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19 julio, 2014

La política y el género


El neofeminismo juega una de sus mejores bazas en su invisibilidad, en la consecución de objetivos, a veces ambiciosos, y hacerlo siempre sin ruido, paso a paso, desde los despachos y que para cuando los conocemos lo sea ya como hechos consumados. Si uno observa la representación de la política en nuestro país en este momento lo que trasciende y se hace visible es la figura masculina: ahí está Pablo Iglesias, ahí los que fueron candidatos a la secretaría del PSOE, ahí está un día tras otro Artur Mas y Mariano Rajoy y Cayo Lara… ¿pero tiene esto algo que ver con la defensa de intereses masculinos? No solo no tiene nada que ver sino que es en todas esas personas que el neofeminismo encuentra por acción u omisión sus mejores valedores.

Y uno de esos grandes objetivos lo constituye el blindaje moral y jurídico de la mujer hasta el punto de que el derecho de familia y el derecho penal están teñidos de un sesgo tan escandalosamente profemenino que casi se puede decir que parecen concebidos en exclusivo perjuicio del varón. La negación de la custodia compartida, la no aplicación del habeas corpus por parte de muchos tribunales de violencia de género, el propio concepto de violencia de género y su aplicación excluyendo la posibilidad de la violencia femenina (en las encuestas a las chicas se les pregunta por la violencia que sufren y a los chicos por la violencia que perpetran) y, sin embargo, conceptuando cualquier violencia masculina hacia su pareja como deseo de dominación, algo así como si negásemos que los celos masculinos y femeninos tienen la común característica de ser ambos humanos y que, por tanto no quepa la posibilidad de considerar a solo uno de ellos como reprobable...

La cosa, sin embargo no se detiene ahí porque la ambición neofeminista pretende trazar una profunda raya que diferencie completamente los mundos masculino y femenino y los distintos campos de juego. ¡Y ello en nombre de la igualdad! Desde luego merecería una explicación demorada el hecho de que sean los sectores más feminizados del mundo laboral los que en poco tiempo hayan visto reconocida para sus trabajadores la condición de autoridad pública. Primero fue la enseñanza y ahora los sanitarios. Como merecería la pena saber por qué es compatible que al tiempo que se desarrolla una campaña a favor de la presencia de las mujeres en las empresas, se conozca que de una promoción de 10 nuevos jueces 9 sean mujeres, y no se suscite ni el más mínimo comentario sobre el hecho de que la administración pública incluidos servicios sociales como la educación, la enseñanza o la justicia se estén feminizando en porcentajes que sobrepasan en algunos casos el 75%, o el porqué de que haya sindicatos que protestan si en el ámbito de los inspectores de hacienda, donde la abrumadora mayoría son mujeres, se establezca que en caso de empate en la puntación se optará por el varón.

El neofeminismo hoy es un sindicato de intereses que goza no solo del apoyo de una mayoría de mujeres, también de muchos hombres y desde luego de la inmensa mayoría de las fuerzas sindicales y políticas, incluidas por supuesto las más recientes y que se presentan como más renovadoras, ya que puede que lo sean en otros ámbitos pero en el terreno de las de género se muestran tan convencionales y políticamente correctas como lo puedan ser las que según ellos constituyen la “casta”. Y por supuesto no le va a la zaga un partido como el socialista que si uno sigue los pronunciamientos realizados por sus candidatos a la secretaría general observará no solo el papel estratégico que conceden a la alianza con esta forma de entender el feminismo, también que tienen reservado, para esa nueva Constitución a la que nos remiten constantemente, la consagración de las listas cerradas con cremallera y los servicios de educación y sanidad, sin que sea entendible no ya el disparate de las listas cerradas, sino el porqué de esos servicios mientras se guarda silencio total sobre los sin techo, o no se incluyen otros no menos básicos como puedan ser el alimento y la vivienda.


1 comentario:

  1. Anónimo4:47 p. m.

    Hay una anécdota que pasó desapercibida no sé si por descuido o con toda la intención. No hace más que unas semanas y a raíz de si se estaba haciendo buen o mal uso de los servicios de urgencia de los hospitales, ya que todas las evidencias apuntaban en esa dirección, se hizo una encuesta entre los usuarios en la que un 40% de los mismos reconocía efectivamente ese mal uso y que recurría a ellas, entre otras cosas, para saltarse los turnos de espera del centro de salud. Para sorpresa de todos, sin embargo, quienes negaban ese mal uso era el propio personal sanitario para quienes el uso de las mismas estaba siendo correcto. Ni que decir tiene que no se ha sabido más del asunto.

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