Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
10 enero, 2012
Silencios clamorosos
15 diciembre, 2011
Suceso de Tenerife
15 enero, 2011
Otro criterio a tener en cuenta
P.S. Cada año Xosé Luís Barreiro, nos ofrece sus argumentos y su opinión sobre la LIVG. Y el diagnóstico y las conclusiones se repiten años tras año: la LIVG no está sirviendo para resolver el problema para el que ha sido creada y, sin embargo, está provocando importantes distorsiones en relación, por ejemplo, con el funcionamiento de la justicia. Recientemente un editorial de El País nos recordaba que la cifra de muertas permanece invariable a lo largo de los años, y también que en los últimos cinco se han producido 470.706 denuncias y 145.166 condenas -lo que representa el 30 % de las denuncias interpuestas-.
12 mayo, 2010
Violencia en femenino
16 octubre, 2008
Violencia escolar femenina
13 agosto, 2008
La violencia y el género.
Hasta el presente lo que sabíamos era que desde ese feminismo se había establecido un protocolo sobre como deberían informar los medios de comunicación en los casos de violencia de género. Protocolo con pautas diferentes según que el sexo del agresor fuera hombre o mujer.
En el caso de la violencia masculina, la agresión no podía ser presentada como un suceso singular sino formando parte de la “violencia machista”, y debía ser denominada de ese modo, o como violencia de género, incluso como terrorismo de género, nunca como violencia doméstica y, a efectos de su publicación habría que darle un tratamiento destacado y preferente, a poder ser en primera página de los diarios o abriendo los informativos de radio y televisión y, en ningún caso, dejando que la noticia quedase relegada al ámbito local.
Se evitarían datos que pudiesen interpretarse como atenuantes así como publicar opiniones de vecinos o familiares en los que estos expresasen su sorpresa o hablasen de la buena marcha de la pareja. Se evitaría también hacer mención a la nacionalidad del agresor así como a su estado de salud mental, adicción a las drogas o cualquier otro. Estos casos serían recogidos como violencia de género en las estadísticas oficiales y seguirían un tratamiento específico.
También se procuraría no hacer referencia a lo que sucede en otros países así como el dato de que esta violencia es mayor en prácticamente todos los de nuestro entorno cultural y político, incluyendo entre ellos a todos los nórdicos, Suecia, Noruega, Finlandia pero también EE.UU., Alemania, Francia, etc.
En el supuesto de que la agresora fuera mujer entonces el tratamiento sería el de un suceso singular que por lo tanto tendría el tratamiento que cada medio quisiese darle, incluyendo claro está, cualquier circunstancia que el periodista pudiese estimar relevante. Esta información podía mantenerse en el ámbito de lo local y no entraría en la estadística de violencia de género.
Esto era más o menos lo que yo había deducido y empezado a tener claro. Pero mi sorpresa aumenta cuando observo que esa práctica informativa va mucho más allá y se extiende al silenciamiento de las estadística sobre suicidios (10 diarios de los cuales 7 masculinos por 3 femeninos), incluso al tratamiento que se da a las muertes por accidente laboral y otros casos de violencia, tal como sucedió con la paliza propinada por una chica a una inmigrante ecuatoriana y cuyas imágenes salieron por televisión, donde inmediatamente desde ciertos medios y plumas, también desde la Delegación del Gobierno de Madrid, a lo que se apeló fue a qué tipo de educación estaban recibiendo estas chicas de parte de su familia y la escuela, cuando hasta el presente el tratamiento no había sido ese .
Lo que ya de ningún modo me puedo explicar y creo que se escapa a cualquier consideración que yo pueda hacer aquí es el hecho de que determinados medios hayan decidido no publicar o silenciar diferentes casos de ahogamiento de padres o abuelos que se habían lanzado al agua para salvar a sus hijos o nietos, de los que se han producido varios este verano. Por ejemplo en el informativo de TV1 el caso de un padre muerto al intentar rescatar a sus hijos, se dio la noticia diciendo que el padre había muerto “mientras nadaba con sus hijos”.
Si me resulta difícilmente asumible que la información relacionada con la ley de violencia se ofrezca según el antedicho protocolo con el pretexto de que así se combate mejor dicha violencia, máxime si tenemos en cuenta que a pesar de ese protocolo, el incremento de recursos y las nuevas medidas que año a año se van adoptando, por ningún lado se observa una disminución de la misma; lo que entra de lleno en la indignidad moral, es tratar de silenciar aquellos casos en los que la muerte del varón se produce por acudir en auxilio de uno de los suyos.
Todo lo anterior es sin embargo muy coherente con esa ideología que ha declarado “al hombre como el enemigo a batir”, que con tanto rigor y precisión explica Elisabeth Badinter en su libro: Por mal camino, y que sin embargo parece la fuente de inspiración de determinadas instancias de la Administración y algunos medios de comunicación.
P.D. A estos efectos quizá interese seguir el tratamiento dado por la prensa a la mujer de Vigo presunta asesina de un joven u otros casos recientes en los que él ha sido la víctima y ella el verdugo. Y visitar el siguiente enlace: http://personales.ya.com/josumezo/malaprensa/2008/07/cuarentena-12-millones-de-mujeres.html en el que merece la pena lo que escribe Josu y explorar los comentarios que hay en la misma, en particular ese trabajo realizado en Madrid sobre violencia entre chicos y chicas, por su carácter de pionero en lo que a nuestro país se refiere.
27 mayo, 2008
Siniestralidad laboral
15 mayo, 2008
Violencia femenina
Que la violencia masculina sea más frecuente que la femenina, no debiera hacernos creer que ésta no existe o que es de menor gravedad. Los siguientes enlaces son de noticias recogidas en la prensa en el plazo de una semana.
http://www.lavozdegalicia.es/coruna/2008/05/14/00031210782064478915922.htm
27 febrero, 2008
Demasiada violencia
28 enero, 2008
El género y la violencia o la cuadratura del círculo
El género, como uno de sus pilares básicos de su ideología sostiene que, la violencia de pareja se puede explicar por una única causa: el deseo de dominio del hombre sobre la mujer (base última de la perspectiva de género). Teoría que vienen sosteniendo contra la opinión de los grandes especialistas de todo el mundo y negada de plano allí donde las encuestas públicas no excluyen al hombre como potencial víctima, pero aceptada en nuestro país como verdad oficial. Se trataría de una burda traslación de las clases sociales de Marx, ahora convertidas en géneros: el hombre como clase dominante, la mujer como clase oprimida y explotada.
Según esta teoría de género –y de ahí viene el interés por el nombre- la dirección de la violencia es siempre del hombre a la mujer sin que quepa la inversa. De producirse esta última se trataría de un contraviolencia de legítima defensa, equiparable a la de los explotados y, por tanto moralmente exculpable. Esta violencia en la pareja heterosexual sería diferente a cualquier otra, por ejemplo la que se produce en las parejas de homosexuales o de lesbianas, y por supuesto no tendría nada que ver con la ejercida de padres a hijos o de estos hacia aquellos. De este modo se consigue un nada desdeñable objetivo: que pase a un segundo plano la violencia ejercida contra niños y ancianos de la que, a pesar de su magnitud, apenas se tiene noticia.
Ante la imposibilidad de sostener sus postulados en los círculos académicos o cualesquiera otros, el género ha recurrido a un complejo y completo sistema según el cual, la teoría pueda que sea falsa, pero eso no tiene importancia ya que el éxito que la misma cosecha entre la clase política está permitiendo que se imponga en la sociedad como un hecho consumado; sin posibilidad ninguna de contestación. Así se ha impuesto en el plano legal mediante las llamadas leyes de género y entre la opinión pública mediante el efecto combinado de esta legislación y un catálogo sobre como se debe informar de la misma que excluya la posibilidad de que mediante los datos que va ofreciendo la realidad de cada caso se pueda demostrar, que no es tan unidireccional, o que está concentrada en determinados sectores con mucha más fuerza que otros o que, el continuo que se debe presuponer siempre de que toda mujer asesinada ha tenido que pasar por una fase previa de maltrato físico o psicológico con anterioridad, simplemente no es cierto.
Efectivamente, cada 4 años se elabora una encuesta sobre violencia en la que sólo se recoge la opinión de las mujeres. Encuesta que diferentes sociólogos y feministas han demostrado completamente sesgada por el hecho de no realizarse también a los hombres, aunque no exclusivamente por eso. Y de la que, el resultado que se deriva no puede ser otro que: todos los maltratadores son hombres y todas las maltratadas son mujeres. Primer gran objetivo cumplido, la violencia efectivamente existe, es unidireccional y es imputable en todas sus formas de maltrato físico y psicológico a los hombres.
En base a este tipo de encuestas y a la información que de las mismas se deriva se elabora una legislación contra la violencia, como ha sucedido en nuestro país, que desde el primer momento se conceptúa como de género, y eso, contra el criterio de todos, sea la Academia de la lengua por su denominación, sean los penalistas por su contenido. Y se pone en marcha con un gran resultado (en número de hombres detenidos) pero sin que se moderen las estadísticas de las mujeres muertas. Ahora bien, como lo que se pretende demostrar es que se trata de un hecho estructural, permanente, consustancial con el patriarcado, quedan por resolver todavía algunos flecos y hay que excluir por tanto la posibilidad de su consideración como un hecho puntual concentrado con preferencia en determinados estratos sociales.
Es decir se trata de demostrar que afecta por igual a todas las categorías sociales: sea que diferenciemos éstas por: el nivel de estudios, la procedencia geográfica, la riqueza o cualesquiera otras, y que su ejercicio es continuado, es decir que cuando una mujer muere jamás puede ser el resultado de una acción puntual, de un momento de locura, sino que necesariamente debe responder al esquema dibujado por el feminismo de género según el cual necesariamente esa muerte ha tenido que estar precedida por años de maltrato, físico o psíquico pero maltrato y también que no importa que se trate de extranjeros o nacionales, gente con estudios superiores o sin ellos, de ambientes acomodados o lumpen, la violencia de género está por encima de esas diferencias y afecta por igual a todos los hombres con independencia de cualesquiera otros factores.
La realidad, sin embargo ofrece todavía un último obstáculo. Esta violencia como sucede en lo que llevamos de año muestra una propensión mucho más alta entre la población inmigrante que en le resto – en lo que va de año los 6 presuntos asesinos de sus mujeres son inmigrantes- pero también en otros colectivos: alcohólicos, drogadictos, etc. y sucede también que en algunos otros casos parece responder más al impulso de un momento que al resultado de una acción continuada de maltrato; al menos si hemos de dar credibilidad al testimonio de vecinos y familiares. Como ambas circunstancias minan en su base la teoría del feminismo de género, sencillamente se procede a negar la mayor y así, si en algún caso de muerte violenta no ha habido denuncia previa no cabe deducir la posibilidad de que efectivamente no haya habido malos tratos sino que habrá que presuponer siempre que lo que no ha habido es denuncia. Del mismo modo se establecerá que la información sobre este tema, como recoge, por ejemplo el Decálogo para informar sobre la violencia de género del periódico Público, “… nunca recogeremos opiniones positivas sobre el agresor o la pareja.”
Reuniendo todas esas circunstancias se está consiguiendo demostrar efectivamente que, la violencia de pareja es siempre unidireccional del hombre a la mujer, afecta a todos los hombres sin distinción de clase social, nivel de estudios, incluso salud mental y, es ejercida en un continuo que va del maltrato psicológico al físico y de éste a la muerte.
Qué se produce un caso como el de Meicende, sencillamente no es violencia de género, qué de los presuntos asesinos de este año los 6 son extranjeros, mejor callarlo porque si no estaríamos criminalizando la inmigración (al parecer esto sería mucho más intolerable que la culpabilización de todo el género masculino); qué en un montón de casos las declaraciones de allegados y vecinos hayan coincidido en que no había habido maltrato previo, mejor ignorarlo…… La pregunta por tanto es, qué se gana ocultando todos estos detalles, se combate mejor la violencia o, sencillamente, todo esto debe hacerse para que la teoría de género efectivamente se demuestre cierta.
12 enero, 2008
Mientras las mujeres....
Y el título de las mismas bien podría ser: Mientras las mujeres se constituyen en clase social, entre los hombres se ha decretado… ¿la desbandada general? ¿el sálvese quien pueda? ¿mejor callar por prudencia? (poned aquí lo que consideréis más conveniente, me supongo que más de una respuesta será válida).
El que el feminismo de género utilice de forma poco rigurosa el marxismo para su teorización de los géneros no es óbice para que su planteamiento resulte de una extraordinaria efectividad. El factor más importante para definir y conformar una clase social es el de la conciencia de clase, la voluntad de constituirse en tal, y, a mi entender, en el momento presente, no hay duda de que las mujeres como colectivo, con sus diferentes grados de conciencia y sus matices y diferenciaciones es lo que están consiguiendo.
Como dice un amigo mío “todas son hermanas”, y en esto no hay ningún intención peyorativa, únicamente reseñar que, entre las mujeres hoy, el grado de solidaridad y entendimiento es altísimo y eso se manifiesta de múltiples maneras, desde la conversación más trivial entre parejas, al plano político, social o cultural. (A sensu contrario parece ínfima entre los hombres) Es más, parece que la bipolaridad hombre-mujer es capaz de ocuparlo todo y está consiguiendo desplazar cualquier otra contradicción, hasta el punto que la llamada “guerra de géneros” aparezca por todos los lados, desde el más elemental, al más elevado y como si de un corolario de la misma se tratara para el Gobierno ha desaparecido la idea de ricos y pobres y en su lugar sólo pudiésemos encontrar una sociedad cuarteada por razón de la edad, el sexo o cualquier otra circunstancia coyuntural.
Lo cierto es que, el feminismo y las mujeres hoy, acumulan un poder muy importante, particularmente en nuestro país, y eso sin que la sociedad sea plenamente consciente de ello pues, en no pocos casos, la imagen que se sigue transmitiendo de la misma es la de un ser desvalido y carente de poder. Imagen constantemente desmentida por cuanto índice objetivo existe, sea éste: el número de mujeres con título superior, el porcentaje de las que acaban sus estudios, las expectativas laborales y de vida de chicos y chicas, el ritmo y la calidad de los puestos de trabajo que ocupan, o el poder político, social y cultural que acumulan.
Y, en buena medida, todo esto permanece más en la penumbra que a la luz pública. Y en este caso parece difícil culpar a la sociedad patriarcal de esa invisibilidad. Resulta evidente que quienes más interés tienen en actuar así, son quienes más fuerza tienen en la dirección de estos cambios. A poder ser, que todo se haga sin demasiado ruido, evitando incluso aparecer como promotoras de tal o cual iniciativa. El principio que rige este comportamiento es más el de los resultados que el de la publicidad. No siempre la visibilidad es una ventaja y la invisibilidad una desventaja, como en más de una ocasión observamos en relación con estos temas.
Otro tanto de lo mismo sucede en el plano de las ideas. Aquello del valor del diálogo, la conversión, la controversia y el debate de ideas, un ideal de los que creíamos irrenunciable, parece ser otra de esas cosas que ha pasado a mejor vida, porque para nada el comportamiento del feminismo de género lo tiene en cuenta, pero tampoco parece que haya muchos que se lo reprochen. Unos cuantos desde esta pequeña trinchera que constituimos quienes queremos dar paso a otra manera de abordar estos asuntos.
Recientes estudios ponen de manifiesto que las mujeres no sólo son mayoría en la Educación y la Sanidad, también lo son en la Justicia y todo lo relacionado con el derecho, y con su influencia decisiva en los medios de comunicación y la reciente aprobación de Leyes como la de Divorcio, Igualdad, o la paridad electoral han ganado una preeminencia social creo que difícilmente discutible, aun cuando haya muchos y muchas que no se hayan dado cuenta o pretendan que los demás no nos demos cuenta.
En su momento habrá que valorar el privilegio del que gozan las organizaciones feministas de poder formar parte de las redacciones de los medios públicos de comunicación (también en los privados, aunque ahí ya a iniciativa de cada uno de ellos) y que con el pretexto de evitar la discriminación de la mujer, están provocando no sólo un desmesurado celo censor, -varias veces ha saltado este asunto a la opinión pública- sino que también están influyendo de forma decisiva en la concepción de la información y en general la programación de los medios públicos de comunicación.
Si a ello unimos el hecho de que la mujer posee derechos casi absolutos en lo relativo a los hijos y la casa, la imagen que se nos dibuja es bien distinta a la de ese ser esclavizado y subordinado de que nos habla el feminismo de género y, por el contrario, se nos aparecen amplios territorios gobernados por la mujer y celosamente guardados de cualquier intromisión masculina. Pienso, sin embargo, que si hiciésemos una encuesta en la calle pocos dirían que esto es lo que está pasando.
Un poco a título de anécdota citar que en el reportaje que hace unas semanas publicó El País semanal con el título de 40 por debajo de 40, una de las elegidas, abogada penalista cuenta cómo la profesión está copada por mujeres, diciendo: “No es raro que en un juicio seamos todas tías: juez, fiscal y abogadas”. Pero más lo es todavía la carta publicada en ese mismo medio el 25 de noviembre en la que una secretaria de juzgado habiéndose sentido olvidada por la penalista anterior añade “quiero sólo recordar que debía haber seguido enumerando el resto de personas que necesariamente hemos de estar en un juicio y que también somos mayoritariamente mujeres” para referirse según sus propias palabras a “las funcionarias o funcionarios del Cuerpo de Auxilio Judicial, junto a las abogadas/os y los procuradores o procuradoras.”
Pero muchas otras se podrían añadir. Conseguir contra el criterio de las aseguradoras y lo que dicta la teoría de costes que las primas de los seguros de enfermedad no puedan ser distintas para las mujeres, pero si lo puedan ser para el hombre otras primas, tal como tengo recogido en entradas precedentes, representa para mí algo más que una anécdota, como lo es que pueda ocupar la portada de los periódicos cualquier noticia que tenga que ver con el género, pero no la muerte en un mismo accidente laboral de seis trabajadores.
Lo que intento poner en claro es que lejos de la imagen de subordinación y carencia de poder de decisión que se nos transmite constantemente en relación con las mujeres, lo cierto es que esa subordinación no es tal y su posición en la sociedad les confiere un amplio poder, que va desde la decisión de gasto familiar en lo económico, a las importantes conquistas políticas con la legislación de género, pero también una importante influencia en las políticas de todo tipo desde la Educación, a la Sanidad y en general todas aquellas que tienen que ver con el presupuesto público… y el privado. De hecho las políticas de algunos ministerios han decidido declarar prioritarias las demandas de las mujeres y, en los últimos tiempos, los medios públicos de comunicación parecen puestos enteramente a su disposición.
En este momento parecen confluir toda una serie de factores históricos, sociales y culturales que inciden desde casi todos los ángulos en reforzar el papel y el poder de la mujer en la sociedad. La larga herencia del feminismo - de ese otro feminismo que despertó el apoyo de hombres y mujeres sin distinción- ;la terciarización de la economía y la sociedad, unido a otros factores de tipo político y cultural están consiguiendo en escasos años lo que pareció imposible durante decenios. Creo que en nuestro caso la propia concepción y funcionamiento de la Unión Europea contribuyeron de forma decisiva a catapultar al que Elisabeth Badinter denomina feminismo institucional, en el papel de visión dominante del feminismo, y en muchas de esas otras cosas que para bien o para mal caracterizan no sólo la situación de la mujer, también y sobretodo la situación del movimiento feminista en nuestro entorno.
Y en este tema el Gobierno del señor Zapatero ha procedido concediendo todo aquello que se le pedía y apoyando una legislación que en muchos aspectos va mucho más allá de la de países con larga trayectoria, particularmente los nórdicos. Como ya dije en algún otro sitio este país es un país de fundamentalistas de uno y otro signo y se ha pretendido pasar de la reserva espiritual de Occidente del franquismo, a campeones del feminismo de género del mundo mundial. Y los excesos de unos, se pretenden utilizar para tapar lo excesos de los otros, en un juego perverso que excluye, los matices, un poco o conmigo o contra mí.
Y ahora con la legislatura acabada y cuando se le han hecho a la Iglesia católica las mayores concesiones de todo el período democrático, pareciera como si todo aquel que no estuviera con el Gobierno tuviera que estarlo con la Iglesia. Y nada más lejos de la realidad. Es mi caso y me supongo el de la mayoría de los que me leéis. No estoy de acuerdo con Educación para la ciudadanía porque desee una clase de moral católica, estoy en contra de Educación para la ciudadanía porque se ha demostrado que no hay contenidos académicos, y al final se demuestra una concesión al feminismo de género, que en el último momento se tuvo que hacer extensiva a la Iglesia católica y otras sensibilidades, hasta el punto de que cada uno de los textos publicados no sólo sostiene postulados distintos en relación con los temas más espinosos sino que muchas veces son totalmente contradictorios. (En algún momento abordaré el hecho para mí innegable de las concomitancias entre la Iglesia y el feminismo de género. Entiéndase bien, en el sentido de polos opuestos que se atraen o extremos que se tocan).
De hecho toda la legislación relacionado con estos asuntos peca de excesiva, la ley del aborto lo está poniendo de manifiesto, pero también la de reproducción asistida, donde al contrario de lo que sucede con la legislación de otros países el bien jurídico a proteger no es la criatura que va a nacer, sino la madre. Pero, en general todas las aprobadas esta legislatura: violencia de género, divorcio, igualdad, …..En esto el Gobierno parece querer resarcirse de un pasado histórico bastante retrogrado y dispuesto a dictar la legislación más “progresista” del mundo mundial, dejando atrás lo que haga falta.
Claro que más bien se trata de un espejismo y los excesos como no puede ser de otro modo terminan aflorando ¡Y quedan muchos excesos por aflorar¡ También en el tema de la violencia de género pareciera que quisiéramos dar una lección al mundo y demostrar como este país de campeones es capaz de vencer esa lacra en tiempo récord. Lo cierto es que aún cuando la mayoría de los países desarrollados mantiene estadísticas de mujeres muertas por violencia superiores a las del nuestro, particularmente lo países nórdicos, pareciera que, poco menos, se nos quisiera hacer creer que este es un problema exclusivo de aquí y si hay que dar el puñetazo en la mesa y condenar a 50.000 hombres se hace y punto. Nuestro país es hoy de los europeos el de mayor población reclusa y a pesar del intenso ritmo de creación de cárceles éstas están absolutamente desbordadas. La muerte de mujeres, sin embargo, no remite y, más bien al contrario va en aumento año tras año.
Que una transformación social, y unos cambios tan brutales en la concepción del feminismo, no hayan sido leídos convenientemente por la “inteligencia” masculina, sorprende. Aunque no ha sido ese el caso de la femenina, hasta el punto de que la principal línea de pensamiento contra esta deriva la estén representando otras mujeres. Para entender dicha paradoja busco en mi propia experiencia qué pueda explicarlo y lo que encuentro es: por una lado, que casi todos simpatizamos con la causa feminista en algún momento y seguramente haya gente a la que le cueste hacer revisión de sus ideas, y por otro, al “modus operandi” del feminismo, donde al hecho de que la mujer aparece siempre como víctima, hay que unir esa forma interpuesta de actuar del feminismo, siempre con mediación de otros y como no, a la enorme marea de solidaridad que está generando hacia las mujeres la llamada violencia de género. Para los que conocimos el franquismo donde la legislación trataba a la mujer casada como menor, la simpatía hacia la causa de las mujeres y el feminismo en los ambientes democráticos y progresista estaba absolutamente extendida, por eso duele más escuchar ahora algunas de las cosas que se dicen.
Ahora bien, no enterarse de lo que ha llovido desde aquel momento, ni de cuanto ha cambiado la propia filosofía del feminismo, parece excesivo. De hecho en aquel momento el feminismo de género era poco más que alguna noticia aislada sobre el feminismo radical americano, ya que aquí lo que se practicaba era otra cosa que tenía mucho más que ver con el feminismo de la igualdad o liberal o como quiera llamársele, en cualquier caso, ese feminismo que no había puesto en su frontispicio “el hombre es el enemigo a batir” y que entendía que la conquista de una sociedad de iguales era cosa de mujeres pero también de hombres y, la diferencia no estaba entre los hoy llamados géneros, sino entre los y las que perseguían ese ideal y aquellos y aquellas que por el contrario querían mantener el statu quo, porque no se trataba tanto de un quítate tú para ponerme yo como de una conquista de civilización en la que hombres y mujeres pusiesen las bases de una sociedad de iguales.
En fin para no alargarme más gustaría dejar en el aire, una serie de preguntas:
- Por qué afirmaciones como la de que las mujeres ganan un 30% menos que los hombres se repiten una y otra vez, a pesar, de su comprobada falsedad, reconocida incluso por el ministro Caldera. Cómo es posible que se puedan repetir una y otra vez, ahora referidas a los sueldos de las directivas y, los medios de comunicación les den toda la credibilidad. Que hace que muchos profesionales, también los hay que no, dejen sin contestar estas afirmaciones
- Por qué las mujeres siguen planteando sus reivindicaciones como si aquí no hubiera pasado nada, como si estuviéramos igual que hace 30 años, y pudieran negarse todos los derechos conseguidos o que, en poco más de 20 años, representen el 40 % de la población activa del país, que su ritmo de incorporación al mercado laboral sea muy superior al de los hombres, que pueden autoexcluirse de los trabajos más duros y penosos, que son mayoría en la Universidad, que según sus propias declaraciones las expectativas laborales y de vida de las chicas superan ampliamente las de los chicos. Y también preguntarnos por qué todas estas realidades permanecen tan ocultas y lo que se impone es una dialéctica a cara de perro en la que pareciera que todo el espacio lo ocupa la violencia.
- Qué explica el silencio espeso por parte de los hombres en relación con estos temas. Por qué tantos tienen miedo a expresarse. Es aceptable que en la Europa del siglo XXI haya temas tabú. Y para mí no hay duda de que nos encontramos ante algo que quieren hacer tabú. Pero también, por qué los intentos de abrir una vía de debate por ejemplo Elisabeth Badinter con sus libros, o en España, los posicionamientos de la señora Sanahuja y en general de las autodenominadas “las otras feministas”, han tropezado con el más absoluto silencio por parte de ese feminismo, cuando no con la más severa reprimenda y amonestación para acabar en el mayor de los silencios. Por qué los intentos más serios de confrontar planteamientos ideológicos, también de denuncia de la deriva feminista están protagonizados por mujeres. Por qué algunos hombres en una actitud más papista que el Papa, se han convertido en valedores de algunos de los planeamientos más extremos de este feminismo.
- Qué explicaría que después de largos decenios de ayuda y colaboración entre los movimientos progresistas y el feminismo, particularmente los movimientos sociales y las organizaciones políticas progresistas y de izquierdas, ahora resulte que todo ese pasado de colaboración pretenda ser borrado y en su lugar aparezca un feminismo separatista y excluyente, que ha dictaminado que en este mundo hay dos clases, los hombres y las mujeres y quienes están capacitadas para interpretar los deseos e intereses de las mujeres son ellas, particularmente frente a los hombres, quienes si no desean ser pisoteados por la historia deberán seguir a pies juntillas sus dictados.
- Finalmente, decir que todo lo anterior llama más la atención si tenemos en cuenta que no estamos hablando de un debate meramente intelectual o filosófico, sino de doctrina que se han plasmado en leyes y se ha introducido en la vida administrativa y política sin opción alguna a expresar acuerdo o desacuerdo. Sólo a título de anécdota decir que estos días he tenido que cumplimentar un impreso oficial y en la casilla en la que tradicionalmente aparecía aquello de “sexo” lo que me he encontrado es la expresión “género”.
23 diciembre, 2007
El cachete
Parece que no se trata tanto de dar cumplimiento a una necesidad sentida por nuestros conciudadanos, como de dar satisfacción a una petición de la ONU, que al parecer consideraba que dicha expresión amparaba el maltrato físico. Durante un cierto tiempo en alguna prensa se ha pretendido convencernos de la estricta necesidad de la medida sin que al parecer tal pretensión haya levantado grandes pasiones y en cuanto el tema se abría de lo que se hablaba era de otra cosa. Como la expresión no contiene nada que parezca abusivo, se intentó concretar la cuestión en el “cachete”, aunque como esto parecía que seguía sin levantarlas, en las viñetas que iluminaban algunos de los textos partidarios de la supresión, el cachete aparecía bien como tortazo, bofetada, en algún caso parecía responder más a la expresión partir la cara que al cachete.
Con la medida aprobada he escuchado durante unos minutos un debate en la radio en relación con el tema. Ahora la cosa se presentaba como que los medios de comunicación quizá no habían sabido trasmitir el tema, pues la ciudadanía seguía completamente dividida y más bien parecía contraria a la modificación. Lo que en ningún momento se dijo es que si ese es uno de los cometidos de los medios de comunicación, mucho más lo debería ser de quienes aprobaron la medida. El caso es que una de las contertulias indignada entendía que de ninguna manera tal modificación debería significar que las madres no pudieran dar un azote a los niños, y como entre los contertulios pareciera que reinase más la confusión que otra cosa se consultó telefónicamente a una diputada que al tiempo es jurista para que aclarara si efectivamente la nueva redacción que al parecer es “respetarán la integridad física y psicológica del niño” amparaba una cuestión como el azote, sin que tampoco fuera capaz de precisarlo y reconociendo que por no haber sido madre es posible que supiera menos del tema que los propios contertulios. En este punto a uno de ellos se le apareció la luz cuando dijo que al final quien determinaría el alcance de la expresión sería el juez que tuviera que juzgar cada caso, para a continuación apuntarse todos al comentario de una noticia que aparecía en la prensa ese día en la que se recogía el caso de un madre que pedía ayuda a los servicios sociales de su Comunidad porque tenía dos hijos, un chico de 17 y una chica de 14, a los que no era capaz de levantar de la cama para enviarlos al colegio, alegando además que tenía miedo a ser agredida. En ese momento se dieron entrada a llamadas de oyentes y aunque había división de opiniones una señora dijo que ella aceptaba lo del cachete siempre y cuando no fuera en la cara (sic) pues había visto una vez como una madre de una bofetada le había partido el labio a una niña de 3 años. Luego no pude seguir escuchando. Hoy leo en la prensa lo siguiente:
“Un niño se suelta de la mano de su padre, cruza una calle porque al otro lado vio un columpio y recibe una colleja; ¿es delito? Otro crío se abalanza sobre un enchufe y antes de electrocutarse recibe un cachete en el culo; ¿también es delito? No, ni debe serlo jamás. Sin embargo, eliminar del Código Civil el artículo que amparaba el castigo físico «moderado» de los padres o de los tutores a los niños era una necesidad de los tiempos que no atenta contra la autoridad de los mayores, pero que tampoco va a modificar las pautas educativas de los españoles. La eliminación esta semana del citado artículo por el Congreso es un acto de buena fe. Introducir un nuevo artículo en el Código que convirtiese la colleja en delito sería un desvarío infantil.” (El autor es Lois Blanco en La Voz de Galicia)
En fin, doctores tiene la Iglesia.
10 marzo, 2007
Día de la mujer trabajadora
Estos días con ocasión del día de la mujer trabajadora, he leído y escuchado de todo. Desde la reiteración hasta la saciedad de los argumentos archiconocidos sobre la violencia doméstica, y la ausencia de denuncia previa, sin que llegue a entender quién ha establecido que lo único que se puede decir al respecto es lo que viene siendo la verdad oficial, hasta un sindicalista a quién seguramente se le habrá olvidado explicar por qué tenemos la tasa más alta de Europa en siniestralidad laboral, 1.000 muertos al año, casi todos varones, pero ofrecía una lección magistral en relación con la cuestión sexo-género, como él la denominaba
Visto el problema así parecía que la denuncia de la señora incidiría en la mayor responsabilidad de ellas que de ellos; sin embargo, el tono en que se expresaba era claramente femenino y feminista y el mensaje parecía más claramente ir en otra dirección.
En como si el feminismo dominante hubiera optado más por la sentencia que por el debate o la explicación. ¿Será esta otra de las particularidades del feminismo? ¿Se tratará de algo más profundo y que tiene que ver con las diferencias entre hombre y mujer? ¿Será que lo exige el propio tema?
Concectado con todo esto aunque en otro plano sería muy interesante un trabajo sobre los equívocos del lenguaje y el enorme filón que en el mismo encuentra el feminismo dominante. Dos palabras clave a mi entender serían machismo y género. Si uno pregunta si ambos, hombres y mujeres, pueden ser o realizar prácticas machistas quizá todos digan que sí que es un problema de ambos, pero si uno sigue la pista, verá que finalmente el problema del machismo es un problema de la única responsabilidad de los hombres, y si en un paso más y nos preguntamos, qué es responsabilidad de los hombres en esta sociedad, encontrará que la respuesta es, todo. ¿Todo? Todo no, sólo lo negativo, pues los avances de la mujer y las conquistas del feminismo son mérito exclusivo de las mujeres, aún cuando tengan su origen en, por ejemplo, una Asamblea legislativa compuesta muy mayoritariamente por hombres. En relación con la palabra género se pretende hacer pasar por neutra y descriptiva una palabra cargada de la más rancia ideología, una ideología de buenas y malos, cual es la recogida en la llamada perspectiva de género.
31 agosto, 2006
Sobre violencia y género
HACE un año no se hablaba de otra cosa: teníamos la mejor Ley Integral contra la Violencia de Género, las cosas iban a cambiar de raíz, y para todos era evidente que esta normativa, valiente y socialmente avanzada, envidia de Europa entera, no se hubiese hecho si el PP mantuviese el poder, y si el Gobierno paritario de Rodríguez Zapatero no la hubiese impulsado con tanta decisión y compromiso.
Contradecir aquel discurso era -y sigue siendo- imposible. Porque, al igual que en tantas otras cosas, se ha llegado a la conclusión de que discutir es justificar, que los argumentos contra determinado tipo de dogmas suponen un incentivo para el maltratador, y que, frente a un tema de tanta envergadura, quiebra cualquier debate sobre las garantías judiciales y sobre las causas que originan el catastrófico estado de cosas en el que nos encontramos. Lo único que se admite ahora es que la ley no es una panacea, y que a base de normas no se paran los asesinos. Pero no se reconoce que hace un año sí se vendió como un corte radical con una historia maldita, lo que viene a ser, en vulgar perífrasis, una panacea.
Las contundentes cifras de este año, que el crimen de Osuna acaba de poner de actualidad, vienen a decir que el camino emprendido no es el correcto. Pero todo el sistema mediático que protege el pensamiento único que rige en esta materia ya se ha puesto a funcionar para que nadie reconozca un error, para que todo el mundo pida paciencia, para que toda la culpa recaiga en la escasez de medios, y para que, no pudiendo medir el éxito en función de las muertes evitadas, se mida en relación a las denuncias presentadas, a los destierros decretados, a las pulseras implantadas y a las pernoctas en casas de acogida.
La idea que rige el modelo es que la inmensa mayoría de la gente -que somos muy buenos, lo hacemos todo bien, no tenemos fallos jurídicos y económicos estructurales, y entendemos de maravilla el hecho familiar- estamos entreverados por cuatro malvados que disfrutan matando y suicidándose, y que por eso hay que plantear la cosa como una caza -civilizada- de serpientes venenosas, a las que hay que ganarles la maniobra antes de que nos piquen.
Pero yo creo que no es así, y que, al margen del cupo de locos y asesinos que nos toca por millón de habitantes, tenemos fallos estructurales que devienen en esta ola de sangre que nos tiene estupefactos. Creo que la vigente ley, que no ha contribuido a erradicar ninguna de las causas del problema, está agravando ciertos desajustes. Lo que se tiene por correcto es decir que todo va de maravilla y por la ruta prevista. Pero, mientras lo hacemos todo tan bien, las mujeres siguen muriendo. Más que antes.