombres toda una serie de desconsideraciones que como mínimo se hace necesario recordar y rebatir.

    Que el embarazo y la maternidad no está constituyendo ningún hándicap para las mujeres en política lo demuestra el propio caso de la señora Chacón, a la que ni su embarazo ni las fotos con su hija han representado ninguna merma en su valoración, más bien todo lo contrario como en el propio escrito que comentamos se reconoce. Pero tampoco es cierto que la más perjudicada por las indagaciones sobre la paternidad de su hija haya sido la señora Rachida, y si no que se lo pregunten al señor Aznar. Pero tampoco es cierto que a los hombres no se les recuerden las normas de protocolo, pues todos tenemos presente el gesto del Presidente del Congreso señor Bono regalándole una corbata al ministro de Industria señor Sebastián en una circunstancia mucho menos protocolaria que la Pascua Militar.

    Lo que creo que está en cuestión es si una mujer que llega a un ministerio puede saltarse las normas que hasta el presente rigen o si, lo que se desea son unas nuevas, lo procedente sea cambiar primero las existentes. Por que yo me pregunto, y si ahora un general se presenta en el cuartel en pantalones vaqueros alegando que el uniforme además de incómodo le resulta anticuado, qué dirá la señora ministra. Mientras las normas estén en vigor deben valer para hombres y mujeres. Si se hace necesario cambiarlas pues se cambian siguiendo el procedimiento. Lo que creo que no es de recibo es considerarse en el derecho a no respetarlas cuando se ejerce un cargo como el de ministro y si, para el caso que nos ocupa resulta que los presentes ya sabían del cambio y lo aceptaron, pues se aclara y asunto concluido, sin necesidad de un alegato como el que se contiene en Dardos envenenados.

    Pero mucho me temo que detrás de un alegato así lo que hay es una mentalidad que además de magnificar las dificultades de la mujeres en la política o donde quiera que estén, siente necesidad de culpar al hombre de la mismas y culpándolo en el derecho a decir sobre él lo primero que se le ocurra, que no es justamente bonito. No se explica de otro modo que en el escrito se silencie que buen número de críticas a la ministra vinieron del lado de otras mujeres y revistas femeninas; como tampoco debiera ser necesario recordar que el mundo rosa y del cotilleo no está menos poblado de mujeres que de hombres y en Dardos envenenados ambos aspectos están completamente olvidados.

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  3. Ese artículo, publicado en El País, sigue la habitual línea de "género" de esa publicación. Su seriedad cada día está más cuestionada, soy lector suyo desde su fundación en 1976, pero el sectarismo que ha adoptado en muchos temas que llevan la etiqueta "progre", me ha hecho un lector tremendamente escéptico. En las políticas de "igualdad", refuerza constantemente el victimismo femenino y criminaliza los comportamientos masculinos. Por ejemplo, cada vez que publica un estudio de "género", el sesgo feminista es marcadamente más radical en sus interpretaciones que en otros diarios. Además, si la transgesora es de derechas, no tienen piedad, si es del PSOE, se trata de una mujer a la vanguardia de las modas. El artículo que comentas en tu blog es uno más que prepara a sus lectores en la aceptación de leyes sexistas injustas, pero que en vista de las enormes "dificultades" a las que tienen que enfrentarse las mujeres, deben ser aceptadas por la sociedad.

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  4. A decir verdad, ni siquiera habría sabido que la ministra había sido criticada por su vestimenta de no ser por la cantidad de artículos y opiniones quejandose de estas críticas, que lo único que han hecho ha sido darle más publicidad. Todo esto ha sido una sobrereacción.

    Solo tengo un par de comentarios más: parece que está volviendo a pasar algo parecido en el caso de Soraya Sáez de Santamaría y su foto de portada el jueves pasado en El Mundo con un vestido de noche. Aquí tenéis a Pedro J. comentandolo. Vaya crack.

    http://www.elmundo.es/elmundo/2009/01/16/opinion/1232105932.html

    Y por otra parte, en el caso de la Sra. Chacón la Casa Real fue informada previamente al acto del vestuario que la ministra pensaba utilizar, y dió el visto bueno. Sabido eso, la verdad es todo el lio se ha montado por nada. Bueno, por la susceptibilidad de mucha gente que ve machismo en casi cualquier comentario crítico que se haga a una mujer. Estoy de acuerdo contigo Emilio, que esa generalización no es justificable.

    Hablando de susceptibilidades: tengo reciente la reacción de Julia Otero y Pilar Rahola esta tarde en Onda Cero ante uno de esos estúpidos estudios sobre hombres y mujeres, en este caso uno que dice que las mujeres tienen más orgasmos cuando su pareja tiene más dinero. ¿Cuál ha sido esa reacción? pues decir que esos orgasmos serían fingidos, porque a los hombres hay que subirles la moral cuando no dan la talla...

    Me imagino la cara de sus respectivas parejas en ese momento. Si esto hubiese ocurrido en una comedia de TV al estilo de Los Serrano, esta noche Julia Otero y Pilar Rahola dormirían en el sofá :)

    Lo podéis escuchar aquí, al principio. Qué tonillo de fina ironía se gasta, la Sra. Otero :D

    http://www.ondacero.es/OndaCero/playermultimedia/4388468

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  5. "El País" sigue y sigue:

    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Nadie/hablaria/fueramos/hombres/elpepisoc/20090120elpepisoc_1/Tes#EnlaceComentarios

    Habría que tener preparado el archivo de antecedentes para cuando alguien saliera con el consabido "si fuera un hombre no lo criticarían así", y restregárselos por las narices al/ la victimista de turno.

    También recordar a todos los políticos que, en países de tradición más puritana, han tenido que dimitir por que se les ha descubierto un flirteo (con o sin paternidad visibilizada de por medio).

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  6. A propósito de la entrada de Jeipi. Si lo que se pretendía con: Nadie hablaría de esto si fuéramos hombres, fuera ganar adeptos para la causa del victimismo, vistos los comentarios parece que el resultado no es exactamente ese. Se trata de más de lo mismo, aprovechar cualquier Pisuerga para despotricar contra el hombre y, si acaso, buscar pretexto para nuevas medidas legislativas de género. Sólo añadir que el título sería más verdad si Rubalcaba se hubiera presentado en falda y nadie hubiera dicho nada, o la mitad masculina del Gobierno decidiera dedicar una jornada a fotografiarse con los últimos modelos de coche para una revista del motor.

    La perversidad del género estriba en que para cualquier dificultad, real o imaginaria, que puedan vivir las mujeres, precisa descubrir un grupo de francotiradores masculinos prestos a disparar a la menor oportunidad. Si fuera cierto no ya el 80%, sino tan siquiera el 20 % de lo que viene denunciando el género, sería difícilmente entendible y explicable la posición social que ocupa la mujer, que diga lo que diga el género no tiene nada que envidiar a la de los hombres, más bien al contrario. Las expectativas de vida de una joven en la España de hoy, sean educativas o laborales, son bien mejores que las de un joven varón y así lo recogen las encuestas. Otra cosa es que interese mantener encendida la llama victimista porque parece que ese camino ha reportado y sigue reportando grandes ventajas.

    En relación con lo que comenta Manu del programa de Julia, decir que quizá sea la mejor respuesta al escrito que venimos comentando, en el sentido de que si hay un sexo del que se puede hacer chiste como ejercicio continuado, ese no es el de la mujer, blindado por todos los costados, sino el masculino. El aviso para navegantes de Julia Otero en el sentido de que todas han fingido alguna vez un orgasmo, o el tono perdonavidas de Pilar Rahola hablando de cómo “por caridad se les dice que han estado fantásticos” no tienen nada que envidiar al del tipo duro de las películas del Oeste. Lo cierto es, que Julia lleva al programa un estudio del que, como no le gusta la conclusión que entiende poco gratificante para las mujeres, lo que se le ocurre es hacer broma con el apellido del autor y derivar su dardo hacía los hombres para que si no lo sabíamos nos enteremos de que, alguna vez, cuando creemos que hemos estado fantástico en la cama, lo que realmente ha sucedido es que nuestra compañera, para no herir nuestra quebradiza autoestima, ha fingido un orgasmo. En fin, para que luego digan que nosotros en el bar largamos...

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