En nuestro país hay 3.000.000 de niños hijos de padres separados, que en su inmensísima mayoría, sólo ven a su padre dos fines de semana al mes. En nuestro país, el sistema educativo, que hace aguas por todas partes, produce un 17 % de niñas que no alcanzan el graduado en ESO y un 33% de niños, uno de los porcentajes más altos de la OCDE y también uno de los mayores diferenciales entre niños y niñas. En nuestro país el número de mujeres con título universitario es superior al de hombres, y no deja de crecer el diferencial de tituladas a favor de ellas. En nuestro país se ha producido una auténtica revolución con la incorporación masiva de las mujeres al mundo laboral. En sectores como la administración, la enseñanza o la justicia son mayoría.
Nada de esto hubiera sido posible sin el concurso de muchos hombres y muchas instituciones dirigidas por hombres, y una mayoría favorable a esos cambios.
En nuestro país las mujeres no sólo gozan de los mismos derechos que los hombres, sino que, a través de los mecanismos de promoción especiales gozan, en las instituciones y las organizaciones progresistas, de una representación muy incrementada en relación con su militancia o activismo, político o sindical. Para completar este panorama, las reformas llevadas a cabo por este Gobierno: ley contra la violencia de género, discriminación positiva, paridad electoral que se contempla en la nueva ley de igualdad, unidas a otras medidas en múltiples niveles de la administración y en multitud de ámbitos, incluida, claro está, la medio administración paralela de la que gozan con financiación pública, convertirán si no lo han hecho ya la pretendida situación de inferioridad de la mujer en una situación que creo es difícil negar de prevalencia o privilegio.
Podría seguir describiendo el panorama social y político de la realidad de los sexos hoy, pero creo que con las pinceladas anteriores bastará para lo que diré a continuación.
Primero, que en un contexto como el anterior haya organizaciones que, un día sí y otro también, no paren de reclamar nuevas atenciones para las mujeres y de señalar circunstancias que nos presentarían la situación de la mujer como un ser profundamente discriminado y vejado, revela la insaciabilidad de ciertas organizaciones, situadas por lo demás en las más altas instancias del poder y que en muchos casos han hecho de esta reivindicación su medio de vida.
Segundo, que en un contexto como éste, en el que, por ejemplo, sobre la reproducción todos los derechos corresponden a la mujer; la paternidad como derecho, deja de serlo en cuanto el hombre se separa de su compañera; la discriminación en la ley y los juzgados hacia el hombre está a la orden del día, y donde la masculinidad se ha convertido en el primer objeto de mofa para los publicitarios y los guionistas de televisión, insistir en la sospecha de que el hombre que manifieste claramente su desacuerdo con todas estas cosas, no puede ser más que un pervertido o un machista, conviene ir dejándolo atrás, porque los motivos que tenemos para denunciar ciertos atropellos, estarían más que justificados, con muchas menos de las razones que, a diario, tenemos para reclamar nuestros derechos y nuestra dignidad.
Todo lo anterior para nada tiene que estar en contradicción con que seamos los primeros en condenar las actitudes violentas de los hombres o en considerar que nuestra lucha y la de las mujeres maltratadas están en la misma dirección, pues defender los derechos y la dignidad de los hombres, no sólo nos reclama esa actitud, nos la exige. Pero, también, con la misma fuerza decimos que seguiremos denunciando la manipulación, cuando no la ocultación, de la violencia ejercida contra los hombres, bajo el pretexto de que no se trata de violencia de género, como si, alguien a quien le han dado un sartenazo en la cabeza para despertarlo, lo sintiera menos por pertenecer a uno u otro sexo. Como seguiremos denunciando la clara discriminación en el terreno laboral, tanto por los sectores en los que trabaja, como por la duración de la jornada laboral, o la imposibilidad manifiesta de conciliar vida laboral y familiar y que ahora aparece ne un segundo plano en relación con la urgencia en atender la situación de las mujeres.
Finalmente decir, que estos objetivos legítimos e irrenunciables por parte de los hombres, están en perfecta consonancia con los objetivos históricos del feminismo y la lucha por la igualdad y la no discriminación por razón de sexo. Así lo vengo constatando desde hace mucho tiempo, y puedo decir con completa rotundidad no sólo que, asumo como propio el contenido de “Por mal camino” de Elisabeth Badinter, o la carta al director de El País de las 150 mujeres y organizaciones de mujeres que protestaban ante quienes pretenden presentarse como el único feminismo, o las posiciones de la señora Sanahuja, y tanta otra gente que día a día entiende que la deriva actual del feminismo no nos lleva por buen camino. Por eso pediría desde aquí, que se deje de cuestionar la legitimidad o el carácter progresista y democrático de quienes venimos luchando por la igualdad, no desde hace cuatro días, cuando descubrimos el giro fundamentalista y radical de cierto feminismo, sino desde mucho antes, cuando hubo que pelear por las conquistas más elementales como la plena igualdad de derechos, el divorcio o el aborto y tantas y tantas cosas de las que, en mi caso particular, me considero tan coautor como el primero o la primera.
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
18 febrero, 2006
09 febrero, 2006
Noticia de La Vanguardia.
El TC admite una cuestión de inconstitucionalidad por discriminación del varón en la ley de violencia de género
La norma establece un agravamiento de la pena en el caso de que el agresor sea un hombre y la víctima una mujer
El TC ha admitido a trámite la cuestión de inconstitucionalidad planteada por una juez de Murcia contra el precepto de la ley integral de violencia de género que establece un agravamiento de la pena en el caso de que el agresor sea un hombre y la víctima una mujer. En la providencia dictada por la sección tercera del TC se admite a trámite la cuestión que planteó la juez María Poza, titular del juzgado de lo penal número 4 de Murcia, pese al criterio contrario de la Fiscalía, que solicitó la inadmisión al entender que el agravamiento de penas para los varones resultaba constitucional debido a la "posición desventajosa de las mujeres". El Constitucional, que acuerda "tener por formulada" esa posición contraria de la Fiscalía, ha dado un plazo de quince días al Gobierno, al Congreso, al Senado y al fiscal general del Estado para que puedan presentar alegaciones. La juez, que presentó hasta dos cuestiones de inconstitucionalidad contra la citada ley, cuestiona la constitucionalidad de que la norma introduzca en el artículo 153.1 del Código Penal un agravamiento del castigo por maltrato "cuando la ofendida sea o haya sido esposa, o mujer que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aún sin convivencia...". La titular del juzgado murciano entiende que pueden quedar vulnerados los artículos 10, 14 y 24.2 de la Constitución Española, relativos a los derechos fundamentales, a la no discriminación por razón de sexo y al derecho a la Justicia. Esa "discriminación positiva", que supone que coacciones o lesiones leves sean delitos en vez de faltas cuando el autor es un hombre y la víctima una mujer, su pareja o ex pareja, ha sido desde el inicio de su tramitación el aspecto más polémico de esta ley y fue criticada por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que emitió un informe contrario al texto del anteproyecto, aunque por un solo voto de diferencia.No sólo la citada juez de Murcia ha recurrido al Constitucional en relación con este asunto, ya que fuentes jurídicas cifran en más de una veintena las cuestiones presentadas por los titulares de otros juzgados de toda España, tanto contra la redacción del artículo 153.1 del Código Penal, como con la del 174.1, que establece idéntico agravamiento para el caso de las amenazas.
La norma establece un agravamiento de la pena en el caso de que el agresor sea un hombre y la víctima una mujer
El TC ha admitido a trámite la cuestión de inconstitucionalidad planteada por una juez de Murcia contra el precepto de la ley integral de violencia de género que establece un agravamiento de la pena en el caso de que el agresor sea un hombre y la víctima una mujer. En la providencia dictada por la sección tercera del TC se admite a trámite la cuestión que planteó la juez María Poza, titular del juzgado de lo penal número 4 de Murcia, pese al criterio contrario de la Fiscalía, que solicitó la inadmisión al entender que el agravamiento de penas para los varones resultaba constitucional debido a la "posición desventajosa de las mujeres". El Constitucional, que acuerda "tener por formulada" esa posición contraria de la Fiscalía, ha dado un plazo de quince días al Gobierno, al Congreso, al Senado y al fiscal general del Estado para que puedan presentar alegaciones. La juez, que presentó hasta dos cuestiones de inconstitucionalidad contra la citada ley, cuestiona la constitucionalidad de que la norma introduzca en el artículo 153.1 del Código Penal un agravamiento del castigo por maltrato "cuando la ofendida sea o haya sido esposa, o mujer que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aún sin convivencia...". La titular del juzgado murciano entiende que pueden quedar vulnerados los artículos 10, 14 y 24.2 de la Constitución Española, relativos a los derechos fundamentales, a la no discriminación por razón de sexo y al derecho a la Justicia. Esa "discriminación positiva", que supone que coacciones o lesiones leves sean delitos en vez de faltas cuando el autor es un hombre y la víctima una mujer, su pareja o ex pareja, ha sido desde el inicio de su tramitación el aspecto más polémico de esta ley y fue criticada por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que emitió un informe contrario al texto del anteproyecto, aunque por un solo voto de diferencia.No sólo la citada juez de Murcia ha recurrido al Constitucional en relación con este asunto, ya que fuentes jurídicas cifran en más de una veintena las cuestiones presentadas por los titulares de otros juzgados de toda España, tanto contra la redacción del artículo 153.1 del Código Penal, como con la del 174.1, que establece idéntico agravamiento para el caso de las amenazas.
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¿Igualdad?
En relación con la brecha salarial del post anterior, decir que ese dato del 30 % coincide con la información de la Agencia tributaria que publicaba, entre otros, El País de 11 de enero 2006 con el titular de: Los hombres declaran a Hacienda un salario medio un 30% superior al de las mujeres, y un subtitular que decía: El sueldo medio anual de los madrileños es un 70 % más alto que el de los extremeños. Si esto es así y todo apunta en esa dirección, hay que decir que ese dato no es ni más ni menos que el resultado de dividir las rentas salariales declaradas por los hombres entre el número de ellos y compararlo con las renta salarial media declarada por las mujeres. Otro tanto sucede con la comparación entre el sueldo medio de los extremeños y el de los madrileños.
Que un dato tan tosco como ese, que no tiene en cuenta, ni categorías profesionales, ni antigüedad, ni duración de la jornada laboral, ni sectores productivos, etc. se presente como medida de la discriminación salarial de las mujeres, no puedo entenderlo más que como fruto de un alineamiento completamente acrítico con las tesis del feminismo de género dispuesto, una vez abandonada cualquier idea de igualdad, a sostener el privilegio a costa de lo que sea, la estadística, las garantías jurídicas, la desigualdad penal, etc. De hecho aún cuando la brecha salarial entre extremeños y madrileños es superior a la que separa a hombres y mujeres, sólo en este último caso se analiza como discriminatoria. El por qué se me escapa, en cualquier caso, supone una doble vara de medir que algo debe indicar.
Para los que dan como bueno un dato como ése les formularía dos preguntas, la primera y más evidente sería, si no urge más resolver la discriminación de los extremeños por ser mayor, pues en su caso la brecha es del 70 %, o bien, si lo justo no sería que cobrase lo mismo quien trabaja 6 horas que quien lo hace 8, incluso yendo más lejos preguntar por qué, cada uno de nosotros, no puede reclamar el sueldo de un director general de multinacional, en aras de la igualdad y no discriminación, pues para todos los casos, la falta de criterio sería la misma.
No es de recibo que en nombre de una pretendida igualdad de género, nos carguemos las garantías jurídicas para el varón, la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, se invierta la carga de la prueba, nos carguemos incluso, las reglas de la estadística y creo que algo más que de la estadística y encima se pretenda que los hombres nos estemos callados contemplando como se nos hace responsables de todo cuanto de malo sucede en esta sociedad. Haría falta estar muy ciego para no ver en todo ello un atropello. Lo que no descarto es que en nuestro país haya muchos ciegos.
Que un dato tan tosco como ese, que no tiene en cuenta, ni categorías profesionales, ni antigüedad, ni duración de la jornada laboral, ni sectores productivos, etc. se presente como medida de la discriminación salarial de las mujeres, no puedo entenderlo más que como fruto de un alineamiento completamente acrítico con las tesis del feminismo de género dispuesto, una vez abandonada cualquier idea de igualdad, a sostener el privilegio a costa de lo que sea, la estadística, las garantías jurídicas, la desigualdad penal, etc. De hecho aún cuando la brecha salarial entre extremeños y madrileños es superior a la que separa a hombres y mujeres, sólo en este último caso se analiza como discriminatoria. El por qué se me escapa, en cualquier caso, supone una doble vara de medir que algo debe indicar.
Para los que dan como bueno un dato como ése les formularía dos preguntas, la primera y más evidente sería, si no urge más resolver la discriminación de los extremeños por ser mayor, pues en su caso la brecha es del 70 %, o bien, si lo justo no sería que cobrase lo mismo quien trabaja 6 horas que quien lo hace 8, incluso yendo más lejos preguntar por qué, cada uno de nosotros, no puede reclamar el sueldo de un director general de multinacional, en aras de la igualdad y no discriminación, pues para todos los casos, la falta de criterio sería la misma.
No es de recibo que en nombre de una pretendida igualdad de género, nos carguemos las garantías jurídicas para el varón, la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, se invierta la carga de la prueba, nos carguemos incluso, las reglas de la estadística y creo que algo más que de la estadística y encima se pretenda que los hombres nos estemos callados contemplando como se nos hace responsables de todo cuanto de malo sucede en esta sociedad. Haría falta estar muy ciego para no ver en todo ello un atropello. Lo que no descarto es que en nuestro país haya muchos ciegos.
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08 febrero, 2006
Igualdad por Ley
Editorial de El País de 8/2/2006 Igualdad por Ley
“La llamada Ley de Garantía de la Igualdad entre Hombres y Mujeres, anunciada desde hace meses por el Gobierno, no es una ley de género, puesto que busca erradicar las situaciones de desigualdad en ambos sexos, pero obviamente afecta sobre todo a las mujeres por ser las que más discriminación padecen.”
“Las medidas que propone el borrador no parecen inviables, tanto en lo referente a la igualdad retributiva -la brecha salarial ronda ahora el 30%- como a la conciliación de la vida laboral y familiar -con plena corresponsabilidad entre hombres y mujeres- y la flexibilización de los horarios de trabajo.”
“Pero resulta chocante que en las denuncias de discriminación por razón de sexo la carga de la prueba corresponda a la parte denunciada, es decir a la empresa, y no al denunciante o trabajador. Ello puede deberse a la desigualdad entre las partes, que aconseja exigir a la que dispone de más información la explicación de los motivos de la medida supuestamente discriminatoria. Pero es una medida que puede dar lugar a abusos y que ejemplifica la necesidad de cautelas y de prudencia para evitar excesos que podrían ocasionar situaciones de indefensión.”
He entresacado del editorial de hoy de El País titulado Igualdad por Ley, estos tres párrafos, porque me parecen muy interesantes cada uno de ellos.
El primero porque viene muy a cuento de algo de lo que hablamos aquí, en relación con la perspectiva de género. Obsérvese el párrafo que dice que no se trata de una ley de género,...... Es decir, para la perspectiva de género sólo la mujer puede ser objeto de medidas correctoras de desigualdad.
El segundo no acabo de entenderlo en un periódico generalmente solvente como es El País. La brecha salarial es tan cierta como aquella que dice que un trabajador madrileño gana un 70 % más que un extremeño. Me gustaría saber por que no se plantea también su corrección por ley.
Finalmente el último párrafo deja al descubierto que algo que ya viene sucediendo en la relación hombre mujer, como es la inversión de la carga de la prueba se extiende también al ámbito de la empresa. Para mi una legislación de ese tipo ni es igualitaria ni tan siquiera merece el nombre de democrática, no sé que pensáis vosotros.
“La llamada Ley de Garantía de la Igualdad entre Hombres y Mujeres, anunciada desde hace meses por el Gobierno, no es una ley de género, puesto que busca erradicar las situaciones de desigualdad en ambos sexos, pero obviamente afecta sobre todo a las mujeres por ser las que más discriminación padecen.”
“Las medidas que propone el borrador no parecen inviables, tanto en lo referente a la igualdad retributiva -la brecha salarial ronda ahora el 30%- como a la conciliación de la vida laboral y familiar -con plena corresponsabilidad entre hombres y mujeres- y la flexibilización de los horarios de trabajo.”
“Pero resulta chocante que en las denuncias de discriminación por razón de sexo la carga de la prueba corresponda a la parte denunciada, es decir a la empresa, y no al denunciante o trabajador. Ello puede deberse a la desigualdad entre las partes, que aconseja exigir a la que dispone de más información la explicación de los motivos de la medida supuestamente discriminatoria. Pero es una medida que puede dar lugar a abusos y que ejemplifica la necesidad de cautelas y de prudencia para evitar excesos que podrían ocasionar situaciones de indefensión.”
He entresacado del editorial de hoy de El País titulado Igualdad por Ley, estos tres párrafos, porque me parecen muy interesantes cada uno de ellos.
El primero porque viene muy a cuento de algo de lo que hablamos aquí, en relación con la perspectiva de género. Obsérvese el párrafo que dice que no se trata de una ley de género,...... Es decir, para la perspectiva de género sólo la mujer puede ser objeto de medidas correctoras de desigualdad.
El segundo no acabo de entenderlo en un periódico generalmente solvente como es El País. La brecha salarial es tan cierta como aquella que dice que un trabajador madrileño gana un 70 % más que un extremeño. Me gustaría saber por que no se plantea también su corrección por ley.
Finalmente el último párrafo deja al descubierto que algo que ya viene sucediendo en la relación hombre mujer, como es la inversión de la carga de la prueba se extiende también al ámbito de la empresa. Para mi una legislación de ese tipo ni es igualitaria ni tan siquiera merece el nombre de democrática, no sé que pensáis vosotros.
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Ley igualdad
28 enero, 2006
Quo vadis?
Que personajes que dicen estar ahí para expurgar al hombre de su sentido violento, no duden en recurrir al insulto con demasiada frecuencia, que personas que dicen estar ahí para deconstruir al viejo hombre forjado en los esquemas del patriarcado recurran a la mentira, a la censura, al ejercicio de la mayor de las prepotencias impidiendo que se pueda expresar quien en justo debate les está derrotando dialécticamente y, quizá, éticamente, que alguno de los que proclama todo esto, aprovechando el escrito angustiado de un joven de 21 años, que ha sido padre a su pesar, y que se siente confuso y desorientado sobre las exigencias de su compañera, en lugar de una contestación, le brinde un ejercicio de entomología, debieran ser motivos suficientes para en un ejercicio de autocrítica decidir cambiar el rumbo. Pero si esto no se hace, y ese trabajo de entomología concluye que de lo que se trata en su caso es de violencia de género, y como única respuesta le propone la sumisión a su pareja, es para interrogarse en que tipo de creencia ideológica se está que tanto puede equivocar el diagnóstico de la situación y la recomendación que se propone. Si además se usan los términos y los conceptos sin control y a pesar de la poca empatía que uno muestra hacia quien le pide opinión, no para de acusar a los demás de falta de empatía hacía la mujer, y de denuncia de su invisibilidad, sin que en ningún momento esa invisibilidad se perciba, sencillamente, es para preguntarse como es posible tanto desatino.
Ni la invisibilidad, ni la violencia de género quedan patentes por ningún lado, pues sea cual sea el momento que se escoja para analizar, la situación de inferioridad es la de él. El día del encuentro amoroso porque si no es disculpable su imprudencia al no usar ningún sistema anticonceptivo, no lo es menos la de ella, para quien no puede quedar duda de que no sólo no hay preservativo, tampoco píldora; cuando decide tener el hijo, porque es una decisión que sólo ella toma y ni tan siquiera parece que lo haga después de haberlo discutido con él y, finalmente, cuando decide irse a casa de sus padres, con el hijo de ambos, y con la exigencia de boda, porque la situación no es fruto de la voluntad de él sino de la de ella. Solo considerándola a ella como menor de edad o como incapaz para el ejercicio de su responsabilidad es posible hablar de violencia de género en este caso. Que el caso le sirva además para proclamar que el 70% de los hombres ante situaciones semejantes cometen violencia de género, nos da idea del grado de confusión mental y de carencia del más elemental sentido de la justicia y la equidad de personajes de este tipo que, por lo demás, no dudan en cometer a cada paso los “pecados” que dicen combatir.
Así, habla de falta de empatía ante la situación de ella, pero él no sólo incurre en esa falta de empatía hacia Juan, que es quien pide consejo, sino que escribe, como más arriba dije, como un entomólogo que analiza el comportamiento de un bicho raro desde la distancia del laboratorio, no dudando en acusar de violencia de género, a una persona que vive con angustia la disyuntiva en la que su compañera lo coloca al forzarlo a elegir entre casarse, o renunciar a ella y a su hijo.
En cuanto a quienes no dudan en recurrir a eufemismos indecentes para disculpar la censura, las mentiras sin cuento y el ejercicio de la prepotencia sin límite, sólo decirles que la ceguera ideológica puede ser mucha, pero confundir al verdugo con la víctima, a quien censura con quien es censurado, o disculpar la mentira, no son mimbres con los que se pueda construir el cesto de una sociedad más justa, superadora de las insuficiencias en las que estamos, sino más bien obstáculos para que eso pueda ser posible.
¿En qué lugar expenden títulos que conducen a diagnósticos tan equivocados? ¿Estas son las gentes que quieren ser protagonistas de una sociedad sin discriminación? ¿Es este el sentido de la justicia y la equidad que se espera reine en los tiempos venideros?
Ni la invisibilidad, ni la violencia de género quedan patentes por ningún lado, pues sea cual sea el momento que se escoja para analizar, la situación de inferioridad es la de él. El día del encuentro amoroso porque si no es disculpable su imprudencia al no usar ningún sistema anticonceptivo, no lo es menos la de ella, para quien no puede quedar duda de que no sólo no hay preservativo, tampoco píldora; cuando decide tener el hijo, porque es una decisión que sólo ella toma y ni tan siquiera parece que lo haga después de haberlo discutido con él y, finalmente, cuando decide irse a casa de sus padres, con el hijo de ambos, y con la exigencia de boda, porque la situación no es fruto de la voluntad de él sino de la de ella. Solo considerándola a ella como menor de edad o como incapaz para el ejercicio de su responsabilidad es posible hablar de violencia de género en este caso. Que el caso le sirva además para proclamar que el 70% de los hombres ante situaciones semejantes cometen violencia de género, nos da idea del grado de confusión mental y de carencia del más elemental sentido de la justicia y la equidad de personajes de este tipo que, por lo demás, no dudan en cometer a cada paso los “pecados” que dicen combatir.
Así, habla de falta de empatía ante la situación de ella, pero él no sólo incurre en esa falta de empatía hacia Juan, que es quien pide consejo, sino que escribe, como más arriba dije, como un entomólogo que analiza el comportamiento de un bicho raro desde la distancia del laboratorio, no dudando en acusar de violencia de género, a una persona que vive con angustia la disyuntiva en la que su compañera lo coloca al forzarlo a elegir entre casarse, o renunciar a ella y a su hijo.
En cuanto a quienes no dudan en recurrir a eufemismos indecentes para disculpar la censura, las mentiras sin cuento y el ejercicio de la prepotencia sin límite, sólo decirles que la ceguera ideológica puede ser mucha, pero confundir al verdugo con la víctima, a quien censura con quien es censurado, o disculpar la mentira, no son mimbres con los que se pueda construir el cesto de una sociedad más justa, superadora de las insuficiencias en las que estamos, sino más bien obstáculos para que eso pueda ser posible.
¿En qué lugar expenden títulos que conducen a diagnósticos tan equivocados? ¿Estas son las gentes que quieren ser protagonistas de una sociedad sin discriminación? ¿Es este el sentido de la justicia y la equidad que se espera reine en los tiempos venideros?
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26 enero, 2006
Santa Inquisicion
Henry Kamen al analizar el influjo de la Inquisición en España, señala que ésta no fue tan perniciosa por la gente que mandó a la hoguera, con lo terrible del dato, como por el ambiente de temor, represión y autocensura que creó entre las gentes y que pervivió durante siglos. Así, mientras el resto de Europa rompía la idea de que el monopolio de la verdad lo tenía la Iglesia, y emprendía un camino en el que la ciencia y el pensamiento filosófico se desarrollaban, este país quedó atado al pensamiento religioso sin posibilidad de que el librepensamiento y la ciencia pudieran desarrollarse, hundiéndonos cada vez más no sólo en la pobreza intelectual y científica, también en la pobreza económica y el desarrollo social. Recuperar el derecho a pensar y a expresar el pensamiento costó sangre, sudor y lágrimas durante todo el siglo XIX y el XX. Siendo este período de 25 años que llevamos de democracia postfranquista, el más largo de los últimos 200 años.
Parece, sin embargo, que aquel ambiente de represión e intolerancia, ahora quiere ser recuperado por ciertos profeministas que, incapaces de sostener a la luz del debate y la confrontación de ideas sus rancios e impresentables postulados, recurren a las más abjectas artimañas y los más inverosímiles pretextos para evitar un debate abierto y democrático sobre lo que haya de entenderse por igualdad de sexos, y toda la problemáticas con ella relacionada. De hecho leyendo a alguno de sus portavoces cualquiera creería por el tono y el contenido que, más se está refiriendo a una verdad revelada que, a una cuestión que no puede sustraerse a la opinión del común de los mortales. Igualmente sus malos modos, su arrogancia, su prepotencia, su capacidad para soltar los insultos más indecentes, parece más, fruto de alguien que se considera en posesión de una verdad absoluta y de carácter sagrado, que de una idea como todas las de este mundo, válida sólo mientras se demuestre mejor que las otras, pero con el carácter relativo y necesariamente temporal de todas las ideas, mucho más si están ligadas, como es el caso, a posiciones ideológicas y estas su vez a intereses, algunos más decentes que otros.
Lo que no sé si saben es que con esta actitud lo que hacen es evidenciar la bajeza de su métodos y la pobreza de sus argumentos, al tiempo que muestran que la distancia entre el mensaje que dicen defender (no a la violencia) no puede más que quedar en entredicho teniendo en cuenta las demasiadas ocasiones en que recurren a la violencia verbal y a unos métodos de censura que se argumente lo que se argumente fueron siempre fruto de los reaccionarios y los que defendían intereses espurios.
Parece, sin embargo, que aquel ambiente de represión e intolerancia, ahora quiere ser recuperado por ciertos profeministas que, incapaces de sostener a la luz del debate y la confrontación de ideas sus rancios e impresentables postulados, recurren a las más abjectas artimañas y los más inverosímiles pretextos para evitar un debate abierto y democrático sobre lo que haya de entenderse por igualdad de sexos, y toda la problemáticas con ella relacionada. De hecho leyendo a alguno de sus portavoces cualquiera creería por el tono y el contenido que, más se está refiriendo a una verdad revelada que, a una cuestión que no puede sustraerse a la opinión del común de los mortales. Igualmente sus malos modos, su arrogancia, su prepotencia, su capacidad para soltar los insultos más indecentes, parece más, fruto de alguien que se considera en posesión de una verdad absoluta y de carácter sagrado, que de una idea como todas las de este mundo, válida sólo mientras se demuestre mejor que las otras, pero con el carácter relativo y necesariamente temporal de todas las ideas, mucho más si están ligadas, como es el caso, a posiciones ideológicas y estas su vez a intereses, algunos más decentes que otros.
Lo que no sé si saben es que con esta actitud lo que hacen es evidenciar la bajeza de su métodos y la pobreza de sus argumentos, al tiempo que muestran que la distancia entre el mensaje que dicen defender (no a la violencia) no puede más que quedar en entredicho teniendo en cuenta las demasiadas ocasiones en que recurren a la violencia verbal y a unos métodos de censura que se argumente lo que se argumente fueron siempre fruto de los reaccionarios y los que defendían intereses espurios.
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16 enero, 2006
Igualdad asimétrica
En principio concebí este blog para hablar exclusivamente de cuestiones relacionadas con la igualdad de sexos, pero como este tema está inevitablemente ligado a otras cuestiones sociales y políticas me veo empujado a referirme a alguna de ellas.
En su momento me llamó poderosísimamente la atención que la izquierda pasase por recoger en la Ley contra la violencia de género, el diferente trato a hombres y mujeres. Me parecía que estaba cruzando un Rubicón de difícil retorno. No acabé de entenderlo, me parecía no equivocarme en que una diferenciación de ese tipo necesariamente rompía el principio de igualdad, y un principio no menos importante, el de la universalidad de la norma. Y esos habían sido principios de la izquierda desde hacía mucho tiempo. A partir de ese momento no se podría decir alegremente que la ley no hace distingos y se aplica a todos por igual, porque en este caso quedan excluidas todas.
Pero parece que la izquierda últimamente ha cambiado mucho. De nuevo con ocasión del debate sobre el Estatut, Maragall nos recuerda que para él no tiene sentido hablar de igualdad, que la eliminaría de la trilogía Libertad, Igualdad y Fraternidad. Propugna también la asimetría y la diferencia de trato, en función de la “personalidad” de cada comunidad, (en román paladino, la fuerza política para arrancar más o menos en un proceso de negociación). Y lo que ya me cuesta mucho más entender, es qué hacen ahí los Verdes e Iniciativa per Catalunya, en qué quedó el viejo internacionalismo que ya no vale ni para aplicar entre comunidades de un mismo Estado, qué hace la izquierda de la mano de la derecha, reclamando un sistema de financiación claramente injusto y discriminatorio, un sistema que explícitamente recoge la reducción progresiva de la solidaridad. ¿Todo está tan desdibujado que da lo mismo Iniciativa per Catalunya y los Verdes que Convergencia i Unió? ¿en última instancia lo que cuenta es la “nación”?
¿Dónde queda el federalismo? ¿Dónde el multilateralismo? ¿Apoyará todo el arco parlamentario catalán, que Europa aplique con España, el mismo principio y que cada Estado se financie según sus posibilidades? ¿Aceptará una reducción progresiva de la solidaridad? ¿Aceptaremos que los alemanes y los otros nos exhiban el superávit de nuestra balanza fiscal con Europa? ¿Los principio son para aplicar a conveniencia?
Quizá la igualdad liberal, formal, de la que hablan algunos no colme todas las aspiraciones, pero lo que yo observo, es que cuando esa igualdad falta, lo que aparece es el más puro darwinismo, la ley del más fuerte, y lo mismo da que hablemos de debate territorial que de igualdad de sexos. Cuando ese principio falla, no avanzamos, retrocedemos. Con esa igualdad, sin embargo, fuimos capaces de, ampliándola, reconocer los derechos sociales, el estado del bienestar y en esta última etapa las leyes de igualdad, incluso aquellas que ponen en peligro su existencia.
En su momento me llamó poderosísimamente la atención que la izquierda pasase por recoger en la Ley contra la violencia de género, el diferente trato a hombres y mujeres. Me parecía que estaba cruzando un Rubicón de difícil retorno. No acabé de entenderlo, me parecía no equivocarme en que una diferenciación de ese tipo necesariamente rompía el principio de igualdad, y un principio no menos importante, el de la universalidad de la norma. Y esos habían sido principios de la izquierda desde hacía mucho tiempo. A partir de ese momento no se podría decir alegremente que la ley no hace distingos y se aplica a todos por igual, porque en este caso quedan excluidas todas.
Pero parece que la izquierda últimamente ha cambiado mucho. De nuevo con ocasión del debate sobre el Estatut, Maragall nos recuerda que para él no tiene sentido hablar de igualdad, que la eliminaría de la trilogía Libertad, Igualdad y Fraternidad. Propugna también la asimetría y la diferencia de trato, en función de la “personalidad” de cada comunidad, (en román paladino, la fuerza política para arrancar más o menos en un proceso de negociación). Y lo que ya me cuesta mucho más entender, es qué hacen ahí los Verdes e Iniciativa per Catalunya, en qué quedó el viejo internacionalismo que ya no vale ni para aplicar entre comunidades de un mismo Estado, qué hace la izquierda de la mano de la derecha, reclamando un sistema de financiación claramente injusto y discriminatorio, un sistema que explícitamente recoge la reducción progresiva de la solidaridad. ¿Todo está tan desdibujado que da lo mismo Iniciativa per Catalunya y los Verdes que Convergencia i Unió? ¿en última instancia lo que cuenta es la “nación”?
¿Dónde queda el federalismo? ¿Dónde el multilateralismo? ¿Apoyará todo el arco parlamentario catalán, que Europa aplique con España, el mismo principio y que cada Estado se financie según sus posibilidades? ¿Aceptará una reducción progresiva de la solidaridad? ¿Aceptaremos que los alemanes y los otros nos exhiban el superávit de nuestra balanza fiscal con Europa? ¿Los principio son para aplicar a conveniencia?
Quizá la igualdad liberal, formal, de la que hablan algunos no colme todas las aspiraciones, pero lo que yo observo, es que cuando esa igualdad falta, lo que aparece es el más puro darwinismo, la ley del más fuerte, y lo mismo da que hablemos de debate territorial que de igualdad de sexos. Cuando ese principio falla, no avanzamos, retrocedemos. Con esa igualdad, sin embargo, fuimos capaces de, ampliándola, reconocer los derechos sociales, el estado del bienestar y en esta última etapa las leyes de igualdad, incluso aquellas que ponen en peligro su existencia.
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discriminación
12 enero, 2006
Sobre identidades II
Sobre el asunto tengo muchas lagunas, pero también comienzo a vislumbrar algunas certezas, aunque sólo sea para conocer los caminos que no hay que seguir. Por ejemplo, me parece que sólo desde la más absoluta ceguera se pueden negar las diferencias no sólo anatómicas y morfológicas de los sexos, también las hay en el plano de la configuración del cerebro y en el hormonal, incluso en el genético, de hecho cromosómicamente somos diferentes. Desconozco por que desde algunos enfoques feministas se quieren ignorar estas datos que parecen elementales para una correcta prospección sobre los sexos y me supongo que tendrá que ver con su aversión a todo lo que suene a masculino, incluida la ciencia y la racionalidad.
Alguna otra certeza es que desde luego la afirmación del feminismo culpabilizando al hombre de los roles tradicionales, parece más un arma ideológica que algo que se esté en condiciones de demostrar y, de hecho, muchos de los pilares sobre los que sustenta su teorización resultan un completo invento, por ejemplo, considerar que la mujer en la Roma clásica tenía la consideración de un siervo. Esto por ejemplo está demostrado completamente como falso históricamente, hasta el punto de que algunas de las libertades de que gozaron las mujeres romanas no volvieron a ser conocidas por la humanidad hasta prácticamente nuestros días.
Del mismo modo me parece que hablar del privilegio de la condición masculina sólo se entiende si para cada período histórico nos refiriéramos a la clase dirigente, en la que tampoco faltaban las mujeres. De otro modo, alguien debe explicar el privilegio no ya del esclavo romano, sino del mismo legionario, pues la profesión suponía 25 años de servicio sin poder casarse y fuertes castigos incluida la muerte para los desertores, o en la edad media la condición de los siervos, en el siglo XIX el trabajo industrial (Marx lo relata muy bien), o la condición de hombre en los momentos de las guerras, etc. Desde luego me resulta difícil ver el privilegio de haber peleado en el sitio de Verdúm, en Vietnam o ahora mismo morir en Irak, o sencillamente haber disfrutado el privilegio de hacer el servicio militar.
En nuestro días tenemos mil datos que avalan que lo de los privilegios suena bastante a cuento, a no ser que nos olvidemos de los trabajos duros y arriesgados, de los sin techo o de los que intentan desesperadamente llegar en pateras a nuestras costas. Como es imposible hacer un repaso histórico he mencionado sólo algunos momentos de la condición masculina en los que hablar de privilegio suena a coña. Pero hay más, la mujer que propugna la igualdad no propone que los papeles de la mujer pasen a ser desempeñados por el hombre y viceversa, lo que propone si habemos de juzgar por los hechos es una gran libertad de elección de modo de vida que incluye una relación privilegiada con la familia y la casa y una gran libertad en el terreno de lo laboral, dejando la iniciativa al hombre para muchos momentos, generalmente no los más fáciles.
No es sólo una anécdota: cuando el señor Zapatero entendió que las cosas se ponían cuesta arriba, habló de crear un núcleo duro formado por 5 personas, 4 eran hombres y no he visto protestar a ninguna feminista, como ahora mismo que hay que resolver el tema autonómico, no os sorprende que en tiempos de paridad, haya tan pocas mujeres, ..... podría seguir.
Por ejemplo la mujer se enfrenta al mundo laboral con una mentalidad diferente a la del hombre, pues si para éste parece que tendría una carácter inexorable, incorporándose antes, trabajando en jornadas más amplias y prolongando la vida laboral hasta la jubilación, además de estar abierto a todo el espectro de puestos y ocupaciones, en el caso de la mujer, este carácter inexorable no se produce, habiendo muchas mujeres que por voluntad propia deciden no incorporarse al mercado laboral, otras que después de incorporadas se retiran mucho antes de la jubilación, el catálogo de puestos a los que se accede está mucho más limitado, excluyendo los de seguridad, fuerza física y sobre todo riesgo, y buscando siempre fórmulas por ejemplo de empleo a tiempo parcial, etc. En estas circunstancias que se siga manipulando el tema de las remuneraciones de unos y otros es un auténtico escándalo. Si cobrásemos igual se estaría cometiendo la mayor de las injusticias.
La mujer se enfrenta al momento de la relación con el hombre con una mentalidad diferente a la del hombre. Por mucho que se diga los papeles en absoluto resultan intercambiables y desde luego quien considere que en este plano los hombres llevamos ventaja debiera hacer el esfuerzo de explicárnoslo a todos.
Hay muchas otras cosas que también me llaman la atención. Safo fue una gran poetisa griega y no se sabe muy bien por que no hubo muchas otras Safos. Los Ilustrados franceses se reunían a petición de las damas en los salones de los palacios, estas mujeres poseían todas amplia cultura, pero ninguna de ellas parece que se decidiera a entrar en el mundo de los Ilustrados fuera de estas reuniones. Como todo el mundo sabe a Rosa Aguilar se le ha ofrecido la presidencia de Izquierda Unida y al parecer lo rechaza. Pero un hecho mucho más incontrovertible: habéis observado la escasa participación de las mujeres en los debates sobre la reforma educativa a pesar de que son mayoría en la profesión, o su mermada presencia en las direcciones de los centros de enseñanza. El porqué las mujeres actúan frente a algunas situaciones de la forma que lo hacen debiera ser obligación suya explicarlo, pero desde luego da mucho más rédito culpar a los hombres o a la sociedad machista.
Alguna otra certeza es que desde luego la afirmación del feminismo culpabilizando al hombre de los roles tradicionales, parece más un arma ideológica que algo que se esté en condiciones de demostrar y, de hecho, muchos de los pilares sobre los que sustenta su teorización resultan un completo invento, por ejemplo, considerar que la mujer en la Roma clásica tenía la consideración de un siervo. Esto por ejemplo está demostrado completamente como falso históricamente, hasta el punto de que algunas de las libertades de que gozaron las mujeres romanas no volvieron a ser conocidas por la humanidad hasta prácticamente nuestros días.
Del mismo modo me parece que hablar del privilegio de la condición masculina sólo se entiende si para cada período histórico nos refiriéramos a la clase dirigente, en la que tampoco faltaban las mujeres. De otro modo, alguien debe explicar el privilegio no ya del esclavo romano, sino del mismo legionario, pues la profesión suponía 25 años de servicio sin poder casarse y fuertes castigos incluida la muerte para los desertores, o en la edad media la condición de los siervos, en el siglo XIX el trabajo industrial (Marx lo relata muy bien), o la condición de hombre en los momentos de las guerras, etc. Desde luego me resulta difícil ver el privilegio de haber peleado en el sitio de Verdúm, en Vietnam o ahora mismo morir en Irak, o sencillamente haber disfrutado el privilegio de hacer el servicio militar.
En nuestro días tenemos mil datos que avalan que lo de los privilegios suena bastante a cuento, a no ser que nos olvidemos de los trabajos duros y arriesgados, de los sin techo o de los que intentan desesperadamente llegar en pateras a nuestras costas. Como es imposible hacer un repaso histórico he mencionado sólo algunos momentos de la condición masculina en los que hablar de privilegio suena a coña. Pero hay más, la mujer que propugna la igualdad no propone que los papeles de la mujer pasen a ser desempeñados por el hombre y viceversa, lo que propone si habemos de juzgar por los hechos es una gran libertad de elección de modo de vida que incluye una relación privilegiada con la familia y la casa y una gran libertad en el terreno de lo laboral, dejando la iniciativa al hombre para muchos momentos, generalmente no los más fáciles.
No es sólo una anécdota: cuando el señor Zapatero entendió que las cosas se ponían cuesta arriba, habló de crear un núcleo duro formado por 5 personas, 4 eran hombres y no he visto protestar a ninguna feminista, como ahora mismo que hay que resolver el tema autonómico, no os sorprende que en tiempos de paridad, haya tan pocas mujeres, ..... podría seguir.
Por ejemplo la mujer se enfrenta al mundo laboral con una mentalidad diferente a la del hombre, pues si para éste parece que tendría una carácter inexorable, incorporándose antes, trabajando en jornadas más amplias y prolongando la vida laboral hasta la jubilación, además de estar abierto a todo el espectro de puestos y ocupaciones, en el caso de la mujer, este carácter inexorable no se produce, habiendo muchas mujeres que por voluntad propia deciden no incorporarse al mercado laboral, otras que después de incorporadas se retiran mucho antes de la jubilación, el catálogo de puestos a los que se accede está mucho más limitado, excluyendo los de seguridad, fuerza física y sobre todo riesgo, y buscando siempre fórmulas por ejemplo de empleo a tiempo parcial, etc. En estas circunstancias que se siga manipulando el tema de las remuneraciones de unos y otros es un auténtico escándalo. Si cobrásemos igual se estaría cometiendo la mayor de las injusticias.
La mujer se enfrenta al momento de la relación con el hombre con una mentalidad diferente a la del hombre. Por mucho que se diga los papeles en absoluto resultan intercambiables y desde luego quien considere que en este plano los hombres llevamos ventaja debiera hacer el esfuerzo de explicárnoslo a todos.
Hay muchas otras cosas que también me llaman la atención. Safo fue una gran poetisa griega y no se sabe muy bien por que no hubo muchas otras Safos. Los Ilustrados franceses se reunían a petición de las damas en los salones de los palacios, estas mujeres poseían todas amplia cultura, pero ninguna de ellas parece que se decidiera a entrar en el mundo de los Ilustrados fuera de estas reuniones. Como todo el mundo sabe a Rosa Aguilar se le ha ofrecido la presidencia de Izquierda Unida y al parecer lo rechaza. Pero un hecho mucho más incontrovertible: habéis observado la escasa participación de las mujeres en los debates sobre la reforma educativa a pesar de que son mayoría en la profesión, o su mermada presencia en las direcciones de los centros de enseñanza. El porqué las mujeres actúan frente a algunas situaciones de la forma que lo hacen debiera ser obligación suya explicarlo, pero desde luego da mucho más rédito culpar a los hombres o a la sociedad machista.
08 enero, 2006
Sobre identidades I
En el primer post de este año me gustaría abordar la cuestión de si para respetar la igualdad, es necesario que hombres y mujeres seamos idénticos, o bien, si, a pesar de nuestras diferencias, que son muchas y vienen de muy lejos podemos ser iguales, es decir, no estar sometidos a discriminación por razón de sexo, aún manteniendo la feliz diferencia que nos viene caracterizando desde el origen de la especie y aún antes.
Negros y blancos tenemos color de piel diferente y, que yo sepa, a nadie se le ha ocurrido la idea de que para ser iguales en derechos debamos ser de un mismo color. Sin embargo, un buen número de feministas y profeministas parecen empeñadas y empeñados en proponer algo parecido a lo de un solo color, en este caso, un solo género, por cuanto al ser todas las diferencias entre ambos de tipo cultural la búsqueda de la perfecta intercambiabilidad entre ambos sería posible. Más grave me parece todavía quienes en base a no se sabe muy bien qué, han establecido que los hombres si queremos establecer nuestra humanidad lo que tenemos que hacer es tomar como patrón a la mujer, un ser mucho más desarrollado especialmente en el terreno emocional.
La naturaleza nos ha querido diferentes y lo somos en el plano anatómico, morfológico pero también en cuanto a configuración cerebral como ponen de manifiesto las técnicas más avanzadas de estudio en relación con el llamado nuevo mapa del cerebro. Estas diferencias entre los sexos no son sólo de naturaleza genética o biológica, sino que en la medida en que somos seres sociales y culturales, según las diferentes épocas históricas han cristalizado en patrones de conducta diferenciados.
A mi entender, por tanto, la discusión sobre si hombres y mujeres somos diferentes carece de sentido y, quizá, lo que merecería la pena sería establecer la discusión en como deslindar, aunque sólo fuese de forma aproximada, los aspectos de la conducta de hombres y mujeres modificables en un período histórico razonable y cuales responden a una suma de diferencias biológicas y patrones culturales que hunden sus raíces en el origen de la especie y que, por tanto, resulta ilusorio pensar que se van a eliminar en el plazo de una generación o de algunas generaciones.
De ese modo dejaríamos de lado prácticas dirigidas, en la intención, porque en el resultado son imposibles, a limitar o incluso borrar, las diferencias de estrategia que niños y niñas siguen en sus procesos de formación y juego desde el día de su nacimiento. Como la tozuda experiencia demuestra, una y otra vez, pretender que se consigue algo dando a niños y niñas los mismos juguetes, es una de los fracasos más evidentes de este tipo de enfoques. Las niñas terminan dándole mimos al camión y los niños terminan haciendo de la muñeca un soldado.
Otros experimentos, como el de obligar a los niños a hacer pis sentados, sencillamente, me parecen obscenos, y no tiene nombre que, la Consejera de educación de Andalucía pretenda que niños y niñas ocupen exactamente el mismo espacio en el patio del colegio. Aunque lamentablemente, me supongo por bastante tiempo veremos estas y otras cosas de parecido tenor, pues estas prácticas no están en decadencia sino que parecen florecer cada día con mayor variedad.
(De momento lo dejo aquí. Otro día procuraré completar el desarrollo de este tema.)
Negros y blancos tenemos color de piel diferente y, que yo sepa, a nadie se le ha ocurrido la idea de que para ser iguales en derechos debamos ser de un mismo color. Sin embargo, un buen número de feministas y profeministas parecen empeñadas y empeñados en proponer algo parecido a lo de un solo color, en este caso, un solo género, por cuanto al ser todas las diferencias entre ambos de tipo cultural la búsqueda de la perfecta intercambiabilidad entre ambos sería posible. Más grave me parece todavía quienes en base a no se sabe muy bien qué, han establecido que los hombres si queremos establecer nuestra humanidad lo que tenemos que hacer es tomar como patrón a la mujer, un ser mucho más desarrollado especialmente en el terreno emocional.
La naturaleza nos ha querido diferentes y lo somos en el plano anatómico, morfológico pero también en cuanto a configuración cerebral como ponen de manifiesto las técnicas más avanzadas de estudio en relación con el llamado nuevo mapa del cerebro. Estas diferencias entre los sexos no son sólo de naturaleza genética o biológica, sino que en la medida en que somos seres sociales y culturales, según las diferentes épocas históricas han cristalizado en patrones de conducta diferenciados.
A mi entender, por tanto, la discusión sobre si hombres y mujeres somos diferentes carece de sentido y, quizá, lo que merecería la pena sería establecer la discusión en como deslindar, aunque sólo fuese de forma aproximada, los aspectos de la conducta de hombres y mujeres modificables en un período histórico razonable y cuales responden a una suma de diferencias biológicas y patrones culturales que hunden sus raíces en el origen de la especie y que, por tanto, resulta ilusorio pensar que se van a eliminar en el plazo de una generación o de algunas generaciones.
De ese modo dejaríamos de lado prácticas dirigidas, en la intención, porque en el resultado son imposibles, a limitar o incluso borrar, las diferencias de estrategia que niños y niñas siguen en sus procesos de formación y juego desde el día de su nacimiento. Como la tozuda experiencia demuestra, una y otra vez, pretender que se consigue algo dando a niños y niñas los mismos juguetes, es una de los fracasos más evidentes de este tipo de enfoques. Las niñas terminan dándole mimos al camión y los niños terminan haciendo de la muñeca un soldado.
Otros experimentos, como el de obligar a los niños a hacer pis sentados, sencillamente, me parecen obscenos, y no tiene nombre que, la Consejera de educación de Andalucía pretenda que niños y niñas ocupen exactamente el mismo espacio en el patio del colegio. Aunque lamentablemente, me supongo por bastante tiempo veremos estas y otras cosas de parecido tenor, pues estas prácticas no están en decadencia sino que parecen florecer cada día con mayor variedad.
(De momento lo dejo aquí. Otro día procuraré completar el desarrollo de este tema.)
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