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26 septiembre, 2012

Privado-público vs. Centro-periferia


La división de roles que marcaba la sociedad tradicional: la familia y la casa -lo privado- mundo de ellas, y las tareas de proveedor y seguridad -lo público-  de ellos, correspondía a un orden de cosas gestado hace milenios que no vale para el mundo moderno en el que todas esas tareas se desenvuelven en un entorno sin parecido con una sociedad en la que, la casa era una cueva y el mundo exterior un lugar lleno de peligros.

Afortunadamente muchas cosas han cambiado en los últimos siglos  y tuvieron razón las y los primeros feministas María Wollstonecraft, Stuart Mill, y una larguísima lista en la que habría que incluir a  los movimientos sociales y políticos de izquierda, cuando plantearon que seguir manteniendo una división de ese tipo constituía una aberración histórica que habría que corregir para caminar en la dirección de una mayor permeabilidad de los mismos. Es el momento del feminismo como una conquista de civilización de la que resultaría una sociedad de iguales mejor para todos: para ellas y para ellos.

Con esa perspectiva trabajaron hombres y mujeres a lo largo de más de un siglo y medio, y grandes fueron las conquistas: igualdad jurídica, derechos políticos, derechos sobre la reproducción, control de la natalidad, divorcio, mayoría femenina en la universidad, incorporación al mercado de trabajo…

Pero justamente cuando todo parecía que el ideal estaba ahí, se produce  un giro de 180º, y, bajo la idea de que la igualdad es cosa de las mujeres,  el feminismo convertido en neofeminismo,  expulsa del mismo a los hombres con el pretexto de que, es a ellas en exclusiva, a quienes compete decir que hacer. Iniciándose de ese modo el increíble retroceso histórico de negar de forma beligerante y agresiva la custodia compartida o dar lugar a leyes como la de violencia de género hasta llegar a ese intento bárbaro de pretender quitar la patria potestad a todos los padres separados que  comentábamos  aquí.

Que el neofeminismo se niegue a hacer balance y explicar qué ha sucedido y está sucediendo con la igualdad y, sobre todo, qué  faltaría para alcanzarla, no puede implicar que ese trabajo quede sin hacer sino más bien una tarea que tenemos por delante. Pues lo que cada día vemos que sucede no lleva el sello de la igualdad, más bien parece guiado por una idea de supremacía  y voluntad de excluir a los hombres.

Que el neofeminismo pretenda que los grandes poderes los disfruta el varón por presidir los sindicatos o los consejos de las empresas, no debe hacernos olvidar que es un mundo de mujeres y un mundo cerrado: la familia, la educación de los niños en las primeras etapas: guardería, infantil, primaria…  o que el mundo de la sanidad es cada vez más suyo, lo mismo que el de la justicia o los medios de comunicación, que en la Administración, el comercio o los trabajos administrativos sucede otro tanto de lo mismo, y que las bibliotecas, las escuelas de idioma, los lugares de ocio y esparcimiento, y tantas otras espacios que podríamos seguir mencionando son femeninos y lo son cada día en mayor medida como cotos privados, olvidando así que hace bien poco una de sus acusaciones contra el patriarcado era la de actuar de ese modo para los varones.

Todo lo anterior junto a la exigencia de paridad en la política,  las empresas, las academias, las rectorías de la universidad y hasta los premios literarios y deportivos dan un panorama claramente descompensado. Al menos los escandinavos exigen paridad en las empresas y la política, pero no impiden la custodia compartida,  y el permiso de paternidad es equiparable al de maternidad y en la Administración se reserva el mismo número de empleos para hombres que para mujeres.

Lo que sucede aquí es que se exigen listas paritarias y en cremallera en la política, se pretende que los consejos de administración de las empresas sean paritarios, el empleo público tiene un sesgo femenino que al paso que vamos parece de no retorno, determinados empleos son de la exclusiva masculina, por cierto los de riesgo y esfuerzo, y al tiempo se impide la custodia compartida, se demoniza la figura masculina, se impide el contacto de los hijos con los padres y en esa escalada sin cesar se pretende  privar de patria potestad  a los hombres separados y hacerlo bajo la acusación de maltratadores de sus hijos.

Todo esto sucede delante de nuestros ojos, podemos disimular y hacer como que no lo vemos: actitud mayoritaria, o hacerle frente y exigir un cambio de rumbo, pero pretender que no es eso lo que sucede sino que caminamos hacia un paraíso de igualdad y respeto mutuo resulta demasiado grotesco como para poder ser creído. Lo que  ahora rige no es el binomio privado-público, pero sí algo que podíamos denominar centro-periferia y si el centro es de ellas a nosotros nos ha tocado la periferia.


5 comentarios:

  1. De nuevo se retrasa la ampliación a cuatro semanas del permiso de paternidad.

    http://www.mallorcadiario.com/sociedad/el-nuevo-permiso-de-paternidad-se-retrasa-108291.html

    Por contraste el papá permiso noruego tiene las siguientes características,(perdón por la autocita):

    En Noruega, esta pequeña revolución familiar tiene un nombre: el papá permiso. A cada nacimiento, los padres, que gozan después del parto de un permiso doble de quince días, se reparten luego un permiso de paternidad de cuarenta y seis semanas indemnizado al 100 % o un permiso de cincuenta y seis semanas indemnizado al 80 %. Los pequeños noruegos pasan pues su primer año cerca de su madre y cerca de su padre: para animar a los hombres a ocuparse de sus niños, un período de diez semanas está totalmente reservada para ellos. Si renuncian a su papá permiso, estas diez semanas que la madre no puede tomar en su lugar se pierden, lo que penaliza a la familia entera. El resultado es espectacular: en Noruega, el 90 % de los padres cogen por lo menos doce semanas de permiso paterno.

    El neofeminismo está entusiasmado con que aquí se imponga la misma norma que en Noruega en lo relativo a los consejos de administración, pero reservándonos el permiso paterno de dos semanas y la negación de la custodia compartida.

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  2. En Alemanía, con un gobierno de signo conservador, también se establecieron medidas que incentivaban a los padres el disfrute de su paternidad. La misma ministra de asuntos sociales que propuso esas medidas, también destacó el fracaso del sistema educativo alemán en relación a los chicos, lo que le valió las críticas del neofeminismo alemán. Recuerdo haber puesto el enlace a la noticia en una entrada de hace meses.

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  3. Anónimo8:32 p. m.

    ¿Era este tu comentario, Plutarco?:
    Minerva, ¿y qué dirían en tu entorno si además de señalar esa tendencia, indicas que es necesario paliar el fracaso escolar masculino para que esa desproporción no exista en el futuro?. La ministra de asuntos sociales (alemana) propuso medidas para tratar de corregir el fracaso escolar masculino y las "lidiafalcones" alemanas se lanzaron a su yugular, argumentando que la situación no era tan preocupante. Creo con Manu y Emilio que el aumento del paro masculino se debe sobre todo a factores sectoriales, no a que la mujer sea más acomodaticia en el tema salarial. Sobre la brecha salarial de diferente sueldo por el mismo trabajo, ni el estudio que hizo el ministerio de igualdad en su día y del que Emilio dio cuenta en esta bitácora parece refrendar ese mito.

    La encontré en:
    http://personasnogenero.blogspot.com.es/2011/01/un-nuevo-nepotismo.html
    del 28/enero/ 2011
    Resulta interesante repasar de vez en cuando entradas antiguas
    Arturo

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    1. Soy yo efectivamente. Aquel hilo resultó bastante interesante. Creo haber puesto el enlace a la noticia que leí en la prensa inglesa (¿The Guardian?) en alguna otra entrada...o quizás en algún otro blog.

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  4. Lo del inmenso poder del neofeminismo en nuestro país y la comodidad con la que lo disfrutan merecería algún análisis que lo pusiese al descubierto en su verdadera naturaleza.

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