A pesar de que la nota de prensa del INE dice textualmente:
El número de mujeres ocupadas baja en 256.300 este trimestre, mientras que la ocupación de los varones desciende en 509.700.
En los últimos 12 meses el número de mujeres ocupadas se reduce en 218.500 y el de
varones en 1.093.000.
El paro aumenta más este trimestre entre los varones (507.000) que entre las mujeres (295.900). El número total de parados varones es de 2.195.800 y el de mujeres de 1.814.900
como se puede comprobar en : http://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa0109.pdf
el diario Público titula: Más mujeres que hombres, el recuadro que cierra la información sobre este asunto recogida aquí
Lo que parece por el momento prohibido son titulares del tipo: "En un año han engrosado las filas del paro casi 1.100.000 varones" o "1.300.000 parados más en los últimos doce meses. De cada 6 nuevos parados, más de 5 son varones".
En un contexto como el arriba descrito esta información nos da la clave, por si aún quedasen dudas, de cómo entiende el género la igualdad.
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
24 abril, 2009
15 abril, 2009
Inger Enkvist ante el Parlamento Catalán
Dejo aquí el enlace que me envió Athini sobre la intervención de Inger Enkvist, una especialista sueca en educación, ante el Parlamento Catalán. Aún cuando la intervención se produce a propósito de la nueva Ley catalana de educación, lo que dice puede ser de interés para todos.
Este es el vídeo:
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educación,
Inger Enkvist
12 abril, 2009
Territorio, lengua, género
En el debate territorial y sobre las lenguas muchos autores sostienen (véase por ejemplo este artículo de Félix Ovejero) que los derechos no los tienen los territorios sino sus habitantes, ni las lenguas sino sus hablantes, pero presos de un extraño síndrome, en lo relativo al género, su posición ya es diferente y lo que no están dispuestos a reconocer a la nación con territorio, o a la lengua, sí están dispuestos a concederlo a la “nación” sin territorio que representan las mujeres. (Si se prefiere sustituyase la expresión nación, por la de clase, pueblo o la que se desee para señalar lo que, en la maniquea visión del género, constituye el bloque de las mujeres por contraposición con el bloque de los hombres). Nación de las mujeres que las agruparía a todas, juntas y revueltas, como si de un todo homogéneo se tratase y merecedor por tanto de idéntico trato en todas las situaciones...
La nación de las mujeres, como la nación de los hombres, que el género pretende un conjunto homogéneo y necesitado de la misma protección, de la misma consideración y apoyo ante la justicia o ante el acceso al mundo del trabajo, comprende mujeres pobres y ricas, ilustradas e iletradas, solteras, casadas, con hijos, sin hijos, en familias monoparentales o de las otras, con alto nivel de renta y con bajo nivel de renta, universitarias que renuncian a trabajar porque no encuentran el trabajo que desean, pero también proletarias obligadas a trabajar en lo que encuentran porque no tienen más opción, mujeres que han de bregar muy duro para sacar sus vidas y las de los suyos adelante y mujeres de vida fácil y relajada, y un larguísimo etcétera que sería interminable enumerar.
Mujeres que desarrollan sus vidas al lado de hombres ricos y pobres, ilustrados e iletrados, solteros y casados, trabajadores de cuello blanco y de cuello azul, hombres tan sujetos a los vaivenes de la vida como lo puedan estar ellas, y que, a veces, deben bregar duro, muy duro en oficios difíciles y arriesgados, y capaces, por qué no decirlo, de hacer todo eso por sus familias y aquellos a quienes aman... Mujeres que forman un conjunto que ni es una minoría, ni puede considerarse todo él como desprotegido, mucho menos si lo ponemos al lado de quien cabría entender como poderoso, la nación de los hombres tan variada y heterogénea como la suya. Nación de las mujeres que más que mediante un partido propio ha preferido actuar por medio de otros, en la izquierda y en la derecha, aunque siempre bajo la atenta mirada y supervisión del lobby femenino, atento a fijar la agenda y los procedimientos.
Por eso digo desde aquí que, si los derechos los tienen las personas el género no es una categoría tan alejada de la nación con territorio y que, si injusto sería dar ventajas económicas, políticas o de cualquier otro tipo a un territorio o a una lengua no es lo es menos darlo a una categoría como la que representa el género, porque encierra en su interior una heterogeneidad de personas cuyas situaciones en absoluto son equiparables, máxime si en el otro término de la comparación quienes están son los hombres, colectivo en el que no se produce una menor heterogeneidad y donde, al lado de posiciones de poder encontramos posiciones de absoluta carencia, y eso sin considerar que en una visión menos maniquea de los sexos y su historicidad, la común humanidad nos estaría hablando de un territorio compartido en el que, levantar el muro de separación del género no está más justificado que lo estuvo en Berlín o lo pueda estar en Palestina.
Sólo un pequeño ejemplo. En el reciente conflicto de pareja del Juez Decano de Barcelona con su esposa, hubo maltrato por ambas partes o así lo interpreta el fiscal del caso al solicitar para él nueve meses de cárcel y siete para ella. Al día siguiente, en la prensa ya sólo se hablaba de un maltratador: él, y se dejaba caer la pregunta de cuándo dimitiría como juez decano y se especulaba con la posibilidad de que tuviese que abandonar la función de juez. De ella, nada se decía aún cuando la manifestación más evidente de maltrato la mostraba él con un arañazo en la cara. No pretendo juzgar el caso, sólo quiero dejar aquí estas líneas (que espero corrijáis si necesario fuera) para observar cómo, lo que fue una disputa familiar en la que el fiscal aprecia maltrato por parte de ambos, las consecuencias para él no tiene nada que ver con las consecuencias para ella, ya no sólo ante la justicia, sino ante la opinión pública a tenor del trato dado al uno y a la otra en la prensa.
¿Alguien puede pensar que nos encontramos ante un trato equitativo? ¿alguien piensa que esta señora debe gozar frente a él de una protección especial y de un trato jurídico diferente? ¿alguien concibe que sólo él haya entrado en la categoría de los maltratadores? ¿es justo que el conflicto se manifieste en los términos que lo hace en los medios de comunicación, con un sólo culpable y donde sólo él parecería estar obligado a rendir cuentas?
En el artículo arriba citado Félix Ovejero para acompañar su razonamiento dice que las mujeres sí son acreedoras a esa discriminación positiva en razón a su presencia política. Pero desconozco el porqué cuando se habla de las mujeres, o del feminismo, todos los matices se obvian, y así autores minuciosos en todo cuanto tratan, llegados a estas cuestiones entienden que los detalles sobran y basta con declararse a favor del feminismo o de las mujeres, como si fuese lo mismo el sistema de cuotas o la paridad, como si todos los feminismos fuesen una misma y única cosa, como si aún estando de acuerdo en aspectos parciales no se pudiera discrepar en nada, ni en los matices, como si no hubiese que estar atento a las consecuencias de lo que se hace y se dice...
Y aquí quiero traer a colación otro pequeño ejemplo. La Ley de Igualdad confiere privilegios a las mujeres y sus organizaciones en lo relativo a los medios públicos de comunicación, en teoría para evitar la publicidad sexista y para procurar la igualdad. Es verdad que no veo mucho la televisión y en particular la TVE1, pero el fin de semana pasado sí lo hice y en un telediario pude observar que en la mesa había dos presentadores: un hombre y una mujer sí, pero al lado había otra mujer que era la de la información deportiva y en todas las conexiones que realizaron y fueron ocho o nueve, con la excepción de una, todas las corresponsales eran mujeres... Espero me corregiréis si pensáis que se trató de una circunstancia fortuita y excepcional.
Quizá otro ejemplo interesante sería el educativo donde, incluso los más reticentes no están teniendo más remedio que admitir que el gravísimo problema educativo de este país lo están sufriendo, y de qué manera, los varones y de que aquellas que no se cansan de hablar un día sí y otro también de discriminación hacia las mujeres llegado el caso se olvidan de que los varones también existen y que si necesario es equilibrar plantillas en la Universidad no lo es menos en los otros niveles educativos, o que la componente de género no se puede usar como prebenda femenina. Añadir también que mi interés por la noticia tiene más que ver con la necesidad de abrir un debate, que por las opiniones que en ella se vierten, con muchas de las cuales no estoy de acuerdo, y de igual modo pienso que el debate sobre la separación por sexos aunque pertinente no me parece ni el más urgente ni el más relevante. Aprovechar también para señalar la deshonestidad y cortedad de miras de un feminismo capaz de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, y cómo no, preguntar si quizá un pomposo Ministerio como el de Igualdad, no sería de éste del primer problema que tendría que estar ocupándose.
Pero, retomando el hilo habría que decir, que aún admitiendo el planteamiento general, cabría preguntarse por ejemplo por las consecuencias de una decisión como la paridad en las listas electorales si tenemos en cuenta que, no mejoró la representación que las mujeres tenían en el Parlamento antes de dicha medida y sin embargo, es indudable que añade un elemento más de dificultad a un sistema de representación, que ya muchos situaban y sitúan en crisis, al introducir en la confección de las listas electorales y la vida política en general un juego de componendas poco estimulante para quienes con su voto desean elegir a quienes creen que mejor los representarán. Pero también cabe traer a colación el fenómeno Obama para mostrar cómo, quizá las vías directas sean las mejores para la salud y el vigor del sistema y, para observar hasta qué punto, es posible saltar barreras que se consideraban imposibles, en un corto espacio de tiempo. Porque cuántos hubieramos pensado hace unos años en un Presidente negro en la Casa Blanca; sin embargo ahí está, sin necesidad de cuotas, peleando la nominación en su propio partido con una mujer y una mujer de la talla política de Hillary Clinton, para ganar luego al contrincante republicano y consiguiendo ilusionar no sólo a muchos americanos también a muchos otros en el mundo.
Los atajos no siempre señalan el mejor camino, en algunos casos ni tan siquiera el más corto. Si cuestionable es el género, mucho más lo son algunas de sus medidas. Proceder frente al feminismo y las mujeres con un: sí bwana, ante todo y para siempre, no es la forma más equitativa, ni la más inteligente de afrontar un serio problema como el que representa la igualdad, y no discriminación por razón de sexo, de hombres y mujeres.
La nación de las mujeres, como la nación de los hombres, que el género pretende un conjunto homogéneo y necesitado de la misma protección, de la misma consideración y apoyo ante la justicia o ante el acceso al mundo del trabajo, comprende mujeres pobres y ricas, ilustradas e iletradas, solteras, casadas, con hijos, sin hijos, en familias monoparentales o de las otras, con alto nivel de renta y con bajo nivel de renta, universitarias que renuncian a trabajar porque no encuentran el trabajo que desean, pero también proletarias obligadas a trabajar en lo que encuentran porque no tienen más opción, mujeres que han de bregar muy duro para sacar sus vidas y las de los suyos adelante y mujeres de vida fácil y relajada, y un larguísimo etcétera que sería interminable enumerar.
Mujeres que desarrollan sus vidas al lado de hombres ricos y pobres, ilustrados e iletrados, solteros y casados, trabajadores de cuello blanco y de cuello azul, hombres tan sujetos a los vaivenes de la vida como lo puedan estar ellas, y que, a veces, deben bregar duro, muy duro en oficios difíciles y arriesgados, y capaces, por qué no decirlo, de hacer todo eso por sus familias y aquellos a quienes aman... Mujeres que forman un conjunto que ni es una minoría, ni puede considerarse todo él como desprotegido, mucho menos si lo ponemos al lado de quien cabría entender como poderoso, la nación de los hombres tan variada y heterogénea como la suya. Nación de las mujeres que más que mediante un partido propio ha preferido actuar por medio de otros, en la izquierda y en la derecha, aunque siempre bajo la atenta mirada y supervisión del lobby femenino, atento a fijar la agenda y los procedimientos.
Por eso digo desde aquí que, si los derechos los tienen las personas el género no es una categoría tan alejada de la nación con territorio y que, si injusto sería dar ventajas económicas, políticas o de cualquier otro tipo a un territorio o a una lengua no es lo es menos darlo a una categoría como la que representa el género, porque encierra en su interior una heterogeneidad de personas cuyas situaciones en absoluto son equiparables, máxime si en el otro término de la comparación quienes están son los hombres, colectivo en el que no se produce una menor heterogeneidad y donde, al lado de posiciones de poder encontramos posiciones de absoluta carencia, y eso sin considerar que en una visión menos maniquea de los sexos y su historicidad, la común humanidad nos estaría hablando de un territorio compartido en el que, levantar el muro de separación del género no está más justificado que lo estuvo en Berlín o lo pueda estar en Palestina.
Sólo un pequeño ejemplo. En el reciente conflicto de pareja del Juez Decano de Barcelona con su esposa, hubo maltrato por ambas partes o así lo interpreta el fiscal del caso al solicitar para él nueve meses de cárcel y siete para ella. Al día siguiente, en la prensa ya sólo se hablaba de un maltratador: él, y se dejaba caer la pregunta de cuándo dimitiría como juez decano y se especulaba con la posibilidad de que tuviese que abandonar la función de juez. De ella, nada se decía aún cuando la manifestación más evidente de maltrato la mostraba él con un arañazo en la cara. No pretendo juzgar el caso, sólo quiero dejar aquí estas líneas (que espero corrijáis si necesario fuera) para observar cómo, lo que fue una disputa familiar en la que el fiscal aprecia maltrato por parte de ambos, las consecuencias para él no tiene nada que ver con las consecuencias para ella, ya no sólo ante la justicia, sino ante la opinión pública a tenor del trato dado al uno y a la otra en la prensa.
¿Alguien puede pensar que nos encontramos ante un trato equitativo? ¿alguien piensa que esta señora debe gozar frente a él de una protección especial y de un trato jurídico diferente? ¿alguien concibe que sólo él haya entrado en la categoría de los maltratadores? ¿es justo que el conflicto se manifieste en los términos que lo hace en los medios de comunicación, con un sólo culpable y donde sólo él parecería estar obligado a rendir cuentas?
En el artículo arriba citado Félix Ovejero para acompañar su razonamiento dice que las mujeres sí son acreedoras a esa discriminación positiva en razón a su presencia política. Pero desconozco el porqué cuando se habla de las mujeres, o del feminismo, todos los matices se obvian, y así autores minuciosos en todo cuanto tratan, llegados a estas cuestiones entienden que los detalles sobran y basta con declararse a favor del feminismo o de las mujeres, como si fuese lo mismo el sistema de cuotas o la paridad, como si todos los feminismos fuesen una misma y única cosa, como si aún estando de acuerdo en aspectos parciales no se pudiera discrepar en nada, ni en los matices, como si no hubiese que estar atento a las consecuencias de lo que se hace y se dice...
Y aquí quiero traer a colación otro pequeño ejemplo. La Ley de Igualdad confiere privilegios a las mujeres y sus organizaciones en lo relativo a los medios públicos de comunicación, en teoría para evitar la publicidad sexista y para procurar la igualdad. Es verdad que no veo mucho la televisión y en particular la TVE1, pero el fin de semana pasado sí lo hice y en un telediario pude observar que en la mesa había dos presentadores: un hombre y una mujer sí, pero al lado había otra mujer que era la de la información deportiva y en todas las conexiones que realizaron y fueron ocho o nueve, con la excepción de una, todas las corresponsales eran mujeres... Espero me corregiréis si pensáis que se trató de una circunstancia fortuita y excepcional.
Quizá otro ejemplo interesante sería el educativo donde, incluso los más reticentes no están teniendo más remedio que admitir que el gravísimo problema educativo de este país lo están sufriendo, y de qué manera, los varones y de que aquellas que no se cansan de hablar un día sí y otro también de discriminación hacia las mujeres llegado el caso se olvidan de que los varones también existen y que si necesario es equilibrar plantillas en la Universidad no lo es menos en los otros niveles educativos, o que la componente de género no se puede usar como prebenda femenina. Añadir también que mi interés por la noticia tiene más que ver con la necesidad de abrir un debate, que por las opiniones que en ella se vierten, con muchas de las cuales no estoy de acuerdo, y de igual modo pienso que el debate sobre la separación por sexos aunque pertinente no me parece ni el más urgente ni el más relevante. Aprovechar también para señalar la deshonestidad y cortedad de miras de un feminismo capaz de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, y cómo no, preguntar si quizá un pomposo Ministerio como el de Igualdad, no sería de éste del primer problema que tendría que estar ocupándose.
Pero, retomando el hilo habría que decir, que aún admitiendo el planteamiento general, cabría preguntarse por ejemplo por las consecuencias de una decisión como la paridad en las listas electorales si tenemos en cuenta que, no mejoró la representación que las mujeres tenían en el Parlamento antes de dicha medida y sin embargo, es indudable que añade un elemento más de dificultad a un sistema de representación, que ya muchos situaban y sitúan en crisis, al introducir en la confección de las listas electorales y la vida política en general un juego de componendas poco estimulante para quienes con su voto desean elegir a quienes creen que mejor los representarán. Pero también cabe traer a colación el fenómeno Obama para mostrar cómo, quizá las vías directas sean las mejores para la salud y el vigor del sistema y, para observar hasta qué punto, es posible saltar barreras que se consideraban imposibles, en un corto espacio de tiempo. Porque cuántos hubieramos pensado hace unos años en un Presidente negro en la Casa Blanca; sin embargo ahí está, sin necesidad de cuotas, peleando la nominación en su propio partido con una mujer y una mujer de la talla política de Hillary Clinton, para ganar luego al contrincante republicano y consiguiendo ilusionar no sólo a muchos americanos también a muchos otros en el mundo.
Los atajos no siempre señalan el mejor camino, en algunos casos ni tan siquiera el más corto. Si cuestionable es el género, mucho más lo son algunas de sus medidas. Proceder frente al feminismo y las mujeres con un: sí bwana, ante todo y para siempre, no es la forma más equitativa, ni la más inteligente de afrontar un serio problema como el que representa la igualdad, y no discriminación por razón de sexo, de hombres y mujeres.
09 abril, 2009
Es lo que pienso
Si la idea de ciudadanía va ligada a la proclamación de los derechos humanos y a la superación de los estamentos y los privilegios propios del Antiguo Régimen, si está asociada a la idea del individuo como centro del sistema social y político, si es consustancial con la idea de igualdad y universalidad de la norma; en nuestro país, y a pesar de lo ejemplar de nuestra transición política, parece que avancemos a pasos agigantados en la dirección contraria y, hayamos decidido anteponer el género y la pertenencia a tal o cual Comunidad a la idea de una ciudadanía común o una común humanidad de hombres y mujeres.
Y esto no tiene nada que ver con la necesidad de reconocimiento de los derechos de la mujer o con la necesidad de darle una articulación federal a la España de las autonomías. No pretendo poner en cuestión ninguna de las dos cosas, más bien al contrario mi intención sería poner de manifiesto que, como mejor se defienden ambas es garantizando la igualdad y el respeto, sin cortapisas ni interpretaciones torticeras, de los derechos humanos de todos y todas, de los del norte y de los del sur, de los del este y de los del oeste. La búsqueda del privilegio sea de género o de comunidad debiera quedar descartada desde el principio.
Y por eso no puedo dejar de constatar que a fuerza de no querer avanzar en esa dirección, nuestra vida política, pero no sólo la política, llevada de la lógica territorial y de género, debe realizar extraños ejercicios, como en la reciente crisis de Gobierno en la que es fácil apreciar que, en lugar de un ejercicio de autonomía por parte del presidente del Gobierno para la elección del Ejecutivo con la composición y el número de miembros que las circunstancias presentes exigirían, se ha compuesto un puzzle en el que no se acaba de realizar el ajuste necesario para no romper la estricta paridad de sexos, donde algunos nombramientos sólo son comprensibles desde la óptica de “seguir tirando” en un Estado de las autonomías cada día con menos articulación y, donde algunos ceses son de difícil explicación.
En mi opinión si acertada fue la transición política, desacertados están siendo las políticas de los últimos años, en las que más que ir cerrando y mejorando un sistema que precisa de estabilidad institucional parece cada día más abocado a abrir y establecer motivos de división y separación, por motivo de género o de territorio, que finalmente no terminarán redundando en beneficio de nadie sino en perjuicio de todos. Sería interesante que todos reflexionásemos sobre el cansancio y la desafección existente hacia la política en general o la clase de los políticos en particular, incluidas las de las autonomías: el caso catalán parece paradigmático, como ponen de manifiesto sus propias encuestas; y necesario sería que, fuera de prejuicios interesados, nos interrogásemos sobre la creciente necesidad de los ciudadanos de buscar respuesta a sus inquietudes lejos de las opciones políticas tradicionales.
Durante los últimos años hemos disfrutado de una ayuda de la Unión europea cifrada en 138.000 millones de euros (más de 20 billones de las antiguas pesetas) lo que unido a una especial coyuntura económica hizo pensar a muchos que el crecimiento indefinido era posible y que todas la peticiones podían ser atendidas. Ahora hemos chocado de bruces con una realidad que deja al descubierto que tales ideas eran sólo ilusiones, lo que ya no está tan claro es que todo el mundo haya aprendido la lección. A pesar de lo voluminoso de la ayuda no hemos sabido aprovechar ese ingente cantidad de recursos en aquello que finalmente hace mejores a las sociedades: la formación y educación de sus ciudadanos, y la construcción de un entramado institucional que garantice la igualdad y la libertad; por el contrario hemos vivido contagiados por la fiebre del oro y la búsqueda del privilegio y ahora nos encontramos con que necesitamos cambiar de modelo y no sabemos cómo hacerlo.
Quizá sea el momento de pensar que seguramente no somos tan especiales como creemos y lo que buscamos ya ha sido inventado y está ahí: articulación federal del Estado e igualdad sin privilegio de género, y desde luego consciencia de lo que lo más importante será siempre el factor humano, por lo que la educación y la formación debiera ser el objeto preferente de todas los políticas. Tampoco estaría mal ser conscientes de que nuestras energías son limitadas y pretender a estas alturas que somos capaces de acabar con todos los problemas del mundo mundial, a lo que nos pueda conducir sea a la desatención de nuestra propia casa, y esa experiencia histórica ya la hemos vivido. En fin, me doy cuenta de que lo que propongo es lo contrario de lo que se ha venido haciendo y seguramente se vaya a seguir ensayando, pero parafraseando el título de la bitácora de Manu: Es lo que pienso.
Y esto no tiene nada que ver con la necesidad de reconocimiento de los derechos de la mujer o con la necesidad de darle una articulación federal a la España de las autonomías. No pretendo poner en cuestión ninguna de las dos cosas, más bien al contrario mi intención sería poner de manifiesto que, como mejor se defienden ambas es garantizando la igualdad y el respeto, sin cortapisas ni interpretaciones torticeras, de los derechos humanos de todos y todas, de los del norte y de los del sur, de los del este y de los del oeste. La búsqueda del privilegio sea de género o de comunidad debiera quedar descartada desde el principio.
Y por eso no puedo dejar de constatar que a fuerza de no querer avanzar en esa dirección, nuestra vida política, pero no sólo la política, llevada de la lógica territorial y de género, debe realizar extraños ejercicios, como en la reciente crisis de Gobierno en la que es fácil apreciar que, en lugar de un ejercicio de autonomía por parte del presidente del Gobierno para la elección del Ejecutivo con la composición y el número de miembros que las circunstancias presentes exigirían, se ha compuesto un puzzle en el que no se acaba de realizar el ajuste necesario para no romper la estricta paridad de sexos, donde algunos nombramientos sólo son comprensibles desde la óptica de “seguir tirando” en un Estado de las autonomías cada día con menos articulación y, donde algunos ceses son de difícil explicación.
En mi opinión si acertada fue la transición política, desacertados están siendo las políticas de los últimos años, en las que más que ir cerrando y mejorando un sistema que precisa de estabilidad institucional parece cada día más abocado a abrir y establecer motivos de división y separación, por motivo de género o de territorio, que finalmente no terminarán redundando en beneficio de nadie sino en perjuicio de todos. Sería interesante que todos reflexionásemos sobre el cansancio y la desafección existente hacia la política en general o la clase de los políticos en particular, incluidas las de las autonomías: el caso catalán parece paradigmático, como ponen de manifiesto sus propias encuestas; y necesario sería que, fuera de prejuicios interesados, nos interrogásemos sobre la creciente necesidad de los ciudadanos de buscar respuesta a sus inquietudes lejos de las opciones políticas tradicionales.
Durante los últimos años hemos disfrutado de una ayuda de la Unión europea cifrada en 138.000 millones de euros (más de 20 billones de las antiguas pesetas) lo que unido a una especial coyuntura económica hizo pensar a muchos que el crecimiento indefinido era posible y que todas la peticiones podían ser atendidas. Ahora hemos chocado de bruces con una realidad que deja al descubierto que tales ideas eran sólo ilusiones, lo que ya no está tan claro es que todo el mundo haya aprendido la lección. A pesar de lo voluminoso de la ayuda no hemos sabido aprovechar ese ingente cantidad de recursos en aquello que finalmente hace mejores a las sociedades: la formación y educación de sus ciudadanos, y la construcción de un entramado institucional que garantice la igualdad y la libertad; por el contrario hemos vivido contagiados por la fiebre del oro y la búsqueda del privilegio y ahora nos encontramos con que necesitamos cambiar de modelo y no sabemos cómo hacerlo.
Quizá sea el momento de pensar que seguramente no somos tan especiales como creemos y lo que buscamos ya ha sido inventado y está ahí: articulación federal del Estado e igualdad sin privilegio de género, y desde luego consciencia de lo que lo más importante será siempre el factor humano, por lo que la educación y la formación debiera ser el objeto preferente de todas los políticas. Tampoco estaría mal ser conscientes de que nuestras energías son limitadas y pretender a estas alturas que somos capaces de acabar con todos los problemas del mundo mundial, a lo que nos pueda conducir sea a la desatención de nuestra propia casa, y esa experiencia histórica ya la hemos vivido. En fin, me doy cuenta de que lo que propongo es lo contrario de lo que se ha venido haciendo y seguramente se vaya a seguir ensayando, pero parafraseando el título de la bitácora de Manu: Es lo que pienso.
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instituciones,
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31 marzo, 2009
Ambivalencia y asimetría
No sé qué me admira más: si la capacidad del feminismo para denunciar sexismo en el lenguaje mientras se encarga de hacer trizas el idioma y de paso construye un nuevo diccionario a su medida; o la inopia de tanto pensador posmoderno, que ajeno a todo cuanto sucede fuera de su torre de marfil sigue pensando que todos los “metarrelatos” han sido finiquitados y, enfrascado en la polémica: objetividad sí o no, vive ajeno a la realidad y al profundo cambio que, por la mano de la ideología de género, están sufriendo nuestras sociedades en aspectos decisivos de la vida política, cultural y social y siempre en una dirección: la discriminación del hombre, bajo el pretexto de que para igualar lo que es desigual, es necesario discriminar ya que un nuevo principio se ha impuesto: “Tratar igual a los que no son iguales, tiene un nombre: discriminar. Pretender que se trate igual a ambos sexos tiene un nombre: discriminar."
Hay que ver la que se armó para negar validez a expresiones como “violencia doméstica”, o “violencia de pareja” o tantas otras de las utilizadas con anterioridad a que, y contra el criterio de la RAE, impusieran en la Ley la expresión “violencia de género” para que ahora y pasmo de todos debamos olvidarnos de esta última y pasarnos a la de “violencia machista”. Sin que por lo demás importe lo devaluado del término. O asistir a la conversión del término sexismo, que de significar: discriminación por motivo de sexo, ha pasado a: discriminación hacia el género femenino... Pero más, lo que hasta ayer era “discriminación positiva” ahora ha pasado a denominarse “acción positiva” para ocultar su verdadero significado, o que, en la actual Lei de igualdade de Galicia y después de un canto a la igualdad y la universalidad (más incomprensible por cuanto el género justamente supone la ruptura de una y otra), para justificar el diferente trato ante la ley de hombres y mujeres, se haya tenido que recurrir a un neologismo de difícil digestión: “identidade xurídica de trato entre mulleres e homes”.
La potencia del relato de género es más fuerte que nunca, tanto, que da la sensación de ocuparlo casi todo y ya puede la postmodernidad seguir discutiendo a cerca de la verdad y la objetividad cuanto quiera, que mientras tanto lo que sí se hará verdad será que para “que hombres y mujeres sean iguales” la ley los ha de tratar de modo diferente y, llevados de este empuje inicial, se justificará el diferente resultado en la escuela aduciendo que “las chicas son más listas” y cómo no, que mientras se denuncian los estereotipos de género, se reinventan unos nuevos en los que el reparto es tan desigualatario como siempre y, dónde conviven, sin aparente contradicción ni falseamiento de la realidad, la idea de que el hombre puede ser tildado de acosador por una mirada o un piropo, al tiempo que le es exigible, aún a riesgo de su integridad física, el tradicional y en otros momentos tan denostado papel de protector, para que su conducta no se vea afeada públicamente presentándolo como un cobarde.
La enorme capacidad del discurso de género para la ambivalencia sólo es comparable a su capacidad para una igualdad donde ésta nada tenga que ver con la equidad, la simetría o la reciprocidad de trato, y para presentar como privilegio masculino lo que para sí no quiere o como discriminación femenina lo que al hombre le es negado.
En el preámbulo de la Ley de igualdad en el trabajo de Galicia (hay un enlace en Documentos) se llega a decir:
“Es innegable que esas otras desigualdades (se refiere a las que sufren otros colectivos desfavorecidos) necesitan de la atención y el apoyo de los poderes públicos, y el ordenamiento jurídico lo prevé expresamente, pero, a diferencia de las políticas de apoyo en favor de esos otros grupos sociales, la consecución del acceso a la igualdad por parte de las mujeres ni debe depender del desarrollo económico de una sociedad en un momento determinado, ni debe estar condicionada por la polémica de los partidos políticos que compiten por el poder, ya que el objetivo por alcanzar fue asumido de manera unánime por todo el arco parlamentario gallego, y es claro y preciso: la paridad de ambos sexos, la igualdad perfecta. (la negrilla es mía)
Y uno no sabe si echarse a temblar porque tiene la sensación de encontrarse ante la búsqueda de un nuevo paraíso, al estilo del paraíso comunista, tanto más querido cuanto más la realidad lo negaba, y para el que no importaba lo que se sacrificase en el presente pues lo que en el futuro depararía lo compensaría todo.
Pero interesa seguir leyendo lo que viene a continuación donde sin empacho ninguno, y para explicar la “posición crónica y estructural de subordinación” de la mujer se dice:
La situación de discriminación en la que se desenvuelve la mayor parte de las mujeres cuando acceden al mercado laboral se manifiesta en aspectos cuantificables: en la concentración de su trabajo en un reducido número de actividades feminizadas: el 54% de las mujeres trabajan en el 13% de las actividades; en las ocupaciones con mayor discriminación donde trabaja el 60% de la población ocupada sólo el 4 % son mujeres; en la persistencia de altos niveles de discriminación salarial: el salario medio de las mujeres es el 73 % del de los hombres; en la existencia de menores oportunidades de desarrollo de la carrera profesional (en esas actividades feminizadas las mujeres directivas tienen un 20 % del peso en las ocupaciones directivas); en las altas tasas de desempleo (mientras que por cada 14 hombres ocupados hay 10 mujeres, por cada diez hombres parados hay dieciséis mujeres); en los mayores índices de precariedad laboral (mientras cuatro de cada diez mujeres tienen unas relaciones precarias, son tres de cada diez hombres), que conducen a trabajos temporales, a tiempo parcial, interinidades, trabajos sin contrato; en una menor presencia de mujeres en el autoempleo y en el mundo empresarial (sólo el 34% de los afiliados por cuenta propia son mujeres).
Y podemos analizar punto por punto lo que en cada párrafo se dice para ver la precariedad intelectual y de todo tipo en que este discurso está montado. Cualquier persona con algo de formación en Economía o Historia sabe que desde mediados del siglo pasado y particularmente en el último tercio, la economía de los países desarrollados pasaron de ser economías industriales a economías de servicios, haciendo que este tercer sector desplazara en importancia no ya al sector primario muy tocado en las sociedades industriales, sino al propio sector industrial, adueñándose de al rededor del 60% de la economía tanto en términos de producto interior como de empleo, lo que ensanchó enormemente el mercado laboral de las economías de los países desarrollados. Puede verse: http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_1121550866/Terciarizaci%C3%B3n.html
Y no es una casualidad que sea en este momento que la mujer se incorpore masivamente al mercado de trabajo, pues es en este sector donde busca su ocupación la inmensa mayoría de las féminas.
Un sector que comprende al Sector público, que en nuestro país da empleo a 3.000.000 de personas y donde las mujeres representan en el de más reciente creación: las administraciones autonómicas el 60 % del empleo, con tendencia a crecer. Las mujeres tienden a concentrarse en un reducido número de actividades porque rechazan muchas otras actividades donde el trabajo es más duro o implica más riesgos para la salud y la vida, léase la mayor parte parte de empleos industriales, construcción y sector primario. Si lo que la Ley pretende es que hombres y mujeres somos perfectamente intercambiables en el terreno laboral o que las mujeres van a optar a puestos de trabajo sin distinción de sector, desde este mismo momento niego que tal cosa vaya a suceder, porque no ha sucedido nunca en ningún país y porque, como digo en otro momento, todos los esfuerzos por incorporar a la mujer a sectores como el naval o la construcción han fracasado y porque las mujeres así lo expresan un día sí y otro también.
La mujer ante el mercado de trabajo tiene un comportamiento completamente diferente al hombre ya que se permite no incorporarse al mismo si lo tiene que hacer en actividades que no son de su agrado. Cientos de experiencias lo avalan, desde las 32.000 tituladas universitarias catalanas que deciden renunciar al mismo por no encontrar el empleo que desean, hasta el completo fracaso de las campañas realizadas a favor de incorporar a la mujer a sectores relacionados con la industria y la construcción. Por lo demás buen número de mujeres deciden que no se incorporarán nunca al mercado laboral porque prefieren atender a sus hijos o por cualesquiera otras causas y eso sin reproche social alguno. Circunstancia que entre los varones es prácticamente inexistente entre otras razones porque el rechazo social sería mucho mayor. Por tanto presentar este elemento como de discriminación hacia la mujer es cuando menos sarcástico ya que en verdad lo que significa es que la mujer con esta actitud rechaza los trabajos más duros y de riesgo que son asumidos prácticamente en exclusiva por los hombres. Léase construcción, transporte, pesca, industria, trabajos agrícolas más duros, protección: militares, policías, bomberos, guardias seguridad, etc.
En lo relativo a las comparaciones de salarios medios tengo que decir que se trata de una engañifa intelectual sólo entendible en el marco de una clase política, incluso cultural, que ha antepuesto lo políticamente correcto a cualquier otra consideración. Con la misma vara de medir, es decir salario medio, habría que decir que los extremeños por relación con los madrileños sufren una discriminación mucho mayor a la de las mujeres ya que su salario medio es menos del 50 % del de aquellos. Es decir, se trata de una simple media aritmética, sin contenido cualitativo alguno y que por sí misma no puede expresa discriminación, ya que para para eso hace falta una prospección en otras variables de tipo cualitativo como: puesto de trabajo, cualificación, antigüedad, incluso duración de la jornada laboral...
Lo realmente discriminatorio sería que alguien que trabajase 6 horas cobrase lo mismo que otro que trabajase 8, o que alguien con 30 años de servicio cobrase lo mismo que un recién llegado, o que cobrase lo mismo quien realizase un trabajo duro y a tiempo completo que otro que realizase un trabajo más cómodo a tiempo parcial. Como discriminación sería que en dos puestos de trabajo iguales hombre y mujer cobrasen diferente. Y eso es realmente lo que no está sucediendo y para evitar que pueda suceder cualquier trabajador en España podría recurrir a la inspección de trabajo, los sindicatos, y si se hiciese necesario a los tribunales de justicia. Es decir, tal discriminación no lo es y sólo pretende ocultar que las mujeres se están incorporando al mercado de trabajo en empleos con un estándar de calidad y remuneración superiores a los del hombre. Estudios recientes confirman que las mujeres menores de 30 años o de ciudades como Nueva York cobran más por hora trabajada que los hombres, y esta tendencia es a incrementar el gap teniendo en cuenta que la posición de salida en lo relativo a los títulos académicos es mucho más favorable para ellas que para ellos.
Es verdad, aún cuando cada vez lo es en menor medida, que hay más hombres ocupados que mujeres, pero calificar eso como privilegio, sería tanto como calificar como discriminación que haya mujeres que decidan no incorporarse al mercado de trabajo, o que no lo hagan mientras el empleo no sea de su agrado. En cuanto al paro, y a pesar de que la ley es reciente, del año 2007, todo lo que había de verdad en esa coyuntura se ha esfumado porque a día de hoy, la destrucción de empleo masculino es muy superior a la femenina, al igual que el ritmo de creación de empleos que también es más favorable para las féminas. Otras argumentaciones como considerar al trabajo a tiempo parcial como discriminatorio me parece que sólo se pueden hacer desde una óptica basada en considerar a la mujer víctima siempre, incluso cuando eso represente trabajar menos y en profesiones más cómodas y de menor riesgo, pues lo único que cabe decir es que si tus condiciones te lo permiten un trabajo a tiempo parcial es lo que todos desearíamos. Me supongo que me ahorraréis tener que decir algo en cuanto a considerar que se debe a discriminación la menor participación de la mujer en las actividades de autoempleo.
Y otro tanto de lo mismo si os digo que no pienso dedicar ni un minuto a la “doble jornada” ya que diversos estudios han demostrado que no es verdad que las mujeres tengan una jornada doble o trabajen más que los hombres, ya que si ellas por término medio lo hacen más en casa, ellos lo hacen más fuera, como tampoco perderé ni un minuto a negar la pretendida discriminación horizontal según la cual ellas ocuparían los puestos de trabajo peor remunerados y ellos los mejor, ellas estarían en la base y ellos en la cúspide. Un pequeño comentario si merece el hecho de que en un país con uno de los índices de siniestralidad laboral más altos de Europa, más de 1.000 muertos al año, en su abrumadora mayoría hombres, la referencia expresa que aparece a este asunto dice: "se realizarán actuaciones en materia de prevención de riesgos laborales en los sectores feminizados". Este punto por sí solo resume mejor que todo lo que yo pueda decir la perspectiva desde la que se ha redactado la Ley.
Que frente a este cúmulo de despropósitos e insolvencia intelectual la inmensa mayoría de los hombres decida guardar silencio es lo que más me cuesta entender.
Si durante todo el período industrial se adujo como impedimento para que las mujeres se incorporasen de forma importante al mercado de trabajo el machismo imperante que las excluía, ahora que con la terciarización de la economía lo han podido hacer masivamente el motivo aducido es otro, pero la queja es más elevada si cabe, y lo que ha sido uno de los procesos de transformación del mercado laboral más importantes en muchos decenios, en lugar de en motivo de celebración, pretenden de nuevo que en realidad se trata de una nueva discriminación, de una nueva estrategia del patriarcado, de una nueva demostración de lo indigno de la condición masculina. Pretender que el hombre ha vivido a lo largo de los siglos en el estado de bienestar olvidando, que tal cosa no tiene más allá de 30-40-50 años, según los países, y de la que desde el primer momento aprovecharon las mujeres y los hombres, es pretender olvidar la historia o reescribirla. Lo que en realidad sucede es que cuando el feminismo dice querer hablar del mercado laboral de lo que está hablando es de otra cosa, como cuando dice querer hablar de igualdad en realidad de lo que habla es de la mejor forma de negarla, o cuando habla de sexismo en el lenguaje lo que pretende es imponer el sexismo de género.
Tiene su aquél que primero se niegue la custodia compartida y luego se pretenda presentar el menor tiempo que los padres pasan con los hijos como motivo de discriminación e insistir en que es por culpa del machismo el mantenimiento del reparto tradicional de tareas, como tiene su aquél tanta oferta de cursos de planchado para hombres pero ni uno sólo para una mejor paternidad y atención al niño o la niña en los primeros meses de vida; es más, parece que lo realmente bienvenido sea todo aquello que contribuya a desprestigiar la figura del padre. Todo este juego de acusar a los otros de lo que yo mejor practico, es un juego que tiene que ser puesto al descubierto para no seguir asistiendo a este ambivalencia y asimetría a la que el feminismo de género nos tiene tan acostumbrados. Acusar al patriarcado de un reparto de roles discriminatorio pero luego acogerse a él para que se nos conceda la custodia de los hijos y el patrimonio familiar, lo que a su vez nos servirá para construir estadísticas según las cuales las mujeres dedican más tiempo al cuidado de los hijos, siendo sin embargo los padres esos señores ausentes; exigir cuando conviene y denunciar cuando interesa la protección masculina; aducir como discriminatorio que en el mercado de trabajo las mujeres están en menos sectores pero luego negarse a realizar trabajos en la construcción, la industria y tantos otros; presentarse como el sector depauperado y abandonado de la sociedad mientras se dispone de la mayor capacidad de gasto y renta... todas esas y otras muchas estrategias de engaño deben ser desveladas para que de verdad comencemos a discutir en dónde estamos y qué mundo queremos: hombres y mujeres, mujeres y hombres.
Hay que ver la que se armó para negar validez a expresiones como “violencia doméstica”, o “violencia de pareja” o tantas otras de las utilizadas con anterioridad a que, y contra el criterio de la RAE, impusieran en la Ley la expresión “violencia de género” para que ahora y pasmo de todos debamos olvidarnos de esta última y pasarnos a la de “violencia machista”. Sin que por lo demás importe lo devaluado del término. O asistir a la conversión del término sexismo, que de significar: discriminación por motivo de sexo, ha pasado a: discriminación hacia el género femenino... Pero más, lo que hasta ayer era “discriminación positiva” ahora ha pasado a denominarse “acción positiva” para ocultar su verdadero significado, o que, en la actual Lei de igualdade de Galicia y después de un canto a la igualdad y la universalidad (más incomprensible por cuanto el género justamente supone la ruptura de una y otra), para justificar el diferente trato ante la ley de hombres y mujeres, se haya tenido que recurrir a un neologismo de difícil digestión: “identidade xurídica de trato entre mulleres e homes”.
La potencia del relato de género es más fuerte que nunca, tanto, que da la sensación de ocuparlo casi todo y ya puede la postmodernidad seguir discutiendo a cerca de la verdad y la objetividad cuanto quiera, que mientras tanto lo que sí se hará verdad será que para “que hombres y mujeres sean iguales” la ley los ha de tratar de modo diferente y, llevados de este empuje inicial, se justificará el diferente resultado en la escuela aduciendo que “las chicas son más listas” y cómo no, que mientras se denuncian los estereotipos de género, se reinventan unos nuevos en los que el reparto es tan desigualatario como siempre y, dónde conviven, sin aparente contradicción ni falseamiento de la realidad, la idea de que el hombre puede ser tildado de acosador por una mirada o un piropo, al tiempo que le es exigible, aún a riesgo de su integridad física, el tradicional y en otros momentos tan denostado papel de protector, para que su conducta no se vea afeada públicamente presentándolo como un cobarde.
La enorme capacidad del discurso de género para la ambivalencia sólo es comparable a su capacidad para una igualdad donde ésta nada tenga que ver con la equidad, la simetría o la reciprocidad de trato, y para presentar como privilegio masculino lo que para sí no quiere o como discriminación femenina lo que al hombre le es negado.
En el preámbulo de la Ley de igualdad en el trabajo de Galicia (hay un enlace en Documentos) se llega a decir:
“Es innegable que esas otras desigualdades (se refiere a las que sufren otros colectivos desfavorecidos) necesitan de la atención y el apoyo de los poderes públicos, y el ordenamiento jurídico lo prevé expresamente, pero, a diferencia de las políticas de apoyo en favor de esos otros grupos sociales, la consecución del acceso a la igualdad por parte de las mujeres ni debe depender del desarrollo económico de una sociedad en un momento determinado, ni debe estar condicionada por la polémica de los partidos políticos que compiten por el poder, ya que el objetivo por alcanzar fue asumido de manera unánime por todo el arco parlamentario gallego, y es claro y preciso: la paridad de ambos sexos, la igualdad perfecta. (la negrilla es mía)
Y uno no sabe si echarse a temblar porque tiene la sensación de encontrarse ante la búsqueda de un nuevo paraíso, al estilo del paraíso comunista, tanto más querido cuanto más la realidad lo negaba, y para el que no importaba lo que se sacrificase en el presente pues lo que en el futuro depararía lo compensaría todo.
Pero interesa seguir leyendo lo que viene a continuación donde sin empacho ninguno, y para explicar la “posición crónica y estructural de subordinación” de la mujer se dice:
La situación de discriminación en la que se desenvuelve la mayor parte de las mujeres cuando acceden al mercado laboral se manifiesta en aspectos cuantificables: en la concentración de su trabajo en un reducido número de actividades feminizadas: el 54% de las mujeres trabajan en el 13% de las actividades; en las ocupaciones con mayor discriminación donde trabaja el 60% de la población ocupada sólo el 4 % son mujeres; en la persistencia de altos niveles de discriminación salarial: el salario medio de las mujeres es el 73 % del de los hombres; en la existencia de menores oportunidades de desarrollo de la carrera profesional (en esas actividades feminizadas las mujeres directivas tienen un 20 % del peso en las ocupaciones directivas); en las altas tasas de desempleo (mientras que por cada 14 hombres ocupados hay 10 mujeres, por cada diez hombres parados hay dieciséis mujeres); en los mayores índices de precariedad laboral (mientras cuatro de cada diez mujeres tienen unas relaciones precarias, son tres de cada diez hombres), que conducen a trabajos temporales, a tiempo parcial, interinidades, trabajos sin contrato; en una menor presencia de mujeres en el autoempleo y en el mundo empresarial (sólo el 34% de los afiliados por cuenta propia son mujeres).
Y podemos analizar punto por punto lo que en cada párrafo se dice para ver la precariedad intelectual y de todo tipo en que este discurso está montado. Cualquier persona con algo de formación en Economía o Historia sabe que desde mediados del siglo pasado y particularmente en el último tercio, la economía de los países desarrollados pasaron de ser economías industriales a economías de servicios, haciendo que este tercer sector desplazara en importancia no ya al sector primario muy tocado en las sociedades industriales, sino al propio sector industrial, adueñándose de al rededor del 60% de la economía tanto en términos de producto interior como de empleo, lo que ensanchó enormemente el mercado laboral de las economías de los países desarrollados. Puede verse: http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_1121550866/Terciarizaci%C3%B3n.html
Y no es una casualidad que sea en este momento que la mujer se incorpore masivamente al mercado de trabajo, pues es en este sector donde busca su ocupación la inmensa mayoría de las féminas.
Un sector que comprende al Sector público, que en nuestro país da empleo a 3.000.000 de personas y donde las mujeres representan en el de más reciente creación: las administraciones autonómicas el 60 % del empleo, con tendencia a crecer. Las mujeres tienden a concentrarse en un reducido número de actividades porque rechazan muchas otras actividades donde el trabajo es más duro o implica más riesgos para la salud y la vida, léase la mayor parte parte de empleos industriales, construcción y sector primario. Si lo que la Ley pretende es que hombres y mujeres somos perfectamente intercambiables en el terreno laboral o que las mujeres van a optar a puestos de trabajo sin distinción de sector, desde este mismo momento niego que tal cosa vaya a suceder, porque no ha sucedido nunca en ningún país y porque, como digo en otro momento, todos los esfuerzos por incorporar a la mujer a sectores como el naval o la construcción han fracasado y porque las mujeres así lo expresan un día sí y otro también.
La mujer ante el mercado de trabajo tiene un comportamiento completamente diferente al hombre ya que se permite no incorporarse al mismo si lo tiene que hacer en actividades que no son de su agrado. Cientos de experiencias lo avalan, desde las 32.000 tituladas universitarias catalanas que deciden renunciar al mismo por no encontrar el empleo que desean, hasta el completo fracaso de las campañas realizadas a favor de incorporar a la mujer a sectores relacionados con la industria y la construcción. Por lo demás buen número de mujeres deciden que no se incorporarán nunca al mercado laboral porque prefieren atender a sus hijos o por cualesquiera otras causas y eso sin reproche social alguno. Circunstancia que entre los varones es prácticamente inexistente entre otras razones porque el rechazo social sería mucho mayor. Por tanto presentar este elemento como de discriminación hacia la mujer es cuando menos sarcástico ya que en verdad lo que significa es que la mujer con esta actitud rechaza los trabajos más duros y de riesgo que son asumidos prácticamente en exclusiva por los hombres. Léase construcción, transporte, pesca, industria, trabajos agrícolas más duros, protección: militares, policías, bomberos, guardias seguridad, etc.
En lo relativo a las comparaciones de salarios medios tengo que decir que se trata de una engañifa intelectual sólo entendible en el marco de una clase política, incluso cultural, que ha antepuesto lo políticamente correcto a cualquier otra consideración. Con la misma vara de medir, es decir salario medio, habría que decir que los extremeños por relación con los madrileños sufren una discriminación mucho mayor a la de las mujeres ya que su salario medio es menos del 50 % del de aquellos. Es decir, se trata de una simple media aritmética, sin contenido cualitativo alguno y que por sí misma no puede expresa discriminación, ya que para para eso hace falta una prospección en otras variables de tipo cualitativo como: puesto de trabajo, cualificación, antigüedad, incluso duración de la jornada laboral...
Lo realmente discriminatorio sería que alguien que trabajase 6 horas cobrase lo mismo que otro que trabajase 8, o que alguien con 30 años de servicio cobrase lo mismo que un recién llegado, o que cobrase lo mismo quien realizase un trabajo duro y a tiempo completo que otro que realizase un trabajo más cómodo a tiempo parcial. Como discriminación sería que en dos puestos de trabajo iguales hombre y mujer cobrasen diferente. Y eso es realmente lo que no está sucediendo y para evitar que pueda suceder cualquier trabajador en España podría recurrir a la inspección de trabajo, los sindicatos, y si se hiciese necesario a los tribunales de justicia. Es decir, tal discriminación no lo es y sólo pretende ocultar que las mujeres se están incorporando al mercado de trabajo en empleos con un estándar de calidad y remuneración superiores a los del hombre. Estudios recientes confirman que las mujeres menores de 30 años o de ciudades como Nueva York cobran más por hora trabajada que los hombres, y esta tendencia es a incrementar el gap teniendo en cuenta que la posición de salida en lo relativo a los títulos académicos es mucho más favorable para ellas que para ellos.
Es verdad, aún cuando cada vez lo es en menor medida, que hay más hombres ocupados que mujeres, pero calificar eso como privilegio, sería tanto como calificar como discriminación que haya mujeres que decidan no incorporarse al mercado de trabajo, o que no lo hagan mientras el empleo no sea de su agrado. En cuanto al paro, y a pesar de que la ley es reciente, del año 2007, todo lo que había de verdad en esa coyuntura se ha esfumado porque a día de hoy, la destrucción de empleo masculino es muy superior a la femenina, al igual que el ritmo de creación de empleos que también es más favorable para las féminas. Otras argumentaciones como considerar al trabajo a tiempo parcial como discriminatorio me parece que sólo se pueden hacer desde una óptica basada en considerar a la mujer víctima siempre, incluso cuando eso represente trabajar menos y en profesiones más cómodas y de menor riesgo, pues lo único que cabe decir es que si tus condiciones te lo permiten un trabajo a tiempo parcial es lo que todos desearíamos. Me supongo que me ahorraréis tener que decir algo en cuanto a considerar que se debe a discriminación la menor participación de la mujer en las actividades de autoempleo.
Y otro tanto de lo mismo si os digo que no pienso dedicar ni un minuto a la “doble jornada” ya que diversos estudios han demostrado que no es verdad que las mujeres tengan una jornada doble o trabajen más que los hombres, ya que si ellas por término medio lo hacen más en casa, ellos lo hacen más fuera, como tampoco perderé ni un minuto a negar la pretendida discriminación horizontal según la cual ellas ocuparían los puestos de trabajo peor remunerados y ellos los mejor, ellas estarían en la base y ellos en la cúspide. Un pequeño comentario si merece el hecho de que en un país con uno de los índices de siniestralidad laboral más altos de Europa, más de 1.000 muertos al año, en su abrumadora mayoría hombres, la referencia expresa que aparece a este asunto dice: "se realizarán actuaciones en materia de prevención de riesgos laborales en los sectores feminizados". Este punto por sí solo resume mejor que todo lo que yo pueda decir la perspectiva desde la que se ha redactado la Ley.
Que frente a este cúmulo de despropósitos e insolvencia intelectual la inmensa mayoría de los hombres decida guardar silencio es lo que más me cuesta entender.
Si durante todo el período industrial se adujo como impedimento para que las mujeres se incorporasen de forma importante al mercado de trabajo el machismo imperante que las excluía, ahora que con la terciarización de la economía lo han podido hacer masivamente el motivo aducido es otro, pero la queja es más elevada si cabe, y lo que ha sido uno de los procesos de transformación del mercado laboral más importantes en muchos decenios, en lugar de en motivo de celebración, pretenden de nuevo que en realidad se trata de una nueva discriminación, de una nueva estrategia del patriarcado, de una nueva demostración de lo indigno de la condición masculina. Pretender que el hombre ha vivido a lo largo de los siglos en el estado de bienestar olvidando, que tal cosa no tiene más allá de 30-40-50 años, según los países, y de la que desde el primer momento aprovecharon las mujeres y los hombres, es pretender olvidar la historia o reescribirla. Lo que en realidad sucede es que cuando el feminismo dice querer hablar del mercado laboral de lo que está hablando es de otra cosa, como cuando dice querer hablar de igualdad en realidad de lo que habla es de la mejor forma de negarla, o cuando habla de sexismo en el lenguaje lo que pretende es imponer el sexismo de género.
Tiene su aquél que primero se niegue la custodia compartida y luego se pretenda presentar el menor tiempo que los padres pasan con los hijos como motivo de discriminación e insistir en que es por culpa del machismo el mantenimiento del reparto tradicional de tareas, como tiene su aquél tanta oferta de cursos de planchado para hombres pero ni uno sólo para una mejor paternidad y atención al niño o la niña en los primeros meses de vida; es más, parece que lo realmente bienvenido sea todo aquello que contribuya a desprestigiar la figura del padre. Todo este juego de acusar a los otros de lo que yo mejor practico, es un juego que tiene que ser puesto al descubierto para no seguir asistiendo a este ambivalencia y asimetría a la que el feminismo de género nos tiene tan acostumbrados. Acusar al patriarcado de un reparto de roles discriminatorio pero luego acogerse a él para que se nos conceda la custodia de los hijos y el patrimonio familiar, lo que a su vez nos servirá para construir estadísticas según las cuales las mujeres dedican más tiempo al cuidado de los hijos, siendo sin embargo los padres esos señores ausentes; exigir cuando conviene y denunciar cuando interesa la protección masculina; aducir como discriminatorio que en el mercado de trabajo las mujeres están en menos sectores pero luego negarse a realizar trabajos en la construcción, la industria y tantos otros; presentarse como el sector depauperado y abandonado de la sociedad mientras se dispone de la mayor capacidad de gasto y renta... todas esas y otras muchas estrategias de engaño deben ser desveladas para que de verdad comencemos a discutir en dónde estamos y qué mundo queremos: hombres y mujeres, mujeres y hombres.
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26 marzo, 2009
Estudio tareas hogar
Hace unos meses recogía en esta entrada la anécdota de un Conselleiro de la Xunta de Galicia que luego de reconocer que él en casa “hacía más bien poco” firmó un acuerdo con la Universidad de Santiago para realizar un estudio sobre el reparto de las tareas del hogar. Pues bien, con fecha 10 de febrero se comunicaron a la prensa sus principales conclusiones que encontraréis aquí: http://www.vigometropolitano.com/news/291/ARTICLE/13944/2009-02-10.html
Lo que me sorprende del estudio es que los datos estadísticos con los que trabaja eran ya conocidos, pues estaban recogidos en el trabajo realizado por el INE con el título: Encuesta del empleo del tiempo 2002/03.
El estudio completo lo encontraréis en Documentos y de todos los datos que suministra la encuesta hay dos que me resultan de difícil asimilación: uno, que los hombres dedicamos a cuidados personales el mismo tiempo que las mujeres, y dos, que no encuentro en qué lugar estaría recogido lo que comúnmente las mujeres denominan "ir de tiendas".
Pero aún suponiendo que el estudio no tenga tacha y que los datos vayan a misa, sorprende que ese Conselleiro que dice que en su casa hace más bien poco, a la vista de los resultados se despache de esta forma: "... denunció que la diferencia de género desembocó «en formas de estratificación marcadas por la subordinación social, la explotación económica, la infrarrepresentación política y la marginación cultural». http://www.usc.es/smucea/Las-mujeres-gallegas-dedican-el-doble-de-tiempo-a-las-labores-del-hogar-que-los-hombres
Y aunque el titular con el que pretenden resumir el contenido las redactoras: "Las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres a las tareas del hogar." es el mismo que se utilizó profusamente en 2003 el estudio lo que demuestra justamente es que de ninguna manera se puede hablar de doble jornada de la mujer y que si lo que buscaban era un titular se podían haber ahorrado el trabajo y esperar a la viñeta de Forges en El País de hoy.
Lo que me sorprende del estudio es que los datos estadísticos con los que trabaja eran ya conocidos, pues estaban recogidos en el trabajo realizado por el INE con el título: Encuesta del empleo del tiempo 2002/03.
El estudio completo lo encontraréis en Documentos y de todos los datos que suministra la encuesta hay dos que me resultan de difícil asimilación: uno, que los hombres dedicamos a cuidados personales el mismo tiempo que las mujeres, y dos, que no encuentro en qué lugar estaría recogido lo que comúnmente las mujeres denominan "ir de tiendas".
Pero aún suponiendo que el estudio no tenga tacha y que los datos vayan a misa, sorprende que ese Conselleiro que dice que en su casa hace más bien poco, a la vista de los resultados se despache de esta forma: "... denunció que la diferencia de género desembocó «en formas de estratificación marcadas por la subordinación social, la explotación económica, la infrarrepresentación política y la marginación cultural». http://www.usc.es/smucea/Las-mujeres-gallegas-dedican-el-doble-de-tiempo-a-las-labores-del-hogar-que-los-hombres
Y aunque el titular con el que pretenden resumir el contenido las redactoras: "Las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres a las tareas del hogar." es el mismo que se utilizó profusamente en 2003 el estudio lo que demuestra justamente es que de ninguna manera se puede hablar de doble jornada de la mujer y que si lo que buscaban era un titular se podían haber ahorrado el trabajo y esperar a la viñeta de Forges en El País de hoy.
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25 marzo, 2009
Corporativismo femenino
La intervención de Trinidad Jiménez calificando de machista las críticas a Chacón por el anuncio de retirada de las tropos de Kosovo, muestra hasta qué punto esta forma de proceder se ha convertido en un automatismo, un arma arrojadiza siempre presta para blindar la actuación de las mujeres frente a cualquier crítica, tenga ésta algo que ver o no con el machismo. Pero muestra también cómo las mujeres en la política, la prensa y muchos otros ámbitos han hecho suyo aquello de “una para todas y todas para una” sin que ni la distancia ni la filiación política e ideológica, constituyan un obstáculo insalvable. Todavía ayer una pluma femenina insistía en El Mundo en esa línea, y patéticos resultaron los esfuerzos de Mamén Mendizabal en la sexta por exculpar a la ministra. Recuerdo ahora, cómo en plena campaña por la nominación de los candidatos por el Partido Demócrata a la Casa Blanca cuatro mujeres en mesa redonda celebrada en Yo Dona despedazaban literalmente a Obama mientras se deshacían en elogios hacia Hillary Clinton, llegando a convertir en argumento contra de Obama que no era demasiado negro.
21 marzo, 2009
Publicidad institucional que discrimina y golpea (a los varones)
Tenemos un Gobierno paritario, tenemos un Ministerio de Igualdad, nuestras parlamentarias están atentas a la publicidad sexista, los medios públicos (y los privados) están obligados a proteger a todos, las campañas contra el sexismo se multiplican y, sin embargo, la publicidad institucional golpea y discrimina a los varones de una forma que empieza a ser muy preocupante. Si hace poco era un anuncio de la Dirección General de Tráfico en el que un padre maltrataba a su hijo por no ponerle el cinturón de seguridad (y recibía el merecido reproche de la madre), ahora una campaña contra las drogras vuelve a aparecer encarnada en un hombre que no sólo se hace daño a sí mismo sino a todos los que le rodean: su madre, su esposa, sus hijos... porque con su acción está “maltratando” a todos.
Que yo sepa no existe ninguna réplica en femenino y eso que esta misma semana la prensa publicaba un estudio médico según el cual el 8% de las madres habían tomado cocaína durante el embarazo y esa era la explicación para muchos casos de prematuros, bajo peso, síndrome de abstinencia...
¿Consistirá en esto la igualdad de género?
Que yo sepa no existe ninguna réplica en femenino y eso que esta misma semana la prensa publicaba un estudio médico según el cual el 8% de las madres habían tomado cocaína durante el embarazo y esa era la explicación para muchos casos de prematuros, bajo peso, síndrome de abstinencia...
¿Consistirá en esto la igualdad de género?
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19 marzo, 2009
Padres en apuros
Esta colaboración en La Voz de Galicia vuelve a cuestionar el marco legal que nos estamos dando para regular las relaciones padres-hijos, y los problemas que cada día con mayor frecuencia y gravedad se están produciendo como consecuencia de la desconexión existente entre el legislador y la realidad social
Interesante me parece la campaña en favor de igualar los permisos de maternidad y paternidad
Interesante me parece la campaña en favor de igualar los permisos de maternidad y paternidad
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