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15 noviembre, 2014

Ahogados en las emociones


Escribía ayer Fernando Vallespín un artículo en El País  con un subtítulo tan rotundo como: “El conflicto de Cataluña destila un fuerte tufo a masculinismo político primario”, en el que como parece signo de los tiempos no podía faltar una apelación a la ausencia de empatía en un párrafo como éste: “Falta sutileza, empatía, voluntad para el entendimiento. Y sobra chulería, “astucia” y estrategia sectaria.” 

Pocos días antes Pdro Snchez había declarado: “Ha faltado afecto hacia Cataluña” y desde siempre es mensaje del nacionalismo catalán señalar la desafección de sus conciudadanos  hacía España por el trato que reciben.  

Ahora Pablo Iglesias sitúa al miedo  en un lugar muy destacado y como uno de los mensajes que quiere hacer llegar a la sociedad, resaltando que quienes le apoyan deben dejar de tenerlo porque son los otros quienes han comenzado  a experimentarlo.

Me da la impresión de que no existe país en el mundo en el que tantos y tan importantes asuntos públicos se mueven en el campo de las emociones y que una tal sobredosis de la misma seguramente sea el principal obstáculo para comenzar a entenderlos y manejarlos.

Al contrario de lo que piensa Vallespin lo que a mí me parece primario es la emoción y el sentimiento, especialmente si se pretende hacer de ellos guía social,  y que mal vamos si la materia prima de las emociones y los sentimientos no la acompañamos de un esfuerzo de racionalidad y objetivación de los problemas.

Los ciudadanos no estamos obligados a querernos, y él mismo nos da la primera prueba con  su artículo. Debiera ser suficiente con respetarnos como personas y respetar las reglas. Parece menos, pero es mucho más, porque permite un terreno común de juego.  



2 comentarios:

  1. Anónimo10:06 a. m.

    Me admira eso del "masculinismo político primario". Parece que el articulista quería decir "machismo", però se confundió de termino, tal vez porque no sabe que hay un movimiento social llamado "masculinismo" y cree (como, por otra parte, la propaganda feminista induce a creer) que "masculinismo" y "machismo" son la misma cosa.

    Pues eso, ahora tenemos un masculinismo político primario que atufa.

    Jeipi

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  2. Vivimos tiempos de lo políticamente correcto, en los que, ay del que ose decir algo que suene levemente ofensivo de multitud de colectivos, en particular el de las mujeres, y sea que se refiera a unos comportamientos particulares o no, porque seguro que se acabará desatando una condena sin paliativos de quienes lo hagan, y da igual que sean estos los mejores tenistas o la empresa que paga el anuncio de turno.

    En cuanto a la figura masculina, sin embargo, es libre el despotricar y en mi opinión eso es lo que hace Vallespín. Como necesita posicionarse en una tercera vía acusa a Rajoy y Más de una masculinidad que atufa (imagínate su reacción si cualquiera hiciese algo parecido pero referido al feminismo o la feminidad) y aquí nadie ha faltado a nadie, ni tan siquiera a la mas mínima exigencia intelectual de no aplicar el mismo calificativo para comportamientos personales y políticos que se contraponen radicalmente.

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