Twittear

29 junio, 2010

Mujeres y hombres: ¿iguales, diferentes?

En un debate en otro blog, concretamente: El sentido de la vida, alguien escribió: “Yo sigo pensando que la distinción hombres mujeres hace que tengas una visión demasiado simplista de las cosas.” Y se me ocurrió lo siguiente, que cuelgo aquí en la medida que en algún momento habíamos iniciado un pequeño debate sobre diferencias y desigualdades.

Es curioso, cuando todas las evidencias apuntan a que hombres y mujeres somos diferentes, eso es justamente lo que no se puede decir. Alguien ha establecido que eso está prohibido y que lo único que cabe es reconocer que somos iguales.

¿Iguales en qué?  En todo, se nos dice, y uno ya no sabe si le están hablando en el plano de la morfología y la biología o en el plano de los derechos, decir cualquier cosa que se aparte del somos iguales suena a herejía que hay que extirpar.

La igualdad es tan profunda que todas las diferencias son posteriores al nacimiento y fruto de la educación y la cultura, y el objetivo debemos centrarlo en conseguir que esos elementos que juegan a hacernos diferentes desaparezcan porque entonces no existirán los géneros, y seremos felices y comeremos perdices.

-      - Cuánto necesitaremos para eso, maestro.
-      - Los caminos del género son inescrutables, discípulo.

Lo cierto es, que quienes con más ahínco sostienen esa igualdad insobornable e indiscutible han diseñado un marco jurídico en el que los derechos y obligaciones de unos y otras en lugar de tender a converger,  divergen cada día en mayor grado.

Y lo hace en el plano de los derechos y las garantías jurídicas, pero también en el plano escolar, en el laboral, en el de la guerra… aunque mediante curiosas ficciones se pretenda que eso es la igualdad porque se estaría estableciendo algún mecanismo de compensación… ¿Que compensaría qué?

Qué decir de la morfología y la biología, particularmente todo lo relacionado con la neurociencia, donde las evidencias son cada día mayores, por si no fuera bastante con las diferencias a nivel del ADN o del cromosoma.

Lo cierto es que no se debían mentar las diferencias para no propiciar las desigualdades, pero a cuenta de silenciar aquéllas, éstas son más amplias y profundas que nunca.

Por eso hace falta restablecer la verdad. Dejar que hablen la biología, la neurociencia y las demás ciencias. Abandonar de una vez por todas la falacia de la tabula rasa y definir en el plano de los derechos y las garantías jurídicas un marco de igualdad.


Lo otro, lo que ahora tenemos no sólo atenta contra la ciencia y la verdad, sino que deriva, como comprobamos un día sí y otro también, en una profunda injusticia.

15 comentarios:

  1. Creo que alguna vez ya hablamos de esto y no me llegué a explicar muy bien.

    Simplemente creo que no hay dos personas iguales bajo cualquier definición de igualdad que no sea la de pertenecer a la especie homo sapiens. Eso debería ser suficiente para saber que los hombres son distintos a las mujeres, pero que, al mismo tiempo, los hombres son distintos a los hombres.

    ResponderEliminar
  2. Bueno, no sé si lo he arreglado mucho :D

    ResponderEliminar
  3. Corrígeme si me equivoco pero tengo la sensación que en realidad te molesta que se hable de estas diferencias hombre-mujer

    ResponderEliminar
  4. No, no me molesta en absoluto. Creo que los estudios sobre diferencias cerebrales, etc, son muy interesantes y útiles, siempre que se mantengan en un debate, digamos, científico o sociológico.

    En otros ambitos, hablar de diferencias es peligroso. Pese a lo de la "tabula rasa", estoy cansado de oir que "los hombres son tal" y "los hombres son cual" como argumentos en debates políticos o ideológicos, donde "tal" y "cual" suelen ser características negativas y estadisticamente ciertas; y sin embargo estos argumentos no son válidos, pues son generalizaciones injustas.

    Por eso creo que hay que tener cuidado de no caer en ese mismo error y, aunque admitamos que hombres y mujeres son diferentes, habría que tener siempre como lema el título de tu bitácora.

    Espero haber sido un poco más claro. Siento no ser capaz de explicarme mejor.

    ResponderEliminar
  5. Dices en el primer párrafo que los estudios sobre diferencias cerebrales son muy interesantes… pero siempre que se mantengan en el ámbito científico o sociológico. No lo entiendo, entonces, ¿qué deberíamos hacer en esta bitácora, dedicarnos a la charlatanería?

    Reconoces que entre el hombre y la mujer existen diferencias ¿por qué habríamos de silenciarlas? ¿Cuál sería el riesgo de la verdad?

    Justamente esa es la trampa en la que nos ha metido el feminismo de última ola, toda su fundamentación está hecha al margen y contra la ciencia, todo su método consiste en acusar de más cosas y con más virulencia al hombre, porque ese es el criterio de rigor que aplica en sus estudios.

    De ese modo sobran: la historia, la neurociencia, la sociología, etc. etc. las cosas son importantes no por su contenido o consistencia sino por quien las dice, y a sensu contrario la ciencia no es importante, si conseguimos –piensan ellas- mantener el poder ideológico y político, porque de ese modo la realidad dirá lo que nosotros queramos que diga.

    Esa es la posición del feminismo, pura ideología sin más soporte que el poder político. O acaso cuando lees lo que dice Bibiana Aído, el señor Lorente, Luís Bonino o el mismo Jorge Corsi te queda sensación de que hay algo más que palabrería a la que su valor le viene del apoyo ideológico y político con el que cuentan.

    La intención de esta bitácora es mantenerse en todo lo que pueda atenta a la información científica y procurará basarse en ella tanto en sus argumentaciones frente a la charlatanería de género, como en el diseño de una alternativa a lo que ahora mismo está pasando, que lo consiga a no, lo irá diciendo el tiempo, pero el reto estará centrado en esos objetivos.

    Cuando hace ya muchos años, y tú lo sabes, algunos comenzamos a decir que la discriminación salarial de la que nos hablaba el feminismo estaba trucada, lo hacíamos contraponiendo el criterio de la economía a la pura invención, cuando desde estas páginas negamos valor a los estudios sobre violencia doméstica, o acoso sexual, lo hacemos porque no respetan lo más mínimo las reglas de la sociología, cuando negamos la tabula rasa en que se basa el género para sostener su idea de igualdad lo hacemos porque todas las ramas de la ciencia que tienen que ver con el tema niegan que eso sea así, y vengamos al mundo desnudos y sin sexo, cuando negamos la relectura de la historia que hace el feminismo lo hacemos en base al rigor histórico no al puro capricho, cuando negamos que toda la violencia de pareja sea debida al deseo de dominio del varón sobre la mujer, lo hacemos así porque lo mejor de la psicología así lo sostiene…

    ResponderEliminar
  6. Ahora soy yo el que no te entiende muy bien. ¿Dónde encaja el "personas, no género" en lo que dices?

    ResponderEliminar
  7. No es que encaje, es que siempre ha sido así.

    ResponderEliminar
  8. Emilio, a mi me gustaría una sociedad en la que todos los individuos pudiesen aspirar al máximo de su potencial y su felicidad, y creo que dar demasiada importancia a las diferencias entre sexos puede ser contraproducente para este objetivo.

    No tengo ningún problema con los estudios sobre diferencias, siempre que no se usen como excusa política o ideológica para limitar el potencial o la libertad de las personas de hacer con su vida lo que quieran.

    Me parece muy bien que se hagan estudios para entender mejor las diferencias, por ejemplo, en las distintas capacidades de aprendizaje entre niños y niñas. Podemos adaptar el sistema educativo para mejorarlo, pero ¿qué pasa con los niños y las niñas que no encajan en lo que se espera de su sexo? El sexo no es más que una de las variables que influyen en una persona y puede que no sea la más importante.

    Yo diría que la trampa del feminismo es hacer que nos enredemos en estúpidas batallas y nos olvidemos de cuál es el objetivo que nos gustaría conseguir.

    ResponderEliminar
  9. Hace tiempo, léi este libro La Tabla Rasa, que tiene un capitulo muy interesante en el que aborda los prejuicios de la ideología de género con respecto a las diferencias que existen, desde el nacimiento, entre los sexos, independientemente de la cultura o sociedad que las enmarque. Os dejo aquí el enlace para que os lo bajéis. Si lo habéis leído, lo dejo como futura referencia para lectores de este blog: http://www.4shared.com/document/iiMGL93v/STEVEN_PINKER_La_Tabla_Rasa.html.

    A veces, da la sensación que la ideología de género, y utilizando el lenguaje de ciertos portavoces sindicalistas de izquierda decimonónica, quiere que seamos iguales "por cojones".

    ResponderEliminar
  10. Comparto básicamente los puntos de vista de los dos. El entendimiento de la diferencia entre sexos, fuera de todo ropaje ideológico, mejora la cohesión social.

    Por otra parte, el uso sesgado de estos estudios, hoy en día, digamos que corresponde a la ideología de género, que, con parcialidad, los utiliza para imponer leyes sexistas e injustas, fundamentalmente para el hombre, pero que, con el tiempo, terminan siéndolo también para la mujer.

    Y si, el "acierto" del feminismo de género es el ruido y el barullo.

    ResponderEliminar
  11. Manu, estoy de acuerdo contigo, creo que esta polémica es un poco estéril. En cualquier caso no interpretes que por hablar de diferencias alguien o algo deba quedar fijado en ellas, como si de una cárcel se tratase.

    La cárcel es donde estamos ahora con el género, desmontar sus falacias será lo que nos permita volver a las personas y ponerlas en el primer plano.

    Por hacer un último intento de explicación yo diría: el género dice que las diferencias son culturales y las petrifica en una legislación y unas prácticas sociales que generan desigualdad.

    Mi planteamiento es: desmontemos esa falacia y reinstalemos la igualdad. Somos diferentes sí, admitádmoslo porque nos ayudará a conocernos mejor y desde ahí establecer los mecanismos precisos para que esas diferencias no deriven en desigualdad.

    Reconocer la diferencia no significa admitir la desigualdad, y a sensu contrario proclamar como hace el género la igualdad a todas horas no está sirviendo para hacernos iguales en derechos, más bien todo lo contrario.

    ResponderEliminar
  12. Había oido hablar de ese libro. Le echaré un vistazo, gracias.

    ResponderEliminar
  13. Anónimo12:39 p. m.

    Yo creo --y perdón por ser tan reiterativo-- que al hablar de las posibles diferencias innatas entre las capacidades intelectuales de hombres y mujeres es muy importante ser conscientes de que se trata de diferencias estadísticas.

    Supongamos que efectivamente estuviera bien establecido el que los hombres tienen una mayor capacidad para las matemáticas y las mujeres una mayor capacidad para el lenguaje (perdón por la simplificación: sólo es un ejemplo), eso no querría decir que cualquier mujer iba a tener más facilidad para aprender idiomas que cualquier hombre, ni que cualquier hombre iba a ser mejor matemático que cualquier mujer. Lo que sí indicaría (repito que es sólo un ejemplo hipotético) es que, en unas condiciones ideales en las que todas las personas tuvieran la misma capacidad para desarrollar sus cualidades innatas, sería de esperar un mayor número de matemáticos varones y de traductoras mujeres.

    La igualdad por la que deberían velar las autoridades, tal y como yo la entiendo, debería consistir en asegurar a la minoría de varones con cualidades sobresalientes para ser intérpretes y a la minoría de mujeres con cualidades sobresalientes para las matemáticas el que pudieran desarrollar estas capacidades con la misma plenitud (ni más ni menos) que sus colegas mayoritarios del otro sexo.

    Por desgracia, la idea que tienen nuestras autoridades de la igualdad consiste en que haya el mismo número de hombres y de mujeres en todas y cada una de las especialidades, excluyendo así a un gran número de personas de la especialidad para la que tienen capacidad e intereses, para hacer sitio en ella a otras que son notablemente más incompetentes, pero tienen el sexo adecuado.

    (Athini Glaucopis)

    ResponderEliminar
  14. En cualquier caso hombres y mujeres siempre seremos un fruto con componente genética y componente social. Si la persona humana no se desarrolla en sociedad, en contacto con los demás, no se desarrolla como persona.

    A mayores de eso Yvon Dallaire habla de la regla 80-20, es decir que en cada uno de los sexos hay un 20% que responde perfectamente a las características que se señalan para el otro.

    Pero, sobretodo para lo que creo que es importantísimo entender que no somos fruto exclusivamente de lo social, sino que hay una componente biológica insosyalable, es para combatir ese estado de opinión creado en los últimos 20-30 años según el cual si los niños no reaccionan como las niñas, es que hay algo perverso en su naturaleza, por ejemplo a la hora de jugar en el patio del colegio.

    Pensad, por un momento que desde la consejería de Educación de la Junta de Andalucia se estuvo estudiando muy seriamente el poner profesores en el recreo para que los niños no ocupasen en la zona de juegos más espacio que las niñas, es decir prohibirles que pudieran jugar al fútbol, porque eso suponía educarlos en la desigualdad.

    Y desde luego sirve para entender el porqué del inmenso fracaso de los juguetes asexuados como mecanismo de igualdad, sin necesidad de recurrir a las paranoicas explicaciones del feminismo de género que sólo concebía el fracaso como resultado de que los niños y las niñas recibían mensajes sexistas por otros lados.

    Reconocer que somos diferentes como grupo, no significa ni más ni menos que eso, porque todos sabemos que en última instancia cada uno y cada una de nosotros somos seres absolutamente únicos e irrepetibles.

    ResponderEliminar
  15. En la entrevista a Louann Brizendine que estuvo colgada en la bitácora recientemente se decían por ejemplo dos cosas significativas que debemos conocer para no hacer lecturas equivocadas, mucho menos entenderlas como perversiones, por ejemplo, en relación con la necesidad del varón de distanciarse de la madre en la pubertad para afirmar su individualidad, o la narcolepsia masculina después de practicar sexo tantas veces presentada como la prueba del nueve de la ausencia de sentimientos de los varones.

    Concretamente la autora respondía así a dos de las preguntas:
    De todas maneras, por más tranquilo que sea un niño, cuando llega la pubertad se satura de testosterona y se convierten en un monstruo.
    –A los 5 años, un niño adora a su madre, se quiere casar con ella. Y luego, gradualmente, entre los 9 y los 15 años los niveles de testosterona suben un 250%. Esto pasa por sus circuitos cerebrales y la consecuencia es que se aleja de su madre. Necesita poder hacer lo que los psicólogos llaman separación-individualismo. Necesita ser su propio hombre. Necesita dejar a la madre y buscar a la novia. Es muy triste, sí.

    Usted defiende que la narcolepsia sexual en los hombres existe realmente.
    –Sí, el hombre necesita dormir después de practicar el sexo. No le quepa ninguna duda. La mujer piensa que no la quiere, que si la quisiera él estaría hablando. Pero no, tiene que dejarle por lo menos 20 minutos de siesta.

    ResponderEliminar