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28 abril, 2007

Un año de la ley contra la violencia de género

Una serie de organismos, como el Instituto de la Mujer, el Observatorio para la violencia de género, o la Comisión para la Investigación de los Malos Tratos a las Mujeres, son los encargados de “entender” en el asunto de la violencia doméstica. Según su terminología, doméstica y de género, para diferenciar la ejercida por el hombre sobre la mujer de las otras, ya que al parecer aquélla es la única merecedora de un tratamiento diferenciado.

Todos están compuestos por mujeres de probada militancia feminista y, que se mueven en el denominado por Elisabeth Badinter feminismo institucional, con ideas muy precisas sobre esta violencia, y cuya ideología de forma abreviada podríamos resumir diciendo que en la sociedad patriarcal en que vivimos el hombre ejerce violencia contra la mujer para mantener su dominio, la mujer cuando la ejerce contra el hombre es en legítima defensa. Esta violencia, la del hombre sobre la mujer, es de una naturaleza distinta a cualquier otra como pueda ser: la ejercida de madres a hijos, o en las parejas homosexuales, de las mujeres hacia los progenitores o personas a su cuidado, etc.

Estas instituciones de hecho son las encargadas de definir esta violencia, medirla estadísticamente, proponer la legislación a aplicar, vigilar su cumplimiento, transmitir la información a los medios y la forma en que deben hacerla llegar a los ciudadanos, e incluso formar en estas materias a policías, jueces, fiscales y otro personal relacionado con la aplicación de la ley, en un círculo que se cierra sobre sí mismo.

Como fruto de su trabajo tenemos las encuestas de violencia doméstica -de las que el hombre ha sido excluido como sujeto pasivo de la misma-, que nos hablan de que en nuestro país existen 2.000.000 de maltratadores, también las propuestas sobre el contenido de la Ley contra la violencia de género (que en el momento de su discusión en las Cámaras levantó un gran número de pronunciamientos en contra; de la RAE por la denominación; del Consejo de Estado; de los penalistas y de buena parte de la carrera judicial y otras personas, pero eso no impidió su aprobación en los términos definidos por la ideología citada más arriba, es decir, con la denominación por ellas querida, con diferenciación del trato penal a hombres y mujeres, con la creación de tribunales especiales, y diferenciando la de género, en el sentido definido más arriba, del resto.

Si la Administración y la Justicia en un Estado de Derecho han de ser imparciales y se debe evitar cualquier tipo de contaminación con los asuntos tratados, qué es lo que hace que esta materia nada suceda de ese modo. Cómo es posible que un Estado democrático y de derecho haga suyos los planteamientos de un grupo ideológico, y traslade no sólo a la legislación sino a todas las fases de un asunto como este de la violencia doméstica sus postulados. En cualquier caso es lo que está sucediendo en nuestro país. En El País de 26.4.2007 se recogía el primer año de vigencia de esta Ley de la siguiente forma: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/minutos/detiene/hombre/violencia/genero/elpepusoc/20070426elpepisoc_2/Tes y quiero entresacar de todo ello los datos:

“Este año ha habido 21 muertas por violencia de género y 68 el año pasado. En España se detuvo en 2006 a 45.296 hombres por violencia de género. En el mismo año se celebraron 37.521 juicios que derivaron en 26.313 condenas. Del total de los procedimientos judiciales cerrados en 2006, el 43%, casi la mitad, fue archivado”

Y en esta relación falta el número de las denuncias que se elevó a 146.780

Sobre lo anterior la señora Sanahuja dice:

"Antes, a las mujeres que denunciaban malos tratos se las mandaba a casa sin muchos miramientos, ahora, por fortuna, ya no es así, pero detenemos en un porcentaje excesivo, la policía, los jueces y los fiscales estamos actuando con miedo. ¿Qué pasa si no detenemos y luego ocurre algo?, me dicen en las escuelas de policía que he visitado. Esto no puede ser", añade.

Pero Sanahuja insiste: "El miedo está llevando a un número excesivo de detenciones sin indagaciones previas mínimas. Y en los juzgados de guardia se ve de todo, desde personas con enfermedades mentales que denuncian a quienes les cuidan en momentos de crisis, hasta los tentados de utilizar esta vía penal para favorecer el proceso civil de un divorcio, por ejemplo".

Como colofón a todo lo anterior merece la pena destacar que los datos anteriores fueron presentados a la prensa por la presidenta del Observatorio para la violencia doméstica y de género, Montserrat Comas, de la siguiente forma: “ Siete de cada diez maltratadores han sido condenados”. Es decir, a lo señalado más arriba habría que añadir que aún cuando uno haya sido absuelto, sigue siendo tratado por esta señora como maltratador. Más escarnio imposible. Aunque también cabe recordar que con los datos en la mano la información se habría podido presentar como: 6 denuncias por cada condenado y preguntarse a continuación qué tipo de sociedad y justicia estamos creando que tan fácil resulta denunciar a alguien de un delito tan ignominioso.

No debemos olvidar por ejemplo el caso del padre de Alba, aquel hombre que cuando se encontraba en el calabozo como consecuencia de una denuncia falsa de su ex - mujer, se enteró de que su hija estaba al borde de la muerte por una paliza de la que resultaron acusados su madre y su compañero sentimental. Extremar la vigilancia para que las mujeres no sufran violencia no puede conducir a situaciones de ese tipo.

Para combatir los problemas sociales los atajos siempre terminan siendo más una trampa o un espejismo que una solución. Si a nadie se le ocurre poner la política antiterrorista en manos de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, o meter en la cárcel a todos los empresarios a los que les muere un trabajador en accidente laboral, no entiendo por que en los asuntos de violencia doméstica se actúa como se está actuando. La violencia doméstica es una lacra que entre todos tenemos que eliminar, pero desde luego no se gana en confianza en los procesos emprendidos cuando concurren todas las circunstancias señaladas más arriba.

1 comentario:

  1. Anónimo9:34 a. m.

    *(Fran)Me parecen muy buenos tu razonamiento y argumentos. Bueno, el caso es que llevo tiempo reflexionando sobre el fenómeno del feminismo y del conocido como "movimiento de liberación de las mujeres", más que nada, porque me sorprende el hecho de que como han estado tan oprimidas, dominadas y sometidas por todos los hombres de cada época (según afirman las feministas políticas), pues me sorprende sobre manera que habiendo estado todas las mujeres del mundo y en todas las épocas tan maltratas por sus varones, no se hubieran revelado ya mucho antes contra tamaña tiranía.

    Sin embargo compañeros, no fue hasta los últimos años del siglo XVIII y ya más claramente a partir del XIX que se consolidaron los primeros grupos de mujeres (normalmente de la nobleza), para reclamar, más que nada, un mayor derecho de participación en los lucrativos negocios que hasta ese momento sólo controlaban sus maridos y lo hicieron, claro está, invocando a los derechoss (que no deberes) cercenados de las mujeres en el mundo... y en esas siguen hoy día compañeros.

    Es curioso que el denominado "movimiento por la liberación de las mujeres" se iniciara en ese siglo XIX y no algo después o incluso muchos, muchísimos años antes. Fue en ese siglo XIX, recién acabada la revolución francesa y la mucho mas importante revolución industrial (más importante desde el punto de vista práctico y como motor dinamizador y transformador de la sociedad) que algunas mujeres influyentes, decidieron que ya era hora de cambiar su papel en la sociedad y como solas no podía hacerlo, pues pervirtieron el discurso para aglutinar al mayor número de mujeres posible para su causa que no era otra que la de acceder a los órganos de poder y de representación social y ostentar más poder.

    La revolución industrial cambió el panorama social, pues trajo consigo unos medios de producción mucho más potentes y sofisticados, que los basados en la tradicional fuerza bruta de los animales y de los hombres. Con unos medios de producción basados en la fuerza del vapor, la composición sexual de la mano de obra en los talleres y las fábricas se alteró rapidamente, al mismo tiempo que los productos manufacturados crecían en cantidad y calidad. Las élites sociales advirtieron el potencial de la nueva tecnología y no pasa mucho tiempo antes de notar los primeros resultados de su aplicación en forma de grandes bolsas de capital.

    La economía de mercado se desarrolla y se produce toda una revolución mercantilista, de la cual las mujeres (las ricas claro) ahora sí, quieren formar parte y tener mayor acceso y control sobre el botín.

    Yo creo que si tal revolución industrial o económica o comercial hubiese tenido lugar en la época de los Neanderthales, las mujeres de éstos (las influyentes claro) se habrían "liberado de ellos". Sin embargo no fue así compañeros, no se liberaron las mujeres Neanderthales, ni mucho más tarde las egipcias, ni las griegas, ni las romanas... fueron las mujeres influyentes del siglo XIX las que decidieron que ya era el momento de salir de la alcoba y que querían más derechos, coincidiendo con dichas revoluciones económicas. Y quien no en esas circunstancias, verdad?

    Y las mujeres influyentes de cada época, no decidieron liberarse antes de sus varones, probablemente porque consideraran que no les compensaba el cambio social, a fin de cuentas, a dónde iban a ir ellas en aquellas circunstancias y a hacer qué, a pegarse de mamporrazos? NO, a romperse la crisma detrás de un ciervo? NO tampoco, entonces, qué futuro alagüeño veían fuera del hogar las mujeres de la época preindustrial? Probablemente ninguno, sencillamente, porque no había futuro más allá, además ése era terreno reservado, tradicionalmente, a los hombres, así que debieron pensar las mujeres influyentes de cada época que, para que intentar cambiar la situación de las mujeres en el mundo con aquel panorama, verdad?

    Para los hombres la realidad era que su ámbito vital, no era el doméstico, sino justamente el carente de futuro y de espectativas, el ámbito más duro y hostil y en el que no había más alternativas que continuar la marcha o morir en el intento. Quizá movidos por esa necesidad vital de abrir nuevos horizontes, nuevas rutas, cara a favorecer un futuro algo más esperanzador para si y los suyos, es que eran siempre hombres los que emprendían las empresas más arriesgadas, alocadas y mortíferas que se puedan imaginar en cada época. O es que alguien piensa que, por ejemplo, el hecho de que la mayoría de africanos que fallecen mientras intentan cruzar el estrecho en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias, sean hombres, es por casualidad??, la respuesta es que NO es casualidad y que el fenómeno en cuestión, desde mi punto de vista, responde a lo que acabo de explicar.

    Hasta que un tal Watt, diseñó y construyó un artefacto que se automantenía en movimiento sin necesidad de la intervención humana, gracias a la fuerza del vapor, lo que marcó el inicio de una nueva era, no sólo en las invenciones y tecnologías aplicadas por el hombre sino también en la composición social de la mano de obra en función del sexo de las personas y el desplazamiento en importancia de la fuerza de trabajo del hombre por las máquinas y por tanto y es en este contexto que se produce un mayor interés de las mujeres influyentes de esa época por tomar parte activa en las mismas empresas que tradicionalmente habían controlado los hombres influyentes, osea, sus hombres.

    A esto es, compañeros, a los que las feministas llaman el deseo de poder y dominación que desde siempre los hombres hemos ejercido sobre las mujeres, para discriminarlas. A lo que yo digo que si ese razonamiento fuese cierto, las mujeres jamás habrían conseguido lo alcanzado hoy día. De hecho, de no haber sido por la colaboración necesaria de hombres justos y empáticos con la situación de las mujeres, no habrían podido éstas conseguir nada. Además de que, no hay más que ver el gobierno de hombres que tenemos en España y no creo que puedan quejarse de nada las feministas, al respecto. Pues son precisamente otros hombres los que más las están apoyando, a pesar de ser injustas muchas de sus reivindicaciones sociales.

    Deseo de dominación sobre las mujeres ... menuda paja mental tienen algunas (y algunos ya también, todo hay que decirlo) las que se lo creen claro, porque no me cabe la menor duda de que no pocas feministas alimentan tamaña infamia contra los hombres sólo guiadas por la ambición de poder que las domina y a sabiendas de que no son ciertas las premisas en las que se basan para conseguirlo.

    Un saludo.

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