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04 mayo, 2015

Consejo de igualdad sin hombres o igualdad a la medida de las mujeres.

Si algunos y algunas se empeñen en obviar que la realidad de los hechos contradice sistemáticamente la perspectiva de género según la cual hombres y mujeres seríamos intercambiables (en lo que interesa), otras tantas veces habrá que recordarles lo equivocado de su planteamiento. Pero también que pretender pasar por igualdad lo que solo es deseo de un sector de la sociedad no deja de ser un engaño del que habrán de dar cuenta quienes lo promueven. 

Si el primer feminismo fue de carácter liberal, fue al calor de los movimientos sociales del siglo XIX y las formulaciones de Engels que adquirió unos rasgos y personalidad que no lo abandonarán hasta el presente. Y así, si los proletarios eran explotados por los patronos y esa explotación se terminaría cuando se liquidasen las bases del poder de los mismos, en perfecta simetría se podría hablar de una subordinación y explotación de la mujer por el hombre que también se acabaría cuando se eliminasen los cimientos sobre los que se asienta su poder. En ambos casos mecanismos de carácter social e institucional que conferían una posición ventajosa de partida a patronos y varones.

Lo singular del caso es que cuando las tesis marxistas de la sociedad están claramente superadas no solo por acientíficas sino también porque las experiencias del socialismo real así lo demostraron a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, permanece sin embargo intacto el error de base sobre el que dicha teoría de la dominación en lo referido a los sexos se asienta y, personas que escapan como del fuego de cualquier veleidad marxista, no dudan en abrazar la concepción feminista, hoy denominada perspectiva de género o teoría del patriarcado, con enorme entusiasmo hasta el punto de convertirse en alguno de sus más aguerridos defensores.

Pero lo cierto es que hombres y mujeres, somos no solo seres sociales que compartimos un mismo espacio vivencial, somos también seres con naturalezas diferentes, y no únicamente en la capacidad para procrear,  también en muchos otros aspectos de nuestra biología, como las más variadas ciencias se encargan de recordarnos. A pesar de ello sigue intacta para quien así piensa la ilusión de una humanidad de seres perfectamente intercambiables con independencia de su sexo, y para quienes los desmentidos de la realidad son solo pequeños obstáculos que fácilmente se acabarán saltando, cuando no trampas de quienes desean que nada cambie. Un poco al estilo de las sociedades del socialismo real en las que el ideal comunista nunca se alcanzaba pero siempre estaba a la vuelta de la esquina, hasta que todo acabó en colapso.

Y así no solo se muestran insensibles a críticas tan serias como las del periodista y sociólogo noruego Harald Eia: aquí y aquí o manifestaciones tan elocuentes como las expresadas por hombres y mujeres en la investigación llevada a cabo por Alain Touraine en: “El mundo de las mujeres” del que extractaré tres citas:

 La primera  y la segunda tienen que ver con un hombre atado a su rol

“El hombre construye el sentido de su existencia, su razón de ser, a partir del trabajo, de la guerra, de la responsabilidad. La mujer vive una relación más profunda consigo misma….” (pag. 90)

y en la página 108:

“El tema que los hombres abordaron con mayor frecuencia al hablar de sí mismos es que ellos no tenían elección sobre su forma de vida: estaban condenados a dar prioridad al trabajo,  a la carrera profesional, a los ingresos. Sin duda les habría gustado llegar a tener una vida más equilibrada, como la que disfrutan las mujeres, pero sabían perfectamente que estaban lejos de conseguirlo: las obligaciones que asumían y a las que dedicaban su energía eran muy pesadas, pero lo que estaba en juego era su carrera y tolo lo que constituía el universo del trabajo.”

Y en esta tercera y aún cuando las mujeres han roto el círculo de lo privado y se han incorporado ampliamente a lo público, lo que piensan sobre el acercamiento de los hijos a los hombres, es esto:

“Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.” (pág. 139)

Pero es que nadie se pregunta ya, a cuento de qué el inmenso rebumbio que el feminismo montó en torno al sexismo del lenguaje y la ingente cantidad de recursos gastados desde las diferentes administraciones,  apagado repentinamente cuando un grupo de miembros de la RAE decidieron hacerle frente, ni para cuando algún balance de los juegos y juguetes no sexistas, ni en qué quedará finalmente la falacia de que hombres y mujeres cobran diferente por el mismo trabajo...

Y podríamos continuar por el lugar y la calidad del empleo masculino y femenino, o los papeles reservados a hombres y mujeres en la familia, sobre todo cuando ésta se rompe, y las aficiones y modos de ocupar el tiempo libre, también en el terreno de la sexualidad y los cuidados de la salud y el cuerpo y la percepción de la realidad que cada uno de los sexos muestra, y por ello me gustaría que leyésemos con atención esta cita de Carmen Leal, catedrática de psiquiatría de la Universidad de Valencia, acerca de la percepción de su bienestar, calidad de vida y estado de salud por parte de las mujeres y la distancia existente entre lo objetivo y lo subjetivo que esta cita pone de manifiesto:

“Pese a que las mujeres poseen una mayor esperanza de vida que los hombres, ponen en marcha mayor número de conductas preventivas, padecen en menor medida enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas, experimentan menor grado de accidentabilidad, la sensación subjetiva percibida por parte de ellas sobre su bienestar, calidad de vida y estado de salud es significativamente peor que la que manifiestan los hombres.”

Distancia que sin embargo no es óbice para que buena parte de los estudios de género estén basados en encuestas que lo que miden, y reinterpretan según una receta de su propia cocina,  es la percepción subjetiva de la mujer sobre diferentes realidades: violencia, acoso, maltrato… Y lo que no es menos grave, aducir como factores del malestar mental de las mujeres variables tan cuestionadas y cuestionables como la peor calidad de su trabajo, como en estudios de este tipo se hace:


 “Las mujeres trabajadoras tienen menor sueldo que los varones, trabajos inferiores, menores oportunidades para el avance profesional y el sistema legal es lento en reajustar la discriminación laboral, lo que aumenta la frustración, el enojo y la angustia en la mujer. Las ideas de futuro se centran en la desesperanza de sus situaciones y contribuye a la depresión.”

En fin, la perspectiva de género es un constructo ideológico que busca el empoderamiento de las mujeres en base a un canon femenino de uniformidad, por eso no solo habrá que  denunciarlo por injusto también mostrar las múltiples falacias sobre las que está construido. Y sirva para cerrar esta entrada la siguiente información en la que asociaciones de mujeres desvelan la verdadera naturaleza de su concepción de la igualdad, negándose a la participación de los hombres en el Consejo de igualdad.



2 comentarios:

  1. Anónimo3:44 p. m.

    Tal vez fuera mejor formular la parte final del título como "a la medida de sólo cierto tipo de mujeres". La mayoría de las mujeres, que tienen padres, hermanos, esposos e hijos varones (o, simplemente, buenos amigos varones), que no viven su vida como una guerra contra los varones, son conscientes de que las medidas para beneficiar "sólo a las mujeres" inevitablemente acaban perjudicando también a la mayoría de las mujeres.

    (Athini Glaucopis)

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    1. La menor precisión del título queda aclarada cuando al final de la entrada y como recoge la noticia a la que hace referencia el título se trata de asociaciones de mujeres de San Sebastian.

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