Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
10 enero, 2012
Silencios clamorosos
24 septiembre, 2010
150 años de feminismo
07 marzo, 2009
Sobre feminismo
Ha tenido que ser a partir de la segunda mitad del siglo pasado y más particularmente en el último tercio, que gracias al descubrimiento de la píldora anticonceptiva y la generalización del aborto en buen número de países unido a la terciarización que ha sufrido la economía en ese tiempo, -pues es en el sector terciario donde con mucha diferencia las mujeres más se emplean- que pareció se habían alcanzado las condiciones objetivas para la igualdad de sexos, ya que las mujeres –y me refiero en exclusiva a los países desarrollados- gracias al control de la natalidad y la independencia económica, fruto de la incorporación masiva al mercado de trabajo, unido a su plena integración en el sistema educativo, gozaban de iguales condiciones que los hombres para avanzar en esa igualdad buscada a lo largo de casi dos siglos.
Pero hete aquí que justamente por esas épocas el feminismo en un giro copernicano olvida toda su historia pasada y sitúa el origen de la desigualdad no donde la había situado a lo largo de 150 años sino en el terreno de la sexualidad, para pasar a declarar “el hombre enemigo a batir” desplazando el objeto de las políticas feministas hacia el territorio de la violencia y reformulando la igualdad en unos términos que van camino de propugnar para el varón las mismas desigualdades que ellas padecieron, la jurídica primero y la social después, al tiempo que se desanda también todo lo andado en los siglos precedentes. Tanto es así que sin solución de continuidad se ha pasado de la obligatoriedad de los espacios mixtos al feminismo cosa de mujeres, de la Administración como instancia neutral, a exigir y disfrutar de forma exclusiva de una parte de la misma y un largo etcétera de donde dije digo quise decir Diego.
Al tiempo se formula una nueva visión de los sexos: la perspectiva de género, en la que además de declarar al varón el agente causante de todos los males padecidos por la humanidad desde sus comienzos, se plantea, sin recato de faltar a la verdad cuando haga falta, una seudoigualdad en la que cualquier criterio de reciprocidad o simetría quedan descartados de plano, porque lo que fundamenta tal visión señala como origen de todas las diferencias la existencia de dos clases, la de los hombres y la de las mujeres, donde los primeros ocupan la posición de clase dominante y las segundas la de clase explotada y oprimida y, donde los primeros no dudan en recurrir a la violencia para mantener su dominio, lo que exige cambiar al hombre. Y en esas estamos.
Pero el movimiento feminista tiene otros rasgos característicos y diferenciadores de los de que rigen para cualquier otro movimiento social o político y el primero y más característico sería el de haber declarado tabú los temas de su ideario político, temas sobre los que solo se podrían pronunciar con verdadero conocimiento de causa y garantía de no contaminación ellas mismas, y donde regirían unas reglas lógicas, estadísticas, éticas y políticas especiales que harían claramente prescindibles: el rigor intelectual, la voluntad y el deseo de evitar el sesgo de género y, en general, la honestidad o el deseo de verdad.
Y así este territorio está poblado por conquistas intelectuales tan logradas como que lo que fundamenta la democracia paritaria sería en palabras de Rosa Cobo “...(1) los variados e invisibles filtros que expulsan a las mujeres de los espacios en los que existen poder y recursos: de la política a la empresa, de la cultura a la familia, del partido o sindicato a la ONG…”, o la increíble proeza de los estudios que demuestran la desigualdad de salarios entre hombres y mujeres sin que, ni económica, ni jurídicamente sea posible detectar tal realidad, pasando por el famoso techo de cristal o esos estudios sobre violencia doméstica y acoso laboral y sexual que como premisa de partida establecen que tales violencias sólo pueden ser ejercidas por los varones...
Pero podríamos continuar por el territorio del lenguaje donde después de imponer contra el criterio de la R.A.E el término “violencia de género”, ahora resulta que parecen preferir “violencia machista”, o donde resulta sexista decir “la juez” pero no “el periodista” o “el siquiatra”, donde se denuncia invisibilidad cuando interesa pero se juega a ella cuando conviene, -o es que se ha visto alguna vez protestar a una feminista porque a las criminales femeninas no se les llame criminalas, o por el uso extensivo de la palabra hombre para referirse al género humano en expresiones como ésta en las que, hablando del medio marino, alguien dice “existe un depredador mayor que el tiburón, el hombre”-.Y podríamos continuar por ese uso curioso del lenguaje según el cual “sexismo” y “sexista” se identifica como “contra las mujeres” donde el término “estereotipo” sólo tendría significación aplicado a ellas, y donde el término “género” se usa y significa lo que se desea en cada momento.
Por cierto, a pesar de esa mitología de las duras luchas femeninas en éste y otros temas, todos estos cambios se están imponiendo en la lengua sin que por ningún lado se atisbe esa reacción patriarcal que cabría esperar de suceder las cosas como dicen los textos feministas. Lo que daría para otras tantas entradas sería analizar por qué, habiendo fracasado todas las tentativas de un partido feminista, el resto de los partidos han decidido ponerse a su servicio, o por qué la “intelectualidad” masculina ha decidido aceptar esa visión antropológica del varón como “depredador” del género femenino o por qué, sin mayores explicaciones, se acepta que el feminismo aplique una doble vara de medir según la cual la mujer resulta víctima sin responsabilidad y el hombre verdugo sin remisión. Más enjundia si cabe tiene, el que una visión parcial y sectorializada del mundo como la que respresenta el género, una visión segregacionista y excluyente de la mitad de la población, haya llegado a convertirse en materia cultural y política indiscutibles.
En mi opinión el feminismo no busca la igualdad sino que pretende la demostración de que lo hecho por le hombre a la largo de la historia, desde las conquistas sociales a las culturales, desde Aristóteles a Mozart, desde la ciencia a la técnica, ha sido gracias al sometimiento de la mujer, y para ello se han propuesto darle la vuelta a la tortilla cambiando los términos de esa relación, porque como de nuevo dice Rosa Cobo en el mismo artículo “La paridad es uno de esos hechos políticos que señalan si un partido está en la senda de la modernidad y el progreso o si, por el contrario, elige dar la espalda a las mujeres en su forma de organizar las relaciones sociales y de entender la democracia</span>.” Es en ese contexto que cabe entender la frase de Francois Singly en el sentido de que la ciencia, la política o la informática no sean conquistas del género humano, que por tanto interesaría a todos cultivar, sino espacios donde el hombre se refugia para seguir ejerciendo su supremacía.
11 marzo, 2008
El feminismo abre las puertas a los hombres
Si el día 7 de marzo de 2008 escribía una entrada denunciando el sexismo feminista por excluir al hombre, el día 8 El País publicaba un reportaje titulado El feminismo abre la puerta a los hombres, que creo merece la pena leer por lo clarificador que resulta a efectos de entender el concepto instrumental que de los hombres tienen las feministas, ya que si no fue necesaria explicación en el 1979 para declararnos prescindibles, parece que tampoco hace falta ahora, que de nuevo nos consideran necesarios; también para entender lo que significa la militancia feminista.
Si vamos a esto último es revelador que Consuelo Abril diga, para referirse a la pasada legislatura, lo siguiente: “Muchas feministas han primado los intereses de su partido y el feminismo no se puede politizar”….. y más adelante, “Parece que hemos vuelto a la división de los setenta y la doble militancia”. Y tiene más interés si cabe porque, a veces, en tono acusador se habla de la complicidad masculina para no sé qué zancadillas a las mujeres. Queda claro que para esta señora y creo que para muchas otras la división partidaria puede que esté bien para otras cosas pero por favor que no se politice el feminismo, que cuando de los intereses de las mujeres se trata, todas juntas, como se demostró a lo largo de toda esta legislatura pasada y de continuo.
En relación con lo de abrir las puertas a los hombres, Empar Pineda dice que es necesario caminar en esa dirección “ya que no se puede tener el reloj parado en
Nos quisieron a su lado mientras no se consolidó el régimen democrático en nuestro país, y una vez conseguida la igualdad jurídica y despejada la perspectiva de otros derechos, el movimiento prescinde de los hombres, y ahora pasados casi 30 años, se dice que se abre la puerta de nuevo, aunque manifestando preferencia por los jóvenes, y sin que medie explicación de ningún tipo se nos pide que defendamos la legislación de género aprobada en la legislatura pasada hecha no sólo a espaldas de la sociedad, también claramente en contra del hombre y todo eso en el tono conminatorio del que hace gala María Espinosa “Es imprescindible que los hombres empiecen a actuar..” y para una labor tan subalterna como “Ellos deben apoyarnos aunque nosotras tengamos las riendas y marquemos el paso..”
En fin, mejor que lo leáis vosotros y saquéis vuestras propias conclusiones.
07 febrero, 2008
Retorno del privilegio
Escribe la señora Fernández de
Es cierto que la mera igualdad legal no corrige las diferencias reales que en la sociedad se producen, por lo que, en un estado de derecho, se hace necesario arbitrar medidas a favor de determinados colectivos. Pero también es cierto que esas medidas no debieran derivar nunca en diferencias de derechos entre las personas, o en una vuelta atrás, una vuelta al privilegio, tal como sucedía en el antiguo régimen donde los individuos gozaban de derechos en función del estamento al que pertenecían. Y esto, que sí es muy antiguo, más antiguo que el primer constitucionalismo, parece asomar con la batería de leyes de género aprobadas en la pasada legislatura y en las que, salvo algún detalle como el de las listas, el Partido Socialista y el Partido Popular estuvieron de acuerdo. Claro está que ahora el privilegio, y aquí utilizo el mismo término que la señora ministra, es por algo tan moderno como la adscripción a uno u otro género ( soy incapaz de discernir la diferencia con sexo).
En relación con las listas paritarias es cierto que el Tribunal Constitucional las considera perfectamente ajustadas a derecho, como consideraría las listas abiertas que, a mi modo de ver y creo que de mucha más gente, se ajustan mucho más a la esencia de una democracia donde el sexismo no sea la ley. Resumiendo, la señora de
15 enero, 2008
Polémica aborto
Hay que remontarse muchos años atrás para recordar algo así. De hecho ese fue el discurso del feminismo y las mujeres durantes decenios y también durante la Transición. Al menos, mientras no se alcanzó la igualdad jurídica, el divorcio y el aborto. En los últimos tiempos parecía sin embargo que, el único discurso que tenía cabida era el de que, los hombres si no constituiamos un obstáculo, al menos éramos el principal estorbo en el camino hacia la liberación de la mujer. !Con qué rapidez pueden cambiar algunos cosas¡
Y no es que crea que esto vaya a cambiar mucho la dialéctica del feminismo dominante pero, al menos, quiero dejar constancia de que ese discurso no sólo existió sino que, dependiendo de la coyuntura parece que se hace necesario recuperarlo. Hace bien pocas fechas en un informe semanal se presentó el antifranquismo como una lucha de las mujeres contra la dictadura de Franco y la dictadura de los maridos. Parece que se hiciera necesario recordar, que el antifranquismo fue un movimiento de hombres y mujeres pero, sobretodo de hombres, sin que atribuya yo a este hecho ningún valor especial, que luchó hasta conseguirlo por el restablecimiento de la democracia en nuestro país, restablecimiento que incluía no sólo la plena igualdad de la mujer, también derechos como los más arriba mencionados. Por eso resulta un sarcasmo oír las cosas que en los últimos tiempos el feminismo de género ha decidido propalar.
12 enero, 2008
Mientras las mujeres....
Y el título de las mismas bien podría ser: Mientras las mujeres se constituyen en clase social, entre los hombres se ha decretado… ¿la desbandada general? ¿el sálvese quien pueda? ¿mejor callar por prudencia? (poned aquí lo que consideréis más conveniente, me supongo que más de una respuesta será válida).
El que el feminismo de género utilice de forma poco rigurosa el marxismo para su teorización de los géneros no es óbice para que su planteamiento resulte de una extraordinaria efectividad. El factor más importante para definir y conformar una clase social es el de la conciencia de clase, la voluntad de constituirse en tal, y, a mi entender, en el momento presente, no hay duda de que las mujeres como colectivo, con sus diferentes grados de conciencia y sus matices y diferenciaciones es lo que están consiguiendo.
Como dice un amigo mío “todas son hermanas”, y en esto no hay ningún intención peyorativa, únicamente reseñar que, entre las mujeres hoy, el grado de solidaridad y entendimiento es altísimo y eso se manifiesta de múltiples maneras, desde la conversación más trivial entre parejas, al plano político, social o cultural. (A sensu contrario parece ínfima entre los hombres) Es más, parece que la bipolaridad hombre-mujer es capaz de ocuparlo todo y está consiguiendo desplazar cualquier otra contradicción, hasta el punto que la llamada “guerra de géneros” aparezca por todos los lados, desde el más elemental, al más elevado y como si de un corolario de la misma se tratara para el Gobierno ha desaparecido la idea de ricos y pobres y en su lugar sólo pudiésemos encontrar una sociedad cuarteada por razón de la edad, el sexo o cualquier otra circunstancia coyuntural.
Lo cierto es que, el feminismo y las mujeres hoy, acumulan un poder muy importante, particularmente en nuestro país, y eso sin que la sociedad sea plenamente consciente de ello pues, en no pocos casos, la imagen que se sigue transmitiendo de la misma es la de un ser desvalido y carente de poder. Imagen constantemente desmentida por cuanto índice objetivo existe, sea éste: el número de mujeres con título superior, el porcentaje de las que acaban sus estudios, las expectativas laborales y de vida de chicos y chicas, el ritmo y la calidad de los puestos de trabajo que ocupan, o el poder político, social y cultural que acumulan.
Y, en buena medida, todo esto permanece más en la penumbra que a la luz pública. Y en este caso parece difícil culpar a la sociedad patriarcal de esa invisibilidad. Resulta evidente que quienes más interés tienen en actuar así, son quienes más fuerza tienen en la dirección de estos cambios. A poder ser, que todo se haga sin demasiado ruido, evitando incluso aparecer como promotoras de tal o cual iniciativa. El principio que rige este comportamiento es más el de los resultados que el de la publicidad. No siempre la visibilidad es una ventaja y la invisibilidad una desventaja, como en más de una ocasión observamos en relación con estos temas.
Otro tanto de lo mismo sucede en el plano de las ideas. Aquello del valor del diálogo, la conversión, la controversia y el debate de ideas, un ideal de los que creíamos irrenunciable, parece ser otra de esas cosas que ha pasado a mejor vida, porque para nada el comportamiento del feminismo de género lo tiene en cuenta, pero tampoco parece que haya muchos que se lo reprochen. Unos cuantos desde esta pequeña trinchera que constituimos quienes queremos dar paso a otra manera de abordar estos asuntos.
Recientes estudios ponen de manifiesto que las mujeres no sólo son mayoría en la Educación y la Sanidad, también lo son en la Justicia y todo lo relacionado con el derecho, y con su influencia decisiva en los medios de comunicación y la reciente aprobación de Leyes como la de Divorcio, Igualdad, o la paridad electoral han ganado una preeminencia social creo que difícilmente discutible, aun cuando haya muchos y muchas que no se hayan dado cuenta o pretendan que los demás no nos demos cuenta.
En su momento habrá que valorar el privilegio del que gozan las organizaciones feministas de poder formar parte de las redacciones de los medios públicos de comunicación (también en los privados, aunque ahí ya a iniciativa de cada uno de ellos) y que con el pretexto de evitar la discriminación de la mujer, están provocando no sólo un desmesurado celo censor, -varias veces ha saltado este asunto a la opinión pública- sino que también están influyendo de forma decisiva en la concepción de la información y en general la programación de los medios públicos de comunicación.
Si a ello unimos el hecho de que la mujer posee derechos casi absolutos en lo relativo a los hijos y la casa, la imagen que se nos dibuja es bien distinta a la de ese ser esclavizado y subordinado de que nos habla el feminismo de género y, por el contrario, se nos aparecen amplios territorios gobernados por la mujer y celosamente guardados de cualquier intromisión masculina. Pienso, sin embargo, que si hiciésemos una encuesta en la calle pocos dirían que esto es lo que está pasando.
Un poco a título de anécdota citar que en el reportaje que hace unas semanas publicó El País semanal con el título de 40 por debajo de 40, una de las elegidas, abogada penalista cuenta cómo la profesión está copada por mujeres, diciendo: “No es raro que en un juicio seamos todas tías: juez, fiscal y abogadas”. Pero más lo es todavía la carta publicada en ese mismo medio el 25 de noviembre en la que una secretaria de juzgado habiéndose sentido olvidada por la penalista anterior añade “quiero sólo recordar que debía haber seguido enumerando el resto de personas que necesariamente hemos de estar en un juicio y que también somos mayoritariamente mujeres” para referirse según sus propias palabras a “las funcionarias o funcionarios del Cuerpo de Auxilio Judicial, junto a las abogadas/os y los procuradores o procuradoras.”
Pero muchas otras se podrían añadir. Conseguir contra el criterio de las aseguradoras y lo que dicta la teoría de costes que las primas de los seguros de enfermedad no puedan ser distintas para las mujeres, pero si lo puedan ser para el hombre otras primas, tal como tengo recogido en entradas precedentes, representa para mí algo más que una anécdota, como lo es que pueda ocupar la portada de los periódicos cualquier noticia que tenga que ver con el género, pero no la muerte en un mismo accidente laboral de seis trabajadores.
Lo que intento poner en claro es que lejos de la imagen de subordinación y carencia de poder de decisión que se nos transmite constantemente en relación con las mujeres, lo cierto es que esa subordinación no es tal y su posición en la sociedad les confiere un amplio poder, que va desde la decisión de gasto familiar en lo económico, a las importantes conquistas políticas con la legislación de género, pero también una importante influencia en las políticas de todo tipo desde la Educación, a la Sanidad y en general todas aquellas que tienen que ver con el presupuesto público… y el privado. De hecho las políticas de algunos ministerios han decidido declarar prioritarias las demandas de las mujeres y, en los últimos tiempos, los medios públicos de comunicación parecen puestos enteramente a su disposición.
En este momento parecen confluir toda una serie de factores históricos, sociales y culturales que inciden desde casi todos los ángulos en reforzar el papel y el poder de la mujer en la sociedad. La larga herencia del feminismo - de ese otro feminismo que despertó el apoyo de hombres y mujeres sin distinción- ;la terciarización de la economía y la sociedad, unido a otros factores de tipo político y cultural están consiguiendo en escasos años lo que pareció imposible durante decenios. Creo que en nuestro caso la propia concepción y funcionamiento de la Unión Europea contribuyeron de forma decisiva a catapultar al que Elisabeth Badinter denomina feminismo institucional, en el papel de visión dominante del feminismo, y en muchas de esas otras cosas que para bien o para mal caracterizan no sólo la situación de la mujer, también y sobretodo la situación del movimiento feminista en nuestro entorno.
Y en este tema el Gobierno del señor Zapatero ha procedido concediendo todo aquello que se le pedía y apoyando una legislación que en muchos aspectos va mucho más allá de la de países con larga trayectoria, particularmente los nórdicos. Como ya dije en algún otro sitio este país es un país de fundamentalistas de uno y otro signo y se ha pretendido pasar de la reserva espiritual de Occidente del franquismo, a campeones del feminismo de género del mundo mundial. Y los excesos de unos, se pretenden utilizar para tapar lo excesos de los otros, en un juego perverso que excluye, los matices, un poco o conmigo o contra mí.
Y ahora con la legislatura acabada y cuando se le han hecho a la Iglesia católica las mayores concesiones de todo el período democrático, pareciera como si todo aquel que no estuviera con el Gobierno tuviera que estarlo con la Iglesia. Y nada más lejos de la realidad. Es mi caso y me supongo el de la mayoría de los que me leéis. No estoy de acuerdo con Educación para la ciudadanía porque desee una clase de moral católica, estoy en contra de Educación para la ciudadanía porque se ha demostrado que no hay contenidos académicos, y al final se demuestra una concesión al feminismo de género, que en el último momento se tuvo que hacer extensiva a la Iglesia católica y otras sensibilidades, hasta el punto de que cada uno de los textos publicados no sólo sostiene postulados distintos en relación con los temas más espinosos sino que muchas veces son totalmente contradictorios. (En algún momento abordaré el hecho para mí innegable de las concomitancias entre la Iglesia y el feminismo de género. Entiéndase bien, en el sentido de polos opuestos que se atraen o extremos que se tocan).
De hecho toda la legislación relacionado con estos asuntos peca de excesiva, la ley del aborto lo está poniendo de manifiesto, pero también la de reproducción asistida, donde al contrario de lo que sucede con la legislación de otros países el bien jurídico a proteger no es la criatura que va a nacer, sino la madre. Pero, en general todas las aprobadas esta legislatura: violencia de género, divorcio, igualdad, …..En esto el Gobierno parece querer resarcirse de un pasado histórico bastante retrogrado y dispuesto a dictar la legislación más “progresista” del mundo mundial, dejando atrás lo que haga falta.
Claro que más bien se trata de un espejismo y los excesos como no puede ser de otro modo terminan aflorando ¡Y quedan muchos excesos por aflorar¡ También en el tema de la violencia de género pareciera que quisiéramos dar una lección al mundo y demostrar como este país de campeones es capaz de vencer esa lacra en tiempo récord. Lo cierto es que aún cuando la mayoría de los países desarrollados mantiene estadísticas de mujeres muertas por violencia superiores a las del nuestro, particularmente lo países nórdicos, pareciera que, poco menos, se nos quisiera hacer creer que este es un problema exclusivo de aquí y si hay que dar el puñetazo en la mesa y condenar a 50.000 hombres se hace y punto. Nuestro país es hoy de los europeos el de mayor población reclusa y a pesar del intenso ritmo de creación de cárceles éstas están absolutamente desbordadas. La muerte de mujeres, sin embargo, no remite y, más bien al contrario va en aumento año tras año.
Que una transformación social, y unos cambios tan brutales en la concepción del feminismo, no hayan sido leídos convenientemente por la “inteligencia” masculina, sorprende. Aunque no ha sido ese el caso de la femenina, hasta el punto de que la principal línea de pensamiento contra esta deriva la estén representando otras mujeres. Para entender dicha paradoja busco en mi propia experiencia qué pueda explicarlo y lo que encuentro es: por una lado, que casi todos simpatizamos con la causa feminista en algún momento y seguramente haya gente a la que le cueste hacer revisión de sus ideas, y por otro, al “modus operandi” del feminismo, donde al hecho de que la mujer aparece siempre como víctima, hay que unir esa forma interpuesta de actuar del feminismo, siempre con mediación de otros y como no, a la enorme marea de solidaridad que está generando hacia las mujeres la llamada violencia de género. Para los que conocimos el franquismo donde la legislación trataba a la mujer casada como menor, la simpatía hacia la causa de las mujeres y el feminismo en los ambientes democráticos y progresista estaba absolutamente extendida, por eso duele más escuchar ahora algunas de las cosas que se dicen.
Ahora bien, no enterarse de lo que ha llovido desde aquel momento, ni de cuanto ha cambiado la propia filosofía del feminismo, parece excesivo. De hecho en aquel momento el feminismo de género era poco más que alguna noticia aislada sobre el feminismo radical americano, ya que aquí lo que se practicaba era otra cosa que tenía mucho más que ver con el feminismo de la igualdad o liberal o como quiera llamársele, en cualquier caso, ese feminismo que no había puesto en su frontispicio “el hombre es el enemigo a batir” y que entendía que la conquista de una sociedad de iguales era cosa de mujeres pero también de hombres y, la diferencia no estaba entre los hoy llamados géneros, sino entre los y las que perseguían ese ideal y aquellos y aquellas que por el contrario querían mantener el statu quo, porque no se trataba tanto de un quítate tú para ponerme yo como de una conquista de civilización en la que hombres y mujeres pusiesen las bases de una sociedad de iguales.
En fin para no alargarme más gustaría dejar en el aire, una serie de preguntas:
- Por qué afirmaciones como la de que las mujeres ganan un 30% menos que los hombres se repiten una y otra vez, a pesar, de su comprobada falsedad, reconocida incluso por el ministro Caldera. Cómo es posible que se puedan repetir una y otra vez, ahora referidas a los sueldos de las directivas y, los medios de comunicación les den toda la credibilidad. Que hace que muchos profesionales, también los hay que no, dejen sin contestar estas afirmaciones
- Por qué las mujeres siguen planteando sus reivindicaciones como si aquí no hubiera pasado nada, como si estuviéramos igual que hace 30 años, y pudieran negarse todos los derechos conseguidos o que, en poco más de 20 años, representen el 40 % de la población activa del país, que su ritmo de incorporación al mercado laboral sea muy superior al de los hombres, que pueden autoexcluirse de los trabajos más duros y penosos, que son mayoría en la Universidad, que según sus propias declaraciones las expectativas laborales y de vida de las chicas superan ampliamente las de los chicos. Y también preguntarnos por qué todas estas realidades permanecen tan ocultas y lo que se impone es una dialéctica a cara de perro en la que pareciera que todo el espacio lo ocupa la violencia.
- Qué explica el silencio espeso por parte de los hombres en relación con estos temas. Por qué tantos tienen miedo a expresarse. Es aceptable que en la Europa del siglo XXI haya temas tabú. Y para mí no hay duda de que nos encontramos ante algo que quieren hacer tabú. Pero también, por qué los intentos de abrir una vía de debate por ejemplo Elisabeth Badinter con sus libros, o en España, los posicionamientos de la señora Sanahuja y en general de las autodenominadas “las otras feministas”, han tropezado con el más absoluto silencio por parte de ese feminismo, cuando no con la más severa reprimenda y amonestación para acabar en el mayor de los silencios. Por qué los intentos más serios de confrontar planteamientos ideológicos, también de denuncia de la deriva feminista están protagonizados por mujeres. Por qué algunos hombres en una actitud más papista que el Papa, se han convertido en valedores de algunos de los planeamientos más extremos de este feminismo.
- Qué explicaría que después de largos decenios de ayuda y colaboración entre los movimientos progresistas y el feminismo, particularmente los movimientos sociales y las organizaciones políticas progresistas y de izquierdas, ahora resulte que todo ese pasado de colaboración pretenda ser borrado y en su lugar aparezca un feminismo separatista y excluyente, que ha dictaminado que en este mundo hay dos clases, los hombres y las mujeres y quienes están capacitadas para interpretar los deseos e intereses de las mujeres son ellas, particularmente frente a los hombres, quienes si no desean ser pisoteados por la historia deberán seguir a pies juntillas sus dictados.
- Finalmente, decir que todo lo anterior llama más la atención si tenemos en cuenta que no estamos hablando de un debate meramente intelectual o filosófico, sino de doctrina que se han plasmado en leyes y se ha introducido en la vida administrativa y política sin opción alguna a expresar acuerdo o desacuerdo. Sólo a título de anécdota decir que estos días he tenido que cumplimentar un impreso oficial y en la casilla en la que tradicionalmente aparecía aquello de “sexo” lo que me he encontrado es la expresión “género”.
17 noviembre, 2007
100
Un poco por casualidad me he dado cuenta que esta es la entrada número 100 del blog y aunque no haya grandes cosas que celebrar, quiero aprovecharla para animaros a continuar en esta verdadera tarea de pioneros y, cómo no, a perderle el miedo a expresarse abiertamente. Bastante lamentable es que muchos hombres permanezcan mudos por miedo a represalias. La libertad como siempre hay que ganarla ejerciéndola. Lástima que no parezca formar parte del ideario feminista el debate abierto y democrático.
En mi caso, y como ya dije en algún otro sitio, el pasar de la cincuentena me da una perspectiva de las cosas muy difícil de arrebatarme (de otro modo lo tendría crudo) o de tergiversar, porque es mi propia biografía y, en relación con ella, de algunas cosas estoy seguro, como de que hubo muchos momentos en los que no he dudado en ponerme del lado de cuantas demandas de las mujeres me parecieron justas, como seria reescribir la historia negar que en el ideario de todos los que participamos en el combate contra el franquismo y por las libertades no sólo pensábamos en la libertad de expresión, o en la legalización de los sindicatos, también en la plena igualdad jurídica de hombres y mujeres, en leyes como la del divorcio y tantas otras que hicieran real esa igualdad, y en ese combate estábamos juntos hombres y mujeres y mujeres y hombres y no precisábamos para nada del género para saber ponernos en el lugar del otro, en mi caso de la otra.
Por eso descubrir 20 años más tarde que uno por ser un varón pertenece a un grupo dominador y abusador, un grupo cuya vocación es mantener sometidas a las mujeres, un ser que lo mejor que se puede hacer con él es cambiarle su naturaleza, me parece un sarcasmo inadmisible, que como no puede ser de otro modo estoy decidido a combatir, y al servicio de esa idea he puesto este blog.
En relación con la “igualdad” hay muchos tabúes y no es el menor la autocensura y el miedo con el que muchos hombres afrontan la idea de pronunciarse sobre las muchas injusticias que a diario se viven en relación con tantos asuntos con ella relacionados.
Es un tabú el hecho mismo de que nadie, y con ese nadie me refiero a alguien realmente relevante en el panorama político, social o cultural, se haya decidido a ponerle voz a tanto silencio, se haya decidido a ponerle voz y freno a tanto dislate. Es difícil entender, en un país en el que cualquier cosa puede ser motivo de controversia y de debate, el silencio espeso que sobre estos asuntos reina y donde de escucharse alguna voz, siempre es del mismo lado. Aquí si que parece vigente un pacto de silencio, como si las palabras pudieran desbaratar tanto tinglado.
Pero de lo que no me cabe duda es de que la pequeña brecha que estamos abriendo, el pequeño espacio de libertad que estamos creando no puede más que ensancharse y crecer, porque no es sólo ya que se estén cometiendo injusticias cada día contra el hombre y eso no deba permanecer callado es que, aunque así no fuera, en un momento como el presente en el que a la sociedad se le está dando una vuelta como de calcetín, no debe suceder que los hombres permanezcamos mudos y en silencio.
11 diciembre, 2005
Algunas paradojas del feminismo
3. Nació como movimiento progresista con vocación de masas; hoy prefiere comportarse como un lobby al amparo de las instituciones. (Feminismo institucional)
4. Nació con vocación de superación de los roles, pero hoy buena parte del mismo pretende hacer de la maternidad el signo de la superioridad moral de la mujer. En cuanto a los roles sociales la mujer se está incorporando al trabajo social, pero el mercado de trabajo sigue profundamente dividido, y en ese reparto el hombre se lleva la peor parte, los trabajos más duros y arriesgados, y prácticamente la totalidad de los accidentes graves y la mortalidad laboral, con más de 1.000 muertes al año. Al igual que sucedió históricamente, el papel de seguridad: bomberos, policía, militares, etc. corre por cuenta del hombre. El hombre se incorpora al trabajo antes, de forma más inexorable y se retira más tarde y, generalmente, es el miembro de la pareja que más horas trabaja fuera de casa. Por término medio los hombres trabajan entre 2 y 3 horas más que la mujer. Hoy el papel de proveedor puede estar dividido pero al hombre se le exige siempre.
5. Nació combatiendo el sexismo de las sociedades solo de hombres, hoy no paran de aparecer asociaciones exclusivamente de mujeres, y lo que quizá sea peor, llevando esta sexismo al ámbito de las instituciones públicas y los aparatos del Estado: Instituto de la mujer, Consejería de la mujer, Concejalías de la mujer, etc. El propio feminismo es una movimiento separatista y exclusivo de mujeres.
6. Nació buscando el apoyo y la solidaridad de los hombres y en muchos casos la encontró. Hoy buena parte del movimiento considera al hombre el enemigo a batir.
7. Nació denunciando el sexismo del lenguaje. Hoy es una de sus mejores armas. Nada les está dando más réditos a todos los niveles que el concepto de género.
8. Denuncia el silencio en que se mantuvo históricamente a la mujer, pero buena parte de sus estudios sociológicos realizados por organizaciones feministas (y financiados en la mayoría de los casos con fondos públicos) ignoran la existencia del hombre o lo masculino, cuando no, lo usan como pura referencia negativa. Véanse por ejemplo los realizados por el Instituto de la Mujer.
9. Nació denunciando la ausencia de derechos de la mujer, hoy, sin embargo, apoya esa privación de derechos para el hombre. Por ejemplo, derechos sobre la reproducción en los que al hombre no se le reconoce ninguno. O en relación con los hijos dónde la legislación y la práctica jurídica van cada día más en la dirección de que los hijos son de las madres, aunque la privación de derechos para el padre que eso supone, no implica nunca merma de las obligaciones. Pero no queda ahí en muchos otros terrenos se está produciendo esa erosión de derechos para el hombre.
10. Estas 10 paradojas se resumen en dos: de la igualdad a la desigualdad pasando por la diferencia y de una causa justa a la defensa del privilegio.