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16 julio, 2009

Discriminación positiva

En relación con la noticia recogida en la última entrada sobre el tema de la discriminación positiva en los EE.UU el diario El País publicaba unos días más tarde un reportaje titulado ¿Proteger al negro discriminando al blanco? que me parece de gran interés porque aclara un poco el sentido de la discriminación positiva, pero también por la ausencia de límites en su interpretación, ya que como sucede en el caso de más arriba, a falta de que se haya encontrado en la prueba cualquier elemento discriminatorio, el argumento es que, ésta resulta innegable ya que así lo reflejan los resultados: “...Y la prueba son los resultados” dice textualmente el portavoz de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color. Es decir la única hipótesis descartable es la de que el grupo de los negros la hubiera resuelto peor.

En cualquier caso lo que realmente resulta increíble es que algo como la discriminación positiva haya podido ser importado a Europa para aplicarlo a las mujeres, como si su situación fuera comparable a la de un grupo social que hace menos de un siglo y medio vivía en la esclavitud y hace tan sólo unas décadas no podía viajar en los mismos autobuses que los blancos. En nuestro caso, importada y ampliada hasta el paroxismo con el añadido de la actitud vergonzante de los últimos tiempos de pretender esconderla bajo la denominación de “acción positiva”. La lectura del citado reportaje en cualquier caso sirve para dejar bien clara la distancia entre unos, los negros en EE.UU y las otras, las mujeres en nuestro país, ya que a lo largo del reportaje es fácil ver que tendría más sentido aplicarla a un varón que a una mujer particularmente si tenemos en cuenta la distinta intensidad con la que golpea a unos y otras el fracaso escolar.

28 abril, 2008

Sistema de cuotas y listas paritarias

Quizá uno de los aspectos más olvidados de las propuestas de las leyes de género de la pasada legislatura, en lo relativo al sistema de cuotas y las listas paritarias, sea que no sólo no se han discutido suficientemente en lo que en sí mismas significan, ni sobre los efectos que en lo inmediato tendrían sobre la representación de los sexos en las Cámaras, dándose la paradoja que en esta su primera aplicación en unas elecciones generales la representación femenina ha disminuido; la cuestión es, que tampoco se han abordado y, este asunto parece tener más trascendencia de la que cabía esperar, sus efectos colaterales. Por ejemplo, el sistema de cuotas parece incidir abiertamente en la pluralidad interna de los partidos, ya que al favorecer la cooptación y los nombramientos a dedo, aleja la toma de decisiones de forma colegiada, lo que va en la dirección de un mayor presidencialismo; pero también, y para mí de la máxima importancia, las listas paritarias alejan sine die la posibilidad de las listas abiertas. Listas por la que muchos demócratas llevábamos mucho tiempo esperando.

Dos noticias de El País y la Vanguardia de hoy, abordan la cuestión del presidencialismo.

http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080428/53457845820.html

http://www.elpais.com/articulo/espana/Nueva/Via/via/muerta/elpepunac/20080428elpepinac_10/Tes

01 marzo, 2008

Poco importa

Recuerdo hace muchos años, allá por los 60 del siglo pasado, aquellas palabras de una profesora que tuve en el bachillerato que nos comentaba que deseaba la “igualdad”, que quería dejar de ver cómo, cuando salían ella y su marido también profesor, con un matrimonio amigo, ellos iban delante hablando de la profesión o la política y ellas detrás hablando de otras cosas. Más tarde en la Universidad esa disparidad había desaparecido en muy gran medida. Ellas al igual que nosotros estudiaban, militaban, asistían a las asambleas, o participaban en actos de partido y/o protestas sociales y políticas. Ellas al igual que nosotros se dirigían a la asamblea, o encabezaban tal comité de partido. El ambiente era de camaradería. Por supuesto que también las había que se quedaban en su casa o se limitaban exclusivamente a estudiar, al igual que había desde el lado masculino quienes vivían apartados del movimiento opositor al franquismo o sencillamente pasaban de política y otras cosas.

También a la hora de divertirnos no parecía que se produjeran grandes diferencias tomábamos los vinos, las copas o íbamos a la discoteca igual unos que las otras. Inauguramos juntos las primeras playas nudistas y tantas cosas que parecía que nos harían olvidar como algo del pasado el cutrerío cultural y político pero también la desigualdad entre hombre y mujer. Quizá en aquellos momentos la idea de igualdad parecía al alcance de la mano, incluso cosa fácil, se trataba sobre todo de buena voluntad y deseos de alcanzarla. Por lo demás parecía que a las mujeres no había que decirles lo que tenían que hacer, ellas por sí mismas sabían bien lo que querían.

Más adelante, ya casado y con hijo, comenzó a preocuparme la insistencia de algunas noticias y estadísticas que insistían en la desigualdad. Siempre imprecisas, mayormente referidas al reparto de las tareas del hogar. Habíamos conseguido la igualdad jurídica de hombres y mujeres, estaban vigentes los derechos al aborto y al divorcio, la incorporación de la mujer a la vida laboral se producía a un ritmo vertiginoso, en la Universidad ellas eran mayoría, nuestro país tenía la tasa de natalidad más baja del mundo, la imagen del padre que paseaba el carrito de su hijo era cada vez más frecuente, se procuraba que los niños y las niñas tuvieran los mismos juegos, la enseñanza era mixta, las mujeres viajaban solas, vestían con absoluta libertad, desde luego mucho mayor que los hombres pero, día a día con una insistencia machacona, la idea que se repetía era la de desigualdad, la de discriminación, la de patriarcado y machismo.

No sabría decir muy bien cómo, caí en Ahige y algún foro más. El choque fue brutal, mi idea de igualdad no sólo era una quimera, es que además los hombres éramos unos seres a los que había que vigilar bien de cerca porque generalmente derivábamos en lo peor. No sólo habíamos creado el patriarcado para dominar y explotar (sic) a las mujeres sino que en nuestro afán por perpetuarlo no dudábamos en utilizar todo tipo de violencias hasta el punto de asesinar a nuestras compañeras. Y que nadie se creyese a salvo. El mal estaba dentro de cada hombre y podía saltar en el momento más inesperado. La mujer por el contrario era un ser dominado y explotado, la víctima sobre la que el varón descargaba todos sus golpes. Unos años más tarde veo con sorpresa y desagrado que esas ideas que yo creía de un grupo de iluminados, son las que se hacen valer socialmente, aunque quizá se cuiden un poco más las formas de lo que hacían los gestores de la citada asociación. Ahora éste parece ser el planteamiento de fondo en la política y en los medios.

Poco importa que ellas representen el 40% del mercado laboral, siempre se podrá aducir que como entre ellas hay más contrato a tiempo parcial, lo suyo son los contratos basura y que la discriminación continúa. Aunque con preferencia se recurre a las remuneraciones y en un ejercicio imposible desde el punto de vista de la Teoría Económica y el Derecho, se diga que cobran un 40, un 30 o un 20% menos, la disparidad de porcentajes parece ser un detalle menor aun cuando el 10 o el 20% del sueldo de 8.000.000 de trabajadoras, debería ser un dato imposible para pasar desapercibido. Poco importa que representen el 70% de las carreras universitarias, ya que siempre se podrá aducir que son menos en las carreras técnicas. Poco importa que copen la mayoría de puestos en la Educación, la Sanidad o la Justicia, o que su la tendencia a ocupar puestos en la Administración, sea muy superior a la de los varones y así en la Autonómica, que es de más reciente creación, ocupen más del 60 de las ocupaciones. Poco importa que se hayan dictado las leyes sobre acoso laboral, divorcio, contra la violencia de género o la de igualdad, o la ley de dependencia con un clarísimo sesgo feminista y femenino.

Poco importa que la obligatoriedad de la guerra sea de ellos, que los trabajos más duros y penosos los desempeñen ellos, poco importa que sean ellos quienes sufran la práctica totalidad de los accidentes laborales con resultado de muerte o con invalidez para toda la vida, poco importa que las cárceles estén llenas de hombres - por cierto las más llenas de Europa-, poco que él sea quien se arroje al mar cuando su hijo está en riesgo de ahogarse, poco importará algún heroísmo más, poco importa que su signo parezca haber nacido para trabajar pues la mayoría se mueren al poco tiempo de alcanzar la jubilación, poco importa que haya el mismo porcentaje de hombres que de mujeres que apoyarían la elección de una mujer para presidenta en EE.UU, Francia, Argentina o España, poco importa que en la oposición a la guerra de Irak, o en el desastre del Prestige, lo mismo que ante lo que está pasando en Oriente Medio, no se conozcan diferencias entre uno y otro sexo. Poco importa que en la cárcel de Abu Ghraib la escala de mando fuese toda femenina, que si hubiéramos de hacer caso de los medios de comunicación y la mayoría de los políticos, esas cosas poco importan, porque el signo de los hombres como dice el fotógrafo italiano es haber nacido verdugos y por tanto el año cero de la igualdad será siempre un futurible que si en algún momento se centró en la igualdad de derechos y luego en el uso de la discriminación positiva y otras ventajas legales, ahora se cifra en cambiar al hombre hasta sacarle el bicho que lleva dentro, y para ello hace falta comenzar por el niño. Claro que tratándose de materia tan delicada e imprecisa, y luego de la larga historia de fracasos bien pudiera suceder lo que hasta el presente viene sucediendo, que todo lo realizado es nada, porque lo más importante siempre está por venir, y mientras tanto lo que fue un bello ideal, se convierta en el viaje que conduce a dónde nadie habría deseado llegar y se repita la trágica historia de otros paraísos terrenales que estaban ahí al alcance de todos, hasta que se convirtieron en pesadilla.





11 febrero, 2008

Comentario muy interesante

He decidido traer hasta aquí este comentario de anónimo porque me parece del máximo interés teniendo en cuenta la actualidad del tema pero también la completa coincidencia de criterios con lo que venimos sosteniendo en esta bitácora. Este es el comentario


En el blog de Glenn Sacks, uno de los más importantes sobre los derechos masculinos en internet, hay una entrada sobre la feliz idea del PP de reducir los impuestos a las mujeres. http://glennsacks.com/blog/?p=1787#more-1787 Menciona un artículo de Gilles Saint-Paul que analiza la propuesta en profundidad, aquí: http://www.voxeu.org/index.php?q=node/922

Como ves, semejantes derivas en el funcionamiento de nuestro país ya están llamando la atención fuera de nuestras fronteras.Ya se que el inglés dificulta un poco las cosas así que intentaré traducir lo mejor que pueda un par de párrafos del artículo de Saint-Paul, que me parece muy interesante :[...] Todas las objeciones prácticas de la propuesta sugieren que las supuestas ventajas de los impuestos sesgados según el sexo pueden resultar mucho menores de lo que los autores piensan. Pero mi opinion es que una propuesta así está mal y es peligrosa no sólo por esos problemas prácticos, sino porque supone abolir la igualdad ante la ley. Los autores no parecen darse cuenta de que están contribuyendo a la decadencia de las instituciones democráticas.[...]

El Sr. Rajoy, dijo que el objetivo era conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, por lo tanto las mujeres deberían pagar menos impuestos que los hombres hasta que se alcance la igualdad. Cuando tal objetivo se consiga, los impuestos sesgados deberían eliminarse.Por "igualdad" el Sr. Rajoy no puede referirse a igualdad de derechos, porque es precisamente lo que la propuesta propone abolir. En realidad, él persigue la igualdad de resultados, pero incluso tal planteamiento es engañoso, ya que un hombre ganará menos que una mujer con las mismas habilidades haciendo el mismo trabajo en la misma empresa. A causa del impuesto, la mujer recibirá en la práctica más paga que el hombre por el mismo trabajo. Por lo tanto, el Sr. Rajoy y los demás que defienden los impuestos sesgados no están interesados en igualdad de resultados, sino en igualdad de estadísticas. Quieren igualar el salario medio y la tasa media de ocupación entre hombres y mujeres.Supongamos por un momento que los políticos están interesados de verdad en tal objetivo.

La pregunta es: ¿cuántos derechos civiles están dispuestos a abolir para alcanzar estos objetivos de planificación Staliniana? Las leyes anti-discriminación ya regulan las políticas de salarios y contratación de las empresas. Ahora se nos dice que eso no es suficiente y que los impuestos deben discriminar según el sexo. Dado que siempre hay alguna estadística que difiere entre dos grupos, siempre habrá alguna razón para que el gobierno socave los derechos constitucionales con la excusa de arreglar las desigualdades.

Pero sería ingenuo creer que si alguna vez se alcanza la igualdad las políticas discriminatorias desaparecerían. ¿Quién puede creer seriamente que la bajada de impuestos para las mujeres propuesta por el PP se eliminaría el dia que las mujeres trabajen tanto y ganen lo mismo que los hombres en media? Las estadísticas que hay que igualar son escogidas cuidadosamente de acuerdo a la agenda política de "organised interest". En vez de eliminar las políticas igualadoras cuando se alcanza el objetivo, lo que se hace es cambiar el objetivo hacia alguna otra estadística que justifique mantenerlas o introducir otras nuevas. Un ejemplo es cómo el debate del alcance de las mujeres en las universidades se modificó para centrarse exclusivamente en las carreras científicas en cuanto las mujeres se convirtieron en mayoría en practicamente todas las demás áreas.

Y todavía no hemos oido ninguna propuesta de "igualdad de resultados" defendiendo políticas de discriminación a favor del hombre en áreas en las que las mujeres van mejor, como la educación o la esperanza de vida.Entonces, ¿qué tenemos aquí? La "igualdad ante la Ley" se escribió en las constituciones en la época de la ilustración no sólo porque se creyera en ella, sino como garantía de que la democracia no degeneraría en tiranía. Si eliminamos los derechos individuales, una mayoría puede imponer un daño arbitrario a cualquier minoría. [...] el alza de la "corrección política" nos ha conducido a una situación donde los hombres son la única minoría a la que se puede perjudicar a cambio de beneficios electorales.

19 mayo, 2007

Sobre la discriminación positiva.

Para un aficionado como yo, que ni soy filósofo, ni jurista, ni ocupo uno de esos lugares desde los que se conforma la opinión pública, no deja de ser “chocante”, por no utilizar otro término, el “abandono” en el que se encuentra el debate sobre la igualdad por el lado masculino.

Me sorprende que desde el lado de los hombres no exista análisis alguno sobre la actual deriva del feminismo, (cosa bien diferente a lo que sucede por el lado de las mujeres); como me sorprende el silencio existente frente a un concepto como el discriminación positiva, que habiendo nacido con un propósito bien definido y delimitado, cual el de luchar contra la segregación racial y la protección de ciertas minorías, y que habiendo sido trasladado desde su origen los EE.UU. a la Unión europea con una intención algo diferente, como la de facilitar el acceso de la mujer a determinados puestos de la Administración pública; al menos en nuestro país, no ha parado de crecer y a estas alturas resulta difícil precisar cuales sean sus límites, que parecen no existir, y mucho menos su objetivo, ya que lo aquí está sucediendo con ambas nociones no tiene nada que ver con su formulación en el origen.

De hecho la discriminación positiva nació con la intención de reducir las desigualdades de tipo laboral y escolar que sufrían ciertas minorías en los EE.UU. Sus notas justamente eran tres, la de estar destinada a minorías, la de centrarse en determinados ámbitos como el laboral o el escolar, e implícitamente estar concebida con un carácter limitado y temporal. En nuestro país, sin embargo ninguna de las tres parece respetarse, pues difícilmente hoy se puede sostener el carácter de minoría a un grupo social como el que representan las mujeres, aún a sabiendas de que se trata de una noción más de tipo cualitativo que cuantitativo; en cuanto al ámbito de aplicación se han rebasado todos los límites para llevarla también al terreno legal y penal, y por ningún lado se percibe ni su carácter limitado ni tampoco su prescripción en el tiempo. En mi opinión, sin embargo es fácil vislumbrar, algunas de las notas negativas que desde el primer momento se intuían. Paternalismo y minoría de edad, desigualdad individual, y lo que en mi opinión resulta más difícil justificar y un importante paso atrás: la división de la humanidad en dos géneros, cuando justamente de lo que se trataba era de superar las diferencias, no de cristalizarlas. Cuando hemos superado la separación por raza creamos la separación por género.

Teniendo en cuenta el carácter central de una noción como ésta me gustaría animaros a expresar vuestras opiniones en relación con estos asuntos y, si fuera posible, establecer algún diálogo que nos sirviera para avanzar en la definición de lo que esta pasando.

26 enero, 2007

Mujer y ciencia

Si mi experiencia me dijera, que hombres y mujeres somos iguales cuando miro quien está ocupado en la construcción, o de cajera de supermercado, o cuando al mirar las sentencias de separación observase un trato igualitario y la custodia de los hijos cuando no fuera compartida se concediera al 50% para una u otro cónyuge, si observase igual trato y resultados en niños y niñas en la escuela.....

Si a pesar de esas diferencias observase que la actitud del feminismo y los legisladores procurase no ahondar esas diferencias entre los sexos, por ejemplo, a la hora de las custodias de los hijos o el reparto de la sociedad de gananciales en las separaciones, o a la hora de buscar la conciliación de la vida laboral y familiar, y no hiciese distingo entre si quien insulta en una riña de pareja es él o ella, o si observase que, con el mismo celo, se procurase corregir las desigualdades cuando la parte perjudicada fuera el varón, entendería que se utilizase esa vara de medir llamada paridad...

Pero si lo que observo es que nuestro tribunal constitucional dictaminó que no se producía desigualdad cuando nuestra legislación establecía la obligatoriedad del servicio militar sólo para los varones, o cuando se consagra una legislación que establece discriminación positiva sólo para uno de los sexos, y además lo hace donde ya la situación de desigualdad es hacia el varón, el recurso a la paridad cuando interesa me resulta claramente una ofensa, primero a la inteligencia y en segundo lugar a la justicia y la igualdad.

Y esa es la sensación que he sentido esta mañana al leer que la Xunta de Galicia crea la Unidade de Muller e Ciencia (centro que promoverá la presencia femenina en los comités que se encargan de conceder becas y decidir ascensos) para duplicar la plantilla de catedráticas y jefas de investigación.

Y si cuestionable es el procedimiento, los “argumentos” a favor de tal medida son todavía más peregrinos, de tal modo que lo que valía para ayer hoy no vale y donde dije digo quise decir Diego, en una ensalada de “razones” que no resisten el más elemental análisis. Por citar sólo alguno de los argumentos aducidos ahí van los siguientes:

“La secretaria general de Igualdade, Carme Adán, culpó ayer de esta falta de alumnas en carreras técnicas a los “estereotipos” que empujan a los hombres a interesarse más por esta área del conocimiento” (El País 26.1.07)

O sea que donde las mujeres obtienen mejores resultados la explicación es su mayor constancia, o interés, o capacidad, y donde sucede con los hombres se llama estereotipo

“Hay que trabajar para que la maternidad no signifique una especie de gap en el currículo” afirmó Carme Adam (El País 26.1.07)

“La carrera científica es muy larga y todas las carreras largas son difíciles para las mujeres” argumenta Sanchez Piñón, catedrática de Genética y actual Conselleira de Educación, que considera que la ciencia no se nutrirá de más mujeres hasta que el cuidado de los hijos no sea “una labor de pareja” (La Voz de Galicia 26.1.07)

Son sorprendentes ambas afirmaciones si se tiene en cuenta que según el estudio elaborado por la Xunta sobre esta cuestión, el 60 % de las investigadoras son solteras y el 72 % no tiene hijos ( La Voz de Galicia 26.1.07).

También se señala como discriminatorio la menor presencia de la mujer en el ámbito privado que en el público, pero sin que nadie precise algún argumento para sostener dónde se produce tal discriminación.

Estas afirmaciones resultan más llamativas si tenemos en cuenta que quienes las realizan son altos cargos socialistas y de militancia feminista, que recientemente han aprobado una ley que ha impedido la custodia compartida y sigue considerando que los hijos son “propiedad” de las madres.

Durante siglos los físicos para explicar lo que no eran capaces de hacer de otro modo se inventaron un fluido invisible, imponderable y elástico llamado éter, que llenaba todo el espacio, y por su movimiento vibratorio transmitía las radiaciones. Más tarde se demostraría que lo del éter no había sido más que una invención que sólo estaba en la cabeza de quien lo necesitaba para suplir su ignorancia. A mi entender en la actualidad el feminismo procede de la misma forma. Cualquier diferencia no querida por las mujeres se debe a una “discriminación” y el procedimiento para corregirla es dictar una norma legal que sitúe a la mujer allí donde ella quiere, al margen de procedimientos y sistemas de promoción.

Pretender que las mujeres universitarias de hoy sufren algún tipo de discriminación que les impide progresar al mismo ritmo que a sus compañeros es pura falacia, que en cualquier caso sería necesario demostrar con argumentos algo más sólidos, antes de proceder a dictar normas que si apuntan claramente en una dirección discriminatoria.

06 mayo, 2006

De la igualdad a la diferencia

El diario El País de hoy 06/05/2006 publica un artículo de Félix Ovejero que me parece muy oportuno teniendo en cuenta la vocación de este blog. He seleccionado sólo los dos últimos párrafos.

“Ésa era, como digo, la herencia de la izquierda, que todavía encuentra algún eco prolongado en programas que a lo sumo sirven para entretener los cursos de formación de los militantes. Pero de un tiempo a esta parte, las cosas han cambiado. La izquierda ha pasado de la estrategia de la igualdad a la de la diferencia nacida en torno al llamado "debate multicultural". No se le quita el yunque al corredor, sino que se opta por crear un reglamento para corredores con yunque, una carrera aparte. En lugar de combatir las circunstancias que están en origen de los problemas (la desigualdad, una cultura discriminatoria en el caso de muchas "minorías"), se adoptan excepciones a los principios generales de justicia y se aboga por "derechos especiales". Una estrategia discutible que, por lo general, resulta de una debilidad intelectual anonadante. Las medidas excepcionales no pueden estar por encima del escrutinio democrático o de la aplicación de los principios compartidos de justicia. Si se aceptan, ha de ser como consecuencia de la aplicación de la justicia y la democracia. Y a sabiendas de su condición provisional. En ámbitos de representación política, algunas formas de discriminación positiva pueden estar circunstancialmente justificadas, pero sin olvidar que el objetivo es su desaparición por falta de razón de ser. Tomarse la igualdad y la justicia en serio supone ponerles fecha de caducidad. No sea que nos olvidemos de dónde están los problemas. Las medidas excepcionales no modifican las injusticias de origen; a lo sumo, su impacto. Vienen a ser como la aspirina, que no cura, pero alivia. Pero si uno se pasa la vida con aspirinas, no repara en la enfermedad, hasta que se muere.
La estrategia de la diferencia descuida las condiciones materiales. De hecho, sale muy barata. En cierto modo, parece recuperar la visión conservadora de que la igualdad sólo requiere el gasto de la tinta del BOE. Pero hay algo más: la estrategia del trato diferencial corre el riesgo de estigmatizar a quienes pretende ayudar, a que "la diferencia" se perciba como una suerte de incapacidad. Al final podría suceder que, en nombre de las diferencias, consagremos las desigualdades. Si se nos va la mano desandando historia, podemos acabar como en el Antiguo Régimen, cuando una complicada trama de relaciones jurídicas especiales hacía que cada cual se relacionara con el rey según su condición, según donde vivía y su clase social. Precisamente, aquella situación con la que acabaron las revoluciones democráticas en nombre de la igualdad, las que dieron origen a la izquierda.”
Félix Ovejero Lucas es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.