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22 septiembre, 2013

La venda antes de la herida o cómo eludir responsabilidad

Cuando todos los derechos sobre la reproducción son femeninos alguien nos regala esta joya con este título: 

No soy madre porque no quiero


Y estos dos subtítulos:

-        Persiste la presión social a favor de la maternidad, pero no de la paternidad

-        La mujer sin hijos suele ser calificada como egoísta
  

Porque mi pregunta sería: ¿Qué eficacia tendría la presión sobre los hombres si estos carecen de cualquier derecho en este terreno? O es que ¿Un día se puede proclamar: Nosotras parimos, nosotras decidimos, y al siguiente echarle la culpa al de enfrente?


17 septiembre, 2013

El rol de protector del varón

La última entrada de ¿Quién se beneficia de tu hombría? es importante por lo que dice, pero también por lo que sugiere, al demostrar que la violación no solo no es un asunto tolerado y normalizado en el patriarcado sino el principal resorte para mover a actuar a los hombres y utilizarse como banderín de enganche para alistar a los jóvenes a los ejércitos y la guerra, o justificar invasiones como la de Panamá y tantas otras.

En los varones existen resortes, más o menos inconscientes,  que en determinadas circunstancias nos llevan a poner en juego incluso nuestra vida si se trata de  proteger la de otros, en particular la de mujeres y niños,  y ese mecanismo que en la entrada se relaciona con las acciones referidas a la guerra se extiende, sin embargo, mucho más allá de ese momento apareciendo en múltiples fórmulas  de protección cada una con su nivel de intensidad. En un comentario que colgué en la citada la entrada decía más o menos:

El mecanismo es el mismo cuando hablamos de estos llamados para alistarse e ir  a la guerra, que cuando en el Titanic, y tantas otras situaciones parecidas, se decide salvar a las mujeres y los niños primero, pero en múltiples ocasiones de la vida diaria. Recientemente criticaba en mi blog un artículo firmado por un eurodiputado: que ante el despilfarro de esfuerzo y dinero público que supuso la acción impulsada por  las feministas y llevada a cabo por el Ministerio de Industria de unificar las tallas femeninas, arremetió con toda intensidad contra unos cuantos intervinientes en la operación que, ¡oh casualidad! resultaron ser varones, y lo hizo olvidando en todo  momento cualquier reproche a las promotoras de la medida.

Pero está presente en cada uno de nosotros. No hace mucho tiempo un comentarista habitual en ésta y otras bitácoras y con un punto de vista muy crítico hacia el neofeminismo,  no dudaba en reconocer que él como profesor tendía a puntuar mejor a sus alumnas. Pero todos sabemos de la mayor benignidad de los tribunales de justicia hacia las mujeres, o del especial orgullo que les procura a los políticos poder ser el único varón invitado a una reunión de mujeres y la especial satisfacción de poder anunciar una medida en su exclusivo beneficio.

O también como nuestras Cámaras no tuvieron gran problema, a pesar de contar con informes desfavorables de los penalistas y en general de todas las fuentes consultadas: RAE, Consejo de Estado, etc. para aprobar la LIVG o, menos comprensible todavía, que cuando se hizo una reforma de la ley de divorcio para incluir en ella la custodia compartida todo terminó de la forma que conocemos y el Tribunal Constitucional tardó siete años en pronunciarse sobre una cuestión de inconstitucionalidad que mientras tanto estuvo perjudicando gravemente a los varones y sobre todo a la justicia, o las trabas que el CGPJ está poniendo ahora mismo a la reforma de dicha ley en el sentido de que sean los jueces quienes determinen cuando corresponde dictaminar una custodia compartida, sin que hasta el presente se conozca ningún pronunciamiento en relación con la práctica de resolver la custodia siempre a favor de la madre.

El neofeminismo desde luego no lo desea pero los varones debemos reflexionar muy seriamente sobre aspectos de nuestro comportamiento en los que el atavismo de la protección se antepone a cualquier otra consideración y actúa haciendo descargar sobre otros hombres y sobre nosotros mismos pesadas cargas que como en el caso de esos llamamientos a alistarse a un ejército en guerra ponen en peligro nuestra propia vida. Y debemos hacerlo porque sería un enorme fiasco que después de toda la historia de los dos últimos siglos el rol del varón permaneciese igual a sí mismo y como siempre ha sido. 


07 septiembre, 2013

La invisibilidad como estrategia

Una de las acusaciones históricas del feminismo apuntaba al excesivo protagonismo de lo masculino en la esfera pública, a la ocupación de todo el espacio público por parte de los hombres condenando a las mujeres a la invisibilidad, y muchos fueron  y son quienes dieron y dan credibilidad a dicha acusación como si se tratase de una imposición unilateral de los hombres.

Pero, qué sucede en la actualidad, qué sucede ahora que ya no se puede argüir un menor número de mujeres con título universitario ya que son mayoría y cuando grandes espacios de lo público están ocupados mayoritariamente o muy mayoritariamente por las mujeres: educación, sanidad, justicia sobre todo la relacionada con la familia, administración pública, etc. y la presencia de las mujeres es mayoritaria en los medios de comunicación y nada desdeñable en la política.

Pues sucede que su voz es más bien escasa en ese ámbito de la opinión pública que anima el debate y la deliberación social y así es prácticamente imperceptible en los foros de educación y en los de la economía, la política y tantos otros. Y, lo más llamativo, parece como si alguien hubiese decretado el silencio en los temas relacionados con la “igualdad  y no discriminación por razón de sexo” y entendiese que las posiciones del neofeminismo en  el debate público en relación con todos estos temas debiese estar protagonizado por los hombres profeministas y asociaciones como Ahige, cuando no directamente por los partidos políticos.

Todo lo anterior sin menoscabo de su influencia mediática, social y política que más que perjudicada por esa actitud ausente parece estarle dando muy buenos réditos. Al menos para mí no deja de constituir una situación extraña y sorprendente.


03 septiembre, 2013

Masculinidad

En el mundo que vivimos los problemas para los chicos parecen multiplicarse como se recoge por ejemplo  en esta vieja entrada en lo relacionado con la educación.  Pero muchos son los estudios de los más prestigiosos especialistas  que ponen en evidencia otros tantos problemas atinentes a la infancia y la juventud particularmente de los niños criados en ausencia de la figura del padre. Y, al igual que para los de los  adultos, no solo no se ven iniciativas  para identificarlos y abordarlos, más bien pareciera que el solo hecho de señalarlos convirtiera a quien lo hace en sospechoso de algo. Por solo citar algunos: fracaso escolar, obesidad mórbida,  déficits de atención,  mala gestión del tiempo,  conductas impulsivas,  agresividad no controlada…  Y otro tanto de lo mismo podemos decir de los adultos como consecuencia de la demonización de la masculinidad y la falta de reconocimiento de la paternidad, derivando todo ello en trastornos de todo tipo y suicidio, por no citar ya los más comunes en el contexto de crisis económica, política y moral que vivimos.

Todo ello debe conducirnos a repensar el papel del varón  y la masculinidad en la sociedad y el momento que nos ha tocado vivir. Preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí y qué sería necesario para salir de esta situación.  Qué se está haciendo y qué no para abordar todas estas cuestiones y desde qué ópticas. Interrogarnos sobre el porqué de la aparente pasividad de los propios hombres ante problemas de tan gran dimensión. Quizá detectaríamos que la propia demonización de la masculinidad está impidiendo una aproximación sin prejuicios a estos temas, o que sean justamente quienes han asumido la masculinidad como portadora ineluctable de  violencia y agresividad quienes pretenden que tienen la solución pero finalmente  tal cosa se quede en cursos y talleres de planchado y cocina.

Sé que ninguno de los que seguís la bitácora habéis leído la entrada: Nuevas masculinidades, en clave de que  considere que no es necesario repensar la masculinidad y el papel de hombre, tampoco que me agrade lo que veo está sucediendo con la figura del varón, o  que tenga interés en defender su rol histórico, aunque solo fuese por la cantidad de veces que lo tengo criticado, pero sobre todo  por las muchas ocasiones en que conduce a la marginalidad y la miseria. O que no me parezcan pertinentes algunas reflexiones sobre estos temas, por ejemplo, las que ha desarrollado con tanto acierto Enrique Jimeno en sus blogs: Buenamente y otros. Debería ser evidente que, desde  la crítica que  hago al neofeminismo y  la consideración que esta sociedad tiene del varón, entiendo que muchas cosas deben cambiar y con ellas lo que haya de ser la imagen y la vida de los hombres. 

De lo que tengo la impresión cada vez más consolidada es de que los profeministas hablan de nuevas masculinidades porque temen hablar de masculinidad, no digamos ya masculinismo. No tienen problema, más bien al contrario, en hablar de feminidad o feminismo pero cuando hablemos de los hombres quieren llevar la cuestión a ese terreno postmoderno  de las nuevas masculinidades, a ese terreno en que no moleste  sino todo lo contrario a la teoría de género, y al papel subalterno que para el hombre tiene reservado. Y es por eso por lo que  dicen  que el varón lo que necesita es un nuevo traje que cubra un cuerpo y una mente vaciado de su  masculinidad –si tal cosa fuese posible- a la que consideran una especie de nuevo pecado original y una culpa que previamente es necesario expiar para, purificado, recibir la bendición de la nueva mujer. No es casualidad que el orden de las lecturas que se nos ofrecen sea primero sobre el feminismo de la mano de Nuria Varela y solo después a Bonino y Peskador.  

Todo el artículo, pero particularmente el último párrafo de dicha entrada así lo deja ver, léase sino: Chicas y chicos, ya hay nuevos hombres disponibles en el mercado. Si queréis ser uno de ellos, el manual de instrucción es sencillo: cómprate un libro y lee; toma consciencia de tu manera de estar en la sociedad; escucha, siente y piensa en las decisiones y actos que llevas a cabo. Es posible que haya una forma más inteligente y bonita de hacer las cosas, para ti y para los demás.” Lo que unido a la bibliografía recomendada particularmente la referencia a Nuria Varela y su libro: Feminismo para principiantes -libro del que por cierto en este blog realizamos una crítica en su momento: aquí y aquí-, deja poco lugar a la duda. Baste decir para entender la enjundia intelectual de la obra que, en uno de esos ejercicios de: yo hago lo que en otros considero machismo, presenta a John Stuart Mill como el “marido de la feminista” y eso a pesar de tratarse de uno de los más grandes impulsores del feminismo de todos los tiempos, y sobre todo de un gran filósofo.  

Por decirlo brevemente: cuando lo que necesitamos es repensar íntegramente al varón en la sociedad actual, es decir, saber qué pasa con su infancia, por qué los niños fracasan en la escuela, a qué dificultades nuevas y de siempre se enfrentan los adolescentes y  qué sucede con el hombre a lo largo de toda su vida, cuando lo que necesitamos es saber qué acontece  con lo que va dentro del traje: con el hombre entero, sus dificultades y sus anhelos,  lo que se nos ofrece es un simple tuneado de carrocería sin importar el estado del chasis y el motor. Cuando hay bastante coincidencia en que lo que está pasando no es del agrado de una cada vez más importante mayoría social, se nos ofrece un parche, un cambio de imagen siguiendo un patrón previamente establecido en los estudios de género, que justamente se caracteriza por una visión acusadora de la masculinidad como fuente de todos los males de las mujeres y la sociedad.

Si lo que se precisa es recuperar el contacto de padres e hijos y acabar con la exclusión del varón en casa y la escuela y para eso necesitamos una Ley de custodia compartida (y no todo está claro en este asunto),  un permiso de paternidad que no se quede en el ridículo actual y unas plantillas de profesorado equilibradas en las primeras etapas de la educación, cuando precisamos saber por qué fracasan en la escuela los varones, cuando es de justicia acabar con todas esas campañas que, como si de un castigo divino se tratase,  presentan al varón como agresor y violento -también en la adolescencia-, cuando necesitamos que la paternidad sea reconocida y se hace necesario el debate y la deliberación sobre estos temas con participación masiva de los hombres, el neofeminismo pretende que ya tiene la solución de lo que los propios hombres desconocen, y  solo queda que los expertos profeministas apliquen la receta. De ningún modo conciben que lo que está en juego es: lo que los hombres dan y reciben de la sociedad, sino que pretenden que asumamos con resignación lo que nos quieran echar encima. En su opinión el hombre no tiene problemas, el hombre es el problema. 



28 agosto, 2013

Las dueñas de la moral guardan silencio.

«Miley Cirus simplemente reemplazó talento por sexo». A propósito de su actuación en la gala de los premios MTV.
«Yo hago porno y lo lleno de valores». Erika Lust, sueca afincada en Barcelona que hace porno femenino.
Quizá algún día alguien explicará por qué quienes consideran a la pornografía violencia de género guardan silencio ante Erika Lust, y quienes han convertido un piropo en una forma de acoso o denuncian el desenfreno en los sanfermines, no tienen nada que decir ante tanta artista que ha decidido que a donde no llegue con su talento lo hará con su cuerpo.


Entre los muchos misterios del neofeminismo no es el menor saber cuándo debemos considerar que las mujeres son tratadas como objetos sexuales de cuando no importa si llena la cartera de la protagonista. Aunque a la vista de la experiencia parece que solo interesará esa calificación en aquellos casos en los que se pueda usar como arma arrojadiza contra los hombres. 



21 agosto, 2013

Nuevas masculinidades

Estoy leyendo un libro de neurociencia de alguien que sabe tanto como Antonio Damasio, quien a pesar de ello no deja de reconocer en cada página las dificultades de un territorio como nuestro cerebro, y cuestiones tan espinosas como las emociones, los sentimientos y los procesos de aprendizaje. Pero también de la pasmosa facultad de nuestra memoria para expandirse y en un “efecto proustiano” vincular el recuerdo de una interacción a nuestro pasado y a menudo el pasado de nuestra especie biológica y nuestra cultura.

Por eso cuando leo cosas como lo que haya de ser la “masculinidad” puestas en manos de quien ni es claro el título con el que las aborda, y lo que le guía es un propósito ideológico, me echo a temblar. Si además nos proponen talleres para cambiarla como se hace aquí me pregunto si acaso como hacen los horteras con sus coches hay quien considera que al igual que a ellos se nos puede tunear.

De entre las muchas derivas del neofeminismo no es la menor que, en un demostración más de su inmensa osadía y voluntad de control social, haya decidido por su cuenta tomar como propio territorios como: lo que haya de ser la masculinidad, el aprendizaje en la escuela y fuera de ella y en general haya decidido que todo lo que tiene que ver con la moral social le compete y le compete de forma exclusiva. Y a estos efectos de nada está valiendo la demostración de la puerilidad de planteamientos como que los juguetes para niños y para niñas hayan de ser los mismos o que en la escuela cualquier desviación del patrón de que niños y niñas hayan de tener la misma conducta  deba ser castigado.

En este escrito ya mencionado en la bitácora se vuelve sobre el poder omnímodo y todopoderoso de la publicidad como configurador de la “personalidad” de cada uno, por supuesto sin percatarse de que no hay equivalente masculino a “porque nosotras lo valemos”, además de dar a ésta una dimensión completamente desorbitada sobre lo que pueda significar en nuestras vidas. No es ya que seamos pizarras en blanco sobre las que escribir desde que nacemos, es que un spot publicitario nos puede cambiar la vida. Si así fuese y teniendo en cuenta el papel que en ella juegan mujeres y hombres habría que concluir que nuestro futuro -el de los hombres- sería muy negro, aunque al autor del artículo muestre un claro sesgo selectivo.   

Pero más sorprendente me parece la actitud de la sociedad ante este tipo de prácticas que han decidido sustituir la figura del especialista  con título reconocido y sabiendo sobre qué postulados metodológicos trabaja, por la del experto, generalmente alguien a quien han decidido nombrar así sus pares, no en la academia, no en la universidad o el colegio profesional, sino entre sus correligionarios o si se quiere más claro entre quien quiera que sea que gobierna la llamada perspectiva de género y cuya metodología será aquella que mejor se adapte a los propósitos ideológicos de la misma.

Como sorprendente es que, ante las oscuras resonancias de los programas neofeministas que se proponían cambiar al hombre, cambiar la masculinidad, son ahora los profeministas quienes con igual propósito aunque distinta denominación nos proponen esos talleres sobre Nuevas masculinidades. Un curso acelerado de unos meses nos puede hacer un hombre nuevo. ¿A qué me recuerda esto? 

P.S. para los que tan preocupados se muestran por la imagen que de la mujer da la publicidad, este anuncio nunca ha existido. 

20 agosto, 2013

Algunas preguntas

En relación con esta información de Padres divorciados, me gustaría formular algunas preguntas:

¿Qué fuerza o fuerzas han impedido y siguen impidiendo que en nuestro país haya una ley de custodia compartida como es debido? ¿Qué lectura hacer del tipo de igualdad que puedan propugnar quienes consideran que los hijos son de las madres y prescinden del superior interés del menor?

¿Qué está impidiendo una revisión en profundidad de la ley contra la violencia de género? ¿Alguien considera que está cumpliendo sus objetivos? ¿A quién satisface su desarrollo y aplicación? ¿A quién atribuir los inmensos daños colaterales?

¿Qué poder o poderes han decidido convertir en filosofía de Estado la teoría de género? ¿Puede el Estado tomar partido por una filosofía que  promueve la guerra de sexos?

¿Qué, con tanta contumacia, está impidiendo el diagnóstico del fracaso escolar masculino y otros males de nuestro sistema educativo?

¿Por qué la necesidad de ocultar otras violencias, particularmente la violencia contra los hombres, pero también contra los niños, los ancianos o los discapacitados como parte de la estrategia del feminismo de género?

¿Qué  fuerzas en su interior empujan al PSOE a dar cada vez más poder a los círculos ideológicos que cultivan los planteamientos tipo Miguel Lorente o Bibiana Aído?

¿Qué empuja a este partido a que, cuando la ciudadanía pide a la política transparencia y listas abiertas, éste lo que ofrezca sean listas cerradas con cremallera obligatorias para todos y un proceso de primarias a dedo como el de Andalucía?




12 agosto, 2013

¿Es inútil la denuncia de discriminación salarial?

En las sociedades esclavistas los trabajos duros y pesados, los trabajos que los patricios no querían para sí eran desarrollados por los esclavos. Salvando las distancias, porque la nuestra no es una sociedad de ese tipo, el neofeminismo parece como si concibiera una sociedad constituida únicamente por patricios olvidando a todos aquellos que desarrollan los trabajos duros y pesados, los peor remunerados y en los ámbitos donde algunos derechos como el de conciliación de vida familiar y laboral no solo parece un sueño para hoy sino para cualquier otro momento del futuro.  Las condiciones a igualar según ellas sería con los varones que desempeñan los mejores empleos pero olvidando completamente a toda esa franja de población que ha de realizar los trabajos que los demás no quieren. 

Pero la cuestión que quería plantear en esta entrada es otra,  es la de si pierde el tiempo el neofeminismo cuando denuncia la discriminación salarial femenina aun cuando se trata de una idea falaz. Mi respuesta es que no, que cuando el neofeminismo denuncia la brecha salarial de género y, a estos efectos, da igual si lo hace a sabiendas o no de que se trata de una falacia, está consiguiendo otros objetivos nada desdeñables: el primero, mantener la idea de la discriminación de la mujer allí donde ésta se encuentre, en este caso el mundo laboral.

Y da igual que el pagador sea el Estado o una empresa privada, que se trate de los sueldos de las juezas, las maestras, las administrativas o las señoras de la limpieza en una empresa privada, la discriminación siempre está ahí para la mujer. Siempre está ahí porque el patriarcado a quien discrimina es a la mujer. Que la práctica totalidad de los accidentes graves o muy graves y los con resultado de muerte a quienes tengan por protagonista sea a los varones no altera nada ese prejuicio tomado como premisa universal que no necesita demostración. Tampoco todos los otros aspectos del mundo del trabajo que castigan al varón.

Pero igualmente consigue otros objetivos no declarados como esconder la profunda dualidad por sexos del mercado de trabajo, dualidad en la que quien con diferencia sale peor parado es el varón,  incluso intentar establecer ideas como que los sueldos debieran estar en relación con el título educativo sin importar lo demás (si esto fuese así adivínese quien ganaría por goleada) y sobre todo que, cuando la situación se invierta lo que ahora se describe como desigualdad se convierta en la situación merecida y justa. Así al menos está sucediendo en todos aquellos sectores en que las féminas copan porcentajes de ocupación superiores ya no al 50%, sino al 70% o al 80%.

Lo que el neofeminismo está diciendo es que el hecho de que la mujer decida o no trabajar fuera de casa, se incorpore más tarde al trabajo y se retire antes, solo acepte determinados puestos de trabajo rechazando los de riesgo y esfuerzo, los que se ejercen a la intemperie y los más estresantes; que se acoja a los públicos con preferencia sobre los privados y  rechace los que no le gustan, lo que al prescindir de todos estos matices está diciendo, es que todas esas cosas no deberían significar nada porque lo único a igualar sería la remuneración. De nuevo el modelo con el que trabajan esconde una profunda asimetría  como ya es norma en este tipo de feminismo y, como siempre, quienes no aparecen son quienes verdaderamente trabajan: las personas, porque la dialéctica que interesa es la de los sexos (perdón quise decir géneros) y ahí ya casi todo vale.  

03 agosto, 2013

El blog Mujeres y el tren siniestrado

Al leer esta entrada, la verdad se me erizaron los vellos. En el blog Mujeres, y por parte de un profesor de derecho constitucional que se dice feminista, se procede a hacer un pre-juicio al maquinista del Alvia siniestrado en Santiago de Compostela, Francisco Garzón.

Un juicio previo  basado por lo demás en dos elementos tan poco fiables como la propia visión estereotipada del autor sobre la virilidad, en la que mete a Francisco Garzón de lleno, y la famosa conversación de facebook sobre la velocidad de hace un año. Todo ello sin pensar en el daño que se pueda hacer a una persona sobre la que pesa una tan gran responsabilidad y desde luego con total menosprecio a sus derechos: el primero la presunción de inocencia.


Si ya es bastante lamentable que esto suceda, más lamentable me parece que sea de la mano de un profesor de derecho constitucional.