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16 diciembre, 2007

A vueltas con la educación

La educación es para mí una cuestión de vital importancia. Estoy convencido de que pocas cosas se agradecen tanto como haber tenido la ocasión de formarse. Y si en el plano individual es importante, en el social no lo es menos. El nivel educativo de un país, la calidad de sus instituciones educativas, incluida la Universidad, son el mejor indicador del desarrollo tecnológico y social y en última instancia la mejor plataforma para ganar en calidad de vida.

No en vano las sociedades que históricamente más favorecieron ese desarrollo terminaron constituyendo la avanzadilla del progreso económico, social y político del mundo moderno. Nuestro país sólo muy tardíamente se sumó a este grupo, pero durante el último tercio del siglo pasado se dieron pasos muy importantes en esa dirección. Lamentablemente en los últimos años esa tendencia parece que no sólo se trunca, sino que en algún caso parece invertirse.

Ahí están los informes PISA para recordárnoslo, pero muchos otros informes confirman los males de nuestro sistema, también los referidos a la posición de nuestras Universidad en el contexto internacional. Y debemos recordar que la educación en nuestro país adolece de todos los grandes problemas, pues no es sólo que el nivel de nuestros alumnos no sea bueno, ni que sólo alcancen el nivel de excelencia un porcentaje muy pequeño, es que la tasa de fracaso y abandono escolar es altísima, circunstancia esta última que, como no podía ser menos, el propio Ministerio reconoce.

Un informe del año 2006 de la Fundación Alternativas nos recordaba que el 72 % de los hijos de los obreros dejaban de estudiar tras la ESO, al tiempo que señalaba una importante brecha entre sexos ya que la media de españoles de entre 20 y 24 años con estudios de secundaria se situaba en el 62´5%, pero esa media estaba construida con una diferencia según el sexo realmente significativa ya que si para ellas ese nivel era del 70 %, entre ellos lo era únicamente del 55´5 %. Desconozco porque una diferencia tan acusada no es motivo ni de estudio, ni de preocupación y la mayor parte de las veces incluso se evita mentarla. Máxime si tenemos en cuenta la función de ascensor social que tiene la educación en nuestras sociedades.

2 comentarios:

  1. Anónimo7:34 p. m.

    Yo creo que al final la educación es un reflejo de la sociedad. Si lo que se enseña en la escuela no se practica fuera, es difícil que arraigue. Si las familias no ayudan, el trabajo en las escuelas sirve de poco

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  2. Anónimo1:42 p. m.

    * (Fran) Excelente artículo escrito por Arturo Pérez Reverte:

    Permitidme tutearos, imbéciles.

    Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los paises más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

    Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maragall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Aznar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

    Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al “retraso histórico“. O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que “el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien” y que éste no ha fracasado porque “es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad”, entre ellos el de que “los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms”. Con dos cojones.

    Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que “lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres”, aunque tampoco estuvo mal lo de “hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos”. Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira palante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

    Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.»

    Arturo Pérez-Reverte

    Un saludo.

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