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20 diciembre, 2011

Funciones del padre


Como tengo la impresión de que os ha parecido interesante la penúltima entrada relacionada con la paternidad, en ésta encontraréis las 5 funciones del padre que, en el citado libro de Yvon Dallaire, se señalan: (Ni que decir tiene que la principal intención es propiciar el diálogo sobre las cuestiones señaladas sin que necesariamente suponga que, por mi parte, esté completamente de acuerdo con todo lo que dice el autor)

1. La protección. Antiguamente, gracias a su fuerza física, esta protección estaba limitada fundamentalmente a los peligros físicos exteriores: el hombre de las cavernas debía proteger a los suyos de otros hombres y de predadores de todo tipo. El hombre del siglo XXI estará cada vez más llamado a procurar una seguridad emotiva, y no solo para los niños, también para su mujer (constituye por otro lado una de las principales demandas de la mujer moderna). Su mujer y sus hijos quieren poder contar con él. Para hacerlo, debe evidentemente estar presente, física y psicológicamente, y ser valorado en esta función.

2. La educación. El padre debe facilitar a sus hijos el aprendizaje del control sobre sí mismo; deber enseñarle a renunciar a la satisfacción inmediata de sus necesidades y deseos; debe enseñarle a ser paciente. Debe sobre todo ayudarles a canalizar su agresividad hacia una expresión positiva y constructiva de la misma. Es evidente que, haciéndolo, le enseña también a gestionar mejor sus propias necesidades y su propia agresividad. Mas, ¿no es enseñando como se aprende a enseñar?

3. La iniciación. El padre tiene también como función humanizar al hijo en la frustración y la falta, a fín de poder integrarlo en el mundo adulto y el mundo social, como se hacía en los rituales iniciáticos de las tribus llamadas “primitivas”. El padre inicia el niño en las reglas de la sociedad, sin la que ninguna vida social es posible. La dimisión del padre a este nivel con probabilidad es responsable en buena medida del aumento de la delincuencia juvenil. Los niños se hacen delincuentes porque siguen creyendo que todo les es debido y que los demás están a su servicio (como lo estaba su madre).

4. La separación. La mujer moderna le pida al hombre del siglo XXI que la acompañe en todas las etapas del embarazo, del parto y de los cuidados del niño y creo que este acompañamiento constituye una excelente manera de desarrollar el sentido paterno. Pero, insisto en que la función del padre es la separar al niño de la madre y a la madre del niño y no formar una “santa trinidad” en la que cada uno pierde su identidad. De ese modo, el padre permite la supervivencia y el desarrollo del niño y de la mujer que hay en la madre.


5. La filiación. Poco importa el apellido dado al niño, este tiene necesidad de saber que tiene un padre y quien es su padre. Tiene también necesidad de saber que se inscribe en un linaje que posee una historia. Tiene necesidad de sentirse unido a la humanidad, que forma parte de una gran familia. Tradicionalmente, la filiación era patrilineal; aseguraba al padre que tenía hijos y aseguraba al hijo, niño o niña, que tenían un padre, ese padre.


16 diciembre, 2011

Sobre la paternidad

Para esta entrada he seleccionado una cita sobre la paternidad del libro de Yvon Dallaire, Homme et fier de l'être, Option Santé 2001 páginas 230-231.


Según los brillantes análisis del sociólogo quebequés Germán Dulac, los estudios hechos sobre la paternidad han girado alrededor de los cuatro paradigmas negativos siguientes: la pasividad, la ausencia, la violencia y el abuso. Se han centrado más sobre las consecuencias de la ausencia o la pasividad del padre y sobre los efectos negativos de los abusos de poder paternal que en  procurar estudiar la paternidad misma, sus características intrínsecas, sus aportaciones a la educación y la evolución de los niños o los modos de mejor ejercerla.


Su análisis demuestra que, como consecuencia del vasto movimiento de depreciación del estatus de pater familias que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX y sobretodo del XX, se nos aparece “un padre sometido en casa y cuya autoridad ha sido hecha fracasar por la madre. Vencido, ausente, dominado por su esposa en el seno de la familia tradicional y por los patrones en las fábricas, este padre se refugió en el silencio y la ausencia”. Por todas partes a los padres se les echa en falta, y el rol de la madre se hace fuerte para compensar la debilidad de su compañero, infravalorado.

Existe sin embargo, desde hace poco, una tentativa de reconstrucción de la imagen paterna. Salvo que los padres raramente son estudiados por sí mismos; lo son siempre por referencia a las mujeres/madres. Como lo enuncia Brian Robinson: “Los papás hacen también de buenas mamás”. Cada vez más los estudios demuestran que los padres pueden ejercer el cuidado de los hijos, incluso de corta edad, y que los hombres poseen capacidades de “paternidad” con el mismo potencial que una buena madre. Parafraseando a Dulac, “La paternidad durante mucho tiempo se ha resumido en el rol de proveedor y no es más que progresivamente que el rol activo de agente de socialización ha ocupado un lugar más importante.”

Se pide a los padres que se ocupen de los hijos como lo hace la madre y, sobretodo, hacerlo de la misma manera que ella. Ni hablar de valorizar el aporte específico que podría tener la paternidad, expresada en el contexto propio de la masculinidad. Los hombres se encuentran entonces atrapados en una doble polaridad: implicarse en tanto que padres o desentenderse y, cuando deciden implicarse, hacerlo según su sentido o según las expectativas de sus compañeras. 


11 noviembre, 2010

Texto de Ivon Dallaire

En la introducción de: Moi aussi… Moi plus…, Yvon Dallaire escribe:

El hombre y la mujer son iguales y… casi similares. De hecho somos más parecidos que diferentes. Se podría comparar al hombre y la mujer con  dos procesadores de texto poseyendo cada uno sus especificidades. Nuestras semejanzas constituyen  el 97’83 % de nuestra naturaleza humana: hombres y mujeres tienen dos piernas, dos brazos, un cuerpo, una cabeza y sus vidas giran en torno a las mismas dimensiones: personal, de relaciones, profesional y parental. Sus necesidades son sensiblemente las mismas: sobrevivir, amar y ser amado, realizarse, reproducirse. Sus miedos también. Sus cerebros tienen las mismas estructuras…

Los hombres y las mujeres son parecidos, pero también diferentes. Ni peores, ni mejores, diferentes. ¿Se le ocurriría a alguien, en este siglo XXI, declarar una raza superior a otra? ¿Por qué intentarlo entonces con el sexo? Sino por pura mala intención política, a fin de obtener poder. 
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