En relación con mi último comentario en la entrada anterior, en el sentido de que la perspectiva de género va más allá y está un poco por encima de los partidos políticos, creo que se hace necesario tener presente que dicha “perspectiva” ha sido hecha suya por la ONU al asumir las conclusiones de la Conferencia de Pekín, pero también por las instituciones de la Unión europea, y de ahí para abajo por todos los partidos políticos y las instituciones de nuestro país incluyendo ayuntamientos y comunidades autónomas. Interesa aquí recordar que es una organización de las Naciones Unidas, la OMS la que se niega a reconocer el SAP o que, desde organizaciones ligadas a Naciones Unidas se están llevando adelante campañas en el Tercer Mundo que excluyen expresamente al hombre.
Como se hace necesario recordar que los Estatutos de autonomía recientemente reformados de Andalucía y Cataluña incorporan la perspectiva de género en su articulado, y que no hay reforma del Código Penal, y en nuestro país se realizan con bastante regularidad, en la que no se incorpore un delito o se agrave una pena relacionada con el género, hasta el punto de que es con el PSOE en el poder que hemos llegado al Código Penal más duro de la democracia, y también con la cárceles más llenas de Europa, sin que haya indicios de que esta dinámica absolutamente alocada vaya a detenerse en algún momento. Como cierto es, que al igual que sucediera en algún otro momento histórico hayan decidido ser más papistas que el Papa, y todo se haya desbordado y se hayan superado todas las cotas de racionalidad y ponderación para decidir ir más allá que ningún otro país en terrenos como la desigualdad jurídica de hombres y mujeres o la misma negación de la custodia compartida, y tantos otros contenidos de la Ley de Igualdad.
Aún cuando se trata de un aspecto colateral, quizá convenga recordar la historia de la modificación del famoso artículo 154 del Código Civil que permitía a los padres “corregir razonable y moderadamente a sus hijos” expresión que ha sido sustituida por: “La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica”. A lo que quizá haya poco que objetar, excepto que cuando una juez decide castigar a una madre por maltrato a su hijo, pues resulta que todos los resortes de la sociedad se ponen en pie para evitar que la norma se cumpla, y todavía más, a pesar de que la norma habla bien claro y expreso de integridad física y psicológica del menor, desde el propio Ministerio de Educación se hace una campaña publicitaria en la que ya sólo se cita el maltrato físico, con lo que resulta muy difícil entender el sentido y la lógica de algunas reformas legales si recién aprobadas sucede lo que está sucediendo con ésta. Y eso por no mencionar que con anterioridad a la misma ya se habían dictado ordenes de alejamiento contra algún padre por dar una bofetada a su hija sin que, ni antes ni ahora, nadie haya movido un músculo de su cara para reclamar que la norma se aplique con generalidad y al margen del sexo del agresor, o que, si la norma debe ser modificada lo sea para todos por igual.
Considero, por tanto, un error pensar que lo correcto es dirigir todos los ataques contra el PSOE cuando esta ideología está igualmente presente en los partidos a su izquierda, pero también en los de la derecha incluyendo los nacionalistas PNV y CIU. Rosa Díez en la pasada campaña electoral, si no recuerdo mal, prometía custodia compartida, como también quería apuntarse a este carro I.U. y algunos socialistas, lo que creo que está pasando es que la presión del lobby feminista, un lobby formado por personas de todas las tendencias y en buena medida transnacional lo está impidiendo. Con más posibilidades me parece el intento que se está haciendo en Cataluña de incorporarla a través de la reforma de su Código Civil.
Sería por tanto equivocar el objetivo pensar que la disputa es preferentemente con éste o aquél partido político y no con quien de verdad ha llevado y continua llevando esas políticas a las esferas en que hoy se mueve, haciendo que pase por igualdad el contenido de una ideología segregacionista y excluyente como la contenida en la teoría de género. Políticos y partidos de todas las tendencias llevan contribuyendo desde hace muchos años a ese objetivo de incorporar la perspectiva de género a nuestra legislación y como filosofía de Estado. Muchas veces sin mayor reflexión que sentirse en la obligación de seguir los pasos dictados por la U.E. o la ONU y en muchos casos para sorpresa de algunos de sus propios militantes. Sería interesante poder ponderar el peso que ha tenido esa decisión de la ONU en nuestra clase política y su influencia en su decisión de legislar sobre estos temas. De lo que no hay duda es de lo fácil que el feminismo de género lo ha tenido para posteriormente llevar las cosas a dónde ellas querían.
Recuerdo ahora mismo que cuando Ignasi Guardans de CIU se enteró en la tertulia de la SER de que se estaba elaborando una ley que proponía la “paridad por ley” manifestó su profunda extrañeza de que algo así fuera posible, más adelante pudimos comprobar que en este punto no hubo discrepancias en la Cámara de representantes. O el hecho cien veces recordado de la intención de López Aguilar de incorporar la custodia compartida en la reforma de la Ley de Divorcio, o los balbuceos de tantos y tantos políticos y partidos que con la boca pequeña dicen querer tal cosa sin que llegue a materializarse nunca porque quienes de verdad ostentan “el poder” para decidirlo dijeron en su momento que defender la custodia compartida era situarse del lado de los maltratadores.
Una dificultad para los que no compartimos tal ideología, que me supongo observaréis lo mismo que yo, está en que podemos desde aquí reclamar todos los debates y aclaraciones que queramos, y que puede ser cierto que todos los partidos políticos practiquen dicha política, que también lo es que nadie parece querer asumir el papel de explicarla y, quienes de verdad podrían no parecen tener mucho interés en hacerlo aún cuando luego no paren de quejarse de la invisibilidad a que las condena el patriarcado. Es así que en los últimos años se han llevado a cabo las reformas legislativas más importante en muchos decenios sin que la ciudadanía de a pie y mucho me temo que no sólo ésta, hayamos podido decir ni pío y sin que se haya medido el alcance que, a medio y largo plazo, tales medidas puedan tener sobre aspectos fundamentales de nuestra sociedad y desde luego sobre la igualdad.
Recientemente pedía Leire Pajín en un programa de televisión que por favor no se hiciese ninguna gracieta con la paridad pues como ella misma dijo: “nos ha costado mucho conseguirla”. Echo la mirada atrás y trato de recordar ese enorme esfuerzo y no soy capaz de ver en dónde estuvo tal cosa, pues el grueso de la legislación de género se aprobó en la pasada legislatura sin apenas oposición ni dentro ni fuera de la Cámara y sin que nadie explicase a que venía tanto cambio. Trato de recordar artículos en la prensa que hablasen de la “democracia paritaria” y recuerdo uno posterior a que la paridad hubiese sido aprobada y con la intención más que de explicar las ventajas de tal norma con el ánimo exclusivo de atribuir su paternidad (quizá debiera decir maternidad) al feminismo de género. Resulta por tanto un poco sarcástico hablar de invisibilidad si cuando toca explicar y debatir tantas cosas se opta por el silencio o peor por tirar la piedra y esconder la mano.
En mi opinión la tarea fundamental para quienes no estamos de acuerdo con la agenda de género es demostrar lo que de discriminatorio y sexista, cuando no la misandria, que tal ideología comporta, y como no va a ser desde la exclusión de los hombres y lo masculino como se vaya a conseguir una sociedad mejor. Así como lo que de totalitario y absurdo hay en una ideología que sostiene ideas como ésta de Sulamith Firestone: “A diferencia del primer movimiento feminista, el nuevo movimiento feminista no tiene por objeto simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos yo no importarán culturalmente”. Aunque lo que se sostiene sobre el papel, en la práctica queda en papel mojado y ni una sola vez este feminismo se ha levantado para denunciar por discriminatoria la obligatoriedad de servicio militar sólo para hombres o, la consideración en la ley penal de que el mismo maltrato de hombre a mujer que de mujer a hombre suponga un mayor “desvalor” para el primero que para la segunda, y sin que, por tanto, nos quepa entender entonces que pueda significar eso de que: “las diferencias genitales no importarán culturalmente”.
Más bien al contrario de tales desigualdades son sus principales impulsoras, lo que por otro lado no es más que una prueba a mayores de que ni la honestidad intelectual ni la coherencia con los propios postulados parezca ser una norma de este feminismo. De hecho y a pesar de haber proclamado la derrota de la ideología patriarcal y cuando el peso de lo masculino y los hombres en la educación de los niños ha alcanzado cotas mínimas, este feminismo no tiene empacho en seguir descargándose de cualquier responsabilidad ante el comportamiento de los jóvenes que de creer su propio diagnóstico es igual de machista que siempre. En este sentido la ficción de los géneros las exime de mejores explicaciones.
En mi opinión lo que hace fuerte a este feminismo no es ni la virtualidad de su
pensamiento para explicar el mundo, ni la justeza de sus propuestas en el sentido de la igualdad, sino el importante peso político de las organizaciones que lo sustentan y la abismal diferencia entre las conciencias de género existentes entre hombres y mujeres, lo que en el contexto actual de postmodernidad la ha convertido en la corriente ideológica y de poder más importante de nuestro tiempo gozando por parte de muchos de una amable consideración que poco se corresponde con la dureza y la contundencia con la que desde esa ideología se habla del hombre y lo masculino, a quien se considera “el enemigo a batir”.
Cientos fueron las vueltas que se dieron y se siguen dando para negar que niños y niñas reaccionan diferente desde el primer momento de su vida y que los seres humanos por dentro no venimos a este mundo desnudos sino con una importante carga genética que sin determinarnos completamente supondrá importantes diferentes en el comportamiento de niños y niñas primero, chicos y chicas más tarde, y aún más adelante entre mujeres y hombres. Es increíble que no se haya hecho una evaluación pública –lo cual viene siendo la regla en relación con estas políticas- del fracaso de las campañas que desde hace cuarenta años se vienen llevando a cabo periódicamente a favor de los juguetes asexuados como elemento de igualdad, aunque también es cierto que cada vez son menos, y el entusiasmo que despiertan mucho menor, pero sin que haya sido asumido lo que de negación de la ideología de género supone.
Como digno de análisis es el sarpullido que provoca en este pensamiento cualquier noticia que tenga que ver con la constatación de la diferencia biológica de los sexos, como si en lugar de fruto de una investigación científica rigurosa proviniese de alguna mente aviesa dispuesta a echar por tierra caprichosamente sus postulados “culturalistas”. Así ha sucedido en el momento en que se descubrió que el cromosoma Y no era un residuo degenerado llamado a desaparecer, como desde este feminismo se venía sosteniendo, sino que la información que portaba era mucho más significativa de lo que se nos pretendía hacer creer. Lo cierto es que uno tiene la sensación de que en relación con los sexos, cualquier afirmación feminista por inconsistente que sea parece tener mayor valor que cualquier estudio científico serio que base sus conclusiones en la biología humana.
En fin, tengo la sensación de que después de lo de más arriba algunos pensaréis que no he puesto la tarea precisamente fácil, pero creo que es preferible eso a que alguien pueda pensar que hay un sustituto a mano para cambiar el rumbo de las políticas que en este terreno se están haciendo. Lamentablemente no es así, pero quizá convenga decir también que, un poco por todos lados, el malestar y el desagrado que algunas de estas políticas están provocando lo que está consiguiendo es que, cada día más gente, entienda que no es igualdad todo lo que reluce y que si en algún momento alguien creyó que la postura del feminismo en este terreno era de sincero deseo de avanzar en la dirección de la igualdad, hoy se trata de una mera ficción por lo que lo que ahora se impone es un profundo cambio de rumbo.
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
23 febrero, 2009
14 febrero, 2009
Qué bien les sienta el matrimonio
Hace unos días en la sala de espera del médico eché una ojeada a las revistas que por allí había. En una, Telva, destacaba en portada un titular que aproximadamente decía así: Qué bien sienta el matrimonio (especialmente a nosotras), lo que me llevo a mirar su contenido, que en resumen venía a ratificar el título, comparando mujeres casadas y no casadas en terrenos como la salud, la belleza, el contacto con los hijos... para destacar que casi todo eran ventajas.
Y lo que tal lectura me sugirió fueron dos temas: por un lado, el enorme peso de las revistas femeninas en el quiosco, lo que supone una increíble cantidad de profesionales dedicados a editar contenidos, cada semana, de todo aquello que interesa a las mujeres -lo que siguiendo la lógica femenina debería poder ser denunciado por los hombres como sexismo y discriminación- y, por otra, que el género aún a sabiendas de que el hombre con el que se tropiezan la inmensa mayoría de las mujeres no tiene nada que ver con el estereotipo brutal y primitivo de su imaginario, no por eso dejará de hacerlo, consciente del engaño, pero consciente también de que nada le podrá reportar iguales dividendos.
Y lo que tal lectura me sugirió fueron dos temas: por un lado, el enorme peso de las revistas femeninas en el quiosco, lo que supone una increíble cantidad de profesionales dedicados a editar contenidos, cada semana, de todo aquello que interesa a las mujeres -lo que siguiendo la lógica femenina debería poder ser denunciado por los hombres como sexismo y discriminación- y, por otra, que el género aún a sabiendas de que el hombre con el que se tropiezan la inmensa mayoría de las mujeres no tiene nada que ver con el estereotipo brutal y primitivo de su imaginario, no por eso dejará de hacerlo, consciente del engaño, pero consciente también de que nada le podrá reportar iguales dividendos.
02 febrero, 2009
Segregación de género
Que el género no promueve nada que pueda llamarse igualdad parece cada día más evidente. Sostener tal cosa cada vez les resulta más difícil a quienes hasta el presente no se cansaban de apuntar a los demás con el dedo acusador. El género es una ideología segregacionista que divide al mundo en dos: hombres y mujeres, como dos mundos separados, cuando no profundamente contrapuestos, donde la única constante que aparece es la lucha de géneros. Lucha en la que, dado que lo que se combate es el machismo, todos los excesos e imprudencias por parte del feminismo y las mujeres, estarían consentidos.
Para esta corriente ideológica y de poder, heredera del feminismo radical americano, el hombre es entendido no como un igual de la mujer, sino como un ser despreciable capaz de todas las villanías. Cualquier pretensión de una común humanidad que nos aproximase en nuestras virtudes y miserias es descartada, y como relata magníficamente Enrique Jimeno en la entrada de su bitácora: De los peligros del amor romántico y las políticas de género, para este feminismo, el hombre hasta en el momento del amor no deja de ser un depredador cuya única pretensión es el dominio de la amada. Por lo que quizá se haga necesario recordar a qué tienen conducido y siguen conduciendo las ideologías que fomentan la deshumanización del otro.
En este contexto no debiera sorprender que conspicuos representantes de dicha corriente ideológica al tiempo que acusan al varón de ser el obstáculo para la igualdad descalifiquen la petición de custodia compartida (en otro momento se acusó de maltratadores a quienes defendían tal propósito), o el reconocimiento del SAP, o que la Junta de Andalucía publique un folleto con el título de: No te líes con los chicos malos, y que lleva por subtítulo: Guía no sexista dirigida a chicas. (Demostrando así que puede impedir que en los centros de enseñanza se pueda impartir una educación diferenciada, aunque luego ella misma segregue en lo que a educación sexual se refiere, incluso más, la promueva exclusivamente para las chicas).
Pero quizá lo más singular de esta corriente ideológica y de poder, es su carácter de nebulosa intelectual donde cualquier criterio es posible, incluidas la amalgama y la deshonestidad intelectual siempre que sirvan al objetivo de rebajar al hombre y empoderar a las mujeres. Como pequeño botón de muestra la afirmación del Delegado del Gobierno para la violencia de género en el sentido de que la justicia sólo condena al 2´2% de los maltratadores. Si las cosas sucedieran según parámetros normales en una sociedad democrática una afirmación como esa, en quien desempeña el cargo de Delegado del Gobierno para la violencia de género, debería ir acompañada como mínimo de alguna explicación; en nuestro país nadie lo exigirá. Por eso resulta más cuestionable que la propagación de una tal ideología haya sido asumida y esté financiada por los poderes públicos, hasta el punto de que de que para una feminista como Elisabeth Badinter de lo que quepa hablar sea de “feminismo institucional”.
Desde el punto de vista intelectual tan pronto se sostiene que “la mujer no nace, se hace” como a renglón seguido se considera al hombre atrapado en su naturaleza violenta y opresora sin capacidad para evolucionar, como un poco más tarde se dice que las diferencias entre seres humanos son todas culturales, pero a continuación se cae en el esencialismo de la mujer como la expresión de todas virtudes: desde el amor a la paz, al tiempo que para el hombre se tiene reservado todos los defectos: desde el egoísmo a la ausencia de sentimientos. Lo que nunca se hace es explicar como actúan los mecanismos del patriarcado, ni del género, ni se precisa la significación de ningún concepto, más bien al contrario, como vimos con el término machismo, todo parece ir dirigido a una imprecisión calculada que permita tener en la manga un comodín para usar en cualquier situación.
Tan pronto se niega el derecho a la paternidad como a renglón seguido se habla del poder omnimodo del patriarcado. Lo mismo se niega la custodia compartida y cualquier derecho en la reproducción, como se priva de la figura masculina a cientos de miles de niños, para los que ni existe en casa ni en la escuela, sin que tal proceder conlleve asumir los resultados de tal decisión. Cuando en la sociedad se observa una juventud que no mejora en su forma de enfrentarse a la vida y a la sociedad, entonces la responsabilidad aparece diluida en el conjunto social. Cuando se trata de los éxitos de nuestros chicos la madrina es su madre, cuando de los tropiezos o los fracasos de una sociedad machista y patriarcal. Podríamos decir que para la mujer se reclaman todos los derechos sin el correlato de las obligaciones y para el hombre las obligaciones sin el correlato del derecho.
En fin, un pensamiento donde todos los dualismos simplistas de buenas y malos, todos los maniqueísmos de hombres verdugos y mujeres víctimas, son posibles. Donde la asimetría en el juicio y el privilegio en la resultante siempre son posibles, bajo el pretexto de que unos son la parte fuerte y las otras la parte débil. Pero inmediatamente descubrimos que la perfecta igualdad y paridad que se exige en unos terrenos, en otros se niega, o que a los hombres no sólo no se les ofrece ninguna ventaja para progresar en la paternidad más bien todos las zancadillas están permitidas, hasta el extremo de que cada día es más frecuente leer y escuchar a personas jactarse de que algo así pueda existir. O descubrir que el derecho a la conciliación laboral y familiar es un derecho de las mujeres.
La cita del libro: El Mundo de las mujeres, de Alain Touraine que dice: “Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.”, así lo atestigua y este jugoso comentario realizado en La Vanguardia a propósito de la obra de Miguel Lorente ratifica:
"El posmachismo necesita crear su propia estética y romper con la imagen rancia y viril del machismo, con la idea de hacer que sus propuestas e ideas tengan credibilidad y no sean identificadas con una posición dirigida a mantener el poder masculino". De ahí, sugiere Lorente, que sus militantes se camuflen bajo una preocupación hasta cierto punto femenina por la estética y que lleguen a emular roles tradicionalmente desempeñados por la mujer, como el súbito descubrimiento que desde estos sectores se ha hecho de la figura de los hombres como padres, léase la proclamación del llamado síndrome de alienación parental (SAP).”
El hombre vive bajo una acusasión permanente, si no cambia por inmovilista y si cambia porque se trata únicamente de un disfraz para seguir ejerciendo el dominio.
Pero si esos son los objetivos, en cuanto a los métodos nada desmerece lo anterior. Hasta el punto de que luego de sostener la necesidad de los espacios mixtos para todo tipo de instancias sociales, hayan decretado hace más de 30 años que el feminismo es cosa de mujeres, o que su modus operandi actual con lo que se corresponda sea el de un grupo de presión (lobby femenino) y se aleje definitivamente de cualquier cosa que recuerde a una organización abierta y democrática. Donde el debate social está proscrito incluso con la pretensión de hacer callar a todas y todos cuantos discrepen de sus prescripciones. Donde cualquier intento de debate racional y civilizado es sofocado por la inmediata identificación del otro con el maltratador, el machista, el retrogrado.
Como sorprende que el pretendido salto de civilización que iba a favorecer a mujeres y hombres, en la actualidad haya quedado reducido a “cómo cambiar al hombre”. Las recetas de género, que responden a un plan perfectamente estudiado y milimetrado por ese lobby, con importantísimos apoyos en instituciones nacionales e internacionales, siguen un proceso en el que naciendo de organizaciones feministas, son llevadas al terreno social y político por instituciones de composición mixta (partidos políticos, sindicatos...), para en buena parte de los casos redundar en beneficio exclusivo o prevalente de las mujeres.
Pero quien sin duda mejor expresa el contenido de esta ideología sean sus autoras y para no alargarme mucho más recurriré a una sola cita de Shere Hite, quien en su sección habitual en El País semanal, el 22 de junio de 2003, escribió un artículo titulado: El mejor método anticonceptivo, en el que relataba como después de consultar sobre el tema a “una afamada especialista en la materia”, ésta le respondió: “En general, los mejores métodos para las mujeres son el condón masculino, si no se trata de una relación monógama, y la vasectomía masculina, si se ha completado la familia”. “Cuando alcancemos la deseada forma ideal de gobierno, el “matriarcado opresivo”, espero que todos los chicos se hagan una vasectomía a los 13 años, después de congelar muestras de semen….” Que yo sepa nadie pidió explicaciones ante algo así, ni ninguna sensibilidad de género se sintió ofendida.
P.D. La publicidad, a veces, constituye el mejor reflejo de la sociedad a la que se dirige, por eso os propongo un pequeño juego en el que de lo que se trata es de completar el siguiente título: Porque lo valemos y se lo merecen después de descubrir el sexo de los protagonistas de una serie de spots televisivos.
- En la primera tanda podríamos mentar aquel al que en plena faena musical le vierten un caldero de un líquido pringoso por la cabeza, o aquel otro al que arrojan el líquido de un vaso a la cara, o aquel al que estampan una tarta en todo el rostro, o aquel que recibe un golpe en la espinilla y se dobla de dolor, o aquel que llaman gastón, o al que llaman abusón...
- En la segunda tanda podíamos pensar en aquellos otros spots que finalizan con “porque nosotras lo valemos”
Entre ambos resolvemos el acertijo del título y lo completamos: Porque nosotras lo valemos y ellos se lo merecen.
No resulta una visión excesivamente disparatada de lo que está sucediendo.
Para esta corriente ideológica y de poder, heredera del feminismo radical americano, el hombre es entendido no como un igual de la mujer, sino como un ser despreciable capaz de todas las villanías. Cualquier pretensión de una común humanidad que nos aproximase en nuestras virtudes y miserias es descartada, y como relata magníficamente Enrique Jimeno en la entrada de su bitácora: De los peligros del amor romántico y las políticas de género, para este feminismo, el hombre hasta en el momento del amor no deja de ser un depredador cuya única pretensión es el dominio de la amada. Por lo que quizá se haga necesario recordar a qué tienen conducido y siguen conduciendo las ideologías que fomentan la deshumanización del otro.
En este contexto no debiera sorprender que conspicuos representantes de dicha corriente ideológica al tiempo que acusan al varón de ser el obstáculo para la igualdad descalifiquen la petición de custodia compartida (en otro momento se acusó de maltratadores a quienes defendían tal propósito), o el reconocimiento del SAP, o que la Junta de Andalucía publique un folleto con el título de: No te líes con los chicos malos, y que lleva por subtítulo: Guía no sexista dirigida a chicas. (Demostrando así que puede impedir que en los centros de enseñanza se pueda impartir una educación diferenciada, aunque luego ella misma segregue en lo que a educación sexual se refiere, incluso más, la promueva exclusivamente para las chicas).
Pero quizá lo más singular de esta corriente ideológica y de poder, es su carácter de nebulosa intelectual donde cualquier criterio es posible, incluidas la amalgama y la deshonestidad intelectual siempre que sirvan al objetivo de rebajar al hombre y empoderar a las mujeres. Como pequeño botón de muestra la afirmación del Delegado del Gobierno para la violencia de género en el sentido de que la justicia sólo condena al 2´2% de los maltratadores. Si las cosas sucedieran según parámetros normales en una sociedad democrática una afirmación como esa, en quien desempeña el cargo de Delegado del Gobierno para la violencia de género, debería ir acompañada como mínimo de alguna explicación; en nuestro país nadie lo exigirá. Por eso resulta más cuestionable que la propagación de una tal ideología haya sido asumida y esté financiada por los poderes públicos, hasta el punto de que de que para una feminista como Elisabeth Badinter de lo que quepa hablar sea de “feminismo institucional”.
Desde el punto de vista intelectual tan pronto se sostiene que “la mujer no nace, se hace” como a renglón seguido se considera al hombre atrapado en su naturaleza violenta y opresora sin capacidad para evolucionar, como un poco más tarde se dice que las diferencias entre seres humanos son todas culturales, pero a continuación se cae en el esencialismo de la mujer como la expresión de todas virtudes: desde el amor a la paz, al tiempo que para el hombre se tiene reservado todos los defectos: desde el egoísmo a la ausencia de sentimientos. Lo que nunca se hace es explicar como actúan los mecanismos del patriarcado, ni del género, ni se precisa la significación de ningún concepto, más bien al contrario, como vimos con el término machismo, todo parece ir dirigido a una imprecisión calculada que permita tener en la manga un comodín para usar en cualquier situación.
Tan pronto se niega el derecho a la paternidad como a renglón seguido se habla del poder omnimodo del patriarcado. Lo mismo se niega la custodia compartida y cualquier derecho en la reproducción, como se priva de la figura masculina a cientos de miles de niños, para los que ni existe en casa ni en la escuela, sin que tal proceder conlleve asumir los resultados de tal decisión. Cuando en la sociedad se observa una juventud que no mejora en su forma de enfrentarse a la vida y a la sociedad, entonces la responsabilidad aparece diluida en el conjunto social. Cuando se trata de los éxitos de nuestros chicos la madrina es su madre, cuando de los tropiezos o los fracasos de una sociedad machista y patriarcal. Podríamos decir que para la mujer se reclaman todos los derechos sin el correlato de las obligaciones y para el hombre las obligaciones sin el correlato del derecho.
En fin, un pensamiento donde todos los dualismos simplistas de buenas y malos, todos los maniqueísmos de hombres verdugos y mujeres víctimas, son posibles. Donde la asimetría en el juicio y el privilegio en la resultante siempre son posibles, bajo el pretexto de que unos son la parte fuerte y las otras la parte débil. Pero inmediatamente descubrimos que la perfecta igualdad y paridad que se exige en unos terrenos, en otros se niega, o que a los hombres no sólo no se les ofrece ninguna ventaja para progresar en la paternidad más bien todos las zancadillas están permitidas, hasta el extremo de que cada día es más frecuente leer y escuchar a personas jactarse de que algo así pueda existir. O descubrir que el derecho a la conciliación laboral y familiar es un derecho de las mujeres.
La cita del libro: El Mundo de las mujeres, de Alain Touraine que dice: “Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.”, así lo atestigua y este jugoso comentario realizado en La Vanguardia a propósito de la obra de Miguel Lorente ratifica:
"El posmachismo necesita crear su propia estética y romper con la imagen rancia y viril del machismo, con la idea de hacer que sus propuestas e ideas tengan credibilidad y no sean identificadas con una posición dirigida a mantener el poder masculino". De ahí, sugiere Lorente, que sus militantes se camuflen bajo una preocupación hasta cierto punto femenina por la estética y que lleguen a emular roles tradicionalmente desempeñados por la mujer, como el súbito descubrimiento que desde estos sectores se ha hecho de la figura de los hombres como padres, léase la proclamación del llamado síndrome de alienación parental (SAP).”
El hombre vive bajo una acusasión permanente, si no cambia por inmovilista y si cambia porque se trata únicamente de un disfraz para seguir ejerciendo el dominio.
Pero si esos son los objetivos, en cuanto a los métodos nada desmerece lo anterior. Hasta el punto de que luego de sostener la necesidad de los espacios mixtos para todo tipo de instancias sociales, hayan decretado hace más de 30 años que el feminismo es cosa de mujeres, o que su modus operandi actual con lo que se corresponda sea el de un grupo de presión (lobby femenino) y se aleje definitivamente de cualquier cosa que recuerde a una organización abierta y democrática. Donde el debate social está proscrito incluso con la pretensión de hacer callar a todas y todos cuantos discrepen de sus prescripciones. Donde cualquier intento de debate racional y civilizado es sofocado por la inmediata identificación del otro con el maltratador, el machista, el retrogrado.
Como sorprende que el pretendido salto de civilización que iba a favorecer a mujeres y hombres, en la actualidad haya quedado reducido a “cómo cambiar al hombre”. Las recetas de género, que responden a un plan perfectamente estudiado y milimetrado por ese lobby, con importantísimos apoyos en instituciones nacionales e internacionales, siguen un proceso en el que naciendo de organizaciones feministas, son llevadas al terreno social y político por instituciones de composición mixta (partidos políticos, sindicatos...), para en buena parte de los casos redundar en beneficio exclusivo o prevalente de las mujeres.
Pero quien sin duda mejor expresa el contenido de esta ideología sean sus autoras y para no alargarme mucho más recurriré a una sola cita de Shere Hite, quien en su sección habitual en El País semanal, el 22 de junio de 2003, escribió un artículo titulado: El mejor método anticonceptivo, en el que relataba como después de consultar sobre el tema a “una afamada especialista en la materia”, ésta le respondió: “En general, los mejores métodos para las mujeres son el condón masculino, si no se trata de una relación monógama, y la vasectomía masculina, si se ha completado la familia”. “Cuando alcancemos la deseada forma ideal de gobierno, el “matriarcado opresivo”, espero que todos los chicos se hagan una vasectomía a los 13 años, después de congelar muestras de semen….” Que yo sepa nadie pidió explicaciones ante algo así, ni ninguna sensibilidad de género se sintió ofendida.
P.D. La publicidad, a veces, constituye el mejor reflejo de la sociedad a la que se dirige, por eso os propongo un pequeño juego en el que de lo que se trata es de completar el siguiente título: Porque lo valemos y se lo merecen después de descubrir el sexo de los protagonistas de una serie de spots televisivos.
- En la primera tanda podríamos mentar aquel al que en plena faena musical le vierten un caldero de un líquido pringoso por la cabeza, o aquel otro al que arrojan el líquido de un vaso a la cara, o aquel al que estampan una tarta en todo el rostro, o aquel que recibe un golpe en la espinilla y se dobla de dolor, o aquel que llaman gastón, o al que llaman abusón...
- En la segunda tanda podíamos pensar en aquellos otros spots que finalizan con “porque nosotras lo valemos”
Entre ambos resolvemos el acertijo del título y lo completamos: Porque nosotras lo valemos y ellos se lo merecen.
No resulta una visión excesivamente disparatada de lo que está sucediendo.
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29 enero, 2009
Educación para la ciudadanía II
He leído algunos de los comentarios en relación con la sentencia del Tribunal Supremo sobre la no posibilidad de objeción de la asignatura de Educación para la ciudadanía, y aún cuando no puedo generalizar, pues no me he leído más que una pequeña parte de los mismos, me sorprende que de todos los que he leído ninguno hiciera alusión a que, en la práctica, Educación para la ciudadanía en nuestro país se ha convertido, como por otro lado todo hacía pensar, en una asignatura para la difusión de la ideología de género.
Aún cuando sólo constituyan pequeños botones de muestra, lo recogido aquí y aquí deja bien a las claras que la oposición a una tal asignatura por parte de muchos, entre los que me encuentro, nada tiene que ver con ningún tipo de prejuicio religioso, ya que no soy creyente, sino con lo que desde la perspectiva de la Ilustración y los valores constitucionales haya de ser la educación, incluso el respeto por la verdad, si tenemos en cuenta el enorme número de datos y estadísticas, de dudosa veracidad y difícil aceptación ofrecidos en estos textos. Por ejemplo los relativos a la famosa brecha salarial.
Es como si el aspecto de género fuera invisible para gran número de ciudadanos, incapaces de ver, en éste como en otros muchos temas, más allá de dos posiciones, la de los que apoyan la asignatura por un lado y, por el otro, ya no hubiera más que la Jerarquía eclesiástica y el Partido Popular, cuando una corriente muy importante de los que nos oponemos, lo hacemos por motivos bien diferentes y admitiríamos de buen grado una asignatura basada en contenidos del derecho, la Constitución y los DD.HH, que abordase los grandes retos derivados de la globalización y la construcción europea. Lo que creo que no es de recibo es la pretensión de una moral pública estatal, por muy laica que esta sea, inspirada en una ideología: la de género, que parte a la sociedad en dos: hombres y mujeres, para los que establece diferente trato y consideración.
Aún cuando sólo constituyan pequeños botones de muestra, lo recogido aquí y aquí deja bien a las claras que la oposición a una tal asignatura por parte de muchos, entre los que me encuentro, nada tiene que ver con ningún tipo de prejuicio religioso, ya que no soy creyente, sino con lo que desde la perspectiva de la Ilustración y los valores constitucionales haya de ser la educación, incluso el respeto por la verdad, si tenemos en cuenta el enorme número de datos y estadísticas, de dudosa veracidad y difícil aceptación ofrecidos en estos textos. Por ejemplo los relativos a la famosa brecha salarial.
Es como si el aspecto de género fuera invisible para gran número de ciudadanos, incapaces de ver, en éste como en otros muchos temas, más allá de dos posiciones, la de los que apoyan la asignatura por un lado y, por el otro, ya no hubiera más que la Jerarquía eclesiástica y el Partido Popular, cuando una corriente muy importante de los que nos oponemos, lo hacemos por motivos bien diferentes y admitiríamos de buen grado una asignatura basada en contenidos del derecho, la Constitución y los DD.HH, que abordase los grandes retos derivados de la globalización y la construcción europea. Lo que creo que no es de recibo es la pretensión de una moral pública estatal, por muy laica que esta sea, inspirada en una ideología: la de género, que parte a la sociedad en dos: hombres y mujeres, para los que establece diferente trato y consideración.
26 enero, 2009
¡¡¿igualitarismo?!!
Hablábamos en al antepenúltima entrada de las posibilidades de manipulación de una palabra como machista que, a fuerza de un uso tan abusivo, se ha convertido en un arma arrojadiza para evitarse el esfuerzo de analizar e interpretar la realidad, siempre mucho más rica y compleja que el simplismo dualista de buenas y malos en que algunos quieren convertirla. Y, si ya el trabajo de clarificación de lo que hubiera de significar machista y machismo parecía ingente, ahora todo se complica con un nuevo término: neomachismo, puesto en práctica por una autoridad política: el señor Lorente, alto cargo del Ministerio de Igualdad quien nos alerta sobre los mitos de un nuevo machismo.
Y os preguntareis cuáles son esos “mitos” del “nuevo machismo”. Tal como recoge el diario Público: “Entre estos, cita el síndrome de alienación parental (SAP) o la defensa de la obligatoriedad de la custodia compartida. Para el experto, estos argumentos surgen de una reacción del patriarcado que reivindica un igualitarismo que no igualdad para "presentarse como víctima o hacer referencia a situaciones de discriminación o a las dificultades para desarrollarse como padres"..
Vaya, los paladines de la igualdad y el nuevo hombre nuevo, no consideran igualdad, sino otra cosa reivindicar la paternidad y la custodia compartida, tampoco que se reconozca el SAP. Tengo para mí, que esto que se presenta como tan nuevo, suena y huele a viejo, muy viejo.
Seguramente penséis que para ese viaje no hacían falta alforjas, que ya todos sabíamos que a diferencia de lo sucede en todo el mundo occidental, el feminismo de género en España se opone a la custodia compartida, como también sabíamos que dado que el SAP es atribuible en su mayoría a la mujer parece que toca movilizar todos los recursos para negarlo y nada mejor para eso que señalarlo como “mito del neomachismo”. Expediente sencillo y económico que evita tratar como se merece un problema médico y jurídico de primera magnitud. El viejo dogmatismo de siempre que, imbuido de verdad revelada pretende imponer sus recetas a los demás so pena de pasar a la lista de neomachista.
Pero lo que hay enfrente no es ideología, es otra cosa, es ciencia médica, es reconocimiento de la realidad, es pelea para que nadie piense que negar el SAP no tiene consecuencias y de las gordas, como dice María Jesús Mardomingo “las consecuencias para los niños son tremendas”. O sea, que el señor Lorente puede quedarse muy tranquilo atribuyendo el SAP a mentes machistas, pero no por eso los niños van a dejar de sufrir sus consecuencias; y eso, para quien desempeña un alto cargo en el Ministerio de Igualdad no debiera ser asunto baladí ni cuestión a despachar con una receta ideológica, porque la ideología puede eligir cada cual la que desea, pero el SAP no debe ser minusvalorado por quien forma parte de las administraciones públicas, porque se trata de una cosa muy seria.
Y os preguntareis cuáles son esos “mitos” del “nuevo machismo”. Tal como recoge el diario Público: “Entre estos, cita el síndrome de alienación parental (SAP) o la defensa de la obligatoriedad de la custodia compartida. Para el experto, estos argumentos surgen de una reacción del patriarcado que reivindica un igualitarismo que no igualdad para "presentarse como víctima o hacer referencia a situaciones de discriminación o a las dificultades para desarrollarse como padres"..
Vaya, los paladines de la igualdad y el nuevo hombre nuevo, no consideran igualdad, sino otra cosa reivindicar la paternidad y la custodia compartida, tampoco que se reconozca el SAP. Tengo para mí, que esto que se presenta como tan nuevo, suena y huele a viejo, muy viejo.
Seguramente penséis que para ese viaje no hacían falta alforjas, que ya todos sabíamos que a diferencia de lo sucede en todo el mundo occidental, el feminismo de género en España se opone a la custodia compartida, como también sabíamos que dado que el SAP es atribuible en su mayoría a la mujer parece que toca movilizar todos los recursos para negarlo y nada mejor para eso que señalarlo como “mito del neomachismo”. Expediente sencillo y económico que evita tratar como se merece un problema médico y jurídico de primera magnitud. El viejo dogmatismo de siempre que, imbuido de verdad revelada pretende imponer sus recetas a los demás so pena de pasar a la lista de neomachista.
Pero lo que hay enfrente no es ideología, es otra cosa, es ciencia médica, es reconocimiento de la realidad, es pelea para que nadie piense que negar el SAP no tiene consecuencias y de las gordas, como dice María Jesús Mardomingo “las consecuencias para los niños son tremendas”. O sea, que el señor Lorente puede quedarse muy tranquilo atribuyendo el SAP a mentes machistas, pero no por eso los niños van a dejar de sufrir sus consecuencias; y eso, para quien desempeña un alto cargo en el Ministerio de Igualdad no debiera ser asunto baladí ni cuestión a despachar con una receta ideológica, porque la ideología puede eligir cada cual la que desea, pero el SAP no debe ser minusvalorado por quien forma parte de las administraciones públicas, porque se trata de una cosa muy seria.
24 enero, 2009
Destrucción de empleo (mujeres y hombres)
“En los últimos 12 meses la ocupación crece en las mujeres (36.400 ocupadas más) y baja en los varones (656.500 ocupados menos).” Datos de la EPA que se pueden consultar aquí
A pesar de la elocuencia de las cifras seguiremos escuchando que la crisis golpea más a ...
A pesar de la elocuencia de las cifras seguiremos escuchando que la crisis golpea más a ...
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23 enero, 2009
Machista
Todos sabemos que, a efectos de opinión pública, muchos conflictos dependen no tanto de cómo se desarrollen en la realidad, cuanto de cómo aparezcan frente a la opinión pública. La reciente guerra en Oriente Medio creo que representa en este sentido un ejemplo inestimable. El poder de la imagen y la palabra en nuestro mundo tienen a veces la capacidad de trasmutar las realidades, por eso se hace necesario actuar con rigor en el uso de las palabras (y las imágenes) so pena de que de otro modo se exprese lo que no se quiere decir o simplemente se actúe como mera correa de trasmisión de quien tiene el poder.
Me sorprende que quien tantas críticas ha hecho a la Academia y, en general al uso que
se hace de la lengua, no dude sin embargo, en utilizar el calificativo machista para cosas tan dispares como señalar a alguien que ha matado a una persona (violencia machista), al equipo infantil de fútbol del colegio (…en un ambiente tan machista… se dice a veces, para referirse a lo que tiene que ver con el fútbol y, aunque seguro que a alguno os sorprenderá, yo lo he visto usado más de una vez para referirse a los equipos escolares en los que no participaba ninguna niña), o a quien ha realizado una crítica a Carmen Chacón o Soraya Sáenz de Santamaría por la manera que visten (comentarios machistas).
Creo que es un caso único en el que un mismo calificativo sirve para referir situaciones tan dispares como las citadas; pero hay muchas otras, que seguro vosotros conocéis, por lo que os invito a una reflexión en voz alta en torno a este asunto dado que más tarde o más temprano habrá que hacerlo y el tiempo que ganemos será un tiempo ganado para la claridad y el entendimiento. Lo otro, lo que está sucediendo ahora mismo, es negar el valor de las palabras para señalar lo distinto y el matiz, llevándolas a una nebulosa de contornos imprecisos donde lo mejor del lenguaje se pierde y donde todas las manipulaciones son posibles.
Me sorprende que quien tantas críticas ha hecho a la Academia y, en general al uso que
se hace de la lengua, no dude sin embargo, en utilizar el calificativo machista para cosas tan dispares como señalar a alguien que ha matado a una persona (violencia machista), al equipo infantil de fútbol del colegio (…en un ambiente tan machista… se dice a veces, para referirse a lo que tiene que ver con el fútbol y, aunque seguro que a alguno os sorprenderá, yo lo he visto usado más de una vez para referirse a los equipos escolares en los que no participaba ninguna niña), o a quien ha realizado una crítica a Carmen Chacón o Soraya Sáenz de Santamaría por la manera que visten (comentarios machistas).
Creo que es un caso único en el que un mismo calificativo sirve para referir situaciones tan dispares como las citadas; pero hay muchas otras, que seguro vosotros conocéis, por lo que os invito a una reflexión en voz alta en torno a este asunto dado que más tarde o más temprano habrá que hacerlo y el tiempo que ganemos será un tiempo ganado para la claridad y el entendimiento. Lo otro, lo que está sucediendo ahora mismo, es negar el valor de las palabras para señalar lo distinto y el matiz, llevándolas a una nebulosa de contornos imprecisos donde lo mejor del lenguaje se pierde y donde todas las manipulaciones son posibles.
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lenguaje sexista
21 enero, 2009
(Im)Pertinente
Hace unos días descubrí que en la zapatería en que más veces había mirado la parte derecha del escaparate, la parte dedicaba al calzado de hombre, habían sustituido el modelo monotemático de varón por una abigarrada variedad de modelos femeninos: desde la francesita a la bota militar, mucha bota de caña: media, alta, más alta y, todas las variedades de tacón: de aguja, de superaguja, bajo, medio, con plataforma delante, de plataforma corrida… y ahora las dos partes del escaparate eran de calzado femenino; pero muchos otros cambios se han producido en el paisaje comercial del centro de mi ciudad en los últimos años: con sus nuevas tiendas de bisutería cara al lado de las joyerías de siempre, o el nuevo comercio de bolsos femeninos, algunos carísimos, junto a los modelos de visón de la peletería de toda la vida… y me he acordado de que, de hacer caso a algunas estaríamos ante un proceso de feminización de la pobreza.
Puestos a especular, ya que nos obligan, me gustaría saber qué estaría pasando si quienes mayoritariamente usásemos abrigos de pieles, alta cosmética y tratamientos de cirugía estética fuésemos los hombres…
Puestos a especular, ya que nos obligan, me gustaría saber qué estaría pasando si quienes mayoritariamente usásemos abrigos de pieles, alta cosmética y tratamientos de cirugía estética fuésemos los hombres…
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consumo
18 enero, 2009
Dardos envenenados
“Los hombres, al parecer, no dan tanto de sí cuando se trata de sacarles los colores por su forma de vestir: suelen ser uniformes hasta el aburrimiento y, como mucho, da juego el color de sus corbatas. Su aportación a la paternidad es, por otro lado, invisible. Por ahí no se los puede desgastar.”
No sé que lectura haréis vosotros del párrafo anterior, en mi caso me parece una generalización tan abusiva e injustificada que me cuesta creer que esté sacada de las páginas de un periódico considerado serio y riguroso, un comentario que además no está motivado porque algún varón haya roto las normas del protocolo en un acto solemne y haya provocado con ello un grave conflicto; ni tampoco de una reflexión, a raíz de algún estudio serio, que demuestre que el ejercicio de la paternidad por parte de los varones es una quimera sin reflejo en la realidad. No, no se trata de ninguna de esas cosas.
Esas generalizaciones abusivas e injustas, que seguramente el citado periódico no admitiría realizar sobre ningún otro colectivo humano, fuera éste: las mujeres, los negros, los asiáticos o cualquier otro, aparecen como de rebote como consecuencia de la denuncia realizada por parte de una revista militar sobre que la vestimenta de Carmen Chacón en la Pascua militar no respetaba el protocolo, y de las indagaciones a propósito la paternidad de la hija de la ministra francesa de justicia Rachida Dati.
Derivar de estos dos hechos las afirmaciones de más arriba, pero también esta otra:
“Todo este baile de comentarios, y las correspondientes descalificaciones machistas y bromas zafias, tiene el objetivo de cuestionar la capacidad de las mujeres que han llegado a puestos de responsabilidad.”
Como mínimo habría que calificarlo de injusto, desproporcionado, exagerado… pues es difícil entender como se deriva de un pronunciamiento de los militares una responsabilidad genérica de los hombres, o aprovechar el caso de Rachida Dati para negar la existencia de padres responsables, máxime si tenemos en cuenta que muchas mujeres opinaron (también en revistas femeninas) de forma negativa sobre el gusto de la ministra, o que la señora Rachida Dati no es la única persona en este mundo, que tiene que sufrir lo inconvenientes de una prensa rosa que lo invade todo y donde el derecho a la intimidad ha quedado reducido a mínimos.
Por eso me inclino a pensar que todo lo anterior sólo es concebible como fruto de una mentalidad de género para la que, por definición, la sociedad se divide en dos mundos separados: hombres y mujeres, y donde, por definición también, los primeros pueden ser acusados impunemente por las segundas de todo aquello que se les ocurra, aún cuando esas acusaciones sean tan generales y graves como las de más arriba y tengan tan poco asidero como una lectura sin prejuicios del citado artículo demuestra. Por cierto el comentario lleva por título: Dardos envenenados.
No es de recibo que quien pretende denunciar un comportamiento que considera reprobable, tal el derivado del aprovechamiento de cualquier circunstancia para denigrar o mermar el poder de las mujeres, acabe ella misma acusando al conjunto de los hombres por las manifestaciones de un grupo de militares, o pretendiendo que es la ministra francesa de justicia Rechida Dati quien tiene que sufrir en exclusiva las consecuencias de una sociedad enferma de cotilleo.
No sé que lectura haréis vosotros del párrafo anterior, en mi caso me parece una generalización tan abusiva e injustificada que me cuesta creer que esté sacada de las páginas de un periódico considerado serio y riguroso, un comentario que además no está motivado porque algún varón haya roto las normas del protocolo en un acto solemne y haya provocado con ello un grave conflicto; ni tampoco de una reflexión, a raíz de algún estudio serio, que demuestre que el ejercicio de la paternidad por parte de los varones es una quimera sin reflejo en la realidad. No, no se trata de ninguna de esas cosas.
Esas generalizaciones abusivas e injustas, que seguramente el citado periódico no admitiría realizar sobre ningún otro colectivo humano, fuera éste: las mujeres, los negros, los asiáticos o cualquier otro, aparecen como de rebote como consecuencia de la denuncia realizada por parte de una revista militar sobre que la vestimenta de Carmen Chacón en la Pascua militar no respetaba el protocolo, y de las indagaciones a propósito la paternidad de la hija de la ministra francesa de justicia Rachida Dati.
Derivar de estos dos hechos las afirmaciones de más arriba, pero también esta otra:
“Todo este baile de comentarios, y las correspondientes descalificaciones machistas y bromas zafias, tiene el objetivo de cuestionar la capacidad de las mujeres que han llegado a puestos de responsabilidad.”
Como mínimo habría que calificarlo de injusto, desproporcionado, exagerado… pues es difícil entender como se deriva de un pronunciamiento de los militares una responsabilidad genérica de los hombres, o aprovechar el caso de Rachida Dati para negar la existencia de padres responsables, máxime si tenemos en cuenta que muchas mujeres opinaron (también en revistas femeninas) de forma negativa sobre el gusto de la ministra, o que la señora Rachida Dati no es la única persona en este mundo, que tiene que sufrir lo inconvenientes de una prensa rosa que lo invade todo y donde el derecho a la intimidad ha quedado reducido a mínimos.
Por eso me inclino a pensar que todo lo anterior sólo es concebible como fruto de una mentalidad de género para la que, por definición, la sociedad se divide en dos mundos separados: hombres y mujeres, y donde, por definición también, los primeros pueden ser acusados impunemente por las segundas de todo aquello que se les ocurra, aún cuando esas acusaciones sean tan generales y graves como las de más arriba y tengan tan poco asidero como una lectura sin prejuicios del citado artículo demuestra. Por cierto el comentario lleva por título: Dardos envenenados.
No es de recibo que quien pretende denunciar un comportamiento que considera reprobable, tal el derivado del aprovechamiento de cualquier circunstancia para denigrar o mermar el poder de las mujeres, acabe ella misma acusando al conjunto de los hombres por las manifestaciones de un grupo de militares, o pretendiendo que es la ministra francesa de justicia Rechida Dati quien tiene que sufrir en exclusiva las consecuencias de una sociedad enferma de cotilleo.
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