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29 septiembre, 2012

¿Adónde vamos?


Lo que con más frecuencia experimentamos quienes estamos atentos a lo que sucede con la custodia compartida, la ley contra la violencia de género, o si debe haber más o menos rectoras en la universidad, pero los trabajadores de la construcción está bien que sean todos varones, o no se hable de brecha de género cuando se relata que  el balance de militares muertos en misiones internacionales para el período 1987-2008  ha sido de 163 varones por 2 mujeres (Wikipedia, citado en Igualdad racional),  es un cierto estado de impotencia.

Sentimos que se nos está traicionando ya que lo que por el lado de las declaraciones se nos vende como: igualdad, equidad, no discriminación, por el lado de los hechos en nada se parece a eso. Quienes claman por el derecho de autor en cada uno de sus pasos, quienes niegan con ferocidad inusitada la custodia compartida, quienes despotrican un día sí y otro también contra los hombres son, sin embargo, quienes no dudan en calificar de machista cualquier gesto, declaración o actitud, venga o no cuento su uso. Son además quienes proclaman su victimismo desde importantísimas instancias de un poder no compartido y del que gozan en exclusiva.

Luego de un tiempo uno acaba por darse cuenta de que las categorías mentales y conceptuales en que se ha estado moviendo son todas de la factura justamente de quienes obtienen provecho con ellas. Y no me refiero ya exclusivamente al género, o a lo que signifique machista, o qué demonios querrá decir igualdad en manos de quien la violenta todos los días, sino también a que la propia historia que nos cuentan guarda escaso parecido con los hechos que pretende relatar.  La idea de feminismo es una de ellas. En un tiempo de derribo de todos los  grandes relatos el único que ha sobrevivido es el relato feminista. Y quienes hoy pretenden apropiarse de la idea resulta que no solo han dado un gran portazo en las narices a todas las feministas históricas, también han traicionado gravemente su legado.

Es por eso hace falta hacer relectura de la historia de los últimos siglos por la igualdad,  de lo que ésta signifique y si puede ser calificada de tal una sociedad que niega la custodia compartida, interpreta que los trabajos manuales, los duros y los de riesgo corresponden al varón lo mismo que las tareas de defensa y protección, castiga de modo radicalmente diferente los comportamientos de hombre y mujer en las relaciones de pareja y para con los hijos, y consideraba que no era anticonstitucional una norma que obligaba al  servicio militar obligatorio solo a los varones, por citar solo algunos ejemplos, pero en otros momentos exige una intercambiabilidad absoluta de los sexos.

Tenemos que recuperar la historia de los dos últimos siglos para saber qué ha pasado a este respecto, como precisamos saber dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, tenemos que decir además muy claramente que no se puede excluir al hombre como agente activo de todas estas tareas y utilizarlo exclusivamente como saco de boxeo contra el que golpear. No debe valer el anatema neofeminista que lo excluye  porque se trata  de la “clase dominante”, los “malos” o los “verdugos” en una actitud de  juez y parte que como siempre ha sucedido nunca fue garantía ni de justicia ni de equidad.

Hemos de saber con claridad qué está suponiendo para ambos sexos la legislación de género, tenemos que conocer por qué fracasan los alumnos varones o por qué es necesaria la paridad en la política o los consejos de administración de las empresas, pero no hay problema en que las alumnas en medicina o magisterio deban ser el 80 %. Debemos saber qué está pasando en los medios de comunicación y cómo es posible que el lobby neofeminista tenga  derecho de veto en la publicidad y la información. Deberíamos saber por qué la publicidad vejatoria con el varón no es calificada como sexista y si ha merecido la pena el viaje que nos retrotrae a la televisión de salsa rosa y fútbol de los viejos tiempos.

Debemos saber si es suficiente que las neofeministas declaren las ideas de: “… igualdad, justicia, derechos, libertad, autonomía, etc., son retratos más o menos sublimados de un modo de ser machista…” (Enciclopedia Oxford de filosofía, entrada: feminista, ética)  y si  una posición  así para lo que mejor esté sirviendo no será para declarar que, cualquier cosa que se haga o se diga dependerá del sexo, o la intención,  de su autor y no de su mayor o menor aproximación a algún tipo de verdad o ética compartidas.  Debemos aclarar si lo que en realidad se nos está diciendo es que el neofeminismo tiene barra libre porque la medida de la justicia de sus propuestas está en su demostrada capacidad  para imponerlas. 


26 septiembre, 2012

Privado-público vs. Centro-periferia


La división de roles que marcaba la sociedad tradicional: la familia y la casa -lo privado- mundo de ellas, y las tareas de proveedor y seguridad -lo público-  de ellos, correspondía a un orden de cosas gestado hace milenios que no vale para el mundo moderno en el que todas esas tareas se desenvuelven en un entorno sin parecido con una sociedad en la que, la casa era una cueva y el mundo exterior un lugar lleno de peligros.

Afortunadamente muchas cosas han cambiado en los últimos siglos  y tuvieron razón las y los primeros feministas María Wollstonecraft, Stuart Mill, y una larguísima lista en la que habría que incluir a  los movimientos sociales y políticos de izquierda, cuando plantearon que seguir manteniendo una división de ese tipo constituía una aberración histórica que habría que corregir para caminar en la dirección de una mayor permeabilidad de los mismos. Es el momento del feminismo como una conquista de civilización de la que resultaría una sociedad de iguales mejor para todos: para ellas y para ellos.

Con esa perspectiva trabajaron hombres y mujeres a lo largo de más de un siglo y medio, y grandes fueron las conquistas: igualdad jurídica, derechos políticos, derechos sobre la reproducción, control de la natalidad, divorcio, mayoría femenina en la universidad, incorporación al mercado de trabajo…

Pero justamente cuando todo parecía que el ideal estaba ahí, se produce  un giro de 180º, y, bajo la idea de que la igualdad es cosa de las mujeres,  el feminismo convertido en neofeminismo,  expulsa del mismo a los hombres con el pretexto de que, es a ellas en exclusiva, a quienes compete decir que hacer. Iniciándose de ese modo el increíble retroceso histórico de negar de forma beligerante y agresiva la custodia compartida o dar lugar a leyes como la de violencia de género hasta llegar a ese intento bárbaro de pretender quitar la patria potestad a todos los padres separados que  comentábamos  aquí.

Que el neofeminismo se niegue a hacer balance y explicar qué ha sucedido y está sucediendo con la igualdad y, sobre todo, qué  faltaría para alcanzarla, no puede implicar que ese trabajo quede sin hacer sino más bien una tarea que tenemos por delante. Pues lo que cada día vemos que sucede no lleva el sello de la igualdad, más bien parece guiado por una idea de supremacía  y voluntad de excluir a los hombres.

Que el neofeminismo pretenda que los grandes poderes los disfruta el varón por presidir los sindicatos o los consejos de las empresas, no debe hacernos olvidar que es un mundo de mujeres y un mundo cerrado: la familia, la educación de los niños en las primeras etapas: guardería, infantil, primaria…  o que el mundo de la sanidad es cada vez más suyo, lo mismo que el de la justicia o los medios de comunicación, que en la Administración, el comercio o los trabajos administrativos sucede otro tanto de lo mismo, y que las bibliotecas, las escuelas de idioma, los lugares de ocio y esparcimiento, y tantas otras espacios que podríamos seguir mencionando son femeninos y lo son cada día en mayor medida como cotos privados, olvidando así que hace bien poco una de sus acusaciones contra el patriarcado era la de actuar de ese modo para los varones.

Todo lo anterior junto a la exigencia de paridad en la política,  las empresas, las academias, las rectorías de la universidad y hasta los premios literarios y deportivos dan un panorama claramente descompensado. Al menos los escandinavos exigen paridad en las empresas y la política, pero no impiden la custodia compartida,  y el permiso de paternidad es equiparable al de maternidad y en la Administración se reserva el mismo número de empleos para hombres que para mujeres.

Lo que sucede aquí es que se exigen listas paritarias y en cremallera en la política, se pretende que los consejos de administración de las empresas sean paritarios, el empleo público tiene un sesgo femenino que al paso que vamos parece de no retorno, determinados empleos son de la exclusiva masculina, por cierto los de riesgo y esfuerzo, y al tiempo se impide la custodia compartida, se demoniza la figura masculina, se impide el contacto de los hijos con los padres y en esa escalada sin cesar se pretende  privar de patria potestad  a los hombres separados y hacerlo bajo la acusación de maltratadores de sus hijos.

Todo esto sucede delante de nuestros ojos, podemos disimular y hacer como que no lo vemos: actitud mayoritaria, o hacerle frente y exigir un cambio de rumbo, pero pretender que no es eso lo que sucede sino que caminamos hacia un paraíso de igualdad y respeto mutuo resulta demasiado grotesco como para poder ser creído. Lo que  ahora rige no es el binomio privado-público, pero sí algo que podíamos denominar centro-periferia y si el centro es de ellas a nosotros nos ha tocado la periferia.


25 septiembre, 2012

Igualdad racional


Me supongo que os habréis dado cuenta de que he añadido una bitácora nueva en mi lista de blogs: Igualdad racional. Todo lo que he leído en ella me ha gustado aunque particularmente dos de las entradas me parece que ponen sobre la mesa asuntos de muy gran alcance sobre los que merecería la pena profundizar y explorar en todas sus implicaciones.  Os recomiendo que os acerquéis a sus páginas que son muy interesantes.





23 septiembre, 2012

¿Más cerca o más lejos de la igualdad?


Hay en el neofeminismo un juego perverso consistente en  seguir hablando de igualdad y equidad, en seguir sosteniendo la perfecta intercambiabilidad de los sexos, aún cuando después de dos siglos nada sustantivo nos permita sostener algo así, y ni tan siquiera sepamos si nos encontramos –de hacer caso a lo que dicen-  más cerca o más lejos de aquella sociedad de iguales que constituía el ideal a perseguir. Bien es verdad que esta aproximación se deja en cada vez mayor medida a los grupos profeministas siendo mucho más escasas esas referencias desde el núcleo central del feminismo que, a estas alturas, parece no tener ningún interés en dar explicaciones concentrando sus esfuerzos en el ejercicio como lobby. 

Los niños y las niñas, los chicos y chicas, los hombres y mujeres tienen resultados escolares muy diferentes, estudian en una proporción muy dispar  carreras distintas en uno y otro caso, se emplean siguiendo pautas y perfiles con escaso parecido y, en relación con la familia, están situados en lugares más bien contrapuestos. Es más, incluso antes de haber nacido son deseados de modo completamente desigual. Y por lo que hace a la imagen que de hombres y mujeres, del  padre y la madre proyectan los medios  cualquier parecido  entre ambos resulta mera coincidencia.

Frente a esta realidad se sigue cultivando una especie de credo que  niega los sexos en determinadas ocasiones para en otros señalarlos como lugares donde la naturaleza humana se manifiesta de forma completamente opuesta, como los polos de lo bueno y lo malo. Así por ejemplo la legislación penal de género. Y todavía en otras ocasiones se revisten de pretensión científica estudios  en los que, después de ofrecer los porcentajes en que chicos y chicas estudian en la universidad y no dar significación alguna a la clara desventaja en términos absolutos de los varones o al 80% de mujeres en medicina,  se presenta como discriminatorio que una proporción del 70 % de varones lo haga en las ingenierías o arquitectura.

Es decir,  nos encontramos ante una ideología que ha abandonado cualquier pretensión de verdad, entidad que a su juicio no existe porque todo son constructos sociales, olvidando quizá que siendo coherente habría que considerar la suya otro tanto de lo mismo; que sin complejos ha asumido su sexismo de partida y que sin ambages se ha propuesto restaurar los roles de género estableciendo como de jurisdicción femenina  los hijos y la casa, los empleos a los que, como decía ese vídeo de la U.E., para promocionar las ciencia entre las chicas,  ahora retirado, se puede ir con tacones y los labios pintados, y donde el papel reservado a los varones apenas sufre variación en lo de proveedor y protector y la única novedad estriba en que si cabe lo haya de hacer más forzado y viendo su espacio de libertad ampliamente achicado. 


19 septiembre, 2012

Por qué necesitamos maestros


Con el ánimo de aportar algunos argumentos a un tema complejo en el que seguramente sea muy difícil deslindar tantas cosas como haría falta para una interpretación cabal del mismo, diría en relación con el título de la entrada, lo que sigue.

Luego de que en esta bitácora se haya suscitado el tema de la necesidad de incorporar a los hombres a las primeras etapas educativas,  el tema ha cobrado cierto interés. Desde el lado femenino se vienen apuntado, al menos en esta bitácora,  dos razones como causantes de la feminización: uno, la vinculación de la enseñanza con un cuidado maternal más, lo que iría en la dirección de una mayor idoneidad de las mujeres y el otro que el desprestigio de la profesión la haría no atractiva a los ojos de los varones que dirigirían sus pasos en otras direcciones.

Como estoy en desacuerdo con ese planteamiento y en relación con estas dos cuestiones ya he hablado en varias ocasiones en  la bitácora me gustaría ahora aportar algunos argumentos más a este debate no estrictamente relacionados con ellas.

La infantilización de la enseñanza que se señala como motivo de su feminización no sólo se produce en Primaria, sino en todos los niveles educativos incluida la Universidad. Tampoco es exclusiva de esa etapa educativa la pérdida de fronteras precisas de la profesión de enseñante y cada día que pasa los profesores, también los de secundaria, realizan tareas de cuidado y atención  a los alumnos impensables no hace mucho tiempo. El fenómeno no es de Madrid y Esperanza Aguirre sino de todo el sistema educativo.

No es un fenómeno exclusivo del ejercicio del magisterio. Parece que la insistencia del feminismo sobre este punto no se está siendo capaz de  evitar que las profesiones y oficios sean unisex (entiéndase como una gran preponderancia de alguno de los sexos, no como la total ausencia de uno de ellos). Claro que hasta donde yo sé si la profesión es de prestigio el argumento es que la feminización no es mala. 

La mayor presencia femenina no es exclusiva de la enseñanza, se produce en enfermería y ahora entre los médicos, pero también en lo relativo a las carreras relacionadas con el Derecho,  los trabajos administrativos, las carreras de letras y las profesiones a ellas ligadas: bibliotecas, escuelas de idiomas, etc. etc. Todos hemos entrado en una de esas grandes salas de, por ejemplo, el INSS y en el mar de mesas y ordenadores no encontrar más que rostros femeninos.

El feminismo y el neofeminismo jamás denunciaron esta deriva, más bien parecen situados a la cabeza de esta tendencia.  Tampoco entre el profesorado femenino parece que se aprecie una particular incomodidad con lo que está pasando.

Desde luego si los términos del fracaso escolar estuvieran invertidos en cuanto al sexo es seguro que el fracaso escolar masculino no sólo llevaría lustros detectado sino que se habrían  arbitrado medidas para su corrección, después de haber pasado por su denuncia como una discriminación intolerable.

El sistema escolar en todas sus etapas incluida la selectividad sobrevalora las habilidades relacionadas con el razonamiento verbal, y minusvalora las relacionadas con el razonamiento matemático y la habilidad espacial, lo cual favorece en términos generales a las chicas.

Los chicos son expulsados del sistema educativo no tanto por sus conocimientos cuanto por su actitud y en general obtienen mejores resultados en las pruebas externas que los que reciben directamente  de sus profesores. 

Partir con desventaja en los primeros años de la escuela como les sucede, por término medio, a los chicos como consecuencia de su más lento proceso de maduración intelectual y cognitivo, conduce en muchos casos a un retraso que jamás se superará y esto que debiera ser una de las primeras lecciones del Magisterio se interpreta con la misma naturalidad que se acepta que haga frío en invierno.

Aun cuando lo ideal sería el equilibrio de sexos entre el profesorado de esta etapa, es posible que, el sexo del profesor, no sea tan relevante, si la figura masculina no está ausente en la vida del niño y  si la enseñanza sigue protocolos muy claros de actuación -cosa que no es característica de nuestro sistema-. De ahí mi insistencia en la necesidad de incorporar al varón en esos momentos en los que tantas cosas se están formando en la personalidad de niños y niñas. 


11 septiembre, 2012

La crisis y el género


¿Creéis que debiera introducirse la variable género en los análisis, por ejemplo éste,  que desde hace un tiempo se suceden para explicar lo que ha pasado y sigue pasando en relación con la crisis en nuestro país y las posibilidades y opciones de salida de la misma?

Tomo dos párrafos, hay muchos más, que me parecen significativos:

“Desde hace ya tiempo, los cachorros de las juventudes de los diversos partidos políticos acceden a las listas electorales y a otras prebendas por el exclusivo mérito de fidelidad a las cúpulas. Este sistema ha terminado por convertir a los partidos en estancias cerradas llenas de gente en las que, a pesar de lo cargado de la atmósfera, nadie se atreve a abrir las ventanas.”

“Tal y como establece la teoría de las élites extractivas, los partidos políticos españoles comparten un gran desprecio por la educación, una fuerte animadversión por la innovación y el emprendimiento y una hostilidad total hacia la ciencia y la investigación. De la educación sólo parece interesarles el adoctrinamiento: las estridentes peleas sobre la Educación para la Ciudadanía contrastan con el silencio espeso que envuelve las cuestiones verdaderamente relevantes como, por ejemplo, el elevadísimo fracaso escolar o los lamentables resultados en los informes PISA. La innovación y el emprendimiento languidecen en el marco de regulaciones disuasorias y fiscalidades punitivas sin que ningún partido se tome en serio la necesidad de cambiarlas. Y el gasto en investigación científica, concebido como suntuario de manera casi unánime, se ha recortado con especial saña sin que ni un solo político relevante haya protestado por un disparate que compromete más que ningún otro el futuro de los españoles.”

P.S. El país de Europa con más ni-nis

07 septiembre, 2012

Al género solo le interesa la mitad de la humanidad


Al neofeminismo solo le interesa lo que atañe, interesa y beneficia a mujeres y niñas. Todo lo demás, es decir, hombres y niños caen fuera de su campo de interés. Las neofeministas son capaces de ver misoginia en casi cualquier autor a lo largo  de la historia, pero se muestran incapaces para percibir con qué fuerza se ha extendido la misandria, en buena medida propugnada por ellas mismas. Hasta el punto de que algunas autoras asocian el uso más extendido del hemisferio derecho con una conducta machista.


El tema, evidentemente, es muy amplio: infancia, educación, salud, mercado laboral etc.  pero de momento lo dejo aquí a la espera de conocer vuestras opiniones.  Lo que sí me gustaría añadir es que, si el peso de las “otras feministas” fuese mayor y la dictadura del género menos avasalladora, seguramente, estas cuestiones podrían ser abordadas de modo más amable pero, en cualquiera de los casos, habría que abordarlas porque ni un enfoque ni otro parece interesado en el fracaso escolar masculino, la dualidad de género del mercado de trabajo, o lo que atañe a la salud y el bienestar de los hombres, aún cuando su posiciones en cuestiones como la custodia compartida o la ley contra la violencia de género, nos aproximen mucho más a “las otras” que a “las unas”.  


31 agosto, 2012

El neofeminismo: una política conservadora y reaccionaria


El neofeminismo, es decir el feminismo dominante desde la aparición del feminismo radical americano, constituye un movimiento profundamente conservador que, para mayor paradoja, en la Europa de los últimos años está impulsado y sostenido ideológicamente desde la socialdemocracia y otros movimientos de la izquierda,  aunque también desde una posición algo más reservada por los partidos conservadores y de la derecha.

Y  digo lo de conservador no ya por la alianza forjada, por dos de sus principales impulsoras Catherine McKinnon y  Andrea Dworkin en su momento, con el partido republicano en los EE.UU, ni tan siquiera por la importante presencia de figuras femeninas en las opciones más conservadoras del momento actual, particularmente las de extrema derecha: Sarah Palin y Michelle Bachmann en los USA,  Siv Jensen en Noruega,  Krisztina Mirvai en Hungría,  Pia Kjaersgaard en Dinamarca o Marine Le Pen en Francia,  sino por el contenido  de sus prácticas y los resultados de sus políticas allí donde su ideario se ha hecho norma jurídica y derecho positivo.

Por  su manifiesta preferencia por las políticas represivas frente a las educativas; por  la consideración de todas las mujeres como iguales al margen de su posición social y sus recursos, su pertenencia a esta parte del mundo o cualquiera de los países musulmanes; por  su profunda coincidencia con la Iglesia y los sectores más conservadores de la judicatura en lo referente a la custodia de los hijos y el papel de la madre. Por no mentar esas feministas que no hacen distingo entre la madre y los hijos como si se tratara de un solo y único ser y, en general, por la distinta vara de medir y doble moral con que juzgan los comportamientos según sean del varón o la mujer. Por haberse erigido en dueñas de la moral y haber recuperado los modos de la censura.

En nuestro país ha sido de la mano de María Teresa Fernández de la Vega y de un gobierno de Zapatero que la Iglesia ha conseguido sus mayores privilegios tanto en lo referido a su financiación como en el apoyo a las escuelas concertadas, también para permitir la adaptación de los contenidos educativos al ideario del centro. Recuérdese a estos efectos que el manual de Educación para la ciudadanía más utilizado en nuestro país defiende el creacionismo. La educación socialista,  sea en Suecia de la mano de la socialdemocracia o en España de la mano de sus homólogos, ha conducido a una importante pérdida de calidad del sistema acompañada de un fracaso escolar con claro sesgo de género en perjuicio de los varones y de los hijos de las clases menos pudientes. De los gobiernos de Zapatero España ha salido como el país de Europa con más desigual distribución de la renta si exceptuamos a Estonia, Letonia y Rumanía.

El neofeminismo es un movimiento profundamente reaccionario en su concepción de la ciencia y la cultura, al no establecer distingo entre éstas, a las que considera productos patriarcales, y la mera ideología. Con el resultado de un posicionamiento  claramente antiilustrado tanto en su concepción del género, como en general en la consideración culturalista de lo que en la sociedad sucede, sin que haya constituido nunca motivo de preocupación la constatación del fracaso de todos los cálculos fallidos derivados de ese errado planteamiento. Tampoco  la autocrítica que una mínima honestidad intelectual exigiría. Del uso fraudulento y manipulador de informaciones y estadísticas hemos dado cuenta en esta bitácora en tantas ocasiones que resulta difícil elegir aunque solo sea unas pocas.

El neofeminismo con su división de la sociedad por géneros y su concepción de hombres y mujeres como dos bloques monolíticos profundamente diferenciados  merecedores de distinta consideración moral y política y, en consecuencia, de diferente trato jurídico, inaugura un tiempo en el que de la concepción de la norma como principio rector de la convivencia que permitía saltar por encima del sexo, y por ello reconocer  la igualdad en dignidad y derechos de hombres y mujeres, hemos pasado a otra cosa en que la diferencia se traduce en desigualdad. El neofeminismo tergiversa los significados de diferencia  e igualdad, pues si la primera se mueve en el terreno de la biología y lo natural siendo nuestra característica más destacada -todos y todas somos diferentes-, la segunda pertenece  al terreno de lo cultural y lo jurídico y busca que dichas diferencias no se traduzcan en desigualdad. Sin embargo el neofeminismo opera negando las primeras, al pretender una igualdad en la cuna desmentida por todas las ciencias, para consagrar después la desigualdad jurídica y de trato, en una dimensión que en mi opinión en nada se distingue de cualquier otro tipo de segregación incluida la racial.

Si de la trilogía: Libertad, igualdad, solidaridad, la izquierda europea había privilegiado las dos últimas: igualdad y solidaridad, para el señor Caldera y otros destacados dirigentes e ideólogos del socialismo en España habríamos de pasar a algo como lo formulado por el primero  cuando situó en la solidaridad y la empatía “los valores básicos sobre los que descansa la izquierda…” Curioso lo de la empatía, máxime si se piensa referido más a la emocional que a la cognitiva. Lo cierto, sin embargo,  es que desde la década de los ochenta del siglo pasado las diferencias de renta y riqueza no han dejado de crecer en Europa coincidiendo justamente con el período de más gobiernos socialdemócratas de la historia, también con el ascenso constante de las políticas de “igualdad” y género.  

La sociedad cada día es más opaca y a cada paso más temas son materia reservada de determinados círculos de expertos cuya característica más destacada es permanecer en el anonimato y que desconozcamos qué méritos son los que los han convertido en tales. La información es manipulada, particularmente la de género, y lo es también desde los organismos oficiales. La democracia se resiente y crece el descontento no con estos o aquellos políticos, sino con el conjunto de los mismos. Determinados temas han sido declarados tabú: suicidio, crecimiento exponencial de la obesidad mórbida, enfermedad mental… y determinadas disposiciones legales, en principio puestas en marcha desde el neofeminismo, dejan de tenerse en cuenta cuando su aplicación lo que demostraría sería la posición de desventaja del varón.

El neofeminismo, al contrario que las monarquías democráticas, gobierna aunque parezca que solo reina. Asistimos a las políticas de una izquierda que han dejado atrás la universalidad de la norma, su internacionalismo y  defensa de la igualdad más allá del género, la promoción  de la ciencia y los valores ilustrados y que, por el contrario, acepta la desigualdad y pérdida de las garantías jurídicas de los varones,  y con la materialización  de sus políticas llena las cárceles cada día más, la desigualdad crece y la escuela fracasa.   Todo ello para acabar demostrando una gran incapacidad para analizar e interpretar lo que pasa y teniendo que basar su diferencia con la derecha  más en operaciones  publicitarias y mediáticas, que en sus  verdaderas políticas, indistinguibles en tantos aspectos de lo social, lo  político y lo cultural.