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10 mayo, 2018

Esta entrevista está dando mucho que hablar y ver.


No es ni habitual ni frecuente asistir a un debate sobre la ideología de género. Ideología que se cuida mucho de que eso pueda ocurrir conocedoras sus defensoras de su carácter político e ideológico más que cultural o ajustado a hechos, y de sus múltiples lagunas y contradicciones. Por eso resulta tan reveladora e interesante la entrevista en la BBC de Cathy Newman al profesor Jordan Peterson. La entrevista es un claro ejemplo de cómo la ideología de género impide, no ya una discusión razonada e inteligente, sino el ejercicio mismo de la profesión de periodista.

Aunque da pie a que el profesor Peterson, a pesar del permanente acoso al que se ve sometido, pueda desplegar un amplio argumentario que deja en evidencia no solo a quien debiera estar ejerciendo de periodista y no lo hace, también a la ideología de género. Una ideología no sólo ampliamente reñida con la ciencia, también con la lógica y la razón. Y así resulta cínico que desde esa ideología, que si por algo se caracteriza es por separar, dividir y enfrentar a los sexos pretenda que lo que resulta “divisivo” sea que la mayoría de los seguidores de J. Peterson sean varones.

O que desde esas mismas posiciones caracterizadas por la generalización permanente como observamos cada día en cada una de sus afirmaciones: las mujeres están discriminadas salarial y laboralmente, todas las mujeres sufren maltrato, las mujeres han sido discriminadas ahora y siempre, se trate de impedir que Peterson pueda realizar cualquier mínima generalización sobre ellas, como si finalmente no compartiesen nada y solo cupiese hablar de cada caso en singular. O mucho más tremendo todavía que no se pueda opinar distinto del pensamiento oficial para no correr el riesgo de ofender a este o aquel colectivo.

En fin un repertorio de diktats por parte de la periodista que de seguirlos haría imposible casi cualquier afirmación por parte de J. Peterson, mucho más un discurso razonado y argumentado. Por el contrario Newman sí se reserva esa posibilidad y, desde luego, no repara esfuerzos en hacer que su interlocutor se encuentre lo más incómodo posible -como en algún momento ella misma se ve obligada a reconocer- atribuyéndole todo tipo de afirmaciones que él no realiza, incluso leyendo de forma incorrecta lo que debiera ser una cita de su libro, de tal modo que buena parte de sus intervenciones J. Peterson tiene que iniciarlas desmintiendo algo que ella le atribuye y no es verdad.

Cuando salgamos de la asfixia de género en que estamos instalados seguramente esta entrevista se use en las clases de la facultad de periodismo para explicar qué es lo que una profesional no puede ni debe hacer, pero también para mostrar como la periodista una vez abandonada su profesionalidad para convertirse en azote de quien no comparte la ideología de género, corre el riesgo de perder, como en este caso le sucede de forma estrepitosa y tan poco edificante a Cathy Newman. Baste decir al respecto, que a estas alturas la entrevista lleva cerca de 10.000.000 de visionados y los comentarios que suscita se cuentan por centenares y nada de eso se debe a la calidad del trabajo de la entrevistadora.

Cuelgo hoy la versión subtitulada en español que realizó un grupo chileno, con el que nada tengo que ver, pero a quienes agradezco el esfuerzo de subtitular en español un documento importante como esta entrevista para que pueda ser vista y entendida por quienes no se manejan en inglés. https://www.youtube.com/watch?v=dgPNr4Ejla0


05 mayo, 2018

¿Darwin o la vergüenza?



Es verdad que se ha roto algo importante. Cuesta identificar lo qué. Algunos dicen que además de la muerte de Dios, se habría producido la muerte de Darwin y con ello se habría dado rienda suelta a todos los dislates posibles. Algunos se echan las manos a la cabeza porque creen que todo se puede ir al traste, que en esta civilización del bienestar se ha perdido la noción de realidad, y que dada su aparente estabilidad, algunos piensan que nada importa qué se derribe porque siempre aguantará.

Otros nos recuerdan las leyes de la termodinámica, el principio de entropía, que lo que no se cuida se acaba perdiendo, que la condición humana impelida por un mundo ciego en constante mutación está hecha de caminar más que de estar sentado, de esforzarse más que de dormir en el sofá, de trabajar más que de instalarse en la zona de confort. La cuestión sigue sin embargo siendo ¿a quién hago caso? Y ahí nos tropezamos con el obstáculo adicional de que nos han educado en la idea de que todos los relatos valen igual. Que la razón y la lógica son mitos, en cualquier caso subjetivos.

La verdad no existe, es una invención de los poderosos para mantenernos dominados dicen los posmodernos. No sin cierta contradicción porque quienes lo dicen lo hacen en la convicción de que entendamos que esa afirmación sí sería verdad. Y en ese momento pienso en dos cosas, si no estaremos ante la misma contradicción de alguien que dice que todos y todas mienten esperando que creamos que ese todos no lo incluye a él o ella y su afirmación, y la segunda, que si la verdad no existe nada sería mentira, ergo todas tendrían cabida. Y ahí la contradicción se me hace imposible, como cuando varones blancos heterosexuales pretenden que se les debe dar el poder para acabar con la dominación de los varones blancos heterosexuales.

Después de leer esta entrevista con Antonio Escohotado: http://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis/2018/04/08/5ac79301468aeba2568b4648.html me tentó visionar los videos de los encuentros de éste con Pablo Iglesias y Monedero. Me sorprendió la endeblez del argumento de este último cuando dice que él nunca ha militado en un partido comunista. Como si el ideario no admitiera más de un instrumento. Pero llevado de mi deseo por saber más me tropecé con un Monedero que quizá para mostrar su profunda conciencia social explicaba cómo entre los barrios más pobres de Madrid y los más ricos la esperanza de vida podía abrir una brecha de 10 años.

Y ahí lo dejé porque jamás le había oído decir nada en relación con los 7-8 años de brecha entre los hombres y las mujeres en esa misma esperanza de vida, y me acordé de que ya en otra ocasión y a propósito del suicidio vi que estuvieron muy preocupados mientras lo relacionaban con la crisis económica y las políticas del PP, pero jamás volvieron a mostrar el más mínimo interés por dicho tema a pesar de los 10 diarios, de ellos casi 8 varones, que se vienen produciendo en nuestro país desde hace décadas. Y entonces caí en la cuenta de qué era lo que se había perdido. Lo que algunos habían perdido era el sentido del ridículo y la vergüenza.



03 mayo, 2018

Legislar en caliente



Voy cayendo en la cuenta de que en la nueva realidad llaman igualdad al trato diferente según el sexo con claro mejoramiento para uno de ellos, y que la norma, cualquier norma, vale en tanto en cuanto las dueñas del saber y la moral no digan otra cosa. Del pensamiento líquido hemos pasado al estado gaseoso en el que los datos y los hechos han desaparecido y quien afirma no es quien debe probar sino todo lo contrario.

Y con ello se han ido por el sumidero la simetría, la reciprocidad, la objetividad, la neutralidad, la lógica, la razón, el humanismo y un largo etcétera de cosas que hasta hace bien poco parecían conquistas indestructibles de la modernidad, el raciocinio y el sentido de realidad. Claro que han sido sustituidos con contundencia no por equivalentes, sino por emociones, explosiones del ánimo, rabias justificadas, revanchas históricas, miedos que deben cambiar de bando y un largo etcétera de asuntos difíciles de discernir e identificar.

Estamos laminando a marchas forzadas el estado de derecho, legislando en caliente y al dictado de algunas víctimas, y reconociendo en los hechos que no hay poder más legítimo que el que se manifiesta en la calle. Aquí se encuentran “progresistas” y “conservadores” apurados para dar satisfacción a esas demandas sociales expresadas con toda urgencia. Quienes solo unos días antes lamentaban legislar en caliente, se muestran ahora fervientes partidarios y desdicen con toda seriedad lo que solo momentos antes presentaban como argumento sólido.

Ni un gramo de reflexión, los argumentos están prohibidos. Por ejemplo se puede tildar hoy de tapón del sistema a los pensionistas porque votan conservador y después de que salieron a la calle presentarlos como los mejores candidatos a un “mayo del 2018”. Pedir mayores pensiones, olvidando que hasta ayer mismo se decía que el estado de bienestar estaba demasiado escorado hacia ese lado en detrimento de los jóvenes, que no lo olvidemos siguen sufriendo las tasas de paro más altas de Europa. Al perderse las referencias la coherencia ha pasado a mejor vida.

He escuchado a Monedero que después del fracaso de la igualdad de oportunidades lo que se ha de buscar es la igualdad de capacidades. ¡Y vaya usted a saber lo que entenderá por tal cosa! Todo quedaría en cháchara fútil si la experiencias históricas de las sociedades socialistas no hubiesen dejado claro y palmario que bajo esa pretensión de igualdad para todos se escondían los inmensos privilegios de algunos y el sacrificio de la inmensa mayoría, y que no solo es tozuda la genética, también el deseo de cada uno de nosotros por mantener nuestra singularidad. Ser iguales no quiere decir ser idénticos y en la experiencia histórica de los dos últimos siglos cuando al individuo se le diluyó en un grupo identitario el resultado nunca fue bueno. 



01 mayo, 2018

Atrévete a pensar. Por una nueva Ilustración


Que hay malestar con el paradigma cultural dominante en las sociedades occidentales parece cada día más evidente y extendido. Desde trayectorias vitales diferentes y nacionalidades distintas, desde enfoques filosóficos y científicos coincidentes algunas veces y distantes otras, hace ya un tiempo se han levantado voces muy significativas en la cultura de nuestros países denunciando los catastróficos resultados del posmodernismo y el neomarxismo. Desde los trabajos pioneros de Alan Sokal y Jean Bricmon pasando por Mario Bunge, Steven Pinker, Jordan Peterson, Stephen R. C. Hicks y tantos y tantos otros hasta llegar a Antonio Escohotado o J.L. Pardo en nuestro país, la denuncia de lo que en él hay de posverdad, oscurantismo y concepción reaccionaria del mundo y la cultura, no ha cesado ni parece que vaya a hacerlo a tenor del ritmo con el que aparecen nuevas contribuciones a esta crítica.

Si la Ilustración y la modernidad supusieron la posibilidad de las primeras sociedades democráticas y los derechos de las personas, la afirmación de la razón y la ciencia frente a la superstición y el pensamiento mágico, el derecho a la educación como entrenamiento de las capacidades del individuo para una vida adulta autónoma, el derecho como superación del estado de “naturaleza” (y aquí me gustaría volver a recomendar por su actualidad este artículo de J.L. Pardo http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/el-insensato-furor-del-resentimiento) y en general la configuración de una serie de espacios de neutralidad en los que discutir y dirimir las diferencias entre las personas y los grupos sociales, la tarea de demolición por parte del posmodernismo de todos estas conquistas, bajo apariencia de progresismo, no tiene intención de cesar. El principal objetivo del posmodernismo a estas alturas es claro, consiste en derribar y destruir lo mejor de la Modernidad.

Y de entre todos los aspectos negativos del posmodernismo: negación de la ciencia y la razón, de la objetividad y la verdad, concepción del derecho y la educación como instrumentos crudos de dominación, etc. quizá el más terrible a mi modo de ver es que al situar el sentimiento y la emoción por delante de la razón y la lógica ha convertido los problemas políticos y sociales en problemas morales, en los que la única opción posible es: o lo tomas o lo dejas. Y si lo dejas inmediatamente estás enfrente, eres el otro, eres el enemigo a batir. Y el otro no tiene un gramo de razón porque los sentimientos y las emociones no se gradúan, solo cabe tomarlas o rechazarlas en su plenitud. Lo que unido a la idea de que es el poder quien establece lo que es ciencia y verdad elimina de un plumazo todos los espacios de neutralidad: ciencia, razón, derecho… y anula la posibilidad y el valor del debate social porque lo único que importa es la consecución de poder y el empoderamiento.

Así ha sucedido en el debate educativo donde al considerarse la comprensividad como moralmente buena su rechazo solo podía provenir de un ignorante o un desaprensivo, por lo que todo intento de corrección de una dirección equivocada ha fracasado, pero así sucede también con el feminismo de género -que a estas alturas parece empeñado en convertir en dogma (¿de fe?) expresiones como: todas las personas somos feministas, o la pretendida discriminación laboral femenina- y otro tanto de lo mismo con el nacionalismo, porque en los tiempos que vivimos nadie desea perder la franquicia que supone que uno tiene derecho a lo que desee, particularmente si tiene poder suficiente para imponerlo a los demás. Para este caso no necesitamos esperar a conocer la falacia de sus argumentos, porque ya la hemos comprobado, ni a saber lo poco importa que así haya sido, porque lo que se construye con emociones difícilmente se combate con argumentos.

El posmodernismo ha convertido a nuestras sociedades en terreno abonado para la posverdad, los hechos alternativos y la ley del más fuerte. Sin valores universales, sin reglas que valgan para unos y otros, sin una común humanidad, el debate no puede tener lugar y se hace imposible, y en el postmodernismo ni hay verdad que alcanzar porque ninguna vale más que otra, ni valores universales, ni territorios neutros en la ciencia o el derecho, porque todo es fruto de una mera correlación de fuerzas en un momento dado, y ya solo cabe la lucha por empoderarse y establecer desde el poder lo que sea verdad, la ciencia que se haya de respetar, la educación que haya de regir y el derecho que hacer cumplir.

Es por ello que hoy se hace más necesario que nunca la reivindicación de una nueva Ilustración tal como nos propone Steven Pinker en su último libro: Enlightenment Now. The case for reason, science, humanism and progress, del que habrá versión en castellano en el verano, en el que recuperando el: Atrévete a pensar, de Kant propone una nueva Ilustración que tenga en cuenta las nuevas aportaciones a la cultura que aquella no había podido tener en cuenta y que cifra en tres: entropía (leyes de la termodinámica), evolución (las aportaciones de Darwin) e información (todo lo que gira en torno a Internet y los ordenadores), para combatir la progresofobia de quienes se dicen progresistas pero reniegan del progreso. Volviendo a situar en el lugar que corresponde la tríada: razón, ciencia y humanismo.


29 abril, 2018

El género como excusa y el desmadre ideológico de la izquierda


Rara es la mujer, particularmente en la política, que cuando se le pide que explique o rinda cuentas de algo que no es de su agrado, no atribuya tal petición a machismo por mucho que nada concreto haya para apoyar esa apreciación. Recientemente el PSOE con el pretexto del género no apoyó a Guindos para las instituciones europeas, pero casi al mismo tiempo tampoco lo hizo con Elena Valenciano en su aspiración a la portavocía de los socialistas en la Eurocámara, lo que evidenció la falacia del pretexto y que los motivos reales en ambos casos eran muy otros. El género ha servido a Pedro Sánchez para alejar de la dirección y luego del partido a personas como Madina, y rodearse sin embargo de gentes que aplaudían la plurinacionalidad con argumentos en muchos casos de lo más pintoresco.

Las centrales sindicales hasta hace bien poco habían sacralizado la idea de la unidad de los trabajadores, sin ella nada era bueno y con ella todo se conseguiría. En el presente han apoyado la huelga de mujeres y recientemente se apuntaron al frente independentista en Cataluña. En toda su trayectoria estas instituciones que jugaron tan importante papel en la Transición, no han dejado de traicionar su objetivo, defendiendo a quien tiene trabajo frente a quien no lo tiene y, ahora, apoyando a mujeres y pensionistas pero olvidando a los jóvenes y a quienes no tienen empleo. El hecho de que no se autofinancien tiene bastante que ver con su actual debilidad y seguidismo.

Lo de Podemos es de traca, desde sus propias filas, califican a sus jefes de patriarcales, y se desmienten a sí mismos a una velocidad que produce vértigo. Si no hace tanto tiempo decían que se querían tanto que sus diferencias las solventaban con besos, ahora es raro el mes, en cualquier parte del Estado, que no se produce algún episodio de enfrentamiento en o contra la dirección y la consiguiente purga, siempre dependiendo de la entidad de quienes se oponen. El episodio Bescansa pone además en evidencia que los métodos cuando no igualan superan en villanía a los de las otras fuerzas políticas.

El asunto de los tres varones con el NOSOTRAS detrás deja traslucir bien a las claras la diferencia, a veces abismal, entre teoría y práctica. No menos que presumir de ser los más demócratas y acabar construyendo una organización cesarista y centralista, en la que las bases juegan el papel de “inscritos e inscritas” que ratifican o no un acuerdo ya tomado por la dirección. Como resulta casi cómico que a los “viejos” a quienes, por ejemplo Bescansa, había hecho desaparecer virtualmente para que Podemos pudiese ganar las elecciones, de repente se conviertan en el pilar más sólido sobre el que asentar el asalto a los cielos.

Y lo que seguramente supera todo lo anterior es ese resucitado de la teoría del valor trabajo de Marx, solo que ahora aplicada en exclusiva a las mujeres quienes “por igual trabajo” ganarían menos que los varones, pero que al igual que ya sucedió para el caso general dicha teoría jamás ha podido ser demostrada y, sin embargo, las consecuencias prácticas no han podido ser más desastrosas para las economías que trataron de montarse sobre esos supuestos. La soberbia intelectual y la superioridad moral que se arrogan tanto la izquierda como el feminismo les hacen imposible el reconocimiento de sus errores. Porque seguro que además piensan: siempre nos quedará el género… aunque sea como excusa.


23 abril, 2018

NOSOTRAS



Delante de un cartel que pone NOSOTRAS: Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Ramón Espinar comunican a la opinión pública que han llegado a un acuerdo para la candidatura de Madrid. Desde sus propias filas la mujer que encabeza la corriente anticapitalista Lorena Ruíz-Huerta, quien se ha negado a participar en el acuerdo, lo califica de patriarcal. También desde algunos medios las críticas son de lo más áspero. Gabriela Cañas titula su artículo en El País: Los machos alfa se alían en Madrid. Con el siguiente subtítulo: Iglesias, Errejón y Espinar se unen contra Carolina Bescansa y presentan una lista masculina en la que prometen incorporar a una mujer. Sería interesante preguntar a esta señora qué entiende por “hechos alternativos”.

Gabriela Cañas olvida, o pretende que olvidemos nosotros,  que en el origen de todo se sitúa el hecho importante de que después de que Iñigo Errejón le hubiera ofrecido el puesto número dos en la candidatura de Madrid, Carolina Bescansa hubiera intentado lo que desde sus propias filas califican de conspiración contra Pablo Iglesias, operación en la que habiendo de todo casi nada es bonito. Tampoco las mentiras con las que trató de tapar su operación. Pero al parecer nada de eso tiene ninguna relevancia para la articulista quien a lo largo del artículo reparte estopa sin consideración contra todo lo que huela a hombre y presentando la testosterona como el agente más tóxico.

Me ha coincidido también ver algunos momentos de la entrevista de Ana Pastor a Iñigo Errejón del domingo 22. En ella Iñigo explicó que le parece excesivo el calificativo de patriarcal de su compañera de la corriente anticapitalista pero tuvo verdaderas dificultades para explicar lo desafortunado de la foto de los tres con el lema NOSOTRAS a sus espaldas. En su defensa adujo que los hombres también estaban allí para aprender y que feminismo no es solo colocar mujeres al frente de las listas electorales, añadiendo que sus listas son de rigurosa cremallera. Y no perdió ocasión de mentar a Manuela Carmena y Ada Colau como las grandes renovadoras de la política.

Momento que aprovechó Ana Pastor para preguntar si “los inscritos y las inscritas” podían alterar el orden de la lista, a lo que Iñigo dijo que sí en el sentido de que pueden mejorar posición las mujeres no los hombres, con la frase en Podemos las mujeres siempre ganan. ¡Más adelante Iñigo habló de su candidatura como meritocrática! En fin, que se me hace difícil entender cualquier cosa, pero más que nada que dos mujeres feministas al mismo tiempo que les reprochan a los hombres hablar en nombre de las mujeres, incurran en la contradicción de ser a ellos a quienes interpelen y se dirijan para que les expliquen por qué las mujeres no están más arriba y si acaso tendrá algo que ver con sus propuestas.

Un poco lo que sucedió en la Gala de los Goya, donde a los presentadores les llovieron las críticas por varones en una gala que se decía a favor de las mujeres, ocultando que previamente se les había ofrecido presentarla a tres mujeres que lo rechazaron. Por supuesto nos quedaremos con las ganas de que Ana Pastor a quien pregunte por la posición de las mujeres sea a Carolina Bescansa o Tania Sánchez, y a Gabriela Cañas explicándonos las virtudes que encuentra en la estrategia seguida por Bescansa. Y dado que según ella lo decisivo de una política es si se puede calificar de nueva o vieja, hasta qué punto los “nuevos” métodos de Carolina Bescansa le parecen garantía de futuro y signo de la mejor política.

Con lo que vengo a concluir que aquello del “género” presentado como no sé sabe muy bien qué sofisticado concepto cultural, llegado el momento se resuelve por el milenario procedimiento de saber si se trata de chico o chica. También que la ética feminista más allá de cualquier otra consideración está en ver quién ha ganado o perdido y si acaso quién ha perdido es mujer, aunque hubiera sido por torpeza propia, cargar fuertemente contra la testosterona, los machos alfa, los acuerdos de caballeros y el patriarcado que no ha entendido que de lo que se trata es del borrado de lo masculino y la definitiva proclamación de lo femenino como el alfa y el omega de lo que resta de eternidad.


24 marzo, 2018

Escuela de idiomas



En la escuela de idiomas de mi ciudad los únicos varones que tienen trabajo son los bedeles que atienden la fotocopiadora. El resto del personal docente y no docente son mujeres. El alumnado es también mayoritariamente femenino. Por si lo anterior no fuese suficiente o quizá por ello, mensualmente se hace un homenaje a una escritora de alguna de las lenguas que se imparten en la escuela. Los escritores están excluidos. Podría abundar en otros detalles como el trato dado a mujeres y varones en los libros de texto, pero creo que con lo anterior es suficiente, a efectos de formular algunas preguntas.

Desde el punto de vista de género ¿cómo debemos catalogar esa situación?

Si la respuesta fuese que hay que aceptar las cosas tal cual son, la siguiente pregunta es ¿por qué para este caso sí y para otros no? ¿Se debería como mínimo estudiar por qué sucede esto y si la situación tendría algún viso de reversibilidad, o quizá haya que silenciar que esto sucede en este y otros ámbitos de la vida, tanto del sector público como del privado, poniendo muy seriamente en cuestión que el interés por la igualdad y la paridad vayan más allá de algunos puestos y sectores especialmente golosos por privilegiados?

Porque es evidente que aquí también hay brecha salarial y laboral y no a favor de los varones.




22 marzo, 2018

Comentario a dos TEDs


Consciente de que la entrada anterior es un poco ladrillo, quisiera en esta aligerar un poco el mensaje y para eso voy a comentar dos TEDs https://es.wikipedia.org/wiki/TED. Son conferencias en inglés pero están bien subtituladas en español.

El primero va sobre educación. ¿Qué pensarías si a lo largo de la charla sucediese que las dos personas más sobresalientes fueran dos varones, un niño con rasgos de genio y un adulto director de un famoso ballet también un ser excepcional? ¿Y fuesen la madre y la maestra quienes personificasen a quienes incapaces de entender la genialidad de Shakespeare le recriminasen por su forma de hablar y le pidiesen que lo hiciese de forma que no confundiese a todos? ¿Y llegado el momento de comparar los cerebros masculino y femenino el conferenciante encontrase al primero lleno de virtudes y al segundo propio de un ser torpe?

¿Qué dirías de todo ello y del constante regocijo del público? Seguramente, que habría sido tachado de machista ¿verdad? Pues ese TED existe, no ha tenido ningún problema, al contrario es el más visto de todos. Lo único que cambia de lo relatado más arriba es que las dos personas excepcionales son una niña y una mujer, quienes recriminan a Shakespeare son su padre y su maestro y el cerebro privilegiado es el de ella y no el de él quien, por supuesto  debe conformarse con el de torpe.

El segundo versa sobre la voz y la comunicación humanas con sus inmensas posibilidades. En esta charla el autor ilustra con la imagen de siete varones lo que él considera los siete pecados capitales de la comunicación: el chismorreo, hablar mal de los demás; la manía de juzgar al otro, sin ser capaz de escuchar; la negatividad, nada tiene arreglo; la queja, de todo y contra todos; las excusas y el echarle la culpa a los demás de lo que nos pasa; la exageración y la mentira; y finalmente, el dogmatismo y la confusión de nuestros deseos con la realidad.

¿Qué diríamos si todos y cada uno de estos auténticos socavones de la comunicación estuvieran personificados con la figura de una mujer? Seguramente enviaríamos al conferencia a un curso de género ¿no? Vale, no os preocupéis no habrá que tomar esa decisión. El TED existe y es también uno de los de más éxito, pero quienes personifican esos socavones de la comunicación son varones. O sea que no pasa nada.
Resulta irónico que en esta sociedad de lo políticamente correcto sea necesario decir ellos y ellas pero para ilustrar los siete pecados capitales de la comunicación baste con la imagen masculina.

Todavía una cuestión más. ¿Toleramos los hombres mejor la crítica y el uso de la figura masculina para este tipo de ejemplificaciones negativas? ¿Es de ahora o es de siempre? ¿Al hacerlo así no estaremos contribuyendo intensamente a esa imagen bipolar de los sexos, en la que unos son un desastre y las otras la personificación del bien, la belleza y la bondad?  



16 marzo, 2018

Nacionalismo de género



Soy de la opinión de que el feminismo posmoderno es una forma de nacionalismo con su cosmovisión binaria y maniquea de nosotras y ellos; su victimismo, la culpa de todo lo que nos pasa es de los otros; su superioridad moral y su desprecio por el otro. Algunas ensayan a colar de rondón expresiones como: Todas las personas somos feministas. Quien tenga dudas que analice el paralelismo entre lo que sucede en Cataluña y el mensaje feminista, verá que pronto se le disipan. Ambos son discursos desde la emoción y la visceralidad ante los que la racionalidad se muestra muy poco efectiva incluso cuando, como ahora sucede en Cataluña, quedan demostradas sus mentiras.

Y en ambos el objetivo declarado tiene poco que ver con el realmente buscado. Mientras se nos decía que lo que se pretendía era un mejor acomodo en España en realidad se venía trabajando desde el principio en la perspectiva del Estado propio. Roto el silencio impuesto a la mitad de la población por los gestores de la idea de un “sol poble” queda sin embargo pendiente su reconocimiento, aunque nada indica que se vaya a producir y la idea de que menos de la mitad son suficientes para decidir el futuro de todos sigue en pie. El feminismo habla de igualdad pero cada día parece más claro a la vista de muchos que en realidad la pretensión es bien otra.

Ambas son ideologías identitarias en un caso por razón del territorio y en el otro por razón de género y dada su inspiración posmoderna niegan tanto la biología como los valores ilustrados. Según ambas todos los valores son ideológicos y políticos y la ciencia y la verdad quien la establece es el Poder, por lo que lo que en realidad lo que importa es su detentación, el empoderamiento en lenguaje feminista. Ambas son construcciones sociales en marcha: en un caso de la nación y en el otro del género y para ambas el control de la educación y los instrumentos de conformación de la opinión pública son absolutamente decisivos.

Nunca la educación ha sido tan ideológica, ni nunca la frontera entre la mentira y la verdad se ha roto de forma tan escandalosa. Vivimos en el mundo de la posverdad donde lo sentido prevalece sobre los hechos, porque en este reino de la subjetividad la propia idea de hecho, objetividad, verdad… carece de cualquier significación. ¡Incluso el principio de no contradicción parece estar superado! También las ideas de simetría y reciprocidad parece que nada tengan que ver con un igualdad que mientras por un lado se proclama por el otro solo busca la ventaja y el privilegio. Véase el contenido de este enlace a modo de ejemplo.

http://www.terceracultura.net/tc/genero-y-salud-mental-importan-tambien-los-hombres/comment-page-1/#comment-43109

Con desprecio por la ciencia y el valor de los hechos: no solo sosteniendo que los sexos son construcciones sociales, también negando valor a los datos y la contrastación empírica. Google explica que es imposible la discriminación salarial femenina en su empresa porque las retribuciones las establece un algoritmo en el que no está la variable sexo, la inspección de trabajo después de perseguirla durante años en miles de empresas no encuentra situaciones que pudieran interpretarse como discriminación femenina, pero nada de eso importa. La verdad es una convicción o una querencia contra la que nada pueden hacer ni la razón, ni la lógica, ni los datos.

Es como si nos hubiesen privado a todos de la capacidad de pensar y razonar y a fuerza de oír una y otra vez eslóganes que se repiten año tras año ya no importase ni tan siquiera preguntarse si son verdad, exigir incluso su demostración. Nada de eso parece pertinente en los temas de género donde lo que no se explica como verdad “sentida” se nos impone a fuerza de repetición. Que no se acabe de ver cómo se las arregla el mercado para discriminar a las mujeres, ni por qué rendija se cuela la variable sexo en las retribuciones, ni por qué no acaban de encontrar esa discriminación los inspectores de trabajo, cuando todos esos instrumentos se muestran eficaces en la detección de otros incumplimientos e ilegalidades, parece no importar nada. Nada más firme que un prejuicio bien asentado.

Sorprende todavía más ese fanatismo ideológico en quienes consideran al mercado como el más neutral de los mecanismos de fijación de precios, y después de comprobado el completo fracaso de la planificación centralizada. Porque es el mercado quien acaba fijando las remuneraciones de hombres y mujeres en el sector privado que es a estos efectos el sector que interesa porque solo las más extremistas ven también discriminación en los sueldos de los funcionarios. Pero digo más si hombres y mujeres debemos cobrar lo mismo, por qué no los mismos sueldos para madrileños y extremeños o para maestros y fontaneros o albañiles o camareros…

Y por supuesto en esa concepción binaria del mundo ambas necesitan un enemigo a quien hacer culpable de todos sus males, en un caso el Estado español, en el otro los hombres. El juego de luces y sombras que todo comportamiento humano acaba constituyendo se resuelve con extraordinaria facilidad: todas las sombras pertenecen “a ellos” “los otros” mientras que “nos” “nosotras” representamos la luz y el bien. El maniqueísmo de buenas y malos, la pretensión de identificar lo masculino con lo tóxico y lo femenino con la bondad y el bien, se hace patente en cada uno de sus actos. Que se pretenda que los comportamientos punibles de las mujeres son responsabilidad de los hombres de su entorno o que queden excluidas de la cárcel no son más que la prueba más clara de esta intención.

https://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2017/12/el-libre-albedrio-de-las-mujeres.html

Tiene razón Cayetana Álvarez de Toledo cuando denuncia la pretensión de este movimiento de convertir a las mujeres en menores de edad, a las que no solo se les niega su individualidad y por eso mismo sus derechos como personas, sino que además se les impone qué está bien y qué está mal. Lo importante es la pertenencia al grupo, a uno de esos dos teóricos bloques en que han convertido los sexos, con negación de la común humanidad. Solo desde ese artificio negador de la naturaleza humana, es posible concebir a los sexos como construcciones sociales en los que sus diferencias responden a meras convicciones sociales, por eso mismo perfectamente intercambiables.

Pretender que hombres y mujeres podemos ser idénticos y que por ello mismo habremos de estar empatados en premios literarios y artísticos, en el sueldo que cobramos y en general en todas los ámbitos de la sociedad y la vida no es más que una pretensión absurda condenada al fracaso, como por otro lado demuestran reiteradamente los hechos, pero es que si además quien eso proclama lo hace disimulando las ventajas propias en determinados ámbitos y las desventajas del otro en otros tantos, además de absurda resulta un completo fraude intelectual y moral.