Y porque si ya es complicado el análisis social desde la perspectiva simplemente humana, desde la perspectiva de cada uno de los sexos la tarea todavía se complica más. Cada tiempo tiene su tarea y si la del nuestro consiste en la necesidad de clarificar las relaciones entre los sexos a partir de la realidad de los géneros, en el caso de los varones debemos hacerlo forzados por lo que el feminismo, todos los feminismos, han puesto sobre la mesa. Y son muchas las cosas que hay sobre la mesa a la espera de clarificación y respuesta.
¡Y jugamos con doscientos años de desventaja! Doscientos años en los que la figura masculina ha sido puesta no en tela de juicio, que a fin de cuentas es lo que a todos nos debe corresponder en una sociedad abierta y democrática, sino en la picota hasta un punto que ha hecho que muchos varones utilicen el término hombre como la más certera expresión de todo aquello que detestan. Recientemente cité el caso de Juan J. Millás y el de José M. Izquierdo quienes, respectivamente, habían titulado sendos artículos como: Vuelve el hombre, para referirse en un caso a Aznar y en el otro a Mario Conde.
Pero se podría elaborar una lista muy larga. Desde ese humorista para quien el capitalista explotador, el funcionario vago o el ciudadano descerebrado tienen siempre figura masculina, hasta la mayoría de los guiones de series televisivas, incluida la programación infantil. ¡Quién pudiera en esos casos pedir invisibilidad o, si no es posible una figura sin sexo, que el protagonista sea una fémina, pero, ¡os dais cuenta del sacrilegio que cometo sólo con decirlo incluso el que vosotros cometéis al pensarlo!
No se trata únicamente de someter a análisis crítico las teorías que se han ido gestando desde el lado feminista para explicar su posición como sexo, a mi entender claramente superables en el plano intelectual, aún cuando sea un trabajo, que nos esté correspondiendo hacer, no a quienes pareciera: intelectuales y opinadores sino, a esta sociedad civil que viendo que otros, en teoría más capacitados que nosotros para esa tarea, han renunciado a ella contentándose con saludar las conquistas feministas como si de algo que no fuese con ellos se tratara.
Claro está que eso acostumbra a suceder hasta el día que alguno de ellos tiene que separarse de su señora y alguien le dice que los hijos no son de ambos sino de ella…
O constatar que el feminismo liberal está en sus horas más bajas y nos hayamos de confrontar no con el de inspiración marxista o el constructivista o aún con el de la diferencia, sino con esta realidad de género que en un país como el nuestro se ha constituido en el principal vector ideológico de todo el espectro político y que, como cualquier otro lobby de presión e intereses, se ha incrustado en la maquinaria política, sindical y del Estado hasta un punto en el que es difícil encontrar, si miramos hacia atrás, una sola iniciativa legislativa o del tipo que sea en la que no se recoja alguna ventaja o prebenda de género.
En fin, que sobre el asunto que nos ocupa hay mucha luz que echar, mucha crítica que hacer y eso al tiempo que se gesta un poder equivalente al que hoy posee el feminismo de tal modo que lo que deba ser el futuro no sea pura imposición femenina sino fruto de una transacción que han de negociar ambos sexos en condiciones de igualdad.