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10 noviembre, 2008

¿Misandria?

Difícil, difícil moverse entre el intrincado mundo de los sexos y los géneros, al menos si uno pretende entender algo. En El País de hoy domingo 9 de noviembre dos articulistas: Josep Ramoneda y Soledad Gallego, sostienen, en el caso de Josep lo siguiente: “Obama incorpora una cultura política femenina, en contraposición a la idea masculina tan bien representada por la dama del rifle, Sarah Palin, que ha acompañado su derrota con una descarga de resentimientos” ; por el otro lado Soledad Gallego que firma un artículo que lleva por título: Los dos presidentes Kirchner y por subtítulo el todavía más expresivo de: Las continuas interferencias del ex dirigente perjudican a su esposa.
Si lo que dice Josep es fácilmente rebatible por la historia, donde podemos encontrar hombres de todos los tipos: desde Alfonso X El Sabio, al General Franco, el argumento de Soledad Gallego creo que es todavía más insostenible, a no ser que se pretenda descargar de responsabilidad a una dirigente política, que está demostrando desde hace ya mucho tiempo, que su talla política es más bien poca; y eso, al margen de que quien asume una responsabilidad, como la que representa nada menos que la presidencia de un país, debe hacerlo con todas las consecuencias y por tanto este tipo de argumentaciones debieran sobrar; y al margen también, de que en lo que sí parece haber coincidencia, es en que ha llegado a la Presidencia de Argentina gracias a la gestión anterior de su marido.

Pero a lo que quiero ir es, a la dificultad con que tropieza cualquier analista de la realidad, si por un lado atendemos al hecho de que el feminismo reclama mujeres en el poder, pero luego resulta que cuando se va a enjuiciar su trabajo resulta que no, que es otra cosa. Obsérvese que ya Vargas Llosa había atribuido a Hillary Clinton una forma de hacer política masculina, y que también en el caso de Hillary se habló por parte de las feministas de que quien estaba arruinando su campaña era su propio marido, lo que visto desde la perspectiva de hoy, difícilmente se puede catalogar de otra cosa, que no sea la de excusa para tapar los errores propios. Pero más allá de estas consideraciones está el no contar a Margaret Thatcher como gobernante femenino ya que, “no representaba a las mujeres”, no digamos Golda Meir, de tal modo que a este paso parece que no nos tropezaremos con una gobernante femenina nunca con lo que será imposible considerar todas esas virtudes, que sin embargo el feminismo, un día sí y otro también, no se cansa de repetir que incorporarían las mujeres en los altos puestos de dirección.

Por eso me hago la siguiente pregunta: ¿Es tan intensa la penetración del género que incluso personas que parecían con un criterio abierto, no son capaces de asociar lo masculino más que con lo negativo y lo femenino con lo positivo, aún cuando la realidad de las prácticas sociales lo niegue? ¿No estaremos construyendo una cultura en la que sea imposible disociar lo masculino de un estereotipo cultural cargado de prejuicios y en la que todo lo que vaya más allá de un bruto violento deja de ser hombre? No soy optimista. Cuando sucedió aquel bochornoso suceso en el que unas señoras mayores, ya casi ancianas, increparon a Pedro Zerolo, llamándole de todo menos guapo, J.J. Millás escribió el siguiente artículo, en el que para poder digerir lo que allí sucedió precisó imaginarlas como “tres hombres disfrazados de mujeres, tres travestidos maduros y gordos con un dedo de maquillaje sobre la recia barba y abundantes joyas que desviaban la atención del bigote.”
Mi pregunta ahora es: ¿A fuerza de despotricar tanto contra el hombre y lo masculino, sin que nadie en ningún momento ose poner freno, no se estará cayendo en la misandria más veces de las que se quiere admitir? Creo que es una reflexión que merece la pena.

5 comentarios:

  1. Es curioso, pero estos días estaba pensando en esto mismo. La sensación que me queda después de leer la prensa, artículos, blogs, etc un día cualquiera, es que una y otra vez lo masculino se asocia a cosas negativas. Me pregunto cuánto de esto va calando poco a poco en los niños y cómo afecta esto a su autoestima y sus expectativas de futuro.

    De una forma o de otra estoy seguro de que les afecta, y lo peor es que el concepto ha calado tanto que ya se habla con toda naturalidad, por ejemplo, en el ministerio de igualdad, de cómo reconstruir (o repensar o cualquier verbo equivalente) la masculinidad, y esto me produce una profunda inquietud.

    Quien lo dice, en el fondo asume que hay algo intrinsecamente erroneo en los hombres, una especie de tara de nacimiento que es necesario arreglar para que sean aceptables por la sociedad, lo cual me resulta inaceptable y propio de un Estado totalitario.

    Una vez más, el título de tu bitácora nos sugiere que la forma correcta de educar a cualquier individuo no sería a través de su masculinidad, (o su feminidad, aunque esto nadie lo diga) sino de su PERSONA-lidad.

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  2. Observa que el esfuerzo por endilgar los fracasos de Cristina Kirchner y Hillary Clinton a sus respectivos maridos, corre paralelo con el de vincular los éxitos de Obama con su señora, y en general con el voto femenino, que serían junto con las minorías raciales quienes le habrían dado el triunfo al sucesor de Bush.
    ¡Qué lejos quedan ya los gruesos calificativos y trampas usados por Hillary contra él en la campaña por la nominación o las sombras de duda vertidas contra él por buena parte del feminismo y las revistas femeninas, alguna analizada en esta bitácora en su momento. En fin, tengo la sensación de que estamos cargados de razones pero totalmente desprovistos de cauces para hacerlas presentes y efectivas en la sociedad.

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  3. Vuelvo con otro comentario porque no quiero dejar pasar la ocasión de otro caso de invisibilidad positiva en el uso de la palabra hombre. Se trata de la frase destacada en la contraportada de El País del domingo pasado en la que a propósito de un reportaje sobre la oceanógrafa Sylvia Earle, se decía:"La gran oceanógrafa describe algo peor que un tiburón en el mar: el hombre".

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  4. Hablando de Obama, escuchaba el otro día en la tertulia mañanera de Onda Cero a una señora (creo que una tal Mamen) decir que el hecho de que no se eligiese a Hillary era una muestra de la discriminación que sufren todavía las mujeres en EEUU, que es mayor que la que sufren los negros, por supuesto. Por otra parte, decía, Obama no es un negro de verdad, ya que técnicamente es mestizo y se crio de forma acomodada. En fin... por si esto no era suficiente, remató su exhibición repitiendo el mito de la discriminación salarial, que ese día volvia a ser noticia en El Mundo.

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  5. En relación con cómo les pueda afectar a los niños yo no tengo duda, ni más ni menos que impidiéndoles un referente masculino en positivo, lo que como mínimo les va a dificultar enormemente la construcción de su personalidad como varones. Pero, por continuar con lo de la entrada puedo decirte que, está tan extendido y tan de moda el maltrato a la figura masculina por parte también de los hombres que, una persona como Pablo Motos, que muestra una constante preocupación por evitar cualquier comentario o desliz con la imagen de la mujer, en un programa del Hormiguero que presenta en Cuatro soltó la siguientes perlas. En el primer caso se trataba del juego de “culo o codo” y como quiera que lo que salió fue un culo algo velludo la rechifla que armó entre el público fue digna de mejor causa, pero es que un poco antes había mostrado una foto de esas de pareja mayor en la playa en la que él le pasa la mano por el hombro a ella, excepto que para el caso habían sustituido al caballero por una enorme tortuga y el comentario fue “vaya que es fea… Pero al menos no ronca”. Ya previamente había comentado con humor la noticia en que un futbolista italiano declarara haberse acostado con 600 o 700 mujeres, lo que seguramente no sabía o si lo sabía había preferido no comentarlo que en la portada de XLSemanal de ese fin semana Angelina Jolie aparecía en portada con un pie de foto que decía : “He tenido todas las aventuras que he querido” lo que seguramente hubiera podido dar pié a algún comentario bien interesante; pero, ¡ojo! en los tiempos que corren los comentarios sobre la mujer casi mejor evitarlos que como dice la expresión popular no está el horno para bollos y lo políticamente correcto cuando alguien lo quiere agitar puede llegar muy lejos.

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