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12 marzo, 2009

Sobre feminismo II

Desde mi modesta posición de ciudadano sin más título para opinar de estas cosas que la curiosidad de entender lo que sucede a mi alrededor, tengo la percepción de que, en los temas de calado, la sociedad no transige que quien denuncia una determinada actitud, sea éste un colectivo o un ciudadano particular, no se guarde de caer él mismo en la falta que pretende denunciar, por que entonces su pérdida de credibilidad es total.

Pero, por qué esto mismo no sucede con el feminismo. Por qué la sociedad no le recuerda que no se puede pedir equilibrio de profesores y profesoras en la Universidad, cuando quienes realizan tal petición se olvidan del desequilibrio de signo contrario existente en las enseñanzas: primaria, secundaria y bachillerato sin que se observe ningún intento por su parte de abordar tal situación; que no se puede tachar de discriminatoria una Universidad o carrera con más alumnos que alumnas pero que cuando la situación se trastoca haya que interpretarlo como el discurrir natural de las cosas.

Que cuando más patente es la presencia del lobby femenino en todos los ámbitos de la sociedad, cuando el pacto de apoyo y no agresión entre las mujeres que están en la política, y no sólo en la política, es más claro, que cuando la administración se va llenando de organismos por y para las mujeres: institutos, consejerías, concejalías, cátedras universitarias, organismos e instituciones múltiples y variadas, dedicadas en exclusiva a velar por sus intereses, se tenga la desfachatez de acusar a los hombres con las únicas pruebas de “variados e invisibles filtros...” y “techos de cristal” que no se ven, de urdir no sé que tramas para impedir a las mujeres el acceso a la política, a los puestos de responsabilidad en las empresas, en el deporte...

Que al tiempo que se exige la presencia paritaria en aquellos ámbitos donde se consideran subrepresentadas, se reservan el derecho a construir cada día nuevos espacios no mixtos de exclusiva presencia femenina: organizaciones de mujeres, revistas femeninas, hoteles o gimnasios, comercios o espacios de recreo para su uso exclusivo... y a poder ser gozando de financiación pública como sucede en buen número de casos. Que cuando de la enfermedad se trata se anteponga el criterio de género a cualquier otro y se privilegien determinadas líneas de investigación y no otras. Lo mismo que cuando se trata de la justicia que se olvida de la común humanidad para hacerse de género.

Que cuando interesa se nos hace iguales, incluso intercambiables, por ejemplo para ocupar puestos de responsabilidad en la política o la economía, pero cuando conviene se nos pinta como el macho incapaz de atender a sus hijos, o ese ser rudo y primitivo que tan válido es para trabajar en la construcción, en los barcos de altamar o el transporte internacional, pero nada más, porque aquí el manejo del foco de la visibilidad-invisibilidad se realiza con gran maestría y estos seres no precisan de conciliación de vida familiar y laboral, y están ahí porque la naturaleza los hizo más fuertes. (Tiene su áquel que el género considere que los sexos son construcciones sociales y que nacemos iguales, pero luego interprete que sean los hombres quienes hayan de realizar determinados tareas porque son más fuertes)

Y por continuar viendo a dónde apunta el foco, nunca os preguntásteis por qué habiendo sido dos los tránsfugas del PSOE, Tamayo y Sáez, el primero varón y la segunda mujer, al final el título que queda para ese comportamiento es el de “tamayazo”, o qué pasa con las mujeres implicadas en la operación malaya, o por qué, a pesar de la evidencia de que las niñas acosan en la escuela tanto como los niños, se producen tantos intentos de limitar ese comportamiento a los chicos. ¿Se acabará imponiendo también en este terreno la idea del varón como único ser violento? Al menos esa parece la pretensión. No os preguntásteis alguna vez qué ha sido de las sentencias sobre algunos crímenes cometidos por mujeres que conocimos cuando se produjeron pero a los que perdimos de vista después. Será verdad lo que dice Elisabeth Badinter, que a la justicia con las mujeres le sucede un poco lo que con los niños, que le resulta difícil verlos como seres violentos.

En fin, hay un término: ambivalencia, que el diccionario de la R.A.E en una de sus acepciones define como: Condición de lo que se presta a dos interpretaciones opuestas, al que seguramente necesitemos recurrir muchas veces para buscar explicación a algunas de estas cosas, como será necesario recordar muchas veces que el género, como pensamiento ligado al sexo, es un ideología incapaz de plantear las cosas en términos de “lo que afecta a todos y todas” y una sociedad no se sostiene indefinidamente si alguien no asume ese papel y simplemente cada uno nos dedicamos a defender nuestra parcela, sea ésta la clase social o el género. Además de un gran debilidad de pensamiento supone un gran riesgo. No deberían llevarnos a engaño, Arquimedes o Platón no son equiparables a cualquier feminista radical, ni su pensamiento hay que leerlo en clave de género porque, en lo que nos legaron, fueron seres humanos capaces de trascender a su sexo.

2 comentarios:

  1. Creo que estas equivocado en una cosa. La sociedad española transige continuamente con las mentiras de los políticos, cuando en otras sociedades no es así. A Clinton no se le perdonó haber mentido. Aquí ha habido demasiados políticos que se han ido de rositas incluso después de mentir en cosas más importantes que con quién mantienen relaciones.

    Tengo mis dudas de si eso ocurre por la idiosincrasia de cada sociedad, o por los intereses de los medios de comunicación con poder en esa sociedad.

    También puede ser que la clave esté en la importancia que se le da a la pertenencia a un grupo. En España un mismo hecho tiene una trascendencia muy distinta dependiendo de si el protagonista es de tal o cual color político. De la misma forma, las tropelías de cualquiera que se declare feminista se podrían estar pasando por alto porque al fin y al cabo están en el equipo correcto. El feminismo es bueno, ¿no?

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  2. Acabo de caer por casualidad en tu blog (creo que voy a volver más). Veo que además de feminismo también hablas de alienación parental. Creo que te interesará un artículo que tengo en http://www.filo.cat/cast/escritos.html en donde precisamente hablo de estos temas, es decir, como cierto feminismo (yo lo llamo del resentimiento) avala el maltrato infantil.
    Saludos

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