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19 octubre, 2010

Las mujeres se hacen, los hombres ya vienen hechos.

Encontrar una feminista que haya realizado autocrítica alguna vez es más difícil que lo de la aguja en el pajar. Escribo esto a cuenta de una extensa referencia que El País del domingo dedica a un libro de la escritora Natasha Walter  que lleva por título: Muñecas vivientes. El regreso del sexismo, en el que denuncia la proliferación de autores que recuperan la biología como factor explicativo del comportamiento de niños y niñas. No para hacer autocrítica y cuestionarse las posiciones del feminismo, que en su momento atribuyó todas esas diferencias a la cultura (léase voluntad masculina), sino para declararse víctima de nuevo, y descargar sobre los demás esa nueva forma de sexismo que ella cree ver en la constatación de que somos algo más que cultura, y que lisa y llanamente considera vuelta a los valores tradicionales.

En una curiosa inversión de lo sucedido habla del determinismo de los nuevos autores olvidando el que ellas practicaron y siguen practicando a pesar de no contar con una sola evidencia, o mejor, contra toda evidencia de que las pautas de comportamiento de niños y niñas no son las mismas. Quizá ya hayan olvidado  pretensiones como la de la Consejería de educación de la Junta de Andalucía, apoyada en foros como Ahige, en la que se pedía la fijación de un profesor para evitar que los niños ocupasen más zona de patio en los recreos que las niñas porque tal cosa suponía educarlos en la prepotencia y el machismo. En lenguaje llano se venía a sugerir que si las niñas jugaban juegos de rol en círculos pequeños y los niños al fútbol ocupando un espacio más amplio, habría que prohibir a estos últimos su juego  pues en si mismo significaba sexismo y machismo. Y eso, a pesar de que jamás tal separación haya impedido ni a las unas ni a los otros jugar a lo que más deseen.   

Pero, lo que resulta llamativo en quien tanta fe sigue depositando en el origen “cultural” de las diferencias es, primero, prescindir de explicar por qué han fallado todas las tentativas que pretendían que niños y niñas eran lo mismo y por tanto sus comportamientos deberían ser idénticos, contentándose con hablar de “vuelta a los valores tradicionales”, pero sobre todo a qué atribuir que finalmente los niños y niñas educados en ambientes conscientemente decididos a combatir el sexismo, tal el de sus hijas, no produjese resultados diferentes a los de cualesquiera otros niños y niñas.  Y aún más allá de eso, qué era lo que con el paso del tiempo  decidía finalmente que él se fuese a los trabajos duros y de riesgo y ella eligiese la administración y los servicios, o por qué ellos eran quienes debían hacer la mili o ir al frente de batalla, o…

Estamos ante una nueva vuelta de tuerca de quienes pretenden explicar el mundo ocultando una mitad, -ya el título deja claro el sexo que interesa-; de quienes sin rubor pretenden que existe una conspiración universal en su contra y por tanto culpan de todo a los demás, incluso de los frutos de sus políticas pasadas;  de quienes sólo son capaces de ver el lado de los derechos y jamás el de los deberes; de quienes en su ceguera de género se olvidan de que los otros también existen, sufren sexismo, son rechazados en la escuela si acaso muestran su lado más masculino o  son constantemente comparados con las niñas: más tranquilas y obedientes, y que, cuando finalmente obtienen peores resultados académicos, no gozan del derecho a una mínima explicación de por qué, si eran iguales que ellas y debían jugar a los mismo juegos sus resultados resultaban tan distintos.

Creo que ha llegado el momento de decir no a que cuando es ella quien se equivoca el obligado a pedir perdón sea él como magistralmente queda recogido en la siguiente viñeta que tomo de la bitácora de Manu.

17 octubre, 2010

Formas de verlo

A la defensora de la igualdad de El Periódico de Cataluña el rescate de los mineros chilenos le sugiere un artículo sobre la ética del cuidado y las mujeres. Es una forma de verlo.

A Forges la declaración de simpatía de Esperanza Aguirre hacia el Tea Party le sugiere  una viñeta en la que, por parte española, ya sólo hay  varones en actitud fascista. Es una forma de verlo.

El pensamiento oficial y de lo políticamente correcto pretende que la única violencia doméstica y de pareja de la que se debe hablar es la violencia que tiene como víctimas a las mujeres. Es una forma de verlo.

Es una forma de ver, pero también una forma de oscurecer, de invisibilizar aquello de lo que no se habla, de esconder el lado que no gusta del mundo y de las cosas.

Si en una ocasión que se puede recordar el duro trabajo desarrollado por los hombres se convierte en un recordatorio más de los esfuerzos de la mujer, escaso servicio se está prestando a la causa de la igualdad; sería incluso comprensible el entronque entre los trabajos del uno y la otra, pero no, el rescate de los mineros y la lluvia sólo conduce hacia ellas.

Cabría incluso preguntarse  si la ética del cuidado sería posible sin alguien que trajese el sustento a casa, si para un análisis completo de ésta ética, no habría que  partir de quienes sustentan la labor de las cuidadoras; si sería posible el cuidado que dispensan a los suyos esas mujeres que esperan la salida de sus maridos, compañeros,  parientes  o amigos del fondo de la mina sin el trabajo de éstos.

La viñeta de Forges es una forma de leer las declaraciones de Esperanza Aguirre de un modo bien singular. Ya sucediera algo parecido cuando un grupo de mujeres increparon con los peores insultos y palabros al socialista Pedro Zerolo a las puertas del Ayuntamiento de Madrid, y Juan José Millás escribió una columna en la que, como por arte de birlibirloque, dichas señoras se transformaban del siguiente modo: “tres hombres disfrazados de mujeres, tres travestidos maduros y gordos con un dedo de maquillaje sobre la recia barba y abundantes joyas que desviaban la atención del bigote.”

En relación con la segregación por género de la violencia, sucede lo que ya sucedió en muchísimas otras ocasiones, que quien la hace considera que sus razones para hacerlo son las buenas, que lo suyo no tiene nada que ver con otras segregaciones, que al no ser sus motivos la raza, la religión, o la condición social no está incurriendo en el mismo error de sus predecesores, que su segregación es la correcta, aunque el motivo no vaya más allá del sexo y la suya represente una división del género humano tan injusta e injustificada como cualquier otra.

15 octubre, 2010

Violencia femenina 2

He decidido situar aquí el comentario de Athini en la antepenúltima entrada en la procura de una lectura más cómoda, pero también porque aunque oficialmente no esté reconocida, efectivamente la violencia femenina existe como muestran los casos que se citan. Nada más lejos de pretender una competición, lamentamos tanto unas muertes como las otras, la razón de que se haga esta entrada, es lo dicho: no callar para no consentir la  versión oficial. Y ahora el texto de Athini



Estos días se puede notar, una vez más, la diferencia que en los medios de comunicación se presta a los actos violentos, según sean hombres o mujeres los culpables de ellos.

Un día sí y otro también se han abierto los telediarios con las noticias de mujeres asesinadas por sus compañeros. Pero en estos últimos días, precisamente, no han faltado casos de lo contrario. Una búsqueda superficial en Google (por la palabra "detenida") ofrece los siguientes resultados:

El día cuatro, en Móstoles, una mujer le clavó unas tijeras en el cuello a su marido:
http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=540272

El día nueve, una mujer mató a su novio en Alberic; por las mismas fechas, y en Valencia una mujer apuñaló a su pareja:
http://www.levante-emv.com/sucesos/2010/10/10/detenida-alberic-matar-novio-dejarlo-campo/746319.html

Evidentemente, bastaría con presentar estas noticias con el suficiente despliegue mediático, para crear en la sociedad la impresión de que hay una conspiración femenina para exterminar a los hombres. Esto se podría aún redondear con otras noticias que ejemplificarían hasta dónde puede llegar la crueldad femenina, entre otras disponibles:

Abandona a su bebé en la basura (día 14, Albacete):
http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=552255

Recorre cinco quilómetros con su cuñada sobre el parabrisas.
http://www.20minutos.es/noticia/742905/0/cunada/encima/coche/

En Colombia, una enfermera mata a un bebé de su hospital a golpes, porque sospechaba (erróneamente) que era hijo de su marido con otra mujer:
http://www.elmundo.es/america/2010/10/15/colombia/1287106123.html


(Athini Glaucopis)

El patriarcado protector




Alguien debería explicar cómo siendo la esperanza de vida de las mujeres mayor que la de los hombres, en nuestro país llega hasta los 8 años a favor de las mujeres, la edad de jubilación es la misma para ambos sexos, en algunos países europeos para ellas inferior que para ellos. ¿Qué puede explicar tamaña incongruencia salvo que, también en ese patriarcado del que el feminismo tanto abomina, la mujer gozaba de privilegios que al hombre le eran negados?

Pero hagamos un pequeño repaso a tres circunstancias de la vida de hombres y mujeres que convendría que alguien aclarase para poder seguir pensando que las políticas de género no consisten en disfrutar de los privilegios de la sociedad patriarcal allí donde ya las cosas eran favorables a las mujeres, y crearse otros en donde las circunstancias son nuevas para ambos sexos.

Repasemos qué sucede con las primas por seguro de enfermedad, por seguro de vida y con la pensión de jubilación:

Una directiva europea ha establecido que las primas por seguro médico deban ser iguales para hombres y mujeres,  a pesar del mayor gasto que supone en este seguro ser mujer, para evitar la discriminación de género.

Con el seguro de vida no ha habido tanta suerte ni tanto interés en corregir las desigualdades de género y, como a quien castiga la prima en este caso es a los varones, se deja que actúe el mercado de tal modo que, un varón a partir de los cincuenta años  lo normal es que pague el doble o más que una mujer de la misma edad.

Con las pensiones de jubilación sucede lo ya dicho, se pretende ligarlas de alguna manera a la esperanza de vida, pero obviando que ésta es superior en seis años para las mujeres que para los hombres, -datos de nuestro país que varían levemente en otros.  

Algún día los hombres tendremos que echar cuentas y preguntarnos qué se está haciendo con los dineros de todos en circunstancias en que ambos lo necesitamos tanto como es en relación con la salud y la jubilación. Sólo apuntar un dato más: con la nueva ley del aborto las mujeres pueden ir a una clínica privada y pasar la factura a la seguridad social a continuación.

Un hombre que deba recurrir a la medicina privada -en la mayor parte de los casos el seguro habitual no la cubre al no haber especialistas- para hacerse una prostatectomía por laparoscopia, debe pagárselo de su bolsillo. Pero, ¡ojo! para añadirle algo más de picante, en cualquiera de los casos cuando el médico le prescriba como procedimiento rehabilitador el viagra, deberá pagárselo de su bolsillo a razón de sesenta euros cuatro pastillas.

Lo dicho creo que habrá que empezar  a echar cuentas, para saber hasta qué punto los hombres hemos sido y somos los grandes favorecidos.  

12 octubre, 2010

Mineros chilenos 2

Resulta asombrosa la distancia que separa la insobornable unidad de los hombres denunciada por el feminismo y que explicaría el famoso techo de cristal, -como ese nivel al que las mujeres no pueden acceder por la acción concertada de los hombres-, y la realidad de quienes como nosotros pretendemos un foro de discusión, ya no masculino sino sobre la masculinidad y sus problemas, y nos tropezamos con infinitas dificultades para reunir en torno a esta cuestión a penas unas centenas de hombres si juntásemos todas las iniciativas.

Lo cierto es que lo masculino en cuanto tal,  ni se plasma en los estudios de género ni aparece por casi ninguna parte. La pretensión del feminismo de que el Marca es el equivalente en masculino al amplísimo repertorio de revistas que pueblan el quiosco hablando de salud, belleza o actualidad femeninas,  no deja de reflejar en sí mismo la profunda desigualdad existente en estos asuntos y que hace muy difícil, por no decir imposible, dar crédito a las diferentes teorías sobre el techo de cristal y la tribu de los hombres contra la tribu de las mujeres que, por lo demás,  no encuentra reflejo social por ninguna parte.

Los hombres no sólo no anteponemos nuestros problemas y preocupaciones a cualquier otro tema de conversación, sino que prácticamente no hablamos de nuestra salud o bienestar, como si se tratase de temas que abordásemos con pudor o resultasen un punto egoístas. Y si alguna vez nos referimos a nuestros asuntos más personales les quitamos hierro evitando el tono serio y formal. Excepto esas situaciones en las que no existe más remedio por estar uno convaleciente o haber sufrido un accidente. Nada que ver con las féminas en las que su salud, su bienestar y su belleza son tema constante de preocupación y constituye buena parte de las conversaciones entre mujeres.

Lo cierto es que la resultante, a veces, es demasiado cruel con los hombres. En El País de ayer se hablaba de las peticiones de los psicólogos a los mineros chilenos, en el sentido de  que rebajasen su expectativa de un grato reencuentro con los suyos, en unos términos que por momentos la sensación que producía  era poco menos  que deberían pedir perdón por habernos tenido a todos tan en vilo y angustiados, pendientes de su suerte durante tanto tiempo. Pareciera que debieran borrar cualquier huella de trauma psicológico antes de salir de nuevo a la luz. Ya se sabe el trauma psicológico en determinados casos puede venir provocado por un detalle nimio, en algunos otros no se puede ni mentar si no se quiere evitar el rechazo de los demás.

Pensé por un momento que si en un contexto así las protagonistas fuesen féminas el tratamiento informativo llegaría hasta la ONU como la prueba más incontestable de la discriminación y maltrato a las mujeres, a quienes después de volver del infierno se las preparaba para la contención en las expresiones de alegría y  en la manifestación de los afectos, incluso para  el rechazo de los suyos. No pude evitar pensar  en la prescindibilidad -la expendability de que habla Pelle Billing en su última entrada- y menor valor de la vida de los hombres.

08 octubre, 2010

Paridad

Admitamos por un instante que todo lo que cuenta el feminismo del patriarcado fuese cierto –sólo como supuesto- aún así debería quedarnos la libertad a hombres y mujeres de valorar y criticar lo que desde el feminismo se está haciendo para en teoría superar los malos modos y la injusticia del patriarcado, pero tampoco tal derecho se quiere reconocer y en la práctica no existe.

Por ejemplo, deberíamos tener derecho a criticar la paridad, aunque sólo fuese para poner en cuestión algunos de sus efectos,  pero por ningún lado esta crítica se ve. Parece –y en realidad así es- que todo cuanto nazca de las propuestas del feminismo es intocable al margen de su validez teórica y práctica. En un primer momento lo que se dice es que es un mecanismo joven que está por explorar en todas sus potencialidades, pero finalmente eso queda ahí para siempre, como ha quedado la discriminación positiva y tantas otras cosas.

De la paridad por ley -otra cosa sería que ésta fuese la resultante del avance social-, mediante una ley cerrada y dictada de un día para otro, lo mínimo que se puede decir es que no ha conseguido mejorar la representación de la mujer en las Cortes, pero hay otros efectos no menos perniciosos aunque aparezcan menos a la luz pública.

La paridad no sólo cierra la posibilidad de la vieja reivindicación de la listas abiertas, también ha resucitado el viejo procedimiento de los  partidos comunistas del siglo pasado de la cooptación: quien está en la dirección tiene de esa manera la posibilidad de promocionar a dedo a quien desee, aunque el motivo esgrimido sea la susodicha paridad y la consecución de una candidatura compensada.

En nuestro país el mecanismo no sólo ha derivado en el partido socialista más presidencialista de la democracia, y posiblemente de su historia,  también en la imposibilidad de respetar la petición unánime de toda la oposición para que, si a todos el Gobierno nos exige austeridad, comience él por dar ejemplo y renunciar a un conjunto de carteras ministeriales que a la vista de todos son prescindibles.

No diré que esta sea el motivo exclusivo de que la política y los políticos se hayan convertido en el tercer problema  para los ciudadanos. Seguramente haya algunas otras causas que estén en ese desprestigio, pero que este mecanismo contribuye a distanciarla de los ciudadanos parece una completa evidencia. El episodio vivido en las primarias del partido Socialista de Madrid saca a relucir algunos aspectos de lo que aquí estoy diciendo de los que merecería mucho la pena tomar nota. 

07 octubre, 2010

Conciencia de género

Es verdad que el poder político del que goza hoy el feminismo representa una gran fuerza, pero tengo la sensación de que nos olvidamos de algo todavía más fuerte: la conciencia y la unidad de las mujeres ante sus objetivos sociales y políticos.

Si  en una escala reflejásemos la conciencia y unidad de las mujeres  y la de los hombres, la situación, según yo la veo, estaría en la dirección del 10 en el caso de las mujeres y en la dirección del 0 en el de los hombres.

Un manifiesto por los derechos de los hombres como el que acaba de publicar Pelle Billing en su bitácora de la encontraréis el enlace en Mi lista de blogs, refleja  donde están quienes van por delante en conciencia masculina.

Me supongo que más de uno de los que visita esta bitácora pondrá cara de escéptico ante ese tipo de proclamas, pero os aseguro que en otros círculos la reacción puede ser furibundamente de rechazo. En los medios “oficiales” nada de eso podrá tener cabida.

Sin embargo entiendo que por ahí va el camino. Tenemos que situar a la sociedad ante su espejo y si queremos ser sujetos de derechos hemos de convertirnos en agentes que peleen por conseguirlos. Decir claramente que estamos hartos de ser los sujetos pasivos de las frustraciones de todos los demás.

Recientemente escribí, en un comentario a una noticia sobre la custodia compartida en El País, que los padres lo que debíamos hacer es pedir la declaración de la paternidad como derecho humano, en un tono que buscaba sobre todo provocar, ahora veo que Pelle Billing va por ahí… y la sensación que tengo es de que estamos mucho más cerca de lo que parece.

Otro tanto sucede con la petición de que algo deba moverse en la educación para hacer frente a la actual situación de los varones en la escuela que de seguir por el camino que vamos  terminará convenciéndonos a todos de que el fracaso y abandono escolar masculino es algo que se produce de forma natural, como la lluvia o el invierno.

Tengo la impresión de que las cosas avanzarán en la medida en que nos fijemos objetivos. Seguro que seguirá haciendo mucha falta denunciar muchas cosas cada día, pero avanzaremos en la medida que miremos hacia adelante y nos fijemos metas a alcanzar.  

05 octubre, 2010

¿Qué feminismo?

No sé si os dais cuenta de la imposibilidad, al menos desde esta bitácora, pero tengo la impresión de que se trata de algo mucho más generalizado, de establecer cualquier tipo de diálogo o debate con el feminismo. Es más, estos días llegué incluso a pensar que no es descabellada la idea de que terminemos discutiendo entre varones sobre lo piensa o deja de pensar el feminismo, y sobre cómo cree éste que deba ser la sociedad futura.

Pensad por lo demás que buena parte del trabajo más difícil del feminismo actualmente dominante lo realizan varones. La capacidad para la invisibilidad y la opacidad de quienes ostentan esta ideología es antológica. Una estrategia así, de sostenerse en el tiempo resulta siempre triunfadora, si triunfan sus posiciones el éxito es suyo, porque suyas son las posiciones, pero si no también porque lo que fracase será algo que está en el cuerpo social y por tanto el fracaso es de éste.

Tengo la sensación, por tanto, de  que tenemos mal conceptuado lo que éste represente. Soy el primero en reconocer que no sólo lo he tenido mal conceptuado, también que no me resulta fácil adaptarme a esta idea que ahora mismo estoy exponiendo, y que la expongo aquí un poco a la espera de vuestras reacciones porque me doy cuenta de que está en pañales. No es una ideología al uso, como no es una organización al uso, es algo diferente que se mueve de forma diferente.

Como decía en la entrada 150 años de feminismo, fue liberal, marxista, anarquista, republicano, minoría -como si de un colectivo social equiparable a los homosexuales se tratase-… y actualmente convive con comodidad en gobiernos de izquierda y en gobiernos de derecha, lo mismo se puede presentar como anticapitalista, que tener como serie de culto: Sexo en Nueva York…

Sería bueno tener esto presente para no equivocar el objetivo, el feminismo más que una ideología es un propósito: la prevalencia de lo femenino y, por tanto, se adaptará a cada momento y contexto histórico en la mejor forma de conseguir ese objetivo. De ahí su extraordinaria ductilidad y pervivencia. Y  al contrario que los movimientos de protagonista masculino no le importará quien encarne esas ideas si el resultado es el buscado y quien gana como colectivo son ellas. 

01 octubre, 2010

Cuando todo vale

A río revuelto ganancia de pescadores, dice el dicho,  y ese parece ser el criterio aplicado por Joan Queralt a la hora de escribir sobre de la ley integral contra la violencia de género. Porque sino díganme ustedes qué hace la Ley contra la violencia de género al lado del Estatuto de Cataluña. No es fácil de explicar, pero menos si quien habla de ambas se presenta como catedrático de derecho penal.

De todos es sabido que la ideología de género es una creencia que divide al mundo en dos: mujeres y hombres, sin fisuras ni en la división, ni en el interior de los propios conjuntos resultantes. Es la primitiva e infantil necesidad de dividir al mundo en buenos y malos cuando no  se es capaz de  asumir su complejidad. Y si es difícil admitir este dualismo en el plano ideológico y político, resulta absolutamente inadmisible cuando se pretende pasar por criterio técnico-jurídico.

Ese  maniqueísmo de buenos y malos aparece ya en las primeras líneas de su escrito al situar por un lado a los partidarios de esas leyes, además de  la del aborto y la de matrimonios homosexuales, y por el otro a sus detractores. Es más se pretende que algo bueno habrá en ellas si existe esa oposición. ¿Quién  habla aquí el catedrático de derecho o el ideólogo?  ¿Quizá pesa el hooliganismo de la rivalidad Madrid-Barça?

Pero, digo más, ¿le parece a este señor que son los mismos sectores: jurídicos, sociales y políticos los que no admiten los pronunciamientos del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, y los que lo hacen sobre la LIVG? ¿Cómo interpretar que habiendo en ambos lados contestación a las disposiciones judiciales, sólo le parezcan reprochables unas?


Pero donde creo que alcanza cumbres difíciles de superar es cuando sin empacho habla de las garantías procesales como hiperformalismo o cuando abiertamente sostiene la inversión absoluta de la carga de la prueba y no digamos, cuando habla de su capacidad para establecer un dictamen psicológico mediante la mera observación y, cómo no, algo de sensibilidad. 

Algo me dice, que cualquier hombre que tuviera la desgracia de ser juzgado por este señor, con independencia de  los hechos, y si quien acusase fuese alguien con medianas dotes teatrales, llevaría todas las de perder. A lo que seguramente contribuiría esa sensibilidad de la que este señor hace gala.