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07 febrero, 2008

Retorno del privilegio

Escribe la señora Fernández de la Vega en Público un artículo titulado: La igualdad de los antiguos, bien interesante, porque es de las escasas veces en que uno puede encontrar los argumentos de quienes respaldan leyes como la de Igualdad. En él contrapone la vicepresidenta del Gobierno dos momentos del Estado constitucional, el antiguo: “En los orígenes del Estado constitucional, la lucha por la igualdad significaba poner fin al privilegio: todas las personas han de gobernarse con arreglo a unas mismas leyes.” y el moderno: “La ley trata a todos igual. Pero esa igualdad es insuficiente si se quiere edificar una comunidad verdaderamente justa. La ley no puede convertir la igualdad en una totalitaria y ciega uniformidad. Antes bien, ha de tratar igual aquello que es igual y de forma desigual aquello que es distinto. De este modo, el tratamiento desigual de lo desigual es un presupuesto imprescindible de las políticas de igualdad en toda sociedad democrática.” Se extiende además en cuestiones como la constitucionalidad de la paridad en las listas y en marcar diferencias con el PP autor del recurso ante el Tribunal Constitucional.

Es cierto que la mera igualdad legal no corrige las diferencias reales que en la sociedad se producen, por lo que, en un estado de derecho, se hace necesario arbitrar medidas a favor de determinados colectivos. Pero también es cierto que esas medidas no debieran derivar nunca en diferencias de derechos entre las personas, o en una vuelta atrás, una vuelta al privilegio, tal como sucedía en el antiguo régimen donde los individuos gozaban de derechos en función del estamento al que pertenecían. Y esto, que sí es muy antiguo, más antiguo que el primer constitucionalismo, parece asomar con la batería de leyes de género aprobadas en la pasada legislatura y en las que, salvo algún detalle como el de las listas, el Partido Socialista y el Partido Popular estuvieron de acuerdo. Claro está que ahora el privilegio, y aquí utilizo el mismo término que la señora ministra, es por algo tan moderno como la adscripción a uno u otro género ( soy incapaz de discernir la diferencia con sexo).

En relación con las listas paritarias es cierto que el Tribunal Constitucional las considera perfectamente ajustadas a derecho, como consideraría las listas abiertas que, a mi modo de ver y creo que de mucha más gente, se ajustan mucho más a la esencia de una democracia donde el sexismo no sea la ley. Resumiendo, la señora de la Vega considera antiguo el primer constitucionalismo sin caer en la cuenta que mucho más antiguo y mucho más injusto es el retorno a una estado donde la ley consagra diferencias en función del sexo. Diferencias que en este caso lo son en el plano legal pero también en el plano real.

4 comentarios:

  1. Conoceis, sin duda, aquello que dijo Popper sobre la "falsabilidad": si una determinada teoría es capaz de explicar tanto una situación como la absolutamente contraria, entonces esa teoría no es científica y queda al margen de la discusión racional.

    Pongamos un ejemplo. Una determinada religión asegura que quien cumpla con determinado ritual será ayudado por Dios y tendrá una vida próspera. Un individuo cumple rigurosamente con el ritual..., y descubre que le suceden un montón de catástrofes. El individuo se dirige entonces a un sacerdote de esta religión, y éste le explica que su mala suerte proviene de que Dios está poniendo a prueba su fe. En otras palabras: si el individuo cumple los ritos y se da la casualidad de que tiene buena suerte en su vida cotidiana, entonces se utiliza este hecho como prueba de la verdad de esta religión; pero si cumple con los ritos y le suceden un montón de catástrofes, la religión sigue apareciendo como verdadera..., porque Dios puede estar poniendo a prueba su fe.

    Una hipótesis no falsable sería también un pronóstico del tiempo que afirmara que mañana, en tal localidad, podría hacer un sol resplandeciente, pero que también podría estar nublado, y que cabría incluso la posibilidad de que hubiera precipitaciones fuertes o débiles, en forma de lluvia, granizo o nieve. Un pronóstico meteorológico así no puede fallar jamás..., pero no aporta ningún conocimiento y no puede ser sometido a discusión racional.

    El "feminismo de género" se caracteriza por contener una ingente cantidad de enunciados no falsables. Cuando un varón asesina a su esposa, ello demuestra la "violencia estructural" a la que está sometida la mujer. Cuando una mujer asesina a su marido, ello se explica como una "violencia reactiva", como una defensa legítima frente a esa "violencia estructural que las mujeres (supuestamente) sufren. Mientras las mujeres tenían peor formación educativa que los varones, ello era una muestra de cómo se discriminaba a las mujeres; desde hace varios años sucede lo contrario..., pero esto no lleva jamás a considerar la posibilidad de que ahora sean los varones los discriminados, sino que este hecho se presenta como demostración de la superioridad intelectual de la mujer. Si sólo los hombres hacen el servicio militar, ello demuestra que el servicio militar es un privilegio reservado a los varones, si lo hicieran sólo las mujeres, entonces sería una esclavitud intolerable. Todas y cada una de las disimetrías entre los sexos, en fin, son susceptibles de la misma explicación, y da igual que la disimetría se produzca en uno u otro sentido, porque la "teoría" las va a explicar siempre de la misma manera.

    Una doctrina "no falsable" no es, por tanto, algo científico o discutible racionalmente, sino que entra de lleno en el campo de las creencias religiosas (y, por cierto, nótese cómo en la actual campaña política ciertos eslóganes llaman a los electores a "creer"). Partiendo de un presupuesto como "el tratamiento desigual de lo desigual es un presupuesto imprescindible de las políticas de igualdad" quien detente el poder está libre para hacer absolutamente cualquier cosa, porque a su libre albedrío queda decidir qué va a entender por igual y qué por desigual. El subconsciente de la Vicepresidenta la ha traicionado, porque ella misma ha equiparado la "discriminación positiva" al privilegio, y sus afirmaciones puramente retóricas de que se trata de cosas opuestas sólo dejan bien en evidencia que son distintas sólo para aquellos que estén dispuestos a "creer".

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  2. Tengo ganas de abordar con algo de tiempo las concomitancias que yo encuentro entre el feminismo de género y la actitud de cierta jerarquía eclesiástica, en el sentido de poderes que, gestados en un aparte de la sociedad, en un caso la comunidad de creyentes y en el otro las feministas de género, pretenden imponerse a todos sin discusión ya que se trata, bien de una verdad revelada, bien de una verdad indiscutible que todos debemos acatar a riesgo de que se nos tilde de lo peor. En cuanto pueda me pondré con ello.

    Un saludo

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  3. Anónimo4:59 p. m.

    Sra De La Vega, he leido este artículo en El Pais:

    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Imposible/separarse/boom/inmobiliario/elpepusoc/20080208elpepisoc_1/Tes

    y ahora siento una sensación de presión en el pecho ¿cree usted que debería preocuparme?

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  4. Anónimo12:43 a. m.

    tratar igual aquello que es igual y de forma desigual aquello que es distinto

    Ah, y por qué será que me recuerda tanto a aquello de "a cada cual según su necesidad, de cada cual según su capacidad" ...

    Creo que la Sra. De La Vega estará de acuerdo conmigo en que todas las personas somos distintas. Así que según esa teoría, la ley debería tratar a todas las personas de forma distinta.

    La justicia de la que habla la señora De La Vega sería perfecta si se pudieran tener en cuenta todas las características de cada persona de forma individualizada.

    El problema, es que eso es IMPOSIBLE. Por lo tanto hay que intentar soluciones de aproximación, es decir, agrupar las personas en colectivos según alguna característica.

    Y ahora viene la clave de la cuestión. ¿Qué colectivos definimos? ¿con qué criterio?

    Es aquí donde nos topamos con el problema, porque entran en juego los grupos de presión, lobbys, agrupaciones varias, representantes de minorías oprimidas, que pelean para imponer sus criterios de quién necesita más ayuda, o lo que es lo mismo, pelean por su parcela de PODER.

    Resultado: los que más patalean son los que consiguen imponer su criterio, y esto nos lleva de forma inevitable a las injusticias que los que seguimos este blog ya conocemos.

    Señora De La Vega, lo que usted propone es inviable, y cualquier intento de llevarlo a cabo no conducirá más que a más injusticias que las que teníamos en primer lugar.

    Lo que a mi me gustaría, y que ya se que a usted no le gusta, es simplemente garantizar lo que usted llama orígenes del Estado Constitucional, es decir, que nadie tenga privilegios (que no es precisamente fácil de conseguir) y a partir de ahí dejar que las personas vivan su vida en libertad.

    Una vez más. viene a cuento esta cita de la filósofa Ayn Rand:

    "La minoría más pequeña del mundo es el individuo. Aquellos que niegan los derechos individuales no pueden llamarse defensores de las minorías"

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