No me
preocupa tanto la magnitud de algunas de las cosas conocidas los últimos días,
como la sensación de que no se está tomando nota de hasta qué punto reflejan
una realidad preocupante. Aunque solo
fuese por esto
algunas alarmas deberían haber saltado y los responsables de este desaguisado deberían
estar dando explicaciones en lugar de encerrarse en sus cátedras, sus despachos y sus sedes como si la cosa no
fuera con ellos. Se habla mucho de
exigir responsabilidades por la crisis a los agentes políticos y económicos cosa que me parece muy bien, pero quienes han
traído a este estado al sistema educativo y llevan, como mínimo, 15 años reafirmándose en unos dogmas, que ya casi nadie
sostiene, con un tesón digno de mejor causa, deberían también asumir las suyas.
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
16 octubre, 2012
12 octubre, 2012
La paridad ¿un capricho neofeminista?
La
paridad, del mismo modo que la igualdad, es un asunto caprichoso que administrado por el neofeminismo ofrece una
estampa pintoresca. Porque, qué criterio rige en tal asunto. Nadie puede decirlo
porque en ningún sitio está escrito de forma clara. En esta sociedad del
neofeminismo hemos pasado de la norma (ese pretensión machista, según la teoría
feminista) que regiría de forma universal y podría ser conocida de antemano, a
un “legislar” para cada caso, según el momento y de forma sobrevenida, que por
lo visto representaría ventajas, aunque, ¿ventajas para quién? Bueno, quizá está claro desde el principio ya
que las implicaciones para cada sexo nunca son las mismas.
Acabamos
enterándonos de que la susodicha paridad vale para la política y las listas
electorales, también según las mismas fuentes debería valer para los consejos
de administración de las empresas, incluso para los premiso Nobel, pero de ahí
para abajo que rija la norma que más “nos” convenga. Qué hay muchas maestras,
no pasa nada, que en las oposiciones a la judicatura arrasan las chicas, no
pasa nada, que en la televisión pública las caras masculinas son anecdóticas, no pasa
nada, que los estudios relacionados con la medicina y la salud se están feminizando hasta llegar al 80 %, no pasa nada,
que los trabajadores de la construcción son varones, es lo normal, como lo es
que lo sean los bomberos o los trabajadores de la industria y los empleos de
riesgo y esfuerzo.
Ilustrativo
es el uso de “padres” en la literatura y los medios que siguen este enfoque,
porque siempre acaba siendo utilizado para denunciar un incumplimiento, una
irresponsabilidad o algo peor. Pero jamás para asociarlo a un derecho o una experiencia en positivo. El día que a alguien se le ocurra estudiar el
tratamiento dado por las revistas femeninas y feministas a la figura masculina,
me da la impresión de que nos vamos a enterar de qué significa sexismo. Ese machismo del lenguaje denunciado por el
feminismo institucional y de género, en una ocasión y otra, finalmente pretende
ocultar este sexismo profundo, esa
distorsión de la realidad que caracteriza de un tiempo a esta parte todo lo que
tiene que ver con los sexos, y el papel que se pretende para el hombre en el
seno de la familia y el derecho familiar y en la sociedad en general.
Nada
que objetar a que los derechos sobre la reproducción sean todos femeninos, como
nada que reprochar a unos permisos de paternidad y maternidad (particularmente el paterno) que en nada
recuerdan a los que rigen con quien en otros momentos se nos pone de
modelo, por ejemplo, los países nórdicos, nada que objetar a la dura, interesada
y en buena medida impresentable oposición que ejerce este feminismo en relación
con la custodia compartida, como nada que decir en relación con que la
socialización de los niños se realice, en algunos casos, con total ausencia de
contacto con la figura masculina hasta los 10-12 años, y salvo excepciones, con
un contacto que no se puede comparar con el femenino pero, llegado el momento
de las responsabilidades, ahí sí, ahí somos iguales, en ese momento todo muda como por arte de birlibirloque y la responsabilidad es compartida, si se me
apura decantada en mayor medida hacia los padres, pues como nos recordaba
recientemente un libro: “¡ya verás cuando llegue tu padre!”, no es cosa de
nuestras mamás o abuelas, sino moneda corriente de los hogares de hoy en día.
Etiquetas:
neofeminismo,
paridad
10 octubre, 2012
Empatía emocional y cognitiva
En la
entrada anterior acabamos hablando de las razones que pueden estar en la base
del éxito de una ideología como la perspectiva de género y de cómo seguramente
sea más productivo, a fin de entender lo que pasa, indagar en las raíces biológicas y culturales de los
sexos y en como urden sus relaciones, que en la consistencia de un entramado
ideológico que como mínimo habría que calificar de endeble.
Por continuar en la línea
de lo apuntado por Arsuaga cuando decía: “En todos los mamíferos, en efecto, tanto una frente
abombada y lisa, como una cara reducida y poco proyectada, son rasgos
infantiles, y, todavía más, cumplen universalmente la función de inspirar
sentimientos de protección y ternura, y así inhibir la agresividad de los
adultos frente a las crías (por cierto, esos mismos caracteres también son
femeninos, y por la misma razón).” Quisiera hacer hoy una referencia a la obra de
Louann Brizendine: El cerebro masculino y
lo que a propósito de la empatía
emocional y cognitiva relata en el mismo.
En un capítulo titulado: Dos sistemas
emocionales, pág. 122-123, Louann Brizendine relata
que nuestro cerebro posee dos sistemas emocionales: el sistema neuronal especular, o SNE, y el sistema de la
unión témporo-parietal, o UTP. Y como parece que los hombres tendemos a
utilizar más uno y las mujeres otro.
El SNE permitiría sentir el mismo dolor
emocional del otro, estaríamos ante una empatía de tipo emocional, mientras que la UTP establecería una barrera
entre las emociones del “yo” y las del “otro”, fortaleciendo de ese modo la
capacidad de buscar cognitiva y analíticamente una solución, se trataría de una
empatía cognitiva.
Pues bien basándose en dos personajes Neil y Danielle y la reacción del primero ante una
desgracia sufrida por la segunda explica cómo, en un primer momento, se activa
en Neil el SNE, pero pronto deja paso a la UTP, porque su cerebro está
estructurado para buscar una solución, cosa que Neil no acaba de entender, pues
ella lo que desea en ese momento es empatía emocional. El relato lo concluye así:
“Me dirigí a
Danielle y le dije: “Neil utiliza la UTP más que la SNE porque el cerebro
masculino está estructurado para buscar soluciones, más que para continuar en
la empatía. Pero eso no significa que no le importe lo que cuentas. Resolver
tus problemas es su manera de mostrar amor e interés.”
En fin como vemos una versión bien diferente
de lo que estamos acostumbrados a oír en relación con la empatía, que algunas pretenderían
ver limitada a la empatía emocional olvidando de ese modo la cognitiva. También
lo que hayamos de entender por “frialdad”
emocional de los varones.
05 octubre, 2012
Solo se ve lo invisible si se lo está buscando
Estoy
leyendo el libro de Juan Luis Arsuaga: El collar del neandertal, cosa que os
recomiendo que hagáis por lo ameno que hace el relato de la “historia” de esa humanidad
paralela que constituyeron los neandertales. También recientemente estuve en la
réplica de las Cuevas de Altamira y como no podía ser menos salí de allí
sobrecogido por la magnitud del recorrido que hemos hecho en los escasos miles
que años que nos separan, pero también por lo cerca que me hizo sentir de los seres
humanos que habitaron aquellas cuevas.
Cuando
escribo en la bitácora, a veces, lo hago movido por la prisa y la urgencia de
comunicar algo pero, otras veces, como quisiera que fuera ésta, con la convicción de que estamos muy lejos de
entender la dialéctica de los sexos y que si avanzásemos en ese conocimiento quizá
no cometeríamos la cantidad de errores que se están cometiendo en el presente.
O dicho de otra manera son demasiadas las cosas que desconocemos sobre este
asunto por lo que haríamos bien en guardar
una parte de nuestra inquietud e interés por algo de mayor alcance como sería
explicar por qué somos como somos y nos comportamos como nos comportamos y sobre todo por qué lo hacemos como lo
hacemos en la interacción de los sexos.
En mi
opinión hay un algo todavía por descubrir en las relaciones hombre-mujer que
sería lo que explicaría por qué los hombres solemos ser mucho más severos en
los juicios y las exigencias con otros hombres, sin embargo en la sociedad se
ha instalado el sentimiento de que la única violencia existente es la que
enfrenta a los sexos, peor, la perpetrada por los varones contra las mujeres.
Si un grupo de hombres pretendiese basar sus exigencias frente a los demás en
base a una encuesta en la que solo se recogiesen sus opiniones, el resto
daríamos a esa encuesta un valor nulo, pero eso es lo que ha hecho el
neofeminismo en toda Europa en relación con las mujeres y el resultado es la
legislación de género y contra la violencia que todos conocemos.
Si un
grupo social cualquiera pretendiese presentarse como las víctimas de ese
sistema social pero al tiempo los datos indicasen una mayor esperanza de vida,
la exclusión de los trabajos de riesgo y esfuerzo, el mayor consumo de cuidados
de atención personal y de productos de belleza, o la aceptación pasiva de que aspectos tan sensibles como la reproducción, la educación de los hijos y el
vínculo familiar perteneciesen casi en
exclusiva a ese grupo y una legislación que cubriese el acceso a aquellos
ámbitos de más difícil acceso, pero sin la contrapartida de ninguna limitación
en aquellos otros en los que se es mayoría, el regocijo primero y la expresión
de incredulidad después seguro que serían las reacciones más comunes. Eso es lo que pasa con el grupo social: mujeres, y tal reacción ni se produce ni ofreces visos
de ir a producirse en mucho tiempo.
En el
libro citado se echa por tierra la “hipótesis de la abuela” de Kristen Hawkes y
otros, para explicar el por qué de la menopausia en las mujeres pero muchas
otras cosas como el cuestionamiento de nuestro papel como proveedores o el porqué de nuestra longevidad y
que fue profusamente utilizada para ahondar en la idea de que los hombres nos
habíamos inventado un pasado mítico para justificar “nuestros actuales privilegios”.
Por supuesto que tal cosa no afectará a la actual cruzada neofeminista para
quien si el pensamiento o la ciencia no son de su agrado con atribuirle una
intención patriarcal es suficiente. Pero,
por supuesto que entre los hombres la reacción no será de mucho mayor
entusiasmo.
Como
dijo Sherlock Holmes: Solo se puede ver lo invisible si se lo está buscando.
29 septiembre, 2012
¿Adónde vamos?
Lo que
con más frecuencia experimentamos quienes estamos atentos a lo que sucede con
la custodia compartida, la ley contra la violencia de género, o si debe haber
más o menos rectoras en la universidad, pero los trabajadores de la
construcción está bien que sean todos varones, o no se hable de brecha de
género cuando se relata que el balance
de militares muertos en misiones internacionales para el período 1987-2008 ha sido de 163 varones por 2 mujeres (Wikipedia,
citado en Igualdad racional), es un
cierto estado de impotencia.
Sentimos
que se nos está traicionando ya que lo que por el lado de las declaraciones se
nos vende como: igualdad, equidad, no discriminación, por el lado de los hechos
en nada se parece a eso. Quienes claman por el derecho de autor en cada uno de
sus pasos, quienes niegan con ferocidad inusitada la custodia compartida,
quienes despotrican un día sí y otro también contra los hombres son, sin
embargo, quienes no dudan en calificar de machista cualquier gesto, declaración
o actitud, venga o no cuento su uso. Son además quienes proclaman su victimismo
desde importantísimas instancias de un poder no compartido y del que gozan en
exclusiva.
Luego
de un tiempo uno acaba por darse cuenta de que las categorías mentales y
conceptuales en que se ha estado moviendo son todas de la factura justamente de
quienes obtienen provecho con ellas. Y no me refiero ya exclusivamente al
género, o a lo que signifique machista, o qué demonios querrá decir igualdad en
manos de quien la violenta todos los días, sino también a que la propia
historia que nos cuentan guarda escaso parecido con los hechos que pretende
relatar. La idea de feminismo es una de
ellas. En un tiempo de derribo de todos los grandes relatos el único que ha sobrevivido es
el relato feminista. Y quienes hoy pretenden apropiarse de la idea resulta que
no solo han dado un gran portazo en las narices a todas las feministas
históricas, también han traicionado gravemente su legado.
Es por
eso hace falta hacer relectura de la historia de los últimos siglos por la
igualdad, de lo que ésta signifique y si
puede ser calificada de tal una sociedad que niega la custodia compartida,
interpreta que los trabajos manuales, los duros y los de riesgo corresponden al
varón lo mismo que las tareas de defensa y protección, castiga de modo
radicalmente diferente los comportamientos de hombre y mujer en las relaciones
de pareja y para con los hijos, y consideraba que no era anticonstitucional una
norma que obligaba al servicio militar
obligatorio solo a los varones, por citar solo algunos ejemplos, pero en otros
momentos exige una intercambiabilidad absoluta de los sexos.
Tenemos
que recuperar la historia de los dos últimos siglos para saber qué ha pasado a
este respecto, como precisamos saber dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos,
tenemos que decir además muy claramente que no se puede excluir al hombre como
agente activo de todas estas tareas y utilizarlo exclusivamente como saco de
boxeo contra el que golpear. No debe valer el anatema neofeminista que lo
excluye porque se trata de la “clase dominante”, los “malos” o los
“verdugos” en una actitud de juez y
parte que como siempre ha sucedido nunca fue garantía ni de justicia ni de
equidad.
Hemos de saber con claridad qué está suponiendo para ambos sexos la legislación de
género, tenemos que conocer por qué fracasan los alumnos varones o por qué es
necesaria la paridad en la política o los consejos de administración de las
empresas, pero no hay problema en que las alumnas en medicina o magisterio
deban ser el 80 %. Debemos saber qué está pasando en los medios de comunicación
y cómo es posible que el lobby neofeminista tenga derecho de veto en la publicidad y la
información. Deberíamos saber por qué la publicidad vejatoria con el varón no
es calificada como sexista y si ha merecido la pena el viaje que nos retrotrae a
la televisión de salsa rosa y fútbol de los viejos tiempos.
Debemos
saber si es suficiente que las neofeministas declaren las ideas de: “…
igualdad, justicia, derechos, libertad, autonomía, etc., son retratos más o
menos sublimados de un modo de ser machista…” (Enciclopedia Oxford de filosofía,
entrada: feminista, ética) y si una posición así para lo que mejor esté sirviendo no será
para declarar que, cualquier cosa que se haga o se diga dependerá del sexo, o la
intención, de su autor y no de su mayor
o menor aproximación a algún tipo de verdad o ética compartidas. Debemos aclarar si lo que en realidad se nos está
diciendo es que el neofeminismo tiene barra libre porque la medida de la
justicia de sus propuestas está en su demostrada capacidad para imponerlas.
26 septiembre, 2012
Privado-público vs. Centro-periferia
La
división de roles que marcaba la sociedad tradicional: la familia y la casa -lo
privado- mundo de ellas, y las tareas de proveedor y seguridad -lo
público- de ellos, correspondía a un
orden de cosas gestado hace milenios que no vale para el mundo moderno en el
que todas esas tareas se desenvuelven en un entorno sin parecido con una
sociedad en la que, la casa era una cueva y el mundo exterior un lugar lleno de
peligros.
Afortunadamente
muchas cosas han cambiado en los últimos siglos
y tuvieron razón las y los primeros feministas María Wollstonecraft,
Stuart Mill, y una larguísima lista en la que habría que incluir a los movimientos sociales y políticos de
izquierda, cuando plantearon que seguir manteniendo una división de ese tipo
constituía una aberración histórica que habría que corregir para caminar en la
dirección de una mayor permeabilidad de los mismos. Es el momento del feminismo
como una conquista de civilización de la que resultaría una sociedad de iguales
mejor para todos: para ellas y para ellos.
Con esa
perspectiva trabajaron hombres y mujeres a lo largo de más de un siglo y medio,
y grandes fueron las conquistas: igualdad jurídica, derechos políticos,
derechos sobre la reproducción, control de la natalidad, divorcio, mayoría
femenina en la universidad, incorporación al mercado de trabajo…
Pero
justamente cuando todo parecía que el ideal estaba ahí, se produce un giro de 180º, y, bajo la idea de que la
igualdad es cosa de las mujeres, el
feminismo convertido en neofeminismo, expulsa
del mismo a los hombres con el pretexto de que, es a ellas en exclusiva, a quienes
compete decir que hacer. Iniciándose de ese modo el increíble retroceso
histórico de negar de forma beligerante y agresiva la custodia compartida o dar lugar a leyes como la de
violencia de género hasta llegar a ese intento bárbaro de pretender quitar la patria
potestad a todos los padres separados que
comentábamos aquí.
Que el
neofeminismo se niegue a hacer balance y explicar qué ha sucedido y está
sucediendo con la igualdad y, sobre todo, qué
faltaría para alcanzarla, no puede implicar que ese trabajo quede sin
hacer sino más bien una tarea que tenemos por delante. Pues lo que cada día
vemos que sucede no lleva el sello de la igualdad, más bien parece guiado
por una idea de supremacía y voluntad de
excluir a los hombres.
Que el
neofeminismo pretenda que los grandes poderes los disfruta el varón por
presidir los sindicatos o los consejos de las empresas, no debe hacernos
olvidar que es un mundo de mujeres y un mundo cerrado: la familia, la educación
de los niños en las primeras etapas: guardería, infantil, primaria… o que el mundo de la sanidad es cada vez más
suyo, lo mismo que el de la justicia o los medios de comunicación, que en la
Administración, el comercio o los trabajos administrativos sucede otro tanto de
lo mismo, y que las bibliotecas, las escuelas de idioma, los lugares de ocio y
esparcimiento, y tantas otras espacios que podríamos seguir mencionando son
femeninos y lo son cada día en mayor medida como cotos privados, olvidando así que hace bien poco una de sus acusaciones contra el patriarcado era la de actuar de ese modo para los varones.
Todo lo
anterior junto a la exigencia de paridad en la política, las empresas, las academias, las rectorías de
la universidad y hasta los premios literarios y deportivos dan un panorama
claramente descompensado. Al menos los escandinavos exigen paridad en las
empresas y la política, pero no impiden la custodia compartida, y el permiso de paternidad es equiparable al
de maternidad y en la Administración se reserva el mismo número de empleos para
hombres que para mujeres.
Lo que
sucede aquí es que se exigen listas paritarias y en cremallera en la política,
se pretende que los consejos de administración de las empresas sean paritarios,
el empleo público tiene un sesgo femenino que al paso que vamos parece de no
retorno, determinados empleos son de la exclusiva masculina, por cierto los de
riesgo y esfuerzo, y al tiempo se impide la custodia compartida, se demoniza la
figura masculina, se impide el contacto de los hijos con los padres y en esa
escalada sin cesar se pretende privar de
patria potestad a los hombres separados
y hacerlo bajo la acusación de maltratadores de sus hijos.
Todo
esto sucede delante de nuestros ojos, podemos disimular y hacer como que no lo
vemos: actitud mayoritaria, o hacerle frente y exigir un cambio de rumbo, pero
pretender que no es eso lo que sucede sino que caminamos hacia un paraíso de
igualdad y respeto mutuo resulta demasiado grotesco como para poder ser creído.
Lo que ahora rige no es el binomio
privado-público, pero sí algo que podíamos denominar centro-periferia y
si el centro es de ellas a nosotros nos ha tocado la periferia.
25 septiembre, 2012
Igualdad racional
Me supongo que os habréis dado
cuenta de que he añadido una bitácora nueva en mi lista de blogs: Igualdad
racional. Todo lo que he leído en ella me ha gustado aunque particularmente dos
de las entradas me parece que ponen sobre la mesa asuntos de muy gran alcance
sobre los que merecería la pena profundizar y explorar en todas sus
implicaciones. Os recomiendo que os
acerquéis a sus páginas que son muy interesantes.
La ética
patriarcal http://igualdadracional.blogspot.com.es/search?updated-max=2012-09-12T09:07:00-07:00&max-results=8&start=8&by-date=false#.UGHC043N-Kc
Cuota de género o confiscación http://igualdadracional.blogspot.com.es/2012/09/cuota-de-genero-o-confiscacion.html#.UGHC_Y3N-Kc
23 septiembre, 2012
¿Más cerca o más lejos de la igualdad?
Hay en
el neofeminismo un juego perverso consistente en seguir hablando de igualdad y equidad, en
seguir sosteniendo la perfecta intercambiabilidad de los sexos, aún cuando
después de dos siglos nada sustantivo nos permita sostener algo así, y ni tan siquiera
sepamos si nos encontramos –de hacer caso a lo que dicen- más cerca o más lejos de aquella sociedad de
iguales que constituía el ideal a perseguir. Bien es verdad que esta
aproximación se deja en cada vez mayor medida a los grupos profeministas siendo
mucho más escasas esas referencias desde el núcleo central del feminismo que, a
estas alturas, parece no tener ningún interés en dar explicaciones
concentrando sus esfuerzos en el ejercicio como lobby.
Los
niños y las niñas, los chicos y chicas, los hombres y mujeres tienen resultados
escolares muy diferentes, estudian en una proporción muy dispar carreras distintas en uno y otro caso, se
emplean siguiendo pautas y perfiles con escaso parecido y, en relación con la
familia, están situados en lugares más bien contrapuestos. Es más, incluso
antes de haber nacido son deseados de modo completamente desigual. Y por lo que
hace a la imagen que de hombres y mujeres, del padre y la madre proyectan los medios cualquier parecido entre ambos resulta mera coincidencia.
Frente
a esta realidad se sigue cultivando una especie de credo que niega los sexos en determinadas ocasiones para
en otros señalarlos como lugares donde la naturaleza humana se manifiesta de
forma completamente opuesta, como los polos de lo bueno y lo malo. Así por
ejemplo la legislación penal de género. Y todavía en otras ocasiones se
revisten de pretensión científica estudios
en los que, después de ofrecer los porcentajes en que chicos y chicas
estudian en la universidad y no dar significación alguna a la clara desventaja
en términos absolutos de los varones o al 80% de mujeres en medicina, se presenta como discriminatorio que una
proporción del 70 % de varones lo haga en las ingenierías o arquitectura.
Es
decir, nos encontramos ante una
ideología que ha abandonado cualquier pretensión de verdad, entidad que a su
juicio no existe porque todo son constructos sociales, olvidando quizá que
siendo coherente habría que considerar la suya otro tanto de lo mismo; que sin complejos ha asumido su sexismo de
partida y que sin ambages se ha propuesto restaurar los roles de género
estableciendo como de jurisdicción femenina
los hijos y la casa, los empleos a los que, como decía ese vídeo de la U.E., para promocionar las ciencia entre las chicas, ahora retirado, se puede ir con tacones y los labios pintados, y donde el
papel reservado a los varones apenas sufre variación en lo de proveedor y
protector y la única novedad estriba en que si cabe lo haya de hacer más forzado y viendo
su espacio de libertad ampliamente achicado.
19 septiembre, 2012
Por qué necesitamos maestros
Con el
ánimo de aportar algunos argumentos a un tema complejo en el que seguramente
sea muy difícil deslindar tantas cosas como haría falta para una interpretación
cabal del mismo, diría en relación con el título de la entrada, lo que sigue.
Luego
de que en esta bitácora se haya suscitado el tema de la necesidad de incorporar
a los hombres a las primeras etapas educativas,
el tema ha cobrado cierto interés. Desde el lado femenino se vienen apuntado,
al menos en esta bitácora, dos razones
como causantes de la feminización: uno, la vinculación de la enseñanza con un
cuidado maternal más, lo que iría en la dirección de una mayor idoneidad de las
mujeres y el otro que el desprestigio de la profesión la haría no atractiva a los ojos
de los varones que dirigirían sus pasos
en otras direcciones.
Como estoy
en desacuerdo con ese planteamiento y en relación con estas dos cuestiones ya
he hablado en varias ocasiones en la
bitácora me gustaría ahora aportar algunos argumentos más a este debate no
estrictamente relacionados con ellas.
La infantilización de la enseñanza que se señala como motivo de su feminización no sólo se produce en Primaria, sino en todos los niveles educativos incluida la Universidad. Tampoco es exclusiva de esa etapa educativa la pérdida de fronteras precisas de la profesión de enseñante y cada día que pasa los profesores, también los de secundaria, realizan tareas de cuidado y atención a los alumnos impensables no hace mucho tiempo. El fenómeno no es de Madrid y Esperanza Aguirre sino de todo el sistema educativo.
No es un fenómeno exclusivo del ejercicio del magisterio. Parece que la insistencia del feminismo sobre este punto no se está siendo capaz de evitar que las profesiones y oficios sean unisex (entiéndase como una gran preponderancia de alguno de los sexos, no como la total ausencia de uno de ellos). Claro que hasta donde yo sé si la profesión es de prestigio el argumento es que la feminización no es mala.
La mayor presencia femenina no es exclusiva de la enseñanza, se produce en enfermería y ahora entre los médicos, pero también en lo relativo a las carreras relacionadas con el Derecho, los trabajos administrativos, las carreras de letras y las profesiones a ellas ligadas: bibliotecas, escuelas de idiomas, etc. etc. Todos hemos entrado en una de esas grandes salas de, por ejemplo, el INSS y en el mar de mesas y ordenadores no encontrar más que rostros femeninos.
El
feminismo y el neofeminismo jamás denunciaron esta deriva, más bien parecen
situados a la cabeza de esta tendencia. Tampoco
entre el profesorado femenino parece que se aprecie una particular incomodidad
con lo que está pasando.
Desde
luego si los términos del fracaso escolar estuvieran invertidos en cuanto al
sexo es seguro que el fracaso escolar masculino no sólo llevaría lustros
detectado sino que se habrían arbitrado
medidas para su corrección, después de haber pasado por su denuncia como una
discriminación intolerable.
El sistema
escolar en todas sus etapas incluida la selectividad sobrevalora las
habilidades relacionadas con el razonamiento verbal, y minusvalora las
relacionadas con el razonamiento matemático y la habilidad espacial, lo cual
favorece en términos generales a las chicas.
Los
chicos son expulsados del sistema educativo no tanto por sus conocimientos
cuanto por su actitud y en general obtienen mejores resultados en las pruebas
externas que los que reciben directamente de sus profesores.
Partir
con desventaja en los primeros años de la escuela como les sucede, por término
medio, a los chicos como consecuencia de su más lento proceso de maduración
intelectual y cognitivo, conduce en muchos casos a un retraso que jamás se superará y esto
que debiera ser una de las primeras lecciones del Magisterio se interpreta con
la misma naturalidad que se acepta que haga frío en invierno.
Aun
cuando lo ideal sería el equilibrio de
sexos entre el profesorado de esta etapa, es posible que, el sexo del profesor,
no sea tan relevante, si la figura masculina no está ausente en la vida del
niño y si la enseñanza sigue protocolos
muy claros de actuación -cosa que no es característica de nuestro sistema-. De
ahí mi insistencia en la necesidad de incorporar al varón en esos momentos en
los que tantas cosas se están formando en la personalidad de niños y niñas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)