En El cerebro masculino de Louann
Brizendine, uno de los epígrafes es: El
padre se hace, y otro, Papá y mamá
son diferentes, y un tercero: Solo
con papá, en el que se recoge lo siguiente: “Los investigadores de la Ohio
State University han observado que las convicciones del padre acerca del grado
de participación que debe tener en la educación del niño no cuentan; es la
madre la que lleva la voz cantante. Descubrieron que las madres pueden alentar
a los padres abriendo la puerta de su participación, o pueden ser críticas y
cerrar la puerta.”
Inger
Enkvist, en un comentario sobre la obra de un profesor francés de secundaria,
Alain Bentolila, señala: “Denuncia la abdicación de los padres y de
las familias en cuanto a la educación de los jóvenes, pues estos necesitan al
adulto como mediador para poder entrar en la cultura. Leyendo con aprecio un
texto con un niño, el adulto muestra que el texto es digno de aprecio. Un
abuelo que escucha o que cuenta algo es algo muy diferente a un flujo de
palabras sin control (…) No se trata sólo de una opción, sino que los hijos
necesitan aprender lenguaje, lectura, pensamiento y conducta tanto como
necesitan alimentos y techo.”
Antes
de continuar con el desarrollo de la entrada relacionada con nuestro sistema educativo quería traer aquí estas dos citas para situar en qué contexto se está
desarrollando la educación en la generalidad de los países occidentales, y el
papel que la sociedad y el neofeminismo están reservando a la figura paterna en
lo que se refiere a ésta y los hijos.