Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
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26 julio, 2011
31 marzo, 2011
¡Viva la psicología!
Para saber por qué a este hombre no lo tildan de machista hay que leer el final
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25 marzo, 2011
Reflexión colectiva
No estaría mal aprovechar este parón para una reflexión colectiva sobre lo conseguido, si es que hay algo, pero sobre todo para establecer las tareas más urgentes de una nueva etapa, y cómo alcanzar el máximo de efectividad teniendo en cuenta la escasez de efectivos. En mi opinión estamos ante una pequeña crisis de crecimiento, lo urgente no es ya demostrar que la mirada unilateral del feminismo institucional no sólo no da respuestas a los problemas de los varones, tampoco para el conjunto social por lo que finalmente los perjudicados seremos todos, también las mujeres. Pero esta “verdad” que quizá no sea complicado establecer en el plano de las ideas, no guarda relación alguna con la realidad social porque ésta se mueve en base a otros motores, y ahí los varones somos una especie de parias sin capacidad ninguna para incidir en la marcha de los acontecimientos, por lo que en fórmula resumida llamaría: ausencia de conciencia de género, justamente en contraposición con las mujeres que en estos momentos históricos viven una máximo de eso mismo, conciencia de género.
Sólo una anécdota, en un debate en la Sexta con una mesa en la que había seis o siete varones y una mujer, el economista del grupo, utilizó el siguiente símil que repitió machaconamente a lo largo de la noche. Dividió a la economía española en tres sectores: público, privado y exterior, y explicó que el sector público debía salvar los déficits de los otros dos sectores porque gastaban más de lo que les correspondía. Bien, pues eso lo personalizó en una familia tipo compuesta de padre, madre e hijo. Imaginaos quienes eran los que se dedicaban a gastar por encima de sus posibilidades y derrochar a manos llenas mientras la sufrida madre: sector público, debía corregir con su superávit los otros dos déficits. ¿No necesitáis que os lo diga, verdad?
Seguir la regla feminista de que la dominación masculina sería visible con mirar aquellas instancias de decisión en las que predominara el número de varones, no es más que una falacia que muchos hombres se han llegado a creer. No sólo es que sucediera lo que os cuento sin que nadie interpretase el símil como sexista, es que imaginaros que hubiese cambiado los papeles y la situase a ella como manirrota, circunstancia quizá más realista teniendo en cuenta que más del 85 % de las decisiones de compra las toman las mujeres, sencillamente tendríamos tema para una temporada. En mi opinión, y aunque suene a completa heterodoxia si hay que hablar de alguna dominación habría de ser de la femenina y si no que se lo pregunten a Forges, varón, entre otros cinco varones, del humor gráfico en un diario como El País. Cuando digo pregunten me refiero al visionado de sus viñetas, comenzando por esa en que (ella) representa La Constitución y (él) El Mercado.
A lo que iba, que si tenéis ideas o sugerencia para esa nueva etapa, colgarlas para que las podamos conocer todos. Un saludo
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30 enero, 2011
Misandria publicitaria
Los niños son estúpidos
¡Tiradles piedras!
P.S. Si deseáis más detalles, los encontraréis en la bitácora: Derechos de los hombres
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26 noviembre, 2010
Pura misandria
La aprobación hoy por el Consejo de Ministros de modificación del artículo 92 del Código Civil para privar de la custodia de los hijos al hombre involucrado en un proceso de maltrato, en mi opinión, ni es derecho, ni es justicia, ni es feminismo... Es pura misandria.
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24 octubre, 2009
Una historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa
Las actas del Congreso en las que se recogen las discusiones sobre los Presupuestos Generales del Estado del año pasado cuando a quien le tocaba defenderlos era al señor Solbes reflejan que Rajoy comunicó al entonces ministro que no se iba a «enzarzar» en discusiones con él, con la siguiente argumentación: «No vea en mis palabras una crítica dirigida exclusivamente a usted, no se pueden pedir responsabilidades a quien no tiene capacidad de decisión o la tiene muy limitada».
Nadie en aquel momento habló de ninguneo al vicepresidente ni cosas por el estilo, mucho menos de una ofensa. Pero ahora hay quienes para la misma actitud al haber sido desplegada ante una mujer, la señora Salgado, quieren ver la peor de las ofensas y la manifestación más clara del machismo del jefe de la oposición. Como vivimos en el reino de la hipocresía esos mismos bien se guardan de argumentar algo parecido para el señor Durán a pesar de que también pidió discutir con el Presidente.
Y cuando ya el guirigay parecía apagarse después de que hubieran argumentado en un sentido y otro casi todos, y en particular la ministra Salgado, y las señoras Cospedal y Saénz de Santamaría, el señor Millás como si de ponerle una guinda al pastel, en un artículo titulado: Hombres, vuelve a la carga con el ninguneo y el machismo del señor Rajoy vinculando todo ello con los gobiernos del señor González a los que identifica con “el robo, el secuestro, la tortura, el crimen y la corrupción...” y todo ello con la “testosterona rancia” y los “gobiernos-macho”.
Siempre me intrigaron los que utilizan la palabra hombres para referirse a los otros. Si mal no recuerdo por algún lado leí que eso constituía una forma de autoodio. Como difícil me resulta concebir un ejercicio más burdo de misandria, pero al parecer eso cotiza y bien. En mi auxilio hecho mano de nuevo de la frase de Shakespeare en Macbeth: “La vida es una sombra… Una historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa”.
Nadie en aquel momento habló de ninguneo al vicepresidente ni cosas por el estilo, mucho menos de una ofensa. Pero ahora hay quienes para la misma actitud al haber sido desplegada ante una mujer, la señora Salgado, quieren ver la peor de las ofensas y la manifestación más clara del machismo del jefe de la oposición. Como vivimos en el reino de la hipocresía esos mismos bien se guardan de argumentar algo parecido para el señor Durán a pesar de que también pidió discutir con el Presidente.
Y cuando ya el guirigay parecía apagarse después de que hubieran argumentado en un sentido y otro casi todos, y en particular la ministra Salgado, y las señoras Cospedal y Saénz de Santamaría, el señor Millás como si de ponerle una guinda al pastel, en un artículo titulado: Hombres, vuelve a la carga con el ninguneo y el machismo del señor Rajoy vinculando todo ello con los gobiernos del señor González a los que identifica con “el robo, el secuestro, la tortura, el crimen y la corrupción...” y todo ello con la “testosterona rancia” y los “gobiernos-macho”.
Siempre me intrigaron los que utilizan la palabra hombres para referirse a los otros. Si mal no recuerdo por algún lado leí que eso constituía una forma de autoodio. Como difícil me resulta concebir un ejercicio más burdo de misandria, pero al parecer eso cotiza y bien. En mi auxilio hecho mano de nuevo de la frase de Shakespeare en Macbeth: “La vida es una sombra… Una historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa”.
10 noviembre, 2008
¿Misandria?
Difícil, difícil moverse entre el intrincado mundo de los sexos y los géneros, al menos si uno pretende entender algo. En El País de hoy domingo 9 de noviembre dos articulistas: Josep Ramoneda y Soledad Gallego, sostienen, en el caso de Josep lo siguiente: “Obama incorpora una cultura política femenina, en contraposición a la idea masculina tan bien representada por la dama del rifle, Sarah Palin, que ha acompañado su derrota con una descarga de resentimientos” ; por el otro lado Soledad Gallego que firma un artículo que lleva por título: Los dos presidentes Kirchner y por subtítulo el todavía más expresivo de: Las continuas interferencias del ex dirigente perjudican a su esposa.
Si lo que dice Josep es fácilmente rebatible por la historia, donde podemos encontrar hombres de todos los tipos: desde Alfonso X El Sabio, al General Franco, el argumento de Soledad Gallego creo que es todavía más insostenible, a no ser que se pretenda descargar de responsabilidad a una dirigente política, que está demostrando desde hace ya mucho tiempo, que su talla política es más bien poca; y eso, al margen de que quien asume una responsabilidad, como la que representa nada menos que la presidencia de un país, debe hacerlo con todas las consecuencias y por tanto este tipo de argumentaciones debieran sobrar; y al margen también, de que en lo que sí parece haber coincidencia, es en que ha llegado a la Presidencia de Argentina gracias a la gestión anterior de su marido.
Pero a lo que quiero ir es, a la dificultad con que tropieza cualquier analista de la realidad, si por un lado atendemos al hecho de que el feminismo reclama mujeres en el poder, pero luego resulta que cuando se va a enjuiciar su trabajo resulta que no, que es otra cosa. Obsérvese que ya Vargas Llosa había atribuido a Hillary Clinton una forma de hacer política masculina, y que también en el caso de Hillary se habló por parte de las feministas de que quien estaba arruinando su campaña era su propio marido, lo que visto desde la perspectiva de hoy, difícilmente se puede catalogar de otra cosa, que no sea la de excusa para tapar los errores propios. Pero más allá de estas consideraciones está el no contar a Margaret Thatcher como gobernante femenino ya que, “no representaba a las mujeres”, no digamos Golda Meir, de tal modo que a este paso parece que no nos tropezaremos con una gobernante femenina nunca con lo que será imposible considerar todas esas virtudes, que sin embargo el feminismo, un día sí y otro también, no se cansa de repetir que incorporarían las mujeres en los altos puestos de dirección.
Por eso me hago la siguiente pregunta: ¿Es tan intensa la penetración del género que incluso personas que parecían con un criterio abierto, no son capaces de asociar lo masculino más que con lo negativo y lo femenino con lo positivo, aún cuando la realidad de las prácticas sociales lo niegue? ¿No estaremos construyendo una cultura en la que sea imposible disociar lo masculino de un estereotipo cultural cargado de prejuicios y en la que todo lo que vaya más allá de un bruto violento deja de ser hombre? No soy optimista. Cuando sucedió aquel bochornoso suceso en el que unas señoras mayores, ya casi ancianas, increparon a Pedro Zerolo, llamándole de todo menos guapo, J.J. Millás escribió el siguiente artículo, en el que para poder digerir lo que allí sucedió precisó imaginarlas como “tres hombres disfrazados de mujeres, tres travestidos maduros y gordos con un dedo de maquillaje sobre la recia barba y abundantes joyas que desviaban la atención del bigote.”
Mi pregunta ahora es: ¿A fuerza de despotricar tanto contra el hombre y lo masculino, sin que nadie en ningún momento ose poner freno, no se estará cayendo en la misandria más veces de las que se quiere admitir? Creo que es una reflexión que merece la pena.
Si lo que dice Josep es fácilmente rebatible por la historia, donde podemos encontrar hombres de todos los tipos: desde Alfonso X El Sabio, al General Franco, el argumento de Soledad Gallego creo que es todavía más insostenible, a no ser que se pretenda descargar de responsabilidad a una dirigente política, que está demostrando desde hace ya mucho tiempo, que su talla política es más bien poca; y eso, al margen de que quien asume una responsabilidad, como la que representa nada menos que la presidencia de un país, debe hacerlo con todas las consecuencias y por tanto este tipo de argumentaciones debieran sobrar; y al margen también, de que en lo que sí parece haber coincidencia, es en que ha llegado a la Presidencia de Argentina gracias a la gestión anterior de su marido.
Pero a lo que quiero ir es, a la dificultad con que tropieza cualquier analista de la realidad, si por un lado atendemos al hecho de que el feminismo reclama mujeres en el poder, pero luego resulta que cuando se va a enjuiciar su trabajo resulta que no, que es otra cosa. Obsérvese que ya Vargas Llosa había atribuido a Hillary Clinton una forma de hacer política masculina, y que también en el caso de Hillary se habló por parte de las feministas de que quien estaba arruinando su campaña era su propio marido, lo que visto desde la perspectiva de hoy, difícilmente se puede catalogar de otra cosa, que no sea la de excusa para tapar los errores propios. Pero más allá de estas consideraciones está el no contar a Margaret Thatcher como gobernante femenino ya que, “no representaba a las mujeres”, no digamos Golda Meir, de tal modo que a este paso parece que no nos tropezaremos con una gobernante femenina nunca con lo que será imposible considerar todas esas virtudes, que sin embargo el feminismo, un día sí y otro también, no se cansa de repetir que incorporarían las mujeres en los altos puestos de dirección.
Por eso me hago la siguiente pregunta: ¿Es tan intensa la penetración del género que incluso personas que parecían con un criterio abierto, no son capaces de asociar lo masculino más que con lo negativo y lo femenino con lo positivo, aún cuando la realidad de las prácticas sociales lo niegue? ¿No estaremos construyendo una cultura en la que sea imposible disociar lo masculino de un estereotipo cultural cargado de prejuicios y en la que todo lo que vaya más allá de un bruto violento deja de ser hombre? No soy optimista. Cuando sucedió aquel bochornoso suceso en el que unas señoras mayores, ya casi ancianas, increparon a Pedro Zerolo, llamándole de todo menos guapo, J.J. Millás escribió el siguiente artículo, en el que para poder digerir lo que allí sucedió precisó imaginarlas como “tres hombres disfrazados de mujeres, tres travestidos maduros y gordos con un dedo de maquillaje sobre la recia barba y abundantes joyas que desviaban la atención del bigote.”
Mi pregunta ahora es: ¿A fuerza de despotricar tanto contra el hombre y lo masculino, sin que nadie en ningún momento ose poner freno, no se estará cayendo en la misandria más veces de las que se quiere admitir? Creo que es una reflexión que merece la pena.
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